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Cultura

Viví una semana siguiendo los consejos de un libro de autoayuda y fue una mierda

Intentar ser como Paulo Coelho te va a convertir en un ser reprimido, lleno de ira que solo piensa en gritarle al primero que pase.

por Belén Piñero
15 Enero 2016, 5:00am

El arte de aguantar semejantes tonterías. Fotografías por la autora

Acércate a tu librería más cercana. También puedes ir a una biblioteca e incluso casa de tu vecino. Sí, mejor, dirígete sigilosamente a la casa de tu vecino, ignora por completo su cara de espanto mientras rebuscas entre sus libros y coge uno de autoayuda. Siempre fue rarito, así que seguro que tendrá. Arranca las páginas una a una y préndeles fuego. Es para lo único que servirá esa mierda.

Quizás tu vecino grite un poco pero tranquilo, le estás haciendo un favor, no solo él sino a toda la humanidad. Los libros de autoayuda te joderán la vida a ti y a los que te rodean. Consejos de mierda que no valen para, no solucionan tus problemas, no te ayudarán en nada y, por encima de todo, no son ''auto''. Al fin y al cabo un extraño, alguien que no eres tú, ni te conoce ni le importas, te esta diciendo lo que deberías hacer para poder llevar una vida feliz, como si supiese que es lo mejor para ti, como si te conociese de algo y como si ese libro fuese algo más que un producto hecho en masa para el consumo de cualquiera que se sienta un poco vacío y pase por delante, y admitámoslo ¿quien no se siente un poco vacío hoy en día? Se aprovechan de esa gente que necesita que alguien les diga en todo momento que hacer para sacar pasta, cuando realmente nada de lo que dicen vale la pena.

Para demostrarlo, seguí durante toda una semana las pautas del libro: "El arte de no amargarse la vida: las claves del cambio psicológico y la transformación personal". Ese título rimbombante a medio camino entre la pseudociencia y lo sectario precede a más de 200 páginas que te tienen que ayudar a encontrar la felicidad. No es tan rápido dejar de amargarse la vida.

Antes de empezar a leer el libro dejé atrás los prejuicios, al final y al cabo si hacía eso, tenía que tomarmelo realmente en serio. Leí mi manual hacia la felicidad e hice una lista con los puntos más importantes: no exagerar, no esperar nada de nadie, tranquilizarme pensando en nuestra propia muerte, preguntarme qué haría alguien como Stephen Hawking en una situación como la nuestra y resolver los problemas con humor, amor y surrealismo. Más cutres no podían ser. Es 28 de diciembre, empieza mi evolución a una seguidora de Paulo Coelho más. Vale, el libro no es suyo, pero todos sabemos que él es el culpable último de todo esto.

Día 1. A MEDIODÍA, ALEGRÍA

El primer día de experimento no ha estado nada mal. Qué coño, me ha gustado. Después de dos semanas de horror absoluto, hasta me levanté con ganas. En el trabajo me agobié, pero pensé que lo peor que podía pasar es que me despidieran. Total, esta ciudad es una basura. Podría ser feliz cualquier otro lugar que tuviera bacon. Así que, hasta las cejas de autoayuda fui al sitio más relajante de toda Madrid: Primark de Gran Vía. No estuvo tan mal, teniendo en cuenta que la dependienta me hizo esperar 20 minutos mientras pasaba de mi cara. No podía querer que todo el mundo fuera amable y me tratase bien. Me hubiese gustado, pero no pasaba nada. Mi cabeza no paraba de repetirlo con una voz mezcla de profesora de yoga y mujer que canta los números en el bingo. Sin darme cuenta, estaba subiendo las escaleras de mi casa y pensando que, joder, esto de la autoayuda es una maravilla. Estaba segura de tener el control. Jodida ilusa.

DÍA 2. PARO

No hay nada mejor para comprobar si eres una mujer nueva que ir al paro. Bueno, puede ser el paro o cualquier sitio en el que la burocracia haga su magia y pierdas una mañana haciendo estúpidas colas para que al final te digan "era en la cola C-485, ahora tendrás que rellenar este otro formulario" o alguna mierda así.

Allí estaba, a las nueve de la mañana, sentada en una mesa buscando mi DNI. No pasaba nada, podía volver al día siguiente, no se acababa el mundo. Cuando se acabó - el mundo, digo -, fue cuando me mandaron a la otra punta de la ciudad porque, aunque estaba empadronada allí, vivo en otro piso y en mi DNI pone otra ciudad. Tenía que ser omnipresente porque no tardarían en cerrar. Di gracias de no ser omnipotente y no haber roto la mesa. Pero tranquilidad, mi manual de felicidad dice que en esos momentos imagine mi propia muerte. Pensamiento que no paraba de venir a mi cabeza mientras cogía el metro en hora punta y que me rondó todavía más cuando no quisieron atenderme en la otra oficina del INEM. A la mierda el raciocinio, necesitaba los papeles. Saqué la libreta y empecé a buscar qué hacer: utilizar el humor, el amor y el surrealismo. Hemos venido a jugar, pensé, así que usé los tres. Así, mientras con palabras amables le explicaba que necesitaba los papeles, me reía como si estuviéramos flirteando en una discoteca a la cuatro de la mañana y exageraba mi buen rollo constantemente. Por maja o por miedo los conseguí. Salí tres horas tarde del trabajo. Total, pensé, podría haber sido peor. Al día siguiente volvía a casa, a la de mis padres, que es la de verdad y no el piso en el que habito. Hice mi maleta, la cena, me duché y me fui a la cama. Esto de la autoayuda es muy cansado.

