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Sexo

Engañé a mi novio, me quedé embarazada y la culpa casi acaba conmigo

Después de haber engañado a mi novio con un compañero de clase, descubrí que estaba embarazada y no sabía con seguridad quién era el padre. Pero me sorprendió descubrir que había algo peor que un embarazo no deseado: el sentimiento de culpa

por Charlie Stone; tal y como se lo contó a Sirin Kale
15 Marzo 2019, 4:45am

Ilustración por Camilla Ru  

Cuando era más pequeña, siempre creí que ser infiel era algo malo que la gente hacía cuando su relación no funcionaba. Cuando tenía 13 años, la madre de mi mejor amiga tuvo una aventura y recuerdo que me escandalicé mucho al enterarme. Sus padres se separaron y vi cómo su vida se desmoronaba. Cuando tenía 18, mis padres también se divorciaron porque mi padre tuvo una aventura. Vi el efecto que una infidelidad tuvo en mi estructura familiar y siempre me dije a mí misma que nunca le haría eso a nadie. Solía decir cosas como: “Si crees que podrías ser infiel a tu pareja, tienes que confesarle esos sentimientos”.

Ahora que soy más mayor, me doy cuenta de que mis padres también son humanos y de que entiendo por que la gente es infiel. Cuando mi padre engañó a mi madre, pensé: ¿Cómo puedes hacerme tanto daño? Me sentía víctima de su comportamiento. Pero ahora entiendo que ya no había amor en su matrimonio y que no era feliz.

La primera vez que fui infiel, fue cosa de una sola vez. En aquel momento acababa de empezar con mi pareja, con la que sigo a día de hoy. Como aún no íbamos en serio, me acostaba con otra persona. No se lo dije, no sentía la necesidad de hacerlo, ya que en aquel momento aún no habíamos quedado en tener una relación exclusiva. Pero tres meses más tarde hablamos y decidimos comprometernos, así que ya no íbamos a ver a nadie más. Un mes más tarde, más o menos, le engañé por primera vez: besé a alguien en una noche de borrachera. Creo que mi infidelidad estaba vinculada a las emociones que me generaba estar en una nueva relación. Suena fatal, pero pensé: Puede que esta sea la última oportunidad que tengo de hacer esto.


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Egoístamente, pensé que si le contaba lo que había hecho, pensaría: Bueno, estaba muy borracha y apenas llevamos tiempo saliendo, no pasa nada. Pero se disgustó mucho. Lo gestionó bien, pero sin duda nuestra relación se vio afectada.

Echando la vista atrás me pregunto si estaba saboteando la relación desde dentro porque todo iba muy bien y me daba miedo. Sentía como si no me mereciera estar con alguien tan cariñoso y bueno, así que me propuse estropearlo. Mi última relación había coincidido con el divorcio de mis padres y sufrí muchas pérdidas a la vez. Estuve muy triste y dolida durante mucho tiempo.

Cuando conocí a este tío tan estupendo que me trataba tan bien, pensé: ¿De verdad quiero comprometerme otra vez con alguien que puede hacerme daño o dejarme? Tenía la autoestima tan baja que pensaba que si saboteaba mi relación, le haría un favor a mi nuevo novio. Debería estar con alguien mejor que yo, no alguien que se acostara con cualquiera como hacía yo, alguien que no estuviera tan rota ni fuera tan infeliz. No quería arrastrarle a mi agujero negro.

Después de engañarle por primera vez, decidí que quería jugármela, enfrentarme a mis inseguridades y comprometerme en una relación con alguien. Quería volver a descubrir la intimidad y lo que significaba acostarse con una sola persona.

Pero volví a engañarle seis semanas más tarde con un tío al que conocí en un curso que estaba haciendo. Nos conocíamos desde hacía tiempo y siempre habíamos flirteado y habíamos salido a emborracharnos juntos. Se estaba acabando el curso, así que salimos a tomar unas copas con unos amigos. Me rondaba el pensamiento de que igual no volvía a ver a este tío nunca más, así que le pedí que me acompañara a casa. Nos acostamos borrachos y no moló nada. Se fue y me empecé a sentir culpable de inmediato. Nunca he vuelto a hablar con él.

Me sentí peor aún porque nos acostáramos de nuevo por la mañana, porque ya no tenía la excusa de estar borracha. Pensé: Soy la peor persona del mundo. Me he acosado con él estando sobria. La segunda vez, pensaba: Vale, una vez más y le seré fiel a mi novio. Pero me arrepentí.

Un mes más tarde, las cosas se complicaron mucho por ese incidente. Descubrí que estaba embarazada. Tardé un día en asumir que la persona con la que había sido infiel a mi novio podía ser el padre. Además de la culpa, tenía que lidiar con todas las emociones que surgen con un embarazo no deseado. Mi novio me apoyó muchísimo cuando le conté que estaba embarazada y que iba a abortar y eso me hizo sentir mil veces peor. Solo podía pensar en lo mucho que la había cagado.

Un par de años más tarde le conté a mi novio lo de la infidelidad. Había pensado en decírselo muchas veces antes, pero mis amigos me recomendaban que no lo hiciera. Me decían: “No vas a volver a ver a ese tío. No significa nada, es mejor que no lo sepa”. Pero toda esa culpa que seguía teniendo después de esos dos años me pilló por sorpresa. No desaparecía.

Estábamos de vacaciones cuando se lo conté. Estábamos en un restaurante y lo solté todo. Le dije que lo sentía, que la culpa me corroía y empecé a llorar. Se quedó pasmado, porque estábamos cenando la mar de tranquilos. Luego dijo: “Me alegro de que hayas sido capaz de contármelo”. Increíblemente, se lo tomó bien. Me dijo que sabía que los primeros meses de nuestra relación tenía la cabeza en mil sitios y que sabía que ahora ya no lo haría nunca.

Me alegro mucho de habérselo dicho. Ya no aguantaba más la culpa. Al principio me arrepentí de no habérselo dicho antes, porque se lo tomó muy bien, pero creo que se lo dije cuando estaba preparada para hacerlo, así que no me arrepiento de no haberlo hecho antes. Necesitaba ese tiempo.

Nunca volvería a ser infiel. Estoy sorprendida con la cantidad de culpa que sentía por un polvo de una noche. No puedo ni imaginarme lo mal que tienes que sentirte si tienes una aventura larga. No quiero cargar con ese peso nunca más.

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