Identidad

La satisfactoria sensación de enviar fotos tuyas desnuda a tus amigas

Dejé de enviar fotos de desnudos a los hombres y en lugar de ello empecé a intercambiarlas con mis amigas. Resultó genial.
EC
traducido por Eva Cañada
6.11.17
La autora y una de sus amigas dándole apoyo

Abro Snapchat y veo a mi amiga desnuda en el váter, con una cerveza detrás. Ha enviado un selfie con el comentario "cagando" y me siento encantada de que haya pensado en mí. "Me alegro por ti", le contesto. Unas semanas más tarde, me muevo por una habitación de hotel llevando un albornoz que cuesta más que el precio de venta de todos mis vaqueros juntos. Abro el albornoz frente a un espejo de cuerpo entero y empiezo a hacerme selfies, colocando un pie sobre una silla cercana y ladeando la cabeza, intentando encontrar la iluminación perfecta. Envío la que considero más sexy a algunas de mis mejores amigas. Durante un instante lamento estar soltera, que no haya ningún hombre en mi teléfono que merezca verme desnuda. Pero después, durante un instante mucho más largo, me siento invadida por una sensación cálida y acogedora de satisfacción y paz: tengo que compartir mi cuerpo ―que, para dejarlo claro, me deprime la mayor parte del tiempo― con las personas que más quiero.

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Aunque alguna vez he enviado fotos desnuda a personas con las que salía y al hacerlo intenté mostrar mis ángulos más favorecedores (es decir, más engañosos), intenté encontrar el mejor modo de arquear la espalda y la forma más astuta de redondear mi culo colocando el teléfono en un ángulo propicio, son los desnudos más mundanos que envío a mis amigas ―algunos sexis y otros directamente repulsivos― los que me colman de más satisfacción que la que cualquier sexting me haya podido producir jamás porque en este caso no estoy intentando ver fotos de pollas a cambio. Simplemente no. Cuando envío desnudos a mis amigas, en contextos explícitamente platónicos y con consentimiento, estoy celebrando mi cuerpo con personas que lo celebrarán conmigo y ―una vez más― no interpretan mi momento de desnudo como una llamada para recibir una polla. Dejémoslo claro, existe un lugar y una ocasión para las fotos de pollas si llegan en el momento justo, pero a menudo las interpretaciones sexuales de mi desnudez por parte de los hombres se vuelven en cierto modo aburridas ―las mismas pollas desde los mismos ángulos, los mismos mensajes que las acompañan― mientras que el amor y el apoyo que recibo de mis amigas es algo completamente diferente (un amigo mío me dijo, "Tengo la sensación de que nadie está realmente súper emocionado por ver mi polla". Y, en la mayoría de los casos, estoy de acuerdo).

Entonces, ¿por qué se han despojado tanto los desnudos de su faceta sexual para mí? Me encanta el sexting ―soy una sexter multimedia y multiplataforma—, pero para mí, la palabra escrita es más excitante y tiene mayor carga sexual que la imagen descontextualizada de un órgano. "No he visto un desnudo que me guste desde hace como cuatro años", me dijo una amiga. "Prefiero los mensajes de texto sexualmente explícitos, porque para mí tienen menos riesgos y me ofrecen mayor recompensa, sinceramente. Nunca me he masturbado con una foto de una polla, pero sí con lo que me ha escrito algún tío".

Cuando envías fotos sexis de ti misma en este año de mierda que es 2017, la confianza es primordial, por eso el intercambio de fotos desnudas entre amigas es un espacio tan seguro para mí. Siempre he confiado más en mis amigas que en mis parejas sentimentales. Y en los últimos dos meses, mis desnudos han ido dirigidos exclusivamente a mis amigas, porque he hecho un esfuerzo importante por evitar salir con nadie. (¡Estoy muy ocupada! ¡Quiero aprender más cosas sobre las plantas! ¡No dispongo de tanto tiempo!). Eso significa que no estoy teniendo sexo y que no lo he tenido durante una temporada. Y del mismo modo que he encontrado otras formas de cuidar de mí misma a nivel sexual, he descubierto otras formas de compartir mis fotos de cuando me acabo de despertar y mi piel parece humedecida y para mis fotos de cuando saco las tetas del bañador de un modo adorable: mis putas mejores fotos. Mis amigas me animan, igual que yo las animo a ellas cuando me envían las suyas. La bloguera sobre sexo Kate Sloan de Girly Juice me dijo que ella envía fotos desnuda a sus amigas por dos motivos: "Para preguntar, '¿Debería enviar esta foto [a la persona con la que salgo/a la que me tiro]?', o bien para decir, '¡¡MIRA QUE BONITO/A SALE MI [culo/pecho/boca]!!!'". Un hombre gay que comparte fotos desnudo con sus amigos gais me dijo, "Nos conocemos muy bien entre nosotros y tenemos un sólido y compartido sentido de los límites. También nos gustan mucho los genitales". Otra mujer me explicó: "¡Porque es divertido! Y mis amigas están muy buenas".

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Yo envío desnudos a mis amigas como diciendo, "Eh, mira mi cuerpo, está aquí y existe y es sexy (incluso aunque no haya tenido sexo desde hace siglos y probablemente no vuelva a tenerlo nunca jamás, pero no pasa nada, está bien, yo estoy bien, ¿vale? *tarareo nervioso*)".

Otro intercambio de mensajes de texto con una amiga

Cuando vuelva a salir otra vez con chicos, en un loco futuro hipotético en el que los hombres dejen de aburrirme y de parecerme bordes, estoy segurísima de que les enviaré fotos desnuda, porque es divertido y no tengo miedo a la nube, a pesar de haber visto al menos 247 tráileres de la película de 2014 Sex Tape, la esencia misma de la poca fiabilidad de la nube. La mayoría de las personas con las que hablé para este artículo dijeron, de hecho, que no enviaban desnudos por miedo a que las fotos acaben filtrándose. Una mujer me dijo que ella ni siquiera se las envía a su marido porque "es imbécil y acabaría poniéndolas en la nube y compartiéndolas con su madre".

El porno de venganza es algo serio y terrorífico y me rompe el corazón que tantas mujeres con las que hablé no se hagan ninguna foto desnudas por miedo a que caigan en las manos equivocadas. Nuestros cuerpos nos pertenecen y no son menos nuestros cuando enviamos fotos de ellos a las personas que queremos o que simplemente nos gustan lo suficiente. Todo el mundo debería sentirse tan cómodo enviando fotos desnudo como se siente mi amiga enviándolas cuando está cagando. Me entristece que ese no sea el mundo en el que vivimos.
Un antiguo exnovio (que espero que no interprete este llamamiento como una invitación para contactarme) tenía un archivo protegido con contraseña en su ordenador con fotos mías desnuda que yo le había enviado. Cuando salíamos juntos le hice prometer que borraría el archivo en el mismo segundo en que rompiéramos. Cuando le cuento esto ahora a los hombres me dicen, "Estoy seguro al cien por cien de que no borró el archivo" y si eso es cierto, cosa que creo que podría ser, me gusta imaginarme su cara después de hacerse una paja con mis fotos, taciturno y arrepentido de lo mucho que la cagó. Y creo que ese es castigo suficiente por romper su promesa.

Todo esto viene al caso para contaros que nunca intentaré presentarme a presidenta o intentar ser CEO en ninguna empresa. ¡Ni siquiera tengo un cinturón bonito! Mejor eludir completamente el conflicto y refugiarse en la calidez de las amigas, intercambiando desnudos para animarnos las unas a las otras y pasar el tiempo en el váter o vistiendo albornoces caros. Eso es el amor verdadero.