La pesadilla inmobiliaria

La pesadilla inmobiliaria: dúchate mientras cagas por 520€ al mes

Un 2x1 en higiene a precio de saldo.
06 Marzo 2020, 7:38am
tripticovater

'La pesadilla inmobiliaria' es una sección en la que denunciamos los abusos más flagrantes y los pisos más sorprendentes del mercado inmobiliario en España. Si te has topado con algún palacio similar, escríbenos a esredaccion@vice.com . El piso que describimos a continuación fue enviado por @vernumscent

¿Qué es?
Una buhardilla de 30 metros cuadrados construidos en la parte centro-norte de Madrid. Lo que no te cuenta es cómo están construidos esos metros. Digamos que el piso, a simple vista, no parece muy habitable para personas con una altura superior a 1’20 metros y, además, tiene una distribución de los espacios un tanto peculiar.

¿Dónde está?
En uno de los barrios más representativos de la capital, Malasaña. Pero, por desgracia, también uno de los más gentrificados. Yo podría intentar describir la localización del piso con detalle, pero creo que con la explicación de mi compañera @anarcoirisimon, que vive en allí desde hace 5 años, lo vais a entender mucho mejor:

“Está en Conde Duque, la parte noble de Malasaña, en la que hay menos Erasmus alemanes, ingleses y holandeses, que son los que pueden pagar los precios del corazón de Malasaña, y hay más creativos-con-profesiones-en-inglés que acaban de tener su primer hijo a los 40. Es relativamente tranquilo pero los domingos tu calle va a oler a meado igual que casi todas las calles que circundan el corazón de Malasaña: la Plaza del Dos de Mayo. El tercio de la terraza te va a seguir costando 3,50 y vas a seguir teniendo que hacer cola para sentarte en una terraza”.

¿Qué se puede hacer por ahí?
Malasaña está repleta de actividades estereotípicas con las que un turista puede entretenerse a lo largo del día. Puedes empezar el día desayunando un bol de cereales de importación después de hacer una cola de, mínimo, 30 minutos. Después, puedes ir de compras por las múltiples tiendas vintage y llevarte un jersey que te cueste un ojo de la cara. Y cuando ya tengas tu jersey, te compras uno de esos helados con forma de pez y te sacas una foto en el famoso muro de los ojos -a riesgo de convertirte en la persona más básica de la humanidad porque todo el mundo se ha sacado ya una foto en ese puto muro-

En resumen, tienes una lista infinita de cosas que cumplen perfectamente con los cánones del turismo mainstream de Instagram. “Pero amigo, te va a oler a meao la calle y vas a pagar un puto riñón por todo” advierte Ana Iris.

¿Cuánto cuesta?
520 euros de alquiler al mes por una buhardilla en un cuarto piso sin ascensor. Situada en un barrio víctima de la gentrificación y el consumismo que, además, huele a pis. ¿Lo más triste? Que tal y como está el sector inmobiliario, no me parece tan descabellado. Aunque en este caso hay un gran "pero".

Y ahora que ya hemos acabado con el barrio, pasamos al piso. Si no estabais convencidos con la ubicación, esperar a ver las fotos de este palacete. Empezamos por la cocina, que parece lo más normal del piso.

La vajilla, utensilios de cocina y demás elementos están bastante apiñados, como con poco espacio. A simple vista parece una cocina decente, pero la foto no nos enseña mucho más allá de la encimera, los estantes y la lavadora, así que no sabemos lo que se esconde más allá. La nevera, situada en la esquina derecha de la foto, abajo del todo, se ve bastante minúscula, supongo que para ir acorde con el resto de espacios de la casa.

Después pasamos al salón de estar —que también sirve como dormitorio— y aquí es donde empiezan los problemas. Primero, no sabía que el concepto de “buhardilla” significaba un techo tan bajo y con vigas de madera tan anchas que en cualquier momento puedes abrirte la cabeza o acabar teniendo una chepa tan grande que puedes protagonizar el musical del Jorobado de Notre Dame cuando llegue a la Gran Vía madrileña, que además te pilla al lado de casa. Me gustaría pensar que no todo el espacio es tan pequeño, pero claro, viendo que todos los trastos están esparcidos alrededor del estudio y que hay cuadros colgados prácticamente a ras del suelo, es difícil pensar lo contrario.

En el cabecero de la cama nos encontramos el toque patético original del piso, un mensaje pintado sobre la pared que dice: tengo una cita con los sueños. Vale, la frase no está tan mal. A la cama vas a dormir —entre otras cosas— y, por lo tanto, sueñas. Y ni siquiera me parece un mensaje tan asqueroso como la falsa positividad de Mr. Wonderful. Digamos que tiene un pase. Aunque si pasamos un rodillo con pintura blanca por encima y la borramos tampoco lloraremos su ausencia. Tú imagínate pegarte el madrugón para irte a trabajar y tener que leer esa frase —cada día— que te recuerda que la cita no es con tus sueños, sino con tu jefe a las 8 de la mañana. Y que encima te puedas reventar la cabeza cada vez que quieras acercarte a leerlo.

Y ya para terminar, pasamos a lo verdaderamente importante, la obra arquitectónica del piso. Muchos dirán que es un simple baño, pero estoy seguro de que es porque esa gente nunca se le hubiese ocurrido un diseño tan increíble. Sarcasmos a parte, es un plato de ducha con un retrete dentro. Una ducharete. Supongo que el espacio de la buhardilla es tan minúsculo que no pueden ni montar un baño en condiciones, con su lavabo, su plato de ducha y su retrete SEPARADOS.

Si lo miras por el lado bueno —si es que existe— puedes hacer varias cosas a la vez y ahorrar tiempo: puedes cagar y ducharte al mismo tiempo, por ejemplo. Un 2x1 en higiene. Además, tienes un enchufe ahí dentro, en una esquinita. Puedes meterte a la ducharete y enchufar cualquier dispositivo electrónico, arriesgándote a morir electrocutado. Además, en las fotos se ve como hay unas velitas aromáticas que sirven para tapar la mezcla de olores que se forma entre la humedad de la ducha y la mierda de tu culo.

En la anterior pesadilla inmobiliaria dije que estaría bien que quitasen el anuncio de internet cuanto antes. En este caso ya se ha borrado y solo nos quedan las capturas de pantalla. Solo me queda esperar que no sea porque alguien ha decidido vivir en un espacio tan esperpéntico.