Vice Blog

¿Existe una causa común en la Marcha Cannábica de Colombia?

Más de 10 mil personas salieron a marchar por la marihuana en el país el sábado 7 de mayo. Esto es lo que han buscado desde que el evento inició.
8.5.16

Una nube de humo espeso y dulce se tomó las calles de Medellín y, en menor medida, las Bogotá, Cali, Pereira, Manizales y otras tantas ciudades ayer, sábado 7 de mayo, con motivo de la celebración de la Marcha Mundial por la Marihuana. La fiesta de la ganja, como la llaman algunos, tenía entre sus objetivos, además de fumar, promover la desestigmatización de la planta y su consumo desde lo recreativo hasta lo medicinal. En Medellín salieron a marchar más de 10 mil personas. ¿Qué quieren los marchantes? ¿Hay una agenda común entre las ciudades?

NI ENFERMOS NI DELINCUENTES

La de Medellín es la más grande. Fueron los paisas los primeros en marchar en el país por una planta específica que, de entre todas las que hay, llaman sagrada. La historia empieza con Olmes Ortiz, líder moral e histórico del movimiento cannabico de la "ciudad de la eterna primavera". Fue él quien un 9 de diciembre, por allá en el 2007, intentó tomarse las calles a nombre del cannabis. La idea era demasiado excéntrica y hasta los colinos se asustaron, así que terminó siendo apenas un plantón. Pero desde entonces la cosa no ha parado. En 2009 se hizo la primera oficial y, de ese año a hoy, no ha habido una sola falla los primeros sábados del mes de mayo. Ayer no hubo excepción.

A Olmes se le unieron David Arango ––fundador de la Comunidad Cannabica Colombiana–– y David Ponce ––psicólogo, activista y académico de la ciudad––. El plantón se convirtió en un colectivo: marcha terminada, agenda pactada para el próximo año. Pero el tema no se trata exclusivamente de ir a fumar y ya. Los de Medellín, han desplegado este 2016 una cantidad de eventos paralelos a la manifestación en las calles.

Publicidad

"Hoy contamos con más de 17 eventos ––dice David Ponce––: empezamos el 29 de abril con un conversatorio en la Universidad de Antioquia sobre la química farmacéutica y su posición frente a las nuevas leyes del cannabis medicinal". También habrá eventos de hip hop, visitas a los barrios, intervenciones en medios. "Hemos logrado poner en el debate público el tema del cannabis e ir más allá de una marcha. Nosotros no somos un colectivo que marcha, somos una causa y la causa a lo largo de estos años ha aumentado no solo el número de participantes de la marcha sino todo el contenido académico, social y político en torno al cannabis".

Reitero: la idea, por lo menos la de los organizadores, no es solo marchar, fumar, trabarse y pasar sabroso. Ellos dicen que va más allá. Hay intenciones de desetigmatizar la planta y su consumo ––sea recreativo, medicinal o industrial––, que se incluya a los consumidores en la construcción de las políticas de drogas y crear cultura.

La marcha en Bogotá, aunque no es tan grande como la de Medellín, también se ha ganado su espacio desde 2011: miles de personas terminaron ayer el recorrido en el Parque de los Periodistas, centro de la capital, con porros gigantes, malabares y anuncios.

Cada ciudad, sin embargo, tiene peticiones y formas de operar distintas.

JUNTOS PERO NO REVUELTOS

"El hecho de que cada uno tenga su colectivo es por el tema de afinidad ––dice Felipe, también conocido como Kann Mind y activista del colectivo Carnaval Cannabico Colombiano–– no siempre vamos a trabajar las mismas acciones, cada quien tiene un concepto bien particular e individual frente al uso de la planta".

La plataforma de Carnaval Cannabico Colombiano funciona como un lugar ––a veces digital, a veces físico–– de expresión y articulación de todos esos colectivos y de todos esos individuos que están involucrados en el tema de la lucha por la liberación de la cannabis a lo largo de Colombia, que es el objetivo común más claro de todos. Pero, como dice Felipe, cada quien tiene un concepto particular sobre la planta. Hay un objetivo común pero diferencias en la manera como se busca y el fin con el que se hace.

Publicidad

Según me contó Felipe, en la marcha del año pasado en Bogotá, por ejemplo, invitaron a diferentes comunidades indígenas que trabajan el tema del cannabis. Hicieron cantos y llamados que sirvieron incluso para alejar a los que solo iban de fuma y fiesta y dejar solo a quienes estaban realmente interesados en los eventos que se iban a realizar.

Pero no todos quieren las cosas así, tan ancestrales ni tan comunitarias. "Hay muchos pelaos nuevos que están llegando y le apuestan a una mercadería cannabica ––dice Felipe––, para mí están buscando una apertura económica capitalista de la planta. Y nosotros no manejamos esa relación". El parche de Felipe está más por el trueque, el intercambio, la economía solidaria, el cooperativismo. No comulgan, mejor dicho, con eso de comerciar con la planta. "Respetamos a los que quieren hacer dinero a través de ella pero no compartimos ese pensamiento, consideramos que la planta sirve para abrir conciencia y no para sacar dinero".

Para unos es un tema social, para otros es un tema comercial. Hay quienes pretenden ser una suerte de Snoop Dogg y vender todo lo relacionado al cannabis, fumarse porros gigantescos y nadar entre fajos de billetes. Hay otros que miran para el otro lado. Buscan la liberación de las "plantas de poder" que hoy son ilícitas, donde además del cannabis se incluye la ayahuasca, la hoja de coca y otras más. Eso sí, dice Felipe, "el movimiento está articulado y tiene objetivos comunes. La gente que se separa lo hace por su visión individual, por lo que quiere cada uno del cannabis. Eso es el reflejo de la sociedad en la que vivimos", dice Felipe.

