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Cuando denuncias acoso en la calle y encima te linchan en redes sociales

Son muchas las mujeres que denuncian haber sido víctimas de una agresión sexual en redes como Twitter, Facebook o Youtube, exponiéndose a comentarios de odio que las culpabilizan de lo sucedido.

por Anna Pacheco
10 Febrero 2017, 10:00am

IMAGEN VÍA PIXABAY

Vega, una chica de 23 años, caminaba el miércoles sola por el centro de Barcelona a las 19.30. Nada sería raro si no fuera porque Vega, como otros tantos días, tuvo que soportar la mirada acosadora de una pandilla de hombres y lo que ellos llaman "piropos". Eran siete u ocho. Se hubiera enfrentado a ellos verbalmente (a veces lo hace), pero ese día estaba cansada y decidió sacarles el dedo para que se callaran. Eso solo empeoró las cosas. El corrillo de hombres se acercó a ella, la llamó "putilla" e incluso le metieron la mano por debajo del pantalón. El acoso verbal ahora se había convertido en una agresión sexual en toda regla. En Barcelona, a plena luz del día. Nadie hizo nada.

El caso de Vega no es excepcional. Se calcula que en España, seis de cada diez mujeres han sido víctimas de algún suceso de violencia sexual después de los 15 años, según un macroinforme realizado por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea en 2014. A nivel europeo, esto se traduce en 62 millones de mujeres europeas víctimas de algún tipo de violencia sexual. Eso representa más de la mitad de las mujeres de tu entorno.

Vega publicó el relato de su agresión en Facebook, en un vídeo que duró poco más de trece horas en la red. Pero lo acabó retirando porque la violencia persistía. Llamadas desde números ocultos, insultos, amenazas y 1700 peticiones de amistad resumen las horas posteriores a la agresión.

Seis de cada diez mujeres han sido víctimas de algún suceso de violencia sexual después de los 15 años

"Me han dicho desde que si soy actriz y busco fama a que es mi culpa por ir así vestida", esto último porque la han buscado en Instagram. "También me han escrito en comentarios que debería haber chillado más si tanto me molestaba", explica Vega a Broadly. Al cabo de unas horas de colgar el vídeo, se sintió "exhausta" y "superada" y decidió ponerlo en 'privado' para que solo pudieran comentar sus amigos.

Esto tampoco es nada nuevo. Culpabilizar a la víctima —también conocido como "victim blaming"— es algo frecuente cuando una mujer es víctima de violencia sexual. "La victimización solo demuestra que un hombre puede hacer lo que hace en la calle porque hay toda una red de agresores o de cómplices que después justificarán la agresión", explica Carla Vall a Broadly, abogada penalista especialista en temas de género.

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Vall subraya que, a diferencia de otros países, el delito de acoso verbal no está tipificado en España, cosa que a la práctica dificulta su denuncia. "El artículo 172 del Código Penal solo contempla el acoso (también llamado 'stalking') cuando es reiterado, o sea, cuando un hombre te espera a la salida del trabajo o te envía mensajes, por ejemplo. Pero no cuando se trata de casos únicos, como podría ser el acoso callejero", argumenta la jurista. En el caso de Vega, la chica de 23 años que lo denunció en su Facebook, "cabría tener en cuenta, además, un delito por agresión sexual en tanto que sí existió contacto carnal mediante intimidación", apunta Vall.

Otros países como Chile, a través del Observatorio contra el Acoso Callejero, o Reino Unido ya cuentan con leyes específicas que regulan los delitos de misoginia entre los que se enmarca el acoso callejero. En la ciudad de Buenos Aires pueden multarte con 60 dólares por cometer un delito de esta índole.

Ante la falta de mecanismos jurídicos en España para denunciar este tipo de acoso, son muchas las mujeres que están empleando las redes sociales o diversas plataformas online para visibilizar un problema que afecta a todas. El caso mediático más reciente fue el de la concejal de la CUP Maria Rovira. Rovira escribió un comunicado en la página web del partido para denunciar una agresión sexual en Barcelona. "Cuando estaba a un par de calles de casa, un hombre me sorprendió por detrás, me inmovilizó y me empezó a hacer tocamientos en los genitales", relataba el escrito. También la política Teresa Rodríguez (portavoz de Podemos en Andalucía) denunció en un post de Facebook sobre un acoso sexista de un empresario durante un evento de trabajo.

En marzo del año pasado, la periodista Andrea Noel de VICE News publicó un vídeo en su Twitter por el que denunciaba el acoso sexual de un desconocido en medio de la vía pública. Una cámara registró el incidente y ella lo colgó en su Twitter para intentar identificar a su acosador. A partir de ahí, la historia fue a peor. "Tuve la oportunidad de salir por unos meses de México y me fui a Nueva York a esperar que todo se tranquilizara. Recibí cientos de amenazas de muerte e insultos", explica Noel a Broadly por conversación telefónica. "Denunciar este abuso me terminó perjudicando bastante. Me costó meses de mi vida, miles de dólares intentando encontrar a un culpable y fue emocionalmente muy desgastante", prosigue. Un año después, el gobierno mexicano ha archivado su causa y nunca se supo quién fue su acosador. "Se logró colocar el acoso sexual en México como tema de agenda y muchas mujeres se sumaron con el hashtag #miprimeracoso, pero nada más", explica la periodista.

