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Debido al carácter enciclopédico de este tema en México, y la extensión que tengo para ésta y las próximas entregas, tendré que dejar algunos lugares fuera. Una disculpa de antemano.En la Ciudad de México, los espacios marginales han jugado un papel clave en la historia del rock nacional; empezaron a finales de los 50s con los cafés cantantes como el Gato Rojo y A Plein Soleil, luego en los bailes y fiestas organizados por estudiantes de secundaria y preparatoria, en los 70s fueron los “hoyos funkys”, que eran bodegones ilegales de muy mal sonido. En los 80s se abrieron espacios universitarios gracias al movimiento rupestre y lugares como el Tutti Frutti donde podías ver desde los pininos de Café Tacuba hasta clásicos del punk nacional como Atoxxxico.Atoxxxico en la Prepa 7, DF. Foto cortesía de Miguel “Thrasher” Cortés.“En los ochenta, el Museo del Chopo invita a bandas de punk”, cuenta Miguel Cortés, mejor conocido como Thrasher, quien ha sido parte de bandas como Masacre 68, Atoxxxico, The Sweet Leaf y muchos otros más: “Siempre entrábamos a las inauguraciones a comer y chupar, y nos dijeron que si queríamos tocar algún día allí, pues chido”. Es a finales de esta década que abre Rockotitlán (gracias en parte a miembros de Botellita de Jerez), el cuál comenzó como un lugar DIY pero terminó volviéndose un establecimiento con políticas de “pagar por tocar”. También aparecieron espacios de performance como el LUCC (donde tocó Jane’s Addiction) y La Quiñonera.
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