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¿Quieres acabar con la delincuencia? Pues legaliza las drogas, afirma un colectivo policial

Una unidad policial dice que las protestas en Baltimore y de Ferguson son un síntoma del fracaso del país en su guerra contra las drogas, y que terminar con esa política ayudará a reparar un sistema policial fracturado.
28.5.15
Imagen vía AP Photo/Danny Johnston

Las manifestaciones por todo el país contra la violencia de las fuerzas del orden y los llamamientos a la reforma del sistema policial de los dos últimos años han llevado a un grupo de agentes de los cuerpos de seguridad a convenir sinceramente que la vigilancia policial debe cambiar. Y por extensión, también su política.

El colectivo Cuerpos de Seguridad contra la Prohibición (LEAP) está integrado por policías en activo y retirados, agentes federales, jueces y abogados. Entre todos, luchan por poner punto y final a la guerra contra las drogas, y a décadas de paulatino empeoramiento de la violencia entre policías y ciudadanos por culpa de esa guerra.

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"Está sacando de madre cada problema social que tenemos en Estados Unidos", afirmó Jack Cole, un teniente retirado de la policía del estado de New Jersey, y uno de los actuales directivos de la LEAP.

"Tú nombra el problema que quieras y yo te contaré de qué manera ha sido afectado por la lucha contra la droga", dijo. "Hablemos del racismo institucionalizado y de la brutalidad de las fuerzas de seguridad. Ambas están tremendamente afectadas por la guerra contra las drogas. ¿Qué sucede cuando agarras a agentes de policía que se supone que tienen que proteger y servir a la comunidad y les entrenas para que vayan a la guerra?

Cole comentó que la LEAP comparte muchas preocupaciones con aquellos que protestan en contra de injustas políticas en materia de drogas, en estrategias y en tácticas que tienen un impacto negativo en las minorías y en las comunidades donde los ingresos son bajos — comunidades donde existen otras alternativas laborales más allá del negocio de la droga. La concentración de la violencia entre minorías, y especialmente en barrios afroamericanos, provoca que haya un mayor número de negros en prisiones estatales y federales, acusados de delitos no violentos relacionados con las drogas, lo que provoca la confusión en familias y comunidades. Y, por encima de eso, sucede que los hombres que han sido encarcelados por delitos de drogas tienen serias dificultades para encontrar trabajo después de salir de prisión, lo que facilita su probable regreso al mercado de la droga.

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El agente de la LAPD, David Doddridge, un agente retidado del departamento de narcóticos, expresó que sus años de tumbar puertas a patadas en redadas de drogas, los años en que detenía a traficantes jóvenes, le hicieron empezar a cuestionar la eficacia de la guerra contra la droga. Tal fue la política que había instalado el antiguo presidente Richard Nixon, lo que llevó a una inyección de capital federal en los departamentos de narcóticos de todo el país.

"Era un caos: cada noche una de las patrullas se dedicaba a aporrear puertas, perseguir a gente por la calle, o a encañonarles por la oreja. No funcionaba. Te crees que la gente despertará, pero no lo hacían", dijo. "Al final, el que despertó fui yo".

El grupo está concentrado en las muchas consecuencias de la guerra contra la droga desde la perspectiva de un agente de policía: la obscena cantidad de dinero y recursos despilfarrados en las detenciones por drogas ha distraído a la policía de trabajar en auténticos casos criminales, y la práctica de tratar a todo el mundo en la infestada comunidad de la droga como a un criminal, ha desembocado en altercados más peligrosos entre policías y ciudadanos.

"Faltan detectives que manejen casos de robo, asalto y homicidio y a ninguno de ellos tres les atraen demasiado ni la violencia de género ni los delitos juveniles; están agobiados, pero narcóticos es rollo "¿Qué quieres? Es tuyo, te lo damos", aseguraba Doddridge. "Lo más duro es que la guerra contra las drogas se está llevando todos esos recursos lejos de la delincuencia real".

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"Además, también permite que los departamentos de policía se vuelvan más intrusivos. Y cuando eso sucede, entonces aumentan el conflicto, las peleas y los disparos. La lucha contra las drogas agrava ese escenario", contó Doddridge.