DÍA 3. BERTÍN

Después de trabajar fui a la estación de buses y en el metro las escaleras no funcionaban. "Podría haber pensado: ¡Dios mío, que terrible es todo tendré que bajar las escaleras con la maleta!", pero eso hubiese sido muy exagerado y eso no iba con mi nueva yo (a la antigua si que le gustaba montar ese tipo de dramas). Me hubiese gustado que funcionaran, pero que se le iba a hacer. Además así hacia piernas.

Mientras esperaba, la señora que limpiaba el suelo con un cochecito me perseguía. Siempre me persigue. De verdad, ¡qué le pasa! Bueno, quizás tiene algo que ver con el hecho de que le esté pisando el suelo que acaba de limpiar. Viendo mi muerte-por-carrito-limpia-suelos demasiado cerca subí al autobús. Un viaje de cinco horas Madrid-Valencia pondría de los nervios a cualquiera, pero no fue para tanto. Parece que todos esos consejos estaban funcionando de verdad.

Cuando llegué a casa quería dormir, pero me quedé esperando al resto de mi familia mientras comía y hablaba con mi madre. Tenía puesto el programa de Bertín Osborne y me estaba poniendo nerviosa. Todo esa pantomima me daba mucha vergüenza ajena. Habría cambiado de canal, pero tenía que ser tolerante (o eso decía el libro) y lo vi. Creo que me a traumatizó. Al rato salió Carlos Baute y Cantizano. Me fui a la cama: no hay autoayuda que arregle esto.

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DÍA 4. COLEGA, DÓNDE ESTÁ MI JÄGER

Por fin tenía vacaciones, era Nochevieja y todo empezó a ir muy rápido. Empezamos a beber, hicimos un descanso para cenar y seguimos bebiendo. Me sentía genial, supongo por las cantidades ingentes de alcohol que mi cuerpo estaba asumiendo. Justo antes de las campanadas, pensé en el año, pero pronto me cansé y lo dejé. En el libro ponía que no hay que mirar demasiado al pasado. Había sido un buen año. Dos horas más tarde ya no pensaba nada, al menos que recuerde. Decidí poner en práctica el autocontrol respondiendo a las felicitaciones. Se me fue de las manos.

No sé lo que habría hecho Stephen Hawking con unas copas de más, pero desde luego no lo que yo hice. La autoayuda no sirve para dejar de escribir gilipolleces en el móvil. Si bebes no escribas. Así de sencillo. No lo hagas. Ese es un buen consejo de autoayuda.

DÍA 5. RE-SA-CA

Me desperté en una casa ajena. Eran las 10, me había acostado a las 6. Cuatro horas de sueño, no estaba mal. Empecé a pensar la noche anterior y recordé que hablé por el móvil. Lo miré. Mierda. Patético. ¿De verdad escribí esas cosas? Sí. Parecía que sí. Antes me hubiese importado, a mi nueva yo seguidora de los libros de autoayuda le daba igual porque no tenía que preocuparse del pasado. Seguí durmiendo. Cuando oí a mis amigas fui a pedir una pastilla para la resaca. Me estaba muriendo, lo de pensar en mi propia muerte ya no se veía tan lejos.

Volvimos en el coche las tres sin poder movernos y tenía infinitas ganas de vomitar. La comida me hizo resucitar, pero mi objetivo del día era dormir y no hice otra cosa. Esos consejos de mierda no sirven de nada cuando tu cabeza quiere explotar.

Día 6 . EL ESTALLIDO

Era el último día de mi trasformación. Tenía planeado ir al cine con mi madre. Pero salió tarde y no nos daba tiempo. No me apetecía correr. Estaba enfadada, no sabía muy bien porqué, solo sabía que era conmigo misma y dejé lo del cine para otro día. Demasiado buenrollismo acumulado me hacía estar constantemente enfadada, eso de reprimir los sentimientos no es nada bueno. En ese momento, recibí un mensaje de voz de un buen amigo que se acababa de mudar a Londres. Me alegré y por un instante no pensé que estaba enfadada con la humanidad y los planetas. De verdad, no quería seguir con el experimento: quería enfadarme, despotricar e insultar a todo el mundo. Me apetecía acabar la semana con una pelea o algo así, acabar por todo lo alto, durante los primeros días la cosa parecía que funcionaba pero los últimos días todos truquitos habían servido justamente para lo contrario que me proponía.

DÍA 7. FINAL

Teóricamente con una semana ya tendrían que haberse visto algunos progresos, pero la verdad es que yo no vi ninguno. Sigo siendo la reina del drama, creo obligaciones que no existen, espero que todo el mundo me trate bien y que las cosas me salgan bien. Y lo más importante, ni pienso en mi propia muerte ni en la de Stephen Hawking. Ni en una mezcla de ambas, Dios me libre. De eso y de la autoayuda, que no me ha servido de nada.

Al final acabas tan hasta arriba que no quieres hacer otra cosa que no sea chillar y enfadarte muy fuerte. Es como una dieta milagro, está claro que si no comes nada durante días vas a adelgazar pero sabes perfectamente que si tuvieses la oportunidad te comerías hasta a la madre de Bambi. ¿Soy más feliz? No. Pero tranquilos, quizás llame a Stephen para preguntarle que haría el -a fin de cuentas,es el jodido master de universo- o mejor al tipo que escribió el libro, pero a ese para mandarlo a la mierda.