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La semana de la moda de Camboya

La primera semana de la moda de Camboya.

Genocidio, guerra y corrupci√≥n definen la historia reciente de Camboya, pero no siempre fue as√≠. En los a√Īos 60 era un lugar efervescente: les encantaba el psych rock, las chicas llevaban melenas a lo Mia Wallace y la mayor parte de la gente joven fiesteaba en consonancia. Luego vino la guerra de Vietnam y los camboyanos, pensando ‚Äú¬°Suerte que no somos nosotros!‚ÄĚ (si obviamos, claro, los intensos bombardeos a√©reos que sufrieron) tuvieron que presenciar c√≥mo adolescentes vietnamitas y americanos se ametrallaban entre s√≠.

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Poco después de finalizada la guerra, cuando ya todo el mundo había perdido interés en el sudeste asiático y se había abandonado la idea de una intervención militar allí, el líder del grupo comunista Jemer Rojo, cuyo nom de guerre era Pol Pot, asesinó como quien no quiere la cosa a unos 2 millones de camboyanos en lo que fue una expropiación de tierras a nivel masivo. Si rehusabas darle tus tierras al Jemer Rojo, eras ejecutado por vía sumaria.

Saltemos 40 a√Īos hacia adelante. El pa√≠s que fuese conocido como ‚Äúel salvaje oeste del este‚ÄĚ quiere, de forma harto comprensible, que se le conozca por algo m√°s que por los asesinatos en masa y y los jalones de carretera hechos de calaveras humanas; por esa raz√≥n, el pasado noviembre se organiz√≥ en Camboya su primera fashion week. Evidentemente, el equipo de Fashion Week Internationale ten√≠a que asistir.

Phnom Penh es una ciudad peculiar, en parte vieja gloria colonial francesa medio en ruinas y en parte barrio chabolista, salpicada con alg√ļn inmaculado palacio real o templo budista. Durante el d√≠a la ciudad no tiene mucho encanto; es de noche cuando se aprecia su car√°cter verdadero.

Un garbeo por la ribera del Mekong ofrece una buena perspectiva de la escena local: chicos adolescentes vestidos como chicas interpretan escenas de abuso domestico para las familias locales que salen por la tarde a dar un paseo. Es como una versi√≥n de los payasos malabaristas de Covent Garden, pero m√°s deprimente y con una mayor carga de ambig√ľedad sexual. Si logras cruzar la calle ‚Äďesquivando un mill√≥n de zigzagueantes ciclomotores y tuk-tuks que no dejan de hacer sonar el cl√°xon‚Äď te encontrar√°s en una zona m√°s siniestra de la ciudad; una en la que enjambres de hombres occidentales de mediana edad merodean por clubs con nombres como El coraz√≥n de la oscuridad. Entramos en uno cinco segundos, tiempo suficiente para ver a un turista manoseando a una trabajadora sexual bajo el ojo vigilante de su chulo.

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Una chica americana que hab√≠a estado trabajando en Phnom Penh durante el √ļltimo a√Īo me cont√≥ que los que vienen a esta ciudad se convierten en ‚Äúalmas perdidas‚ÄĚ. Y es f√°cil ver c√≥mo. Las drogas de prescripci√≥n se venden muy baratas en las farmacias, restaurantes con nombres como Happy Pizza venden bolsas de hierba del tama√Īo de un pu√Īo por 5 d√≥lares, y hay una comunidad de africanos occidentales dirigiendo un activo mercado de hero√≠na.

En alg√ļn lugar en medio de todo esto, las f√°bricas de ropa zumban con el sonido de 400.000 mujeres j√≥venes fabricando ropa de mala calidad para gente como t√ļ y como yo.

Del rey de Camboya, Norodom Sihanouk (izquierda), de 81 a√Īos, corren rumores de que es gay, no s√≥lo por apoyar la fashion week sino tambi√©n por haber sido bailar√≠n y defender el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por otra parte, tiene 14 hijos.

Un miembro de los ‚ÄúJemer ricos‚ÄĚ, como se conoce a los hijos de poderosos cargos del gobierno. Una en concreto, Sohpy Ke, hija del primer ministro, est√° tan obsesionada con la ropa que construy√≥ una mansi√≥n/tienda de 6 plantas en honor al dios de la moda. La tienda, Sophy & Sina, cuenta con un relajante jard√≠n por el que pasear sin zapatos, una bodega y una sastrer√≠a personal. Publican F, la √ļnica revista de moda que hay en Camboya, y que dirige su hermano Sophea.

Dos semanas antes de nuestro viaje le√≠mos en la edici√≥n online del Phnom Phen Post que 300 mujeres se desmayaron simult√°neamente en una f√°brica que produc√≠a ropa para H&M. El informe oficial afirmaba que los desmayos eran culpa de ‚Äúmalos esp√≠ritus‚ÄĚ en la f√°brica.

La Cambodian Fashion Week hace las cosas que toda fashion week deber√≠a hacer: luces, modelos, lista de invitados. En uno de los desfiles un hombre dijo, ‚ÄúTodos sabemos que Camboya es un pa√≠s del tercer mundo, pero la organizaci√≥n de esta fashion week significa que estamos progresando, no s√≥lo en cuestiones pol√≠ticas o econ√≥micas sino tambi√©n en moda‚ÄĚ.

Texto de William Fairman, Fotos de William Fairman y Rhys James