Publicidad
Este artículo se publicó hace más de cinco años.
Cultura

Los narcosantos fusionan el catolicismo con la guerra del narco en Latinoamérica

En México los traficantes de drogas famosos están reemplazando a la religión tradicional.

por Jules Suzdaltsev
15 Abril 2014, 11:02am

Desde la década de 1970 existen en México infinidad de narcotraficantes de grandes volúmenes de droga dispuestos a satisfacer la demanda de narcóticos de bajo costo por parte de los Estados Unidos. Esta proliferación ha dado lugar a una situación de violencia generalizada y a una guerra de guerrillas en las calles del país, un caldo de cultivo idóneo para el surgimiento de una narcocultura construida sobre los pilares del catolicismo, en la que se ha pasado de las oraciones solapadas al narcosanto Jesús Malverde a altares públicos dedicados a la Santa Muerte.

Patrick Polk es profesor del Departamento de Artes y Culturas del Mundo en Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y comisario de Artes de Latinoamérica y del Caribe. Su exposición más reciente, que todavía puede verse en el Museo Fowler de la UCLA, reúne representaciones de la narcocultura y otros íconos religiosos marginales y figuras sagradas desconocidas de Latinoamérica y los Estados Unidos. Con el título Sinful Saints and Saintly Sinners (santos pecadores y pecadores santos), esta colección juega con las leyendas del folclore, la figura de los narcos y la de las comunidades más pobres, que se encomiendan a ellos en busca de protección y fuerza. Charlé con el profesor, un hombre con gafas, barba y un tatuaje invertido de San Expedito en el brazo derecho.

Marcos López (Santa Fe, Argentina, 1958): Santos Populares,  2013

VICE: ¿Cuándo empezó tu interés por los narcosantos?

Patrick Polk: Bueno, hice un máster y un doctorado en folclore aquí, en UCLA, por lo que mis intereses siempre han sido, fundamentalmente, las religiones y las tradiciones rituales de la diáspora africana, así como la religión popular y el arte religioso en los Estados Unidos. Gran parte de mi obra se centra en el punto en que Europa, la América indígena y África convergen en Los Ángeles, y especialmente en el modo en que la religión, la cultura material y la espiritualidad visual se mezclan y adquieren una nueva dimensión en Los Ángeles.

No es que haya muchos santos, allí.

Yo vengo de un lugar donde aún hay más pecado: Las Vegas. Pero me encanta conducir por Los Ángeles y observar cómo aparecen estos fenómenos. He hecho exposiciones de murales, esculturas de cartón piedra y bicicletas para niños. Mucho arte popular en general y arte religioso vernáculo.

¿Qué quieres decir con “vernáculo”?

Yo hago esculturas con elementos reciclados: son como pequeños diablos o robots o extraterrestres; son representaciones con un tono irreverente. Lo que me gusta es observar la forma en que la gente expresa sus ideales, sus vidas, sus valores. Cómo comparten sus preocupaciones más íntimas, cómo aportan humor a nuestro entorno. Así que, para mí, esta exposición, Santos Pecadores, se adentra en el aspecto de cómo vive la gente la religión. Por eso, muchas veces, cuando hablo de folclore o de arte vernáculo, no tiene un sentido dogmático o teológico, sino que tiene que ver con la forma como rezamos, la figura a quien rezamos, los santos y espíritus que la Iglesia Católica no reconoce, que la mayoría no reconoce o no considera apropiados, y los poderes que hacen lo que necesitamos.

Renée Stout (Junction City, Kansas, 1958): La tumba de Marie Laveau de la serie The Return, 2009

¿Es más válida la idolatría del hombre común que la perspectiva que ofrece la religión?

Bueno, creo que son dos cosas diferentes. Hay gente que está muy metida en la filosofía de la religión y de la doctrina y cuando viene a la exposición queda horrorizada por algunas cosas que ve. Para mí, está lejos de las experiencias vividas. Creo que todo se reduce a los intereses del investigador, no sé si me explico.

