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Ilustración por Lia Kantrowitz 
Dinero

Descubrí una estafa a gran escala en Airbnb por accidente

Mientras investigaba a la persona que me estafó en Chicago, descubrí lo fácil que era timar a la gente en la plataforma.
8.11.19

Recibimos una llamada unos 10 minutos justo antes de entrar al apartamento. Estaba en una cervecería a la vuelta de la esquina. Un hombre, el dueño del Airbnb, me informa de que ya no podíamos quedarnos allí. Los inquilinos anteriores habían atascado el baño y todo estaba inundado, nos explicó. Se disculpó y nos prometió que nos dejaría quedarnos en otra de sus propiedades hasta que encontrara un fontanero.

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Mis amigos y yo habíamos decidido hacer una escapada de fin de verano a Chicago. Compramos los vuelos y reservamos tickets para el Riot Fest, un festival donde tocaban Blink-182 y Black Sunday. El viaje ya nos había dado problemas incluso antes de esta llamada. El mes anterior, ya nos habían cancelado un Airbnb que nos dejó sin tiempo para encontrar alojamiento. Buscando desesperadamente, encontré un anuncio de una propiedad anunciada por una pareja, Becky y Andrew. Vale, la casa parecía muy básica, pero no estaba mal, sobre todo porque nos quedábamos sin tiempo. Estaba amueblado, era espacioso y estaba cerca de la línea de metro principal.



La llamada me hizo sospechar; era un número de los Ángeles y el hombre tenía un acento raro. Le pregunté si estaba cerca, para hablar en persona, pero me dijo que estaba trabajando y que no podía hablar. Me dijo que tenía que decirle de inmediato si quería cambiar la reserva.

Como si pudiera escuchar mis dudas mentales, dijo: “La buena noticia es que es tres veces más grande”.

La mala noticia, que no mencionó, era que se trataba de una estafa a nivel nacional que operaba en ocho ciudades y cerca de 100 propiedades. Un timo creado por alguien que se estaba aprovechando de las pésimas reglas de Airbnb para recaudar miles de euros a través de anuncios, evaluaciones falsas e, incluso, la intimidación. Teniendo en cuenta lo ineficiente que es Airbnb al imponer sus propias reglas, no es de extrañar que alguien quiera sacarle partido a este nuevo mercado. ¿Quién le iba a parar los pies?

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Así anunciaban Becky y Andrew el apartamento en el que terminé quedándome dos noches.

Por lo que pude ver, las fotos que me envió parecían normales y, como estaba entra la espada y la pared, le dije que sí. Mi condición fue que tenía que dejar por escrito lo que habíamos acordado verbalmente: que nos iríamos al apartamento original tan pronto como estuviera disponible o nos devolvería la mitad del dinero de la reserva si no conseguía arreglar el problema. Él aceptó y yo confirmé el cambio de reserva a través de la aplicación de Airbnb.

Pedimos un Uber y fuimos directos a la nueva dirección, pero según nos acercábamos, nos dimos cuenta que había algo raro: la dirección exacta que nos había enviado no existía. Recorrimos North Kenmore Avenue de arriba abajo hasta que encontramos una especie de hostal escondido en un callejón oscuro. Una vez dentro, nos dimos cuenta de que aquello era una pensión de mala muerte y no la casa de alguien.

"La mala noticia, que no mencionó, era que se trataba de una estafa a nivel nacional que operaba en ocho ciudades y cerca de 100 propiedades"

A pesar de que tenía tres plantas y era bastante grande, todo lo demás era un completo desastre. La despensa tenía solo una botella de salsa de soja. El sofá no tenía nada que ver con el que se veía en las fotos. Las habitaciones estaban llenas de camas colocadas de manera muy extraña. Todo parecía estar mugriento y había un agujero en la pared del tamaño de un puño. La única decoración era una cruz gigante de madera y un par de cuadros con imágenes de Chicago. En el comedor había un par de taburetes que parecían que iban a romperse con solo mirarlos.

Ya era muy tarde. Nuestro primer día de vacaciones se había acabado prácticamente, así que decidí dejarlo estar por el momento. Al día siguiente recibí un mensaje de texto del dueño en el que decía que aún no había solucionado el problema, pero que al día siguiente llegaban otras personas y teníamos que irnos. Sin saber lo que hacer, reservamos un hotel y acordamos pedir un rembolso a la vuelta.