Más que abordar la reforma policial como un proyecto fragmentado, que ordenar que se lleven cámaras pegadas al cuerpo o que quitar de en medio determinado equipamiento militar para uso de otros departamentos, los legisladores deberían fijarse en atacar la raíz original del conflicto, según dicen.

"Cambiar nuestra política en materia de drogas es el primer paso para devolver a las fuerzas de seguridad a sus orígenes. A trabajar en colaboración con las comunidades, en lugar de patrullarlas de manera descerebrada". Así se lo dijo a VICE News Diane Goldstein, secretaria de la junta directiva de la LEAP y antigua responsable de una unidad de narcóticos. "No es el último paso: es el primero", asegura.

El mayor objetivo del grupo sería que Estados Unidos terminara con todas sus prohibiciones en materia de drogas y que, en su lugar, se dedicara a legalizarlas y a regularlas.

"Una vez sean legales y solo cuando sean legales las podremos regular. No podemos regular cosas que sean ilegales", dijo Cole.

Un mercado de la droga regulado permitiría a la salud pública y a los agentes destinados a preservar el orden público, controlar la calidad de las sustancias, lo cual ayudaría a rebajar las muertes por sobredosis y concedería la oportunidad a las autoridades, de facilitar los tratamientos para los adictos.

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"Podemos terminar con las muertes por sobredosis. Nadie tiene que morir así", continuó Cole. "Durante los 14 años que me pasé en la calle con esos tipos, jamás escuché que nadie hubiese muerto por sobredosis después de chutarse cantidades ingentes de droga. Lo que pasaba es que simplemente se morían porque ignoraban qué cantidad de la pequeña papela de polvo era droga y qué parte era corte. Y cuando el porcentaje de droga en la papela es excesivo, entonces estás muerto. En un mercado ilegal y no regulado, nunca lo sabrás. Nosotros creemos que deberían de saberlo. Si están vivos, todavía tienen la oportunidad de desengancharse".

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La visión de LEAP de un nuevo mercado de la droga regulado no es del todo bienvenida por otras fuerzas de seguridad, defensores de la reforma y funcionarios del gobierno, quienes denunciaron la idea y dijeron que sería preferible mejorar las políticas actuales sobre drogas y las leyes, antes que eliminarlas de golpe.

Kevin Sabet, presidente de Aproximaciones más Inteligentes a la Marihuana (SAM), y antiguo consejero de la oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas de la Casa Blanca, opina que la legalización de las drogas no resolverá el problema de la adicción ni será tampoco una solución mágica a los conflictos generados por el comercio de estupefacientes.

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"Cuando pensamos en los problemas a los que ya nos hemos enfrentado con los opiáceos de prescripción legal y con la destrucción sembrada en nuestras comunidades por ese tipo de drogas, como los analgésicos, a pesar de que están altamente regulados — porque esto es lo que entendemos por legalización —, entonces ves esa destrucción", declaró Sabet a VICE News.

Jim Pasco, director ejecutivo de la Orden Fraternal de la Policía (FOP) contó a VICE News que incluso si las drogas son legalizadas, los mismos delincuentes que se enriquecen con la venta de drogas, seguirán en el negocio.

"No van a pasar de ser traficantes callejeros a convertirse en santos de la noche a la mañana" dijo. "Te puedes esperar que los mismos individuos que controlaban el cotarro antes de que fuese legal serán los mismos que estarán implicados cuando lo sea".

Pasco contó que la mayoría de policías están en contra de la legalización y que la LEAP no representativa de "ningún segmento significativo" de las fuerzas de seguridad en Estado Unidos.

"Nunca he estado en ningún lugar que recuerde en mis 20 años como director ejecutivo o en mis años anteriores, donde haya habido nadie que fuese partidario de la legalización", aseguró Pasco y añadió que la FOP representar a unos 335.000 miembros.

Kevin Sabet, fundador de la SAM junto al ex senador Patrick Kennedy, aseguró que, a día de hoy, existe un amplio consenso para conseguir que la política en materia de drogas deje de ser tan excesivamente punitiva para con los delincuentes, y avance hacia un modelo basado en la salud pública. Aún así, considera que existen maneras paulatinas de solucionar el problema sin necesidad de establecer peligrosas políticas de drogas gratuitas entre el público norteamericano.