Publicidad

Lo que sí tienen claro los activistas detrás de las diferentes marchas cannabicas a lo largo y ancho del país es que si no se hace una marcha con objetivos, con unas solicitudes puntuales en cuanto a la legislación y a las políticas públicas actuales, no se hace nada. "Nos quedamos siendo nosotros la cama de las multinacionales que van a venir a vender productos de cannabis y la gente que ya venía trabajando se va a quedar atrás pa' que se los lleve el diablo, los piquen los paramilitares o los maten los guerrilleros", dice Felipe.

Hay algo más. Este año la marcha de Bogotá tiene una connotación especial. No solo se marcha por la liberación de las plantas consideradas ilícitas, se marcha también por la libertad de quienes están presos por cualquier tipo de relación por la planta.

MINORÍAS QUE SON MAYORÍA

"Somos ciudadanos de derechos y queremos y debemos hacer parte de la construcción social y política de nuestra comunidad. En vez de segregarnos o de marcarnos como enfermos o delincuentes queremos que nos vean como lo que somos: ciudadanos en ejercicio de derechos y que en ese sentido encontremos formas de convivencia que nos sirvan a todos", dice David Ponce.

Y es que es él, David, pero también Felipe y los demás activistas y marchantes con causa, los que están puyando para cambiar las políticas de drogas. Piden que los incluyan, que los dejen participar, que se les tenga en cuenta.

Publicidad

"No solo somos marihuaneros luchando por poder fumar. Estamos luchando por un mundo mejor donde se pueda fumar marihuana pero también haya salud, educación, vivienda, trabajo digno, transporte, seguridad. Cuando hablamos de política no solo hablamos de política de drogas. Sino de la política colombiana en general", asegura David.

Entre los objetivos en común destacan:

· Normalización de la planta de cannabis que, como fruto de la tierra, debe ser libre.

· Revisar los tratados internacionales en materia de drogas, y sacar al cannabis de la lista.
Los usuarios recreativos de cannabis no son ni enfermos ni delincuentes.
Respeto a la libre elección y en contra de la intromisión del Estado en las decisiones personales de los usuarios de la planta.

· Eliminación de las políticas prohibicionistas que se vienen implementando durante años, sin ningún resultado positivo y que han afianzado el negocio del narcotráfico.
Implementación de políticas públicas desde la educación y la salud y no desde lo policivo.

· Adecuación de espacios abiertos para el consumo recreativo de marihuana, incluidas las universidades.

· Retiro del articulado del proyecto del nuevo Código de Policía, que sigue contemplando la detención por el porte y consumo de sustancias ilícitas.

· Exigir el cese de la discriminación y violencia de todo tipo(académica, social, laboral, etc.), contra los usuarios de cannabis, respetando los Derechos Humanos.

¿BASTA CON MARCHAR?

Aunque la marcha no tiene color ni bandera política y a los marchantes y activistas los une el humo dulce y el amor a la planta, han tenido acercamientos con algunos políticos. "No hay una fijación política ––dice David Ponce––. No tenemos un aliado concreto único, son las personas que quieren que Colombia sea un mejor país independiente del partido político o la bandera que alce". Desde Medellín, David y la Comunidad Cannabica se han sentado con a conversar sobre la mata con el senador Jorge Robledo, y el representante a la Cámara Víctor Correa, ambos del Polo Democrátivo Alternativo. Con Claudia López, Angélica Lozano y Navarro Wolf del partido Alianza Verde, y cómo no, con Juan Manuel Galán, del Liberal, que es quien encabeza el proyecto de Ley del Cannabis Medicinal que ya superó el debate en el Senado de la República y ahora está en tránsito, a un debate de ser realidad, en la Camara de Representantes.

"Nos sentamos a contarles qué es el cannabis y cómo puede beneficiar a Colombia ––dice David Ponce––. No hay un partido como tal. Estamos siempre más cercanos a los partidos que creen en las libertades individuales, que trabajan desde las libertades y los derechos humanos. No es por color, es por sus posturas y no solo en el tema cannabico".

Marcha exitosa, gente fumando porro en las calles formando largas cadenas humanas es algo que ya existe y que se replica año a año como pudimos darnos cuenta el día de ayer a través de los múltiples especiales fotográficos que los medios publicaron.

Me parece importante, sin embargo, que quede clara la distancia que hay entre los puntos enunciados y los planes tácticos del movimiento. Incluso hay que empezar a cuestionarlos si una verdadera agenda de la yerba quiere dar el siguiente paso: ¿Para qué ha servido la marcha todos estos años? ¿En realidad tienen poder o la agenda cannábica solo avanza cuando llega el lobby canadiense a raspar chequera en el Congreso y en MinSalud? ¿Cómo pueden ellos demostrar que todos estos años de marcha no han sido más que sumar gente en las calles? ¿Qué sigue cuando ya Colombia empieza a aceptar la marihuana cada vez más?

A fin de cuentas, en manos de quién está la y para qué la queremos. Las respuestas no existen. Pero las preguntas, sin duda, podrían empezar a hacerse. Y ya que hay plataforma de nivel nacional, pues los interrogantes que tengan para el futuro del movimiento podrían, ahora sí, ser transversales.