La última vez que supe de Becky y Andrew fue porque me enviaron un mensaje en Airbnb en el que me pedían que si tenía algún problema, se lo dijera a ellos directamente y no les diera solo cuatro estrellas porque Airbnb “había cambiado sus algoritmos”.

“Atentamente, le pido que me haga saber si tuvo cualquier problema con nuestra vivienda directamente en este mensaje en vez de escribir una evaluación de 4 estrellas”, escribieron.

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Cuando les pregunté por el reembolso, ni me contestaron, así que contacté con Airbnb. A pesar de que me habían alojado en una pensión cutre y después me habían echado, Becky y Andrew únicamente me devolvieron 350 € (399 $) de los 1100 € (1221,20 $) que había pagado y eso después de haber estado insistiendo para conseguir el teléfono de un mánager de casos de Airbnb durante días. En esos 350 € ni si quiera se incluía la tarifa que me habían cobrado por echarme a la calle. Pero yo no tenía ningún poder frente a una compañía que a día de hoy está valorada en casi 31 mil millones de euros. Y me di por vencida.

"Airbnb únicamente me devolvió 350 € de los 1100 €"

Tenía suerte de haber conseguido un acuerdo por escrito en el último momento, pero empecé a darle vueltas a lo que nos había ocurrido en Chicago. Quería pensar que había sido algo más que mala suerte y empecé a investigar a ver si había pasado por alto algo sospechoso. No tardé en encontrar un par de cosas. Por un lado, el teléfono con el que me había llamado el dueño era un teléfono de Google que no se podía rastrear. Por otro, busqué en Google la foto que tenían Becky y Andrew de perfil y me di cuenta de que era una imagen de archivo de una página de fondos de pantalla.

Además, leí las evaluaciones que les habían dejado y encontré algunas en las que contaban historias muy similares a la nuestra. Había una mujer que decía que se había visto obligada a cambiar su itinerario unos minutos antes de entrar a la vivienda porque había un problema con las cañerías. Otro hombre decía que le habían prometido un rembolso porque el apartamento “se caía a trozos”, pero nunca se lo dieron.

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La foto de perfil de Becky y Andrew sacada de otra página web.

Incluso algunas de las evaluaciones positivas eran algo sospechosas, especialmente unas que habían dejado otras parejas de dueños. Kelsey y Jean, por ejemplo, dijeron que Becky y Andrew eran “geniales y comunicativos”, pero ellos vivían en Chicago, donde tenían al menos otras dos propiedades en alquiler.

¿Por qué necesitaban acomodamiento en la misma ciudad donde vivían? Pero, para colmo, la foto de Kelsey y Jean también la habían sacado de una página de viajes, y la forma en la que describían la casa (“6 camas en Westloop - Camina por la ciudad”) era bastante similar al anuncio de Becky y Andrew (“6 camas en el centro / Wicker Park / Camina por la ciudad”). No tardé mucho en encontrar un apartamento en el perfil de Kelsey y Jean que, por desgracia, se parecía demasiado al que yo les había alquilado a Becky y a Andrew (el que estaba en North Wood Street). No cabía duda: el sofá, la mesa de café, el comedor y la decoración eran idénticos.

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Empecé a preguntarme si estas parejas existían en la vida real.

También quería averiguar si Becky y Andrew y Kelsey y Jean tenían los mismos apartamentos que las otras tres parejas que había encontrado o si simplemente tenían la misma decoración y los mismos muebles colocados de otra manera.

La casa de Kris y Becky era idéntica excepto por una mesa de café que era cuadrada en vez de redonda. Alex y Brittany tenían un sofá extra en el salón. El apartamento de Rachel y Pete era el más diferente, pero igualmente similar al resto. Cuando puse en Google Maps la dirección original que me habían dado Becky y Andrew, creí que me iba a volver loca. En las fotos de Becky y Andrew no se veían ventanales, pero en la imagen del edificio que se mostraba en esa dirección en Street View sí los tenía.

