Fotos por Ernesto Álvarez
Johana baila con uno de los clientes del Barba Azul.
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El lugar tiene un escenario central en dónde las orquestas en vivo suenan todas las noches. Frente al escenario desfilan las parejas que se animan al baile o que lo pagan, más bien. Aunque no en todos los casos.Del tiempo compartido brota el cariño y relaciones amorosas que se prenden y se apagan. Adrián, cliente, hincha el pecho cuando dice que "todos tenemos una congalera, todos los hombres somos congaleros".Igual, los clientes cuentan que no dejarían a sus esposas por una de las trabajadoras del lugar y las chicas dicen que no dejarían el lugar por un cliente. Trato justo.Otro, también cliente, dice que él no se enamora de una chica, que él se enferma por una chica. "Es imposible no enfermarse de celos cuando uno ve que otro hombre abraza y besa a la mujer de uno". Cuando la enfermedad se presenta, la mejor medicina es alejarse del lugar y dejar que la mujer trabaje, que haga su chamba.Otras veces, como cuenta Janet, una se encariña con él y él un día desaparece, deja de venir, el contacto se pierde para siempre sin enterarse una de la razón. No tan parejo entonces.
José Alfredo, El Caballito, es el encargado de ir a la mesa de la clientela y tomar el pedido de la canción que quieren escuchar con la banda en vivo. Él es compositor y tiene un disco de cumbias en donde habla de las consecuencias de manejar y beber.
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El cantinero del Barba Azul espera mientras los meseros llegan con pedidos de los tragos que alimentan el bolsillo del cabaret y de las ficheras.
Una de las estatuas del Barba Azul. Este cabaret tiene más de 66 años funcionando y cuentan algunos de los viejos trabajadores que varias ficheras son el modelo de las figuras.
Una de las ficheras muestra el tatuaje del nombre de su "Amor" y el de su hijo.
Uno de los meseros reza para tener buenos ingresos antes de comenzar la noche. Los meseros del lugar ganan 12 mil pesos al mes, en promedio, pero la jornadas laborales superan las 12 horas.
Johana, una de las ficheras con más de 20 años trabajando en el Barba Azul, se maquilla en el baño antes de comenzar la tediosa espera de los clientes al inicio de la noche.
José tiene más de 35 años trabajando en el Barba Azul, es el intendente del lugar, limpia la pista de baile antes de que lleguen los demás trabajadores. Es el primero en llegar y deja todo listo antes de que lleguen meseros, ficheras, barman y clientes.
José, el intendente del lugar.
Una de las ficheras toma una servilleta para secarse el sudor después de bailar con Carlos, uno de los clientes que asegura "todos los hombres somos congaleros".
Uno de los elementos de seguridad del Barba Azul se asoma al escuchar gritos en la entrada.
Uno de los clientes entra por la puerta del Barba Azul. Hay clientes que tienen décadas asistiendo al mismo lugar por "tradición".
Johana, una de las ficheras con mas de 20 años trabajando en el lugar, se fuma un cigarro mientras explica que las ganancias al mes pueden ser hasta de 20 mil pesos.