Me costó meses de mi vida, miles de dólares por intentar encontrar un culpable y fue emocionalmente muy desgastante

Y hay muchos más ejemplos. Hace apenas dos semanas, Noemí López Trujillo, periodista en El Español, escribió este texto para denunciar el acoso verbal de un taxista en Madrid que había comentado su falda sin su permiso ("¿A dónde vas con esa minifalda tan guapa?") y encima luego la humilló después de que ella le interpelara. Su caso se viralizó en redes durante algunas horas. Al igual que Vega, Noemí también fue insultada después de colgar el post. "Tuve que desconectar las notificaciones de Twitter para recibir comentarios solo de gente que yo seguía. No me sentí amenazada, pero insultada y despreciada, sí", explica Trujillo a Broadly.

Para la jurista Carla Vall está exposición de las víctimas en redes sociales es un arma de doble filo ya que supone la creación de "nuevas agresiones que generan un ciclo de más violencia en la víctima". "Te estás exponiendo como víctima en una sociedad que no tolera las víctimas de violencia machista, que las cuestiona y encima las culpabiliza", agrega. Pese a todo, "la culpa nunca es de la víctima y, al menos, estas plataformas sirven para visibilizar el problema. Además, en casos como el de Bill Cosby, en el que el acosador es reincidente y las víctimas se organizan, las redes sociales cumplen una función muy poderosa".

Alba Alfageme, psicóloga y coordinadora de la Unidad de Apoyo a las Víctimas de violencia machista, opina que el anonimato de las redes sociales alimenta este tipo de linchamientos. "El hecho de visibilizar este tipo de violencias significa que estás deconstruyendo el poder de estos hombres. Por eso siempre hay estas reacciones, porque al hacerlo público estas rompiendo estas estructuras de poder que les otorgan privilegios. Para ellos es muy cómodo. Entonces se refuerzan entre ellos en las redes sociales y dicen cosas que, en la calle, quizás no dirían", afirma Alfageme.

'El cazador cazado' y otras iniciativas para combatir el acoso verbal

La activista interdisciplinar y feminista Alicia Murillo creó "El cazador cazado", un proyecto para visibilizar precisamente el acoso callejero que enfrenta cada vez que sale a la calle. Murillo grababa estas situaciones y las respuestas de sus acosadores cuando ella intentaba cuestionarles algo. La reacciones siempre eran las mismas: "Los hombres siempre lo niegan, nunca te piden perdón y en muchos casos se ponen muy agresivos contigo, te insultan y amenazan o directamente te tratan de loca", explica Murillo a Broadly. El proyecto no duró demasiado en YouTube. "El machismo organizado a través de la web Forocoches se ocupó de denunciar en masa mis vídeos y YouTube los retiró", justifica. En la página de Píkara todavía se pueden ver estos vídeos.

Un acoso cibernético de machirulos en masa se convierte en publicidad para las mujeres. Yo siempre digo que la mejor agencia de publicidad que he tenido es Forocoches

Para Murillo, las redes sociales están ayudando a las mujeres a ser autogestoras de su propia defensa. "Siempre nos han dicho que hay que recurrir a nuestro hermano mayor o a nuestro padre, pero en realidad está demostrado que los agresores también están en nuestro entorno próximo. Luego nos dicen que 'un príncipe azul' vendrá a salvarnos y resulta que el príncipe es otro agresor también. Entonces, te dicen que un juez te ayudará, pero muchas veces ni eso. Las redes sociales nos dan, por fin, una herramientas para denunciar o defendernos. Y es la única propia que tenemos, porque todo lo demás son parches", concluye la activista. Murillo reconoce que a raíz de su proyecto "El Cazador cazado" recibió cientos de mensajes amenazantes, pero ella ha decidido sacar partido a la situación y no amedrentarse.

"Yo creo que esto es una cosa se va aprendiendo con el tiempo. Tengo amigas que han dejado de usar las redes sociales, porque es muy duro. Pero yo he optado por tener un poco de paciencia. Y al final he entendido que un acoso cibernético de machirulos en masa se convierte en publicidad para las mujeres y nuestros proyectos. Yo siempre digo que la mejor agencia de publicidad que he tenido es Forocoches. Al final se trata de entender su mente que, por lo general, es muy primitiva", argumenta la activista. Murillo sigue siendo muy activa en redes sociales y ahora imparte clases, talleres y conferencias para combatir el acoso en la calle.

Otra iniciativa pionera en España es Hollaback, una plataforma online que sirve para registrar de forma colaborativa casos de acoso en espacios públicos. La víctima escribe un breve relato y marca el punto negro en el que ha sido acosada en un mapa. Aunque aquí aún no es muy conocida, Hollaback forma parte de un proyecto global que surgió en Nueva York en 2005. Ahora hay más de 90 ciudades inscritas como Sídney, Toronto, Bogotá o Berlín.