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Las fotos en los diferentes anuncios se habían sacado desde diferentes perspectivas

Era como si una persona o un grupo hubieran creado cuentas falsas para llevar a cabo una gran estafa en Airbnb. Si mis sospechas eran ciertas, habría más de 94 propiedades en ocho ciudades diferentes controladas por las mismas personas. ¿A cuánta gente como yo habían timado? Decidí escribir un mensaje a Airbnb para alertarles de lo que parecía ser una estafa a gran escala.

Pero Airbnb, que planeaba empezar a cotizar en bolsa al año siguiente, no parecía tener ningún interés en sacar a la luz toda la mierda dentro de su propia plataforma. Después de un par de días sin respuesta y tras ver que las cuentas seguían activas, decidí encargarme yo misma de descubrir quién me había arruinado las vacaciones.

"Airbnb no parecía tener ningún interés en sacar a la luz toda la mierda dentro de su propia plataforma"

Quería saber quién era el dueño del edificio en el que nos habíamos quedado al final, pero no encontré nada en internet excepto que la propiedad pertenecía a una sociedad limitada que tenía una asociación con abogados en Chicago y en Nueva York. Debía encontrar la dirección del resto de viviendas anunciadas para averiguar quién era el propietario, así que decidí hablar con algunos de los afectados que habían dejado evaluaciones negativas en el perfil de Becky y Andrew.

La primera persona con la que contacté fue Jane Patterson, de Holland, Michigan. Me llamó casi de inmediato y me contó que Becky y Andrew la habían engañado a principios de año y que a día de hoy le seguía dando vueltas.

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No tenía mucha experiencia con Airbnb cuando ella y su hija decidieron alquilar un apartamento la primavera pasada en Marina del Rey, California, me cuenta. Pero como abogada que era, creía tener un buen radar de fraudes.

Pero antes de la llegada, Patterson recibió una llamada casi idéntica a la que yo había recibido. Un hombre le dijo que el baño tenía problemas, pero les ofreció una casa mucho más grande hasta que el fontanero lo arreglara. Aunque no era lo que habían acordado, les estaba ofreciendo alojarse en lo que parecía una mansión en una de las zonas más exclusivas del país.

“Pensamos, ‘joder, está en Malibú, ¿qué narices?’”, comenta Patterson. “Vimos las fotos y pensamos que era un buen trato”.

Cuando llegaron, se dieron cuenta de que no lo era. La puerta principal estaba abierta. La casa era “espeluznante”, según Patterson, y estaba llena de polvo y muebles que seguramente habían cogido de la calle. Los sofás estaban raídos, los sillones tenían quemaduras de cigarrillos y las mesas estaban destrozadas. Me pasó unas fotos para confirmar que lo que decía era verdad.

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Jane Patterson no quiso quedarse en el apartamento que Becky y Andrew le habían ofrecido en compensación porque estaba sucio y descuidado

Patterson dejó un recado en el número de contacto que le habían dado Becky y Andrew para informarles de que no pensaba permanecer en ese lugar. Pero la persona que cogió el mensaje le dijo que le llamarían para hablar de ello, pero nunca lo hicieron. Después de retirarse a la casa de un conocido que vivía cerca, solicitó un rembolso a Airbnb “casi de inmediato”, que pensaba que iba a obtener porque contaba con ventaja gracias a su profesión.

La política de devolución de Airbnb se basa en un artículo enrevesado y difícil de leer que indica que la empresa “podrá determinar, a su entera discreción, reembolsar al Huésped la totalidad o parte de las Tarifas Totales”. No parece difícil pensar que alguien se puede aprovechar fácilmente de estas políticas. Si un huésped se queda aunque sea una sola noche en una propiedad, por ejemplo, es difícil conseguir un rembolso completo, según las normas de Airbnb. Si el anfitrión le solicita al huésped que se aloje en un lugar diferente al que habían reservado, Airbnb aconseja a los huéspedes que cancelen la reserva si “la alternativa no les parece adecuada”. En cualquier caso, estas normas favorecen a los estafadores y perjudica a los huéspedes que acaban de llegar con su equipaje a un lugar que no conocen y sin dónde dormir.

"Airbnb aconseja a los huéspedes que cancelen la reserva si 'la alternativa no les parece adecuada'. Estas normas favorecen a los estafadores y perjudica a los huéspedes"

Después de que Airbnb revisara las fotos de Patterson, un representante le dijo que Becky y Andrew estaban en su derecho de responder a la queja, me contó. Un par de días más tarde, Airbnb le ofreció una devolución parcial. Muchos se hubieran dado por vencidos con tal de ahorrarse una interminable batalla legal.

