Salud

¿No eres simpático?: puede deberse a la "brecha del agrado"

Esta teoría psicológica explica por qué cuando conoces gente nueva sueles sentir que no le agradas mucho.
Hannah Smothers
Brooklyn, US
LC
traducido por Laura Castro
1.6.21
Foto de dos mujeres jóvenes en una cafetería
AJ_Watt vía Getty

El escenario: tú y un nuevo conocido (o tal vez incluso un viejo conocido al que no has visto en mucho tiempo) están teniendo una conversación normal, hablando y divagando en torno algún tema, simplemente pasando el rato. La conversación tiene un tono agradable. Estoy desempañándome muy bien en esta interacción, piensas para ti mismo en medio de asentimientos y sonrisas. Cuando todo termina, te vas a casa satisfecho. Horas o días después, un nuevo pensamiento empieza a surgir en tu cabeza. Ash, realmente no debí haber dicho eso. No puedes evitar recordar la conversación una y otra vez, eligiendo momentos en los que parecía que no podías dejar de balbucear. Finalmente, llegas a la desafortunada conclusión de que fulano de tal piensa que eres un completo idiota que no sabe tener una conversación.

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Esto que has experimentado es lo que se conoce como la ‘brecha del agrado o del gusto’ [Liking gap, su nombre original en inglés], una teoría que tiene un grupo de investigadores que explica que las personas comúnmente subestiman qué tanto le agradan a alguien después de una primera interacción. Los investigadores publicaron su primer estudio sobre esta brecha en 2018 en la revista Psychological Science. Gus Cooney, uno de los autores del estudio e instructor de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, le dijo a VICE que cree que la brecha del agrado podría ser, hasta cierto punto, un comportamiento funcional. “Si tú y yo hablamos y yo hago una broma de mal gusto, probablemente tenga sentido funcional que, después, yo piense, ¿y si esa broma ofendió a Hannah?”, dijo Cooney. "Creo que el problema es que es un comportamiento un poco exagerado".

O, como lo explica el estudio, la brecha del agrado existe porque simplemente no podemos preguntarle a la gente cuánto le agradamos después de que termina una conversación. Solo nos queda aventurar nuestras propias conjeturas, recordar las conversaciones y revaluar todo lo que dijimos, preguntándonos cómo le sonó eso a una persona cuyos valores y peculiaridades de personalidad aún no conocemos. Y esas suposiciones a menudo están sesgadas por un monólogo interno que es "notablemente autocrítico y negativo, especialmente debido a la incertidumbre adicional que implica entablar una conversación con alguien nuevo".

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En términos más simples, la brecha del gusto explica que muchas personas experimentan la desagradable experiencia de preguntarse si le desagradan a alguien después de una conversación normal. Como descubrieron los investigadores, regularmente las personas subestiman lo agradables que son, incluso en las situaciones en las que la persona con la que están conversando da señales (sonrisas, gestos con las manos) de que está disfrutando la conversación. Entonces, la brecha persiste debido a que estamos demasiado absortos pensando en lo que estamos diciendo y cómo suena para notar esas señales. Lo que es más interesante es que, como señalan los autores del estudio, las personas tienden a sobreestimarse en casi todos los demás aspectos: capacidad de conducción, relaciones, etc. En otras palabras, pensamos que somos excelentes hasta que hablamos con otra persona, habilidad en la cual nos consideramos pésimos.

Para encontrar y demostrar la brecha del agrado, los investigadores observaron varios escenarios en los que las personas simplemente se estaban conociendo entre sí: unos extraños que se conocieron en un laboratorio, estudiantes de primer año de la universidad al conocer a sus compañeros de habitación y unos extraños del público en general que se conocieron en un taller. En cada escenario, los investigadores le preguntaron a cada uno de los involucrados cuánto les había agradado la persona con la que habían hablado y cuánto creían haberle agradado a esa persona. En general, las personas “percibieron que su nivel de simpatía” era mucho menor de lo que realmente había sido.

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Como dijo Cooney, tiene sentido que las personas subestimen su nivel de simpatía cuando interactúan con alguien nuevo; necesitamos esa vocecilla autocrítica para evitar que hablemos desenfrenadamente y digamos cosas inapropiadas. Pero como demuestra la brecha del agrado, la vocecilla es mucho más poderosa de lo que podríamos pensar y tendemos a ser demasiado autocríticos, hasta el punto de asumir que le desagradamos a la gente a la que en realidad le agradamos. Las únicas personas que parecen no presentar este problema, según mostró el estudio, son aquellas que no se consideran a sí mismas tímidas. ¿Esto explica la autoconfianza? Tal vez sí o tal vez no, pero ciertamente explica por qué algunas personas parecen desenvolverse con facilidad en el mundo, sin nunca considerar la idea ignominiosa de que le desagradan a toda la gente que han conocido.

Como prueba de la existencia de la brecha del agrado, Cooney presentó un estudio posterior, publicado en Psychological Science en abril de 2021, que explora la brecha del agrado en niños mayores de cinco años. El estudio encontró que la brecha del agrado no está presente en los niños más pequeños; sino que aparece y crece durante la infancia, básicamente a la par que el infante comienza a preocuparse por su reputación. “Los niños pequeños no piensan en si le agradan a otra persona, no les importa su reputación”, dijo Cooney (¡qué serenidad!). "Pero a medida que se activa esa voz a la que le preocupa la reputación, la brecha del agrado comienza a aparecer".

Todos los estudios existentes sobre la brecha del agrado se centran en conversaciones entre extraños o personas que acaban de conocerse, pero como Cooney le dijo a VICE, también tiene sentido que exista esta misma brecha entre personas que no han interactuado por mucho tiempo. Nuestra situación actual —haber pasado más de un año en relativo aislamiento y tener que averiguar cómo hablar de nuevo con la gente—, ciertamente podría llevar a que surgieran brechas del agrado con respecto a viejas amistades a las que no hemos visto o con las que no hemos hablado de manera significativa desde 2019, especialmente si tuvimos algún tipo de rencilla relacionada con la pandemia con esos viejos amigos.

Lo que es reconfortante es que, en el caso de los compañeros de cuarto de la universidad, los investigadores encontraron que la brecha del agrado disminuye con el tiempo. Aunque al estar con personas nuevas —o personas a las que simplemente no has visto en mucho tiempo— te sientas estúpido o poco apreciado, está científicamente demostrado que esos sentimientos no durarán mucho. A medida que conoces mejor a alguien y te sientes más seguro en tus interacciones con esa persona, la brecha se reduce y ya no sientes la necesidad de analizar y criticar cada pequeño comentario que le haces. ¿No es eso lindo? Es casi como si así fuera como funciona la amistad, ¿no?

Sigue a Hannah Smothers en Twitter.