Sí, claro. Cuando hablas de investigador, pienso no solo en gente como tú, que hace investigación histórica, sino de personas que investigan sus propias vidas a través de la religión.

Sí. Por ejemplo, una de las cosas que puedes ver en la exposición es un altar a San Expedito. En la actualidad, San Expedito tiene gran relevancia en Nueva Orleans, Argentina, Brasil, etcétera, pero la mayoría de estadounidenses nunca ha oído hablar de él, y si lo ha hecho, probablemente ha escuchado la historia de que no es un santo oficial, que fue entregado a la iglesia junto con otras figuras desconocidas en una caja rotulada “Expedite” (urgente) y pensaron, “Ah, es San Expedito”. La gente cuenta esa historia en todas partes. Pero lo cierto es que se trata de un santo católico oficial al que no se venera demasiado aquí, en Estados Unidos. Lo que me gusta es la forma en que la gente reinventa nuevos significados. En la exposición también hay una cromolitografía de San Expedito boca abajo, y la creencia de la gente es que, como quiere estar cabeza arriba, cuando le pides un favor hará que se cumpla tu petición más rápidamente. Ese es el tipo de cosas que me fascinan. Antes tampoco veíamos a la Santa Muerte muy a menudo y ahora es casi la primera figura que encontramos.

Delilah Montoya (Fort Worth, Texas, 1955): Ahora, 2002

¿Crees que es por algún motivo en concreto?

Creo que es por la realidad de la guerra entre los narcos de México y la inestabilidad de la sociedad, de lo peligroso de la situación. Vi una estadística en la que se comparaban los asesinatos de El Paso, Texas, y los que se cometían en Ciudad Juárez. La proporción es de 5 a 3.600. La Santa Muerte es la protectora de los que están fuera de la ley, así como la patrona de los que están en el lado bueno de la ley en un lugar en el que resulta muy difícil distinguir la línea divisoria. En parte es por el modo en que la gente se refiere a ella como el espíritu que no juzga. Es una especie de divinidad que acepta a la gente tal como es. Así, todo aquel que se vea forzado a tomar caminos que no recorrerían normalmente puede refugiarse en la religión sin miedo. La Virgen de Guadalupe representa la pureza y la Santa Muerte, todo lo demás.

¿No es oficial?

Me cuesta creer que algún día la Iglesia Católica la reconozca. Dudo que ocurra. Para ellos es símbolo de brujería o satanismo, magia negra. Son narcosantos, se asocian por completo al pecado.

Edgar Clement (Ciudad de México, México, 1967): La Trinca, 2010

¿Qué te atrae personalmente de esta idea?

Se remonta un poco a mi interés por las religiones de la diáspora africana. Crecí en una generación en la que La Isla de Gilligan era una de las principales ventanas al mundo.

¡Ja ja! Continúa...

Recuerdo al brujo y toda la fantasía. Como estudiante, tuve la oportunidad de ir a São Paulo. Treinta millones de personas, y yo pensaba que iba a un pueblo costero... qué tonto. La cuestión es que, cuando llegué, organizaron una especie de ceremonia de vudú. Yo iba con la idea de ver algún ritual loco y al final resultó ser la ceremonia religiosa más bonita que he visto en mi vida. Fue una sensación muy fuerte, conmovedora, increíble. Recuerdo que pensé ¿por qué estaba tan seguro de que iba a ver algo diferente? Debido a nuestra cultura y nuestras propias creencias, no estamos nada preparados para entender las religiones de otros pueblos, ya sean de la diáspora africana o de Latinoamérica, donde abunda la magia negra, el vudú y la brujería.

Sí, nuestra cultura pop no destaca precisamente por su precisión.