No hay que olvidad que la forma en que los propietarios y huéspedes consiguen credibilidad es a través del sistema de estrellas y evaluaciones de la página. Por eso, mucha gente prefiere ahorrarse confrontaciones, lo cual explica por qué los anfitriones de Airbnb reciben mejores valoraciones que hoteles en páginas como TripAdvisor, según un estudio de la Universidad de Boston y la Universidad del Sur de California. Si un cliente tiene una experiencia negativa con Airbnb, es muy probable que lo dejen pasar en vez de dejar una evaluación negativa. Si lo hacen, podrían ser rechazados por futuros anfitriones por parecer demasiado exigentes o, en casos extremos, recibir a su vez una evaluación negativa como respuesta.

Pero a Patterson no le importaba. Sabía que le habían estafado y no iba a parar hasta que le devolvieran cada céntimo.

“Soy abogada, me encanta discutir”, dijo. “No paré de llamarles”.

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Finalmente, le devolvieron todo el dinero pero, efectivamente, Becky y Andrew le dieron una evaluación negativa. “NO la hospedaríamos de nuevo ni recomendamos hospedarla”, escribieron. Patterson no podía evitar preguntarse que habrían hecho otras personas con menos recursos y sin un lugar donde quedarse.

“Te pones a pensar en gente que a lo mejor estuvo meses ahorrando para poder ir cinco días a Marina del Rey y no tiene dónde quedarse”, dijo Patterson. “Entiendo que haya gente que caiga en la trampa y se quede en esos lugares de mierda”.

"Si un cliente tiene una experiencia negativa con Airbnb, es muy probable que lo dejen pasar en vez de dejar una evaluación negativa. Si lo hacen, podrían ser rechazados por futuros anfitriones"

Es lo que le sucedió a Juan David Garrido, un estudiante de Saint Paul, Minnesota, que alquiló en julio un apartamento a Kris y Becky en Milwaukee.

Garrido iba a la ciudad para asistir a un festival de música con unos amigos, pero los anfitriones cancelaron la reserva en el último momento. Pero Kris parecía dispuesto a ayudarle y le dijo que tenía una propiedad en la que cabían siete personas fácilmente. Desesperado y agradecido, Garrido no dudo en cambiar la reserva, tan rápido que ni miró el precio. Debido al número de gente de la reserva, Kris y Becky le habían cobrado casi 1700 € por tres noches, la mitad de lo que ganaba en seis meses con su trabajo de estudiante.

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Garrido canceló la reserva, sin leer la letra pequeña antes de hacerlo, y se le cobró una tarifa de cancelación de 900 €. Llamó a Kris y le dijo que si retiraba el cobro de la tarifa, se quedarían en la casa. Kris accedió verbalmente, cuenta.

Tras llegar a la propiedad, no tardo mucho en darse cuenta de que no iban a devolverle el dinero de la cancelación y que Kris no tenía tantas ganas de ayudarle como parecía. “Allí no vivía nadie”, me dice por teléfono. “Sólo había camas”.

Garrido pasó una semana tratando de conseguir que le devolvieran el dinero a través del centro de ayuda de Airbnb (me dejó ver la conversación). Debido a su experiencia tan desafortunada, un representante de Airbnb le devolvió unos 600 € de los 1700 € que había gastado en la reserva, pero le dijeron que la pareja tenía derecho a quedarse con la tarifa de cancelación puesto que Garrido no había recibido un acuerdo escrito.

"Le habían cobrado casi 1700 € por tres noches, la mitad de lo que ganaba en seis meses con su trabajo de estudiante"

Maria LaSota, 29 años, no tuvo tanta suerte. Durante una visita a Milwaukee desde Chicago para celebrar que su madre cumplía 60 años, alquiló una de las propiedades de Kris y Becky. Me cuenta por teléfono que un hombre que decía ser Kris le llamó justo antes de la llegada y le dijo que había aceptado dos reservas accidentalmente. Tenía que alojarlas en otro lugar en la misma calle. A LaSota no le pareció tener más opción. Ese fin de semana todo estaba reservado porque había un partido de los Chicago Cubs contra los Milwaukee Brewers y el festival de música Summerfest.

