Fotografías de los elefantes de los barrios pobres de Deli

FYI.

This story is over 5 years old.

Viajes

Fotografías de los elefantes de los barrios pobres de Deli

Los mahouts (término hindi para designar a los “jinetes de elefante”) y sus elefantes son una especie en peligro de extinción en Deli. Actualmente quedan solo 13 elefantes de propiedad privada.
06 Octubre 2014, 7:00am

“¡Venga, venga!”, grita Mohammad Saddam mientras me quito los vaqueros y dedico una mirada aprensiva a él y a los otros tres mahouts –término hindi para designar a los “jinetes de elefante”- que ya están chapoteando en el agua. Normalmente sería el primero en saltar al interior de cualquier masa de agua, sobre todo bajo el sol de justicia de Deli. Sin embargo, a la vista del turbio y viscoso curso de agua en que se ha convertido el río Yamuna, me lo pienso dos veces antes de lanzarme.

Pero enseguida cambio de idea al oír ese sonido. El estridente barrito del elefante más cercano resuena por toda la cara inferior de hormigón del puente. Es demasiado increíble para resistirse. Durante la siguiente hora, los cuatro mahouts no dejan de reír a carcajadas, casi siempre a mi costa, mientras acompañamos a los gigantes grises con el agua hasta la cintura. Los elefantes están absorbiendo el río Yamuna. “Tenemos que esperar como mínimo una hora para limpiarlos, porque tienen la piel muy dura”, me explica Saddam.

Los mahouts y sus elefantes son una especie en peligro de extinción en Deli. Actualmente quedan solo 13 elefantes de propiedad privada. Las presiones ejercidas por los activistas proderechos de los animales y las restricciones en la concesión de permisos aplicadas por el Gobierno hacen que ser propietario de un elefante en Deli sea una hazaña casi imposible.

Según la ley de protección de fauna y flora silvestres del gobierno, no está permitido realizar espectáculos con elefantes, que solo pueden utilizarse para fines personales. El propietario de un elefante (cuyo nombre no quiso desvelar) afirma que el Gobierno está utilizando esta prohibición para obligar a otros propietarios a que acaben abandonando a sus elefantes.

“En 2003, el Gobierno establecía que solo podían criar elefantes quienes dispusieran de las instalaciones apropiadas: una gran fuente de agua de la que pudieran beber y un refugio en el que albergarlos. Un sitio de esas características en Deli costaría alrededor de diez crores (100.000.000 de rupias o 1,3 millones de euros). ¿Diez crores y muchos lakhs (miles de euros) para unos elefantes que no puedes usar? Además, ¿cómo vas a encontrar un lugar así en Deli?”.

Cuando uno echa un vistazo a la vasta extensión de Deli, resulta sorprendente que esos elefantes continúen aquí. Los trabajos de urbanización avanzan con rapidez y por todas partes hay obras en marcha. Durante los últimos años se han producido varios accidentes graves e incluso mortales en los que había elefantes, lo que no ha hecho sino espolear al Gobierno para poner en práctica las restricciones.

La situación, no obstante, no parece desalentar a Sahil Akhter. En muchos aspectos, Sahil es como cualquier chaval de 12 años: un muchacho inquieto, travieso y muy tímido a la hora de conocer a gente nueva. Sin embargo, cuando regresa a casa de la escuela, no se pone a jugar con sus juguetes o a ver la televisión. “Monto elefantes, camellos y caballos”, murmura con modestia. Cuanto más sé de Sahil, más curiosidad siento por el chico. La tradición del mahout pasa de generación en generación. El padre de Sahil murió hace unos años en un accidente con elefantes. El día que conocí al muchacho –que se ha criado entre animales bajo uno de los puentes más concurridos de la ciudad-, me confesó que estaba indeciso sobre si continuar en la escuela o dedicarse de lleno a la profesión del mahout.

“Yo quiero que siga en la escuela”, exclama su hermano mayor, entrecerrando los ojos para vigilar a Sahil mientras juega con otros niños. “Esta no es una vida fácil”. Los mahouts están atrapados en la pobreza. Ganan el equivalente a 64 euros al mes más alguna propina ocasional en bodas y festivales, pero no es suficiente para vivir.

Meses después, Sahil desoyó los consejos de su hermano y dejó la escuela para ser mahout. Cuando le pregunté por su futuro, me contestó con media sonrisa, “Quiero hacer lo que sea que Dios haya planeado para mí. Mi intención es seguir montando elefantes”.

A pesar de haber decidido continuar con la tradición familiar, el futuro de Sahil me parece muy incierto. En cualquier caso, para bien o para mal, posiblemente este chico de 12 años sea el último mahout de Deli.

@RajanZaveri