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Foto cortesía de Andrea Di Mateo
Actualidad

Mascotas y cannabis: una nueva opción terapéutica

¿Marihuana veterinaria? ¿dado que los dueños de mascotas ya la usan como medicamento, los veterinarios necesitan unirse al debate?
21.4.21

Dolor, cáncer, ansiedad, artritis: las sufrimos como humanos y las padecen nuestras mascotas y aunque no puedan expresarlo con palabras articuladas sabemos, como sus acompañantes, que algo no va. ¿Qué opciones hay?, ¿qué alternativas nos da la medicina para aliviar o manejar esas dolencias? El cannabis, comienza a presentarse como una opción en el mundo veterinario.

El avance del conocimiento en esta rama determinó un aumento exponencial en la expectativa de vida de nuestras mascotas debido al desarrollo de métodos de diagnóstico precoz y al empleo de herramientas terapéuticas más efectivas. Pero esta longevidad está determinada también por la incidencia de condiciones crónicas dolorosas, que antes eran consideradas terminales, como la osteoartrosis y el cáncer.

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Foto cortesía de Andrea Di Mateo.

En la búsqueda de aumentar la expectativa de vida, el control del dolor tuvo que adaptarse ya que estos pacientes –sí, tu firulais “el motas” o tu guardaespaldas “morita”, la schnauzer que trabaja hoy también contigo desde casa– pueden experimentar dolor durante un periodo de tiempo más prolongado y por lo tanto su manejo inadecuado afectaría directamente su calidad de vida, su comportamiento, el desarrollo de sus actividades cotidianas y sus interacciones sociales generando un impacto negativo tanto en el propio animal enfermo como en sus tutores.

Es así que en 2013 la Asociación Americana de Medicina Veterinaria en una de sus publicaciones (“¿Marihuana veterinaria?: dado que los dueños de mascotas ya la usan como medicamento, los veterinarios necesitan unirse al debate”) plantea que el cannabis medicinal podría ser una alternativa segura y eficaz para mejorar la calidad de vida de las mascotas y mitigar el dolor crónico, partiendo de los reportes de sus dueños, usuarios de esta medicina para sus propias dolencias. El dolor es una experiencia única y desagradable, influenciada por factores sociales, biológicos y psicológicos que requiere un enfoque de tratamiento multimodal y un abordaje temprano en donde el cannabis medicinal debería ser integrado al mismo ya que puede cambiar significativamente la calidad de vida de nuestras mascotas.

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El uso medicinal de la planta de cannabis se remonta a la antigua China, Persia medieval y la Europa del siglo XIX para tratamiento de infecciones, fiebres altas, diarreas y diferentes tipos de dolor. Sin embargo, aunque ha sido utilizada por largo tiempo la evidencia científica acerca de su potencial terapéutico es muy reciente, y ha enfrentado diversas trabas tanto legales como de acceso a productos médicos seguros y de calidad.

“El estudio plantea que el cannabis medicinal podría ser una alternativa segura y eficaz para mejorar la calidad de vida de las mascotas y mitigar el dolor crónico, partiendo de los reportes de sus dueños, usuarios de esta medicina para sus propias dolencias”.

La planta de cannabis contiene más de 100 cannabinoides que varían en mayor o menor proporción dependiendo, entre otros factores, del tipo y parte de la planta, condiciones de temperatura y humedad a la que fue cultivada, etc. Los de mayor importancia medicinal son el CBD (Cannabidiol) y el THC (Delta 9 tetrahidrocannabinol).

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El THC es el compuesto psicoactivo de la planta asociado al consumo recreativo de cannabis. Sin embargo, es uno de los fitocannabinoides más empleados en oncología por su efectos antitumoral, antiemético (anti emesis a.k.a vómito), antiespasmódico, analgésico y orexígeno (estimulante del apetito). El CBD, por su parte, posee propiedades antinflamatorias, ansiolíticas, antipsicóticas e inmunomoduladoras, pero carece del efecto psicoactivo, y de hecho inhibe la euforia que pudiera causar el THC.

Además de los cannabinoides mencionados, la planta contiene otros compuestos como los flavonoides y terpenos (mirceno, pineno, limoneno, linalool) que también presentan actividad farmacológica y podrían potenciar los efectos de los demás fitocannabinoides constituyendo el conocido “efecto entourage” del cannabis.

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Los fitocannabinoides –THC y CBD, para que no se pierdan– actúan sobre los receptores CB1 y CB2 que se encuentran localizados en el sistema endocannabinoide  (SEC), que tanto humanos como animales, vertebrados e invertebrados, menos los insectos, tenemos y que es básicamente el sistema de comunicación intercelular, algo así como el teléfono de las células, imitando los efectos de los cannabinoides que produce el propio individuo, como la Anandamida y el 2AG. Los endocannabinoides tienen por función mantener la homeostasis o funciones básicas, resumidas por el bioquímico italiano Vincenzo Di Marzo en 1998, como “relajarse, comer, dormir, olvidar y proteger”.

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Cada individuo tiene diferente densidad de estos receptores, lo que determina que las dosis varíen significativamente entre pacientes y para una misma patología. El receptor CB1 se localiza principalmente en el sistema nervioso central mientras que el receptor CB2 ejerce su función a nivel periférico en las células del sistema inmunológico. El THC actúa en ambos receptores cannabinoides –CB1 y CB2–, en cambio el CBD ejerce su acción en otros receptores como los de serotonina vinculados al manejo del estrés y ansiedad, canales TRPV vinculados al dolor y canales de calcio, vinculado esto a su efecto anticonvulsivante.   