Para variar, la casa era un verdadero desastre, había serrín por todas partes y sin cosas básicas como un sacacorchos para abrir una botella que habían comprado para la ocasión. “Se veía que el apartamento estaba preparado solo para las fotos”, cuenta. La cama de matrimonio sólo tenía una manta bajera y cojines. La cocina de gas ni si quiera estaba conectada. No había aire acondicionado y no se podían abrir las ventanas porque no había mosquiteras. Tampoco había cortinas y cualquiera que pasara podía ver todo. Pero no tenían a dónde ir, así que se quedaron.

Durante su estancia, conoció a un par de hombres en el bar de la calle que le dijeron que ellos también se estaban Airbnb en el mismo edificio. “Resulta que les había ocurrido exactamente lo mismo”, dijo LaSota. “Se supone que tenían que haberse quedado en el mismo apartamento que nosotras habíamos alquilado, pero había obreros trabajando y fueron realojados a un apartamento en el piso de arriba que no era lo suficientemente grande”. “Les avisaron 10 minutos antes de llegar”, nos dice.

La semana siguiente, LaSota recibió una llamada agradeciéndole por su buena disposición como huesped. Era un hombre y dijo que se llamaba Kris, pero no parecía la misma persona con la que ella había hablado, cuenta LaSota. LaSota le habló de los problemas que había tenido y el hombre dijo que no lo entendía y que tenía que hablar con su mujer.

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“¿Tu mujer o la del otro?”, le dijo LaSota. “El tipo que me llamó la semana pasada me dijo que se llamaba Kris pero tenéis una voz y un acento completamente diferentes”.

"Cuando alguien escribía una evaluación negativa a 'Becky y Andrew', estos le daban la vuelta a la tortilla y trataban de culpar a los huéspedes de estafa o falta de experiencia"

El hombre colgó y nunca volvió a saber de él. Al poco tiempo, “Kris y Becky” le dejaron una evaluación en la que decían que había dejado latas de cervezas por todas partes. “Trataron de decir que había montado una fiesta salvaje”, dijo LaSota. “Estaba con una señora de 60 años”. Molesta, trató de denunciarlos a Airbnb a través del centro de ayuda. El asesor le dijo el primero de agosto que se pondrían en contacto en ocho semanas; a día de hoy no ha vuelto a saber de ellos.

La historia de LaSota coincidía con lo que ya había visto en internet. Cuando alguien escribía una evaluación negativa a “Becky y Andrew”, estos le daban la vuelta a la tortilla y trataban de culpar a los huéspedes de estafa o falta de experiencia.

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Cuando alguien se queja de sus propiedades, ellos les insultan

Pero algo en la historia de LaSota me llamó la atención. El hecho de que los anfitriones pudieran cambiar a la familia de LaSota y a los hombres del bar a otros apartamentos dentro del mismo edificio podía significar que eran dueños del edificio entero, lo cual facilitaría encontrar el nombre del estafador en los archivos públicos.

Cuando rastreé la dirección en internet, encontré otra sociedad limitada y, que a su vez, busqué en un directorio de instituciones financieras del estado de Wisconsin. En estos directorios puedes encontrar el nombre de agentes registrados o de la persona que lleva el papeleo legal de la empresa. Normalmente, encuentras el nombre de un abogado que no tiene la obligación de dar ningún tipo de información por teléfono a un reportero.

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Pero en este caso, no encontré a un abogado si no a alguien llamado Shray Goel.

Cuando puse el nombre en LinkedIn, descubrí que vivía en Los Ángeles y se describía a sí mismo como el director de una “empresa corporativa de alquileres de lujo” llamada Abbot Pacific SL. Otro hombre llamado Shaun Raheja dirigía el negocio con él, según el perfil de LinkedIn de este. El perfil de YouTube de Goel tiene vídeos en los que aparece él mismo dando visitas guiadas de viviendas en mal estado, incluida una con la misma dirección en la que Garrido y LaSota me habían dicho que se habían quedado en Milwaukee.