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"Arreglar la guerra contra las drogas" añadió. "Rechazar las leyes que tratan al crack y a la cocaína de manera distinta, reducir el índice de encarcelamientos y de sentencias. No hace falta legalizar las drogas para conseguirlo. No hace falta que nos inventemos al Phillip Morris de los porros ni del crack para asegurarnos de que las leyes son juiciosas. Porque entonces te encontrarás con que la solución será tan perjudicial como el remedio".

LEAP cuenta con 150 agentes de policía que hacen las veces de portavoces y que difunden el mensaje del grupo en conferencias sobre orden público, reuniones civiles y en las audiencias gubernamentales, pero también cuenta que tiene más de 150.000 seguidores. El grupo mantiene el anonimato de quienes lo apoyan; se da la circunstancia de que en el pasado algunos agentes han sido despedidos de sus agencias por apoyar públicamente el discurso de la LEAP.

Goldstein y Cole dicen que la credibilidad de la LEAP descansa en el hecho de que está integrada por veteranos soldados rasos que se pasaron años en primera línea de la lucha contra las drogas, y que eso permite que su mensaje llegue a compañeros de la policía, funcionarios y legisladores, que podrían ser reacios a contemplar los matices que acompañan al uso de las drogas y las consecuencias de ello.

"Creo que, hoy en día, y en muchos sitios distintos, las fuerzas de seguridad están increíblemente arrebujadas. Se están tomando cosas como los cargos presentados contra los oficiales de Baltimore como un ataque personal", afirmó Goldstein.

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El entrenamiento y la formación estandarizada que los agentes reciben en las academias de policía, donde les enseñan a pensar en sí mismos como parte de un equipo antes que individualmente, ha provocado que los agentes sean sensibles ante las opiniones que merecen entre los demás", expresó.

"Existe toda una subcultura entre los cuerpos policiales. Trabajar en un equipo y ser leal es bueno y es, al mismo tiempo, malo porque no nos damos cuenta de hasta qué punto perpetúa la políticas fallidas. Mucha de la cultura de las fuerzas de seguridad está enhebrada alrededor de procesos de pensamiento grupal, de manera que no están dispuestos a ver lo que sucede realmente ni a decidir cuál es su implicación en ello. No se plantean cómo cambiar para mejorar sus prestaciones a los ciudadanos" aseveró.

Los departamentos de policía y los sindicatos también tienen mucho dinero invertido en la lucha contra la droga y han impulsado políticas pensadas para que siga lloviendo el dinero en esos departamentos, según expresan lo miembros de la LEAP.

"Muchas organizaciones policiales tienen a un perro en esta caza: el dinero. Hay un montón de pasta invertida en la guerra contra los narcóticos. Reciben financiación del gobierno federal , consiguen los vehículos y los chalecos y todas esas movidas, y también algo parecido al prestigio", aseguraba Doddridge.

La LEAP ha progresado bastante desde que el colectivo arrancara su andadura en 2002. Desde entonces, la marihuana ha sido legalizada en 23 estados, otros cuatro han legalizado el uso recreacional de la marihuana para adultos y Goldstein ha advertido que algunos departamentos de policía están cambiando la manera en que se enfrentan a los consumidores de medicamentos recetados y de heroína, después de una oleada de sobredosis golpeara los suburbios. Se refirió al departamento de policía de Gloucester, Massachusetts, por su política de permitir a los consumidores de estupefacientes de presentarse en la comisaría, entregar sus drogas y encontrar el tratamiento adecuado.

Los miembros de LEAP expresaron su optimismo por considerar que la opinión pública empieza a mostrarse de acuerdo con sus postulados y a reconocer cuales son los problemas asociados a la lucha contra las drogas: prisiones desbordadas, sentencias injusta en contra de drogodependientes no violentos y la militarización de las fuerzas policiales civiles, a quienes se les dice, tal y como lo expresa Goldstein, que tienen una guerra que librar "contra un objeto inanimado".

Sigue a Colleen Curry en Twitter: @currycolleen