Existe vasta evidencia científica en modelos animales para emplear el cannabis en patologías tales como la osteoartrosis, la dermatitis atópica, el dolor oncológico, las epilepsias refractarias, dolor crónico neuropático y trastornos del comportamiento como la ansiedad, agresión y el miedo. La mayor cantidad de estudios clínicos en veterinaria son referidos principalmente al uso de CBD en caninos con osteoartrosis y epilepsia refractaria publicados recientemente en 2018 y 2019 respectivamente.

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Como los fitocannabinoides son compuestos poco hidrosolubles deben ser extraídos primero por diferentes métodos y administrados bajo forma de aceites de coco o de oliva para mejorar su absorción. Al ser administrados por la vía transmucosal – por la boca–  observaremos su pico máximo de acción a los 15 minutos aproximadamente. Se prefiere su administración en ayunas directamente en la boca del animal, principalmente en gatos en los que se sabe que la absorción oral es menor en comparación a los perros.

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“Existe vasta evidencia científica en modelos animales para emplear el cannabis en patologías tales como la osteoartrosis, la dermatitis atópica, el dolor oncológico, las epilepsias refractarias, dolor crónico neuropático y trastornos del comportamiento como la ansiedad, agresión y el miedo”.

Los aceites vienen en diferentes ratios o proporciones de CBD: THC. Cuál administrar dependerá del tipo de paciente y del tipo de patología, por eso estos productos deben ser recetados única y exclusivamente por un médico veterinario previa revisión médica. Dado que nuestros pacientes no comunican lo que sienten en palabras, el componente esencial para reconocer el dolor es la adecuada comunicación con su tutor, dado que sólo este va a ser capaz de reconocer el comportamiento anormal de su mascota. Cambios en la movilidad y función tales como dificultad para pararse o echarse, incapacidad para saltar o subir un escalón, renuencia a moverse, agitación al dar pocos pasos, dificultad para dormir en la noche, lamido frecuente y excesivo, temblores o reacción al tacto suave pueden estar indicando que el animal siente dolor, y que debería ser examinado por un veterinario lo antes posible para determinar qué le sucede y cuál sería el tratamiento adecuado para el mismo.

Hoy en día encontramos en el mercado productos destinados para uso medicinal en perros y gatos, los cuales son seguros debido a que tienen concentraciones de THC despreciables (menores al 1%) por lo que en general el mayor efecto colateral que se observa es una sedación pasajera al ajustar la dosis. Aún no hay registrados productos con mayores cantidades de THC, lo cual podría ser beneficioso, según investigaciones desarrolladas en la UdelaR (Uruguay) en perros con osteoartrosis: “Estamos observando que el THC potencializa el efecto ana´lgésico del CBD”, dice Nadia Crosignani, profesora adjunta e investigadora del área en la Facultad Veterinaria de Montevideo. Las presentaciones de estos productos son de las más variadas, pudiendo el consumidor encontrar treats, soft chews para perros, pellets para caballos y aceites para gatos. Sin embargo, los encontramos inscriptos como complemento nutricional y no como medicamentos, lo que trae una menor confianza al médico veterinario al momento de comprar, por faltar a veces una cuantificación, estabilidad y control estatal sobre los fabricantes. Facilitar las vías legales para que el médico veterinario tenga acceso a una prescripción de productos de calidad farmacéutica, y que estos lleguen al consumidor final con un precio accesible se hace fundamental. Este es posiblemente el mayor contratiempo que encuentran los colegas veterinarios que trabajan en países donde el cannabis ya se encuentra regulado para su uso en nuestra profesión.

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Al día de hoy no se conoce la dosis letal del CBD, ya que nunca ningún animal murió de una sobredosis. Se recomienda iniciar los tratamientos con cannabis titulando la dosis, aumentando lentamente la cantidad administrada, para así evitar efectos secundarios molestos descriptos como somnolencia o letargo, vómitos, diarrea, salivación excesiva, protrusión del tercer párpado, etc. Cabe destacar que en investigaciones científicas, pacientes oncológicos relataron estos mismos efectos colaterales que se pueden observar en perros, sin embargo, prefirieron seguir con la medicación a seguir sufriendo de dolor crónico.

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Los perros presentan mayor cantidad de receptores CB1 en el hipocampo, ganglios basales y en el cerebelo, estructuras centrales que regulan los movimientos coordinados. Esto explicaría el porqué esta especie es más susceptible a padecer los efectos adversos de incoordinación y mareos con pocas dosis de THC y se debería considerar esta particularidad al utilizar formulaciones que incluyan dicho fitocannabinoide. Estos efectos adversos son en su mayoría pasajeros y muchos se resuelven o disminuyendo las dosis del fármaco o con el tratamiento sintomático de forma intravenosa para ayudar a la rápida detoxificación del animal. Esto no quiere decir que el THC no se pueda utilizar en animales, sino que debemos prescribir formulaciones con concentraciones conocidas de cada fitocannabinoide, para poder dar un correcto seguimiento al tratamiento.

No se recomienda su uso en pacientes con trastornos hepáticos severos ni se debería usar en cachorros ni en hembras lactantes o gestantes por no existir al momento estudios que avalen su seguridad en estas categorías. 

Al momento urge información científica para el uso en especies como gatos y caballos, así como para otras patologías en el perro, como disturbios de ansiedad, oncología o patologías dermatológicas como la dermatitis alérgica. Por esta razón son necesarios más estudios y pruebas clínicas que avalen su seguridad y determinen las dosis específicas para cada patología, especie y categoría animal.