En su página de Instagram, se define como un “agente inmobiliario a larga distancia” que trabaja en “Los Ángeles, Chicago, Nashville, Austin, Dallas, Milwaukee, Indiana y Orlando”. Esas ocho ciudades coinciden con las propiedades de “Becky y Andrew” y las otras cuentas. A su vez, la cuenta pública de Instagram de Raheja tiene fotos de las propiedades anunciadas por Kelsey y Jean en Airbnb. Raheja nunca contestó a mis llamadas, emails o mensajes directos en Twitter.

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Un usuario de Youtube llamado Shray Goel tiene un vídeo de la propiedad en la que dos de los clientes de Kris y Becky se habían quedado

Cuando revisé las evaluaciones antiguas de la pareja, me di cuenta de algo que no había visto antes. En 2012, un hombre había dejado una evaluación en la que no se refería a ellos como Kelsey y Jean sino como una sola persona: “Shray”.

“Es un placer acoger a Shray”, se lee en la reseña. “¡Le acogería otra.vez [sic] en cualquier momento! Es muy limpio y ordenado y muy independiente”.

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Eso era lo que necesitaba. Había encontrado al farsante.

“Te he buscado en Google brevemente y he visto que solo escribes cosas negativas, así que no sé cómo te puedo ayudar”

Quería conocer desesperadamente la versión de Goel y traté de hablar con él sin descanso, pero sin suerte. Así que decidí contactar con Abbot Pacific, la compañía que regentaba, según LinkedIn. En la web de la compañía solo había un teléfono de Google al que llamé varias veces en octubre y, finalmente, dejé un mensaje explicando que quería hablar con Goel. Al día siguiente, envié un correo electrónico a Goel a su dirección personal. En menos de dos horas, por fin obtuve una respuesta, pero el hombre al otro lado de la línea dijo que él se llama “Patrick” y no era a quien yo buscaba.

“Yo solo me encargó de las llamadas [de Abbot Pacific]”, dijo el hombre.

Patrick me dijo que Goel había vendido la compañía nueve meses atrás. Después comenzó a preguntarme cosas sobre este artículo. “Te he buscado en Google brevemente y he visto que solo escribes cosas negativas, así que no sé cómo te puedo ayudar”, dijo. Me preguntó cuáles eran mis motivaciones y el nombre de la gente con la que había hablado. Le dije que prefería hablar con Goel y me dijo que me pondría en contacto con él, pero nunca lo hizo.

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La web de Abbot Pacific fue desactivada justo después de hablar con el hombre que se encargaba de las llamadas

Unos 30 minutos después, traté de acceder a la página web de Abbot Pacific, pero no pude. Había desaparecido y en su lugar había un mensaje que decía: “ESTA PÁGINA NO ESTÁ DISPONIBLE”. Llamé a “Patrick” para ver qué había pasado. “Creo que dejó de funcionar ayer”, dijo. “Estamos añadiendo cosas nuevas. Nuevas funciones y cosas así”.

Cuando le dije que acababa de acceder a la web unos momentos antes de hablar con él y que me parecía extraño que dejara de funcionar justo después, me dijo que sí era “raro”.

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Le pregunté a Patrick qué hacía antes de trabajar como secretario en Abbot Pacific y me dijo que había estado en una agencia inmobiliaria. Le pregunté si tenía LinkedIn y me dijo que sí, pero no quiso decirme su apellido. No encontré ningún Patrick que trabajara en Abbot Pacific en LinkedIn. También, le ofrecí enviarle un email con enlaces a las cuentas de Airbnb de las que habíamos hablado, pero no llegó a darme su dirección. Le hablé de las entrevistas que había tenido hasta ese momento.

Y le dije algo más.

“Ah, y he de añadir que esto también me pasó a mí”.

Pasaron unos segundos antes de que Patrick me respondieran.

“Ahora tiene mucho más sentido”, dijo.

Patrick dijo que Abbot Pacific tenía propiedades en la calle en la que se habían quedado Garrido y LaSota, aunque dijo que él no se encargaba de la parte de Airbnb que además pasaba por malos momentos.

“Déjame hacer un par de llamadas y ver qué ha pasado”, dijo.

Después de colgar, escribí a la cuenta de Kris y Becky y le pedí a Goel que me escribiera porque estaba trabajando en un artículo. Eran alrededor de las 15:00 en Nueva York.

“Hola, Allie. Creo que te has equivocado”. Unas horas más tarde volvieron a escribirme: “¿Quieres reservar el alojamiento?”

