Derechos de las mujero

Si creías que las mujeres de Ghana no hacen skate, estás muy equivocado

Las chicas del Skate Gal Club dicen haber enseñado a 200 mujeres a patinar; su iniciativa sienta las bases de una plataforma a favor de los derechos de las mujeres.
21 Febrero 2020, 3:30am
Skate Gal Club Ghana
INTEGRANTES DEL SKATE GAL CREW: HARMONIE 'BLUE' BATAKA, JOVITA ASHI Y SARAH NYARKO (L–R), EN ACCRA, GHANA

Es un sábado caluroso en Accra y, más allá de un half-pipe instalado en el patio delantero de su casa, Sandy Alibo aguanta el calor detrás de los fogones. Está cocinando migas dulces de plátano frito para media docena de personas del Skate Gal Club, un grupo de patinadoras que fundó en 2019 junto a su amiga Kuukua Eshun. Con cuidado, Sandy pone en un lado de cada plato una cucharada de helado, mientras que las chicas se sientan alrededor de la mesa, debatiendo animadamente sobre el movimiento #MeToo impulsado por víctimas de abusos sexuales.

No es casualidad que estemos en casa de Sandy en el distrito central de Accra, Osu, un barrio diverso y bullicioso en el corazón de la escena artística de Ghana. Entre estas paredes cubiertas de pegatinas, pósteres e imanes de frigorífico promocionales, ha establecido, junto a Kuukua, un centro de reunión para patinadoras de todo el país. A diario, un grupito de patinadoras del Skate Gal se congrega en torno a la mesa para consolidar la doble función del club.

ALGUNAS PATINADORAS DEL SKATE GAL CHARLANDO EN LA ENTRADA DE LA CASA DE SANDY EN OSU

Por un lado, es un lugar de encuentro para aquellas mujeres que quieran aprender trucos con la tabla y kickflips y, ya de paso, desmontar estereotipos sobre “los deportes de mujeres”. Mientras ataca el postre, Kuukua me cuenta que “se trata de ganar confianza”. Pero visto desde otro punto de vista, el club ofrece un espacio abierto en el que las patinadoras pueden hablar de sexo, trabajo o qué implica ser mujer africana en un país en constante cambio y crecimiento.

Podríamos clasificar el Skate Gal como un club estrictamente deportivo. Pero en realidad, ha ayudado a muchas mujeres a sobrellevar y superar las secuelas de los abusos sexuales y otros traumas que van más allá de un half-pipe. Parte de su filosofía, añade Sandy, es “enseñar a las mujeres a patinar, introducirlas en el deporte y cambiar la mentalidad de la gente sobre la relación entre la mujer y el deporte”.



Al principio, Sandy y Kuukua quisieron atraer a más mujeres a un deporte tradicionalmente dominado por hombres. En 2016, Sandy fundó el grupo Surf Ghana, para fomentar el surf y el patinaje por todo el país, inspirada por sus experiencias previas como directora deportiva en su país natal, Francia. Al final, se unió al equipo de patinadores ghaneses Skate Nation y, en 2018, con el apoyo de marcas como Vans y Decathlon, anunciaron un tour mundial. Esperaban poder enseñar a más de 1000 personas a patinar, pero solo consiguieron atraer a un puñado de mujeres. Sandy se dio cuenta de que a estas a menudo les intimidaba patinar enfrente de multitudes formadas en su mayoría por hombres, algo que desde Skate Gal quieren cambiar.

Hasta ahora, está funcionando. A través de diferentes eventos, las chicas de Skate Gal han enseñado a unas 200 mujeres los conceptos básicos del skate. Las patinadoras llegan al club de maneras tan variadas como su cometido. “Para algunas, se trata de encontrar un sitio al que pertenecer”, dice Sarah Nyarko, estudiante de posgrado de 22 años. Se unió al grupo tras asistir a una demostración del festival anual de arte callejero Chale Wote el pasado agosto. “Fui a casa y no pude dormir porque había sido muy estimulante”.

Harmonie "Blue" Bataka, analista de 24 años, solía ser una de las dos únicas mujeres de Skate Nation. Después, se unió a las Skate Gal tras ver un anuncio en Instagram. “Skate Gal es como mi hogar”, me cuenta en la parte trasera de su casa en Spintex, un área del extrarradio mucho más tranquila. “Cuando patino con las chicas, nos motivamos y aprendemos las unas de las otras. Tardé tres meses en aprender a hacer un ollie. Fue un poco frustrante. Pero te caes, te haces daño y aun así sigue siendo divertido”.

El club consigue alternar la motivación y la diversión con un debate sincero de la realidad de las mujeres de color en Ghana. Gran parte de estas conversaciones tratan sobre los derechos de las mujeres. Algunas han sobrevivido a abusos sexuales y utilizan su voz para apoyar el movimiento #MeToo y pedir que condenen a los violadores. El pasado septiembre, se unieron a decenas de mujeres para protestar por las calles de Accra contra la violencia sexual.

Ria Boss cuenta que sufrió agreisones sexualmente de sus amigos más cercanos y su expareja, y considera que Skate Gal Club es una red de apoyo ideal. “Todas estas mujeres maravillosas han creado un espacio en el que no necesito esconderme o avergonzarme de lo que he pasado”, me dice por teléfono. “Va más allá de quedar una vez al mes y hacer trucos; se trata de una sororidad en la que sé que si necesito hablar con alguien, siempre van a estar ahí para contestar el teléfono”.

Ria Boss.

En diciembre, Ria y Kuukua participaron en una marcha contra la violencia sexual organizada por las Naciones Unidas. El evento se cerró con una hoguera en las inmediaciones de una comisaría de policía en la que Ria celebró “una sesión de sanación” para que las mujeres que quisieran hablaran abiertamente sobre los abusos que habían sufrido. “Creo que derribar los muros de la vergüenza es muy importante”, dice Ria. “En mi caso, tardé bastante en poder decirme a mí misma: ‘te han violado’”.

“El silencio lo empeora todo”, dice Akpene Hoggar, una asesora creativa que pertenece al Skate Gal. “Yo ni siquiera sabía que alguna de mis amigas habían sufrido abusos sexuales y ellas tampoco lo sabían sobre mí”.

Las patinadoras del Skate Gal están recaudando dinero para poder crear el primer skatepark de Accra y así evitar los frecuentes altercados con la policía y con algunos vecinos molestos con que practiquen en el barrio.

“Por eso, para mí, lo más importante es conseguir el skatepark”, dice Sandy. Kuukua cuenta que una vez “agredieron a Sandy y a algunas de las chicas en Achimota [una ciudad al sur de Accra], por patinar en uno de los pocos lugares en los que podemos patinar”.

El grupo se ha propuesto seguir luchando para salvar la brecha de representación y, aún más importante, retratar una versión diferente de lo que significa ser mujer en África. “En todo el mundo, las mujeres negras hemos tenido que trabajar el doble para poder representarnos a nosotras mismas, contar nuestras historias o cambiar la narrativa”, me cuenta Kuukua.

“Nuestra generación ha mejorado mucho. Mi abuela no tenía las oportunidades que yo tengo a mi edad”, dice Akpene. “Al final, se trata de crear una comunidad en la que la gente se sienta segura para poder probar cualquier cosas, explorar, aprender”.

@nosmotg