Sí, la Santa Muerte ha aparecido en multitud de películas y series de televisión, recientemente. En Actividad paranormal: los señalados, tiene un papel destacado. En Breaking Bad también aparece, junto con otros elementos, siempre presentados como unos santos peligrosos para gente peligrosa. Y la verdad es que, si vas a una ceremonia de la Santa Muerte, verás que es algo aburrida, como cualquier otro servicio religioso; odio tener que decir eso. ¿De qué se trata, en el fondo? De cosas básicas: ¿cómo puedo mejorar?, ¿cómo puedo hacer que en mi familia estemos más unidos y nos comuniquemos más?, ¿cómo sobrevivo en este mundo tan peligroso? Sabes que estás haciendo cosas que están mal, pero entre tanto tienes que sobrevivir o cambiar, así que la gente que quebranta la ley recurre a los santos populares, ya que consideran que son más indulgentes.

Claro.

A mí me interesa enseñarle a la gente el significado de este tipo de santos, cómo los usan, cómo los conciben en la calle, y también intentar situarlos en un contexto que ayude a que la gente los tenga en mejor consideración.

O para desmitificar su historia.

Sí, lo que siempre les cuentan: “Uh, qué miedo, eso es brujería”. 

Correcto.

Creo que para eso los santos son perfectos, porque en el Cristianismo, en general, todos somos pecadores, y no hay santo que haya subido a los cielos sin antes haber pecado. Así que yo juego con esa idea de que todos somos pecadores.

Ignacio (Agua Prieta, Mexico, 1978): Santo Claus, de la serie Narco Nation, 2010.

Para la Iglesia es un tema de extremos opuestos, ¿no?

Mucha gente hace que sea así. También tenemos una imagen de San Dimas, un buen lugar para disfrutar del parque acuático.

Yo viví ahí. El parque Raging Waters era nuestra Tierra Sagrada.

Bueno, San Dimas era el buen ladrón al que crucificaron a la derecha de Jesús. ¿Por qué lo crucificaron? Pues porque era un maleante, un asesino y un ladrón y merecía que lo crucificaran. Entonces, ¿por qué fue al cielo y, de hecho, se convirtió en el primer santo? Porque reconoció a Cristo. Le dijo “Oye, acuérdate de mí en el cielo”, y Cristo le respondió “Tranquilo, tío. Nos vemos allí”.

Una gran promesa.

Exacto. Eso lo convierte, de hecho, en el único e indiscutible santo, ya que Jesús lo designó personalmente. Pero Dimas era un delincuente. Mira San Pablo, por ejemplo, prácticamente el principal fundador de la Iglesia Católica. Cuando era Saulo de Tarso, mataba cristianos; luego sucedió la epifanía de camino a Damasco y pasó a ser San Pablo, pero hasta el día de su muerte, admitió ser un pecador. 

Judithe Hernández (Los Angeles, 1948): Trilogía Luchadora, 2010

Todo santo es pecador.

Todo santo es pecador y todo pecador es santo, pero muchas veces se pasa por alto. También está San Agustín. Si eres de Santa Mónica, tienes que saber que una de las formas en que Santa Mónica se hizo santa fue porque estaba dispuesta a pasarse media vida esperando a su hijo Agustín, un chico borracho, lascivo y problemático. Ahora él es San Agustín, doctor de la Iglesia Católica. No llegó hasta ahí sin pasarlas canutas. Pues esas son las cosas que espero que la gente entienda, que la santidad puede llegar a través del pecado, y que algunos de estos santos populares que no son oficiales podrían serlo. No es que vaya a ocurrir pronto, pero uno nunca sabe.

Vitor Amati (São Paulo, Brasil, 1969): Zé Pelintra, 2011

Quizá gracias a tu trabajo.

No creo que tenga tanto poder, el poder está en la vida de la gente. Pero hay gente a la que le han dado la patada. San Valentín, por ejemplo. Pero para que acepten a los que nos interesan va a hacer falta...

Mucho.

El infierno va a tener que congelarse un poco.

¿Cómo se llama ese santo que es un golfo? Es mi favorito.

Zé Pelintra. Ese nunca llegará al cielo.

La exposición Sinful Saints and Saintly Sinners at the Margins of the Americas, estará en el Museo Fowler de UCLA, hasta el 20 de julio.

Tagged:
Religion
mexico
Los Angeles
SANTOS
UCLA
narcotráfico
Pecadores EBM
Vice Blog
Patrick Polk
jesus malverde
narcosantos