Seis horas más tarde, los precios de varias de las viviendas de Kris y Becky habían subido a 9000 € la noche (demasiado alto para ser encontrado por alguien que busca un alojamiento corto y barato).

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Semanas después, la pagina web de Abbot Pacific sigue caída. El hombre que se hacía llamar Patrick nunca me volvió a llamar ni me puso en contacto con Goel, según me había prometido. Envié un correo electrónico y llamé a Goel otra vez. Le envié un mensaje de texto, le escribí por Facebook y en un foro de inversión inmobiliaria llamado BiggerPockets, pero nunca recibí respuesta. No obstante, parecía que sabía que quería hablar con él. Un día después de haber hablado con Patrick, desaparecieron todas las referencias y menciones a Abbot Pacific del perfil de LinkedIn de Goel.

Resulta que, accidentalmente, me había encontrado con una versión mucho más grande y extendida de lo que los investigadores de la universidad de los Ángeles habían descubierto mientras estudiaban Airbnb a mitad de la década.

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En 2015, la Unión de Los Ángeles por una nueva economía (LAANE siglas en inglés) publicó un estudio en el que se explicaba que una gran parte de las compañías inmobiliarias de Los Ángeles habían entrado al mercado de Airbnb usando perfiles falsos para parecer anfitriones normales. El más prolífico en la ciudad según LAANE era “ghc” o Global Homes and Condos, una compañía que ya no existe y que usaba un perfil de Airbnb llamado “Danielle y Lexi”.

"Airbnb una de las compañías más sofisticadas del mundo y no son capaces de crear un sistema para prevenir que esto ocurra"

En las normas de la comunidad de Airbnb se indica que no se deben ofrecer datos falsos o publicar anuncios fraudulentos, pero Airbnb no tiene ninguna manera de controlarlo. “A pesar de que la cuenta pueda tener la identidad verificada, no hay ninguna forma de saber si ellos gestionan la propiedad o solo usan su foto”, explica el estudio. “Este caso desprestigia la base del modelo de negocio de Airbnb y hace dudar del sistema de evaluaciones y verificación por el que los huéspedes pueden vetar a sus anfitriones potenciales”.

James Elmendorf, un analista experimentado de LAANE, me dijo que el sistema de verificación tan pobre de Airbnb ha propiciado que muchos se aprovechen de la plataforma creando “personas falsas que parecen reales”.

“No obstante, Airbnb no comprueba esto”, dice Elmendorf. “Se trata de una de las compañías más sofisticadas del mundo y no son capaces de crear un sistema para prevenir que esto ocurra. Airbnb se lava las manos como otras compañías tecnológicas diciendo: ‘No podemos solucionarlo’. Si quisieran, ya lo hubieran hecho”.

El problema va más allá de Los Ángeles y de mi estafador. El Better Business Bureau, una organización sin ánimo de lucro que promueve un mercado ético, recibió alrededor de 200 quejas relacionadas con Airbnb a través de un programa de “rastreo de estafas” en los últimos tres años. La mitad de estas tenían que ver con perfiles falsos, me explicó la portavoz Katherine Hutt. El uso de perfiles falsos no significa necesariamente que haya una mala experiencia. A mucha gente no le importa en casa de quién se queden, solo quieren algo más barato que un hotel. Pero si se permite que los anfitriones operen bajo perfiles falsos, Airbnb abre la veda para que los estafadores proliferen.

Pensé que había reunido la suficiente evidencia para defender el caso ante Airbnb, así que les envié un correo electrónico al equipo de prensa con una nota larga, preguntándoles, entre otras cosas, cómo se aseguran de que la gente no use perfiles falsos y como se indica a los asesores que solucionen las denuncias por fraude,

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Unas 24 horas más tarde, un delegado de la compañía me respondió.

“Comportarse de manera fraudulenta sustituyendo un anuncio por otro es una violación de nuestras normal de la comunidad”, escribió. “Vamos a suspender los anuncios mientras investigamos a fondo”.

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Shray Goel borró todo rastro de Abbot Pacific de su perfil, después de que hablara con “Patrick”

Eso fue todo. Nadie accedió a hablar conmigo de lo que había descubierto. Ni si quiera me explicaron el proceso de verificación de Airbnb. Sobre la obligación que tiene Airbnb a la gente que ha sido víctima de un fraude en su plataforma, la compañía solo decía en el correo que “están disponibles a cualquier hora y día de la semana para ayudar con las reservas, reembolsos y devoluciones” en caso de fraude o tergiversación por parte de los anfitriones.

Quizás, no podían explicarme más sobre el proceso de verificación porque no hay nada más que explicar. Les pedí información sobre tres cuentas: Annie y Chase, Becky y Andrew y Kris y Becky. La cuenta de Annie y Chase había sido eliminada y las otras dos ya no tenían anuncios, lo cual, según el funcionamiento de la web, significaba que no podía enviarles más mensajes De las otras seis cuentas que creía que estaban conectadas, cinco siguen activas semanas después. Solo “Kelsey y Jean” ha desaparecido de la web.

"No hay ningún político que realmente se haya quejado de Airbnb"

Aunque hubieran parado los pies brevemente a mi estafador, no había ninguna garantía de que no volvería a hacerlo con otros perfiles. El sistema existía. Airbnb ha creado una web de más de siete millones de anuncios de confianza, que también podría ser fácilmente explotada. Después de todo, puede que no sea tan sorprendente que la compañía prefiera entrar en un juego de tenis interminable antes que responder algunas preguntas básicas. Por cada persona a la que no se le devuelve todo su dinero, Airbnb saca beneficio.

Kellen Zale, una profesora de la Universidad de Houston que estudia los alquileres de corta duración, me comentó que no hay ningún político que realmente se haya quejado de Airbnb. De hecho, la responsabilidad recae en los gobiernos locales, que en su mayoría no tienen dinero para encargarse.

En 2015, Airbnb se gastó al menos 8 millones para combatir una ordenanza de la ciudad de San Francisco que exigía que todos los anfitriones de Airbnb registraran sus viviendas en el ayuntamiento a través de un largo proceso. La ordenanza se aprobó y el número de viviendas disponibles en la plataforma se redujo drásticamente. Pero no todas las ciudades tienen el presupuesto que tiene San Francisco. En agosto, en Nueva Orleans se revisaron las leyes que regulaban los alquileres de corta estancia pero, debido a la falta de capital, se encargó a Airbnb la supervisión de estas.

Por ahora, somos nosotros los que tenemos que lidiar con la catástrofe. Zale dice que ella tuvo una mala experiencia con Airbnb hace unos años. Su anfitrión le dio el código incorrecto para la puerta y tuvo que reservar un hotel muy caro en el último minuto. Dice que a pesar de estar molesta con Airbnb por no devolverle el dinero, le gusta demasiado la idea de “vivir en un barrio determinado un par de noches”, dijo.

“El hecho de que me estafaran me quitó bastante las ganas de volver a usar Airbnb, pero a estas alturas no hay demasiadas opciones”

El resto de gente con la que hablé me dijeron que tenían el mismo dilema. Saben lo que hay, pero no tienen otra opción. Por su parte, Patterson dice que quizás se pase a Vrbo, pero LaSota todavía está pendiente de una evaluación negativa que le pusieron antes si quiera de irse de vacaciones a Italia. Garrido también cree que le será fiel a Airbnb toda su vida.

“Si hubiera otra opción, no volvería a usar Airbnb”, me dijo. “El hecho de que me estafaran me quitó bastante las ganas de volver a usar Airbnb, pero a estas alturas no hay demasiadas opciones”.

Incluso yo, tras un mes de indagar en los registros públicos, escrutar páginas webs, llamar repetidamente a Airbnb y discutir con el hombre que se hacía llamar Patrick, no puedo asegurar que no volveré a usar la plataforma. Porque a pesar de todos estos problemas, es mucho más barato que un hotel.

Al fin y al cabo, yo ni siquiera les dejé una evaluación a Becky y Andrew.

Actualización 1/11/2019: Al día siguiente de publicar este artículo, el FBI contactó a VICE por la información previa.

Corrección: Una versión previa de este artículo decía que Airbnb había devuelto 399 $. Esa frase se ha corregido para reflejar que los 399 $ fueron devueltos por "Becky y Andrew" después de que Airbnb interviniese.

Sigue a Allie Conti en Twitter.