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Cultura

Probé todos los productos para la regla que existen y esto es lo que pienso de ellos

Mi sistema menstrual ideal sería ir desnuda por el campo, soltando sangre libremente, mientras tanto sigo buscando el método menos malo.

por Sabina Urraca
26 Enero 2016, 4:00am

Todas las fotos cortesía de la autora

Me encanta tener la regla. No he sido aleccionada por ninguna secta de Amigos de la Sangre para decir esto en los medios. Digo la pura verdad. Es uno de los pocos procesos de mi vida que mantienen una periodicidad correcta y natural, una de las pocas señales inconfundibles de buen funcionamiento que me envía mi cuerpo. Me gusta su color, su aspecto. En mis primeros años de regla, me encantaba mirar la mancha que dejaba la sangre en la compresa e intentar adivinar una forma de algo, en un personalísimo test de Roscharch que me fascinaba. Adoro estornudar o reírme, y sentir que un borbotón de sangre sale de mí. ¿Les da asco, señores? Bueno. Tengan en cuenta que esa sangre que mana de los cuerpos de las mujeres es la misma sangre que los fabricó a ustedes. Cuando tengo una regla muy abundante pienso: Uy, de haber sido fecundado este óvulo, habría salido un bebé gordísimo. Si me duele, pienso: Uy, de haber sido fecundado, me habría salido un chaval problemático y latoso, de tener que ir mucho a hablar con los profesores.

Sin embargo, odio todos los métodos higiénicos femeninos del mercado. Es difícil conjugar en uno solo los valores de comodidad, salud, practicidad y ecología. Y después está el tema del precio: En 2012, cuando subió el IVA general al 21%, los productos de higiene femenina pasaron a un IVA reducido del 8%. Evidentemente, deberían cambiar al precio superreducido del 4% de productos de primera necesidad, tal y como pide la periodista y escritora Celia Blanco en Change.org, pero creo que ya podemos esperar sentadas manchando de rojo los sofás de las sedes de todos los partidos políticos a que esta ley cambie.

Ustedes dirán: "Bueno, pero hay otros métodos que no tienen IVA y resultan mucho más económicos". Tampoco esos sistemas me convencen del todo, a pesar de que algunosde ellos te permitan abonar los geranios del balcón con tu propia sangre.

Aún así, decidí darle una nueva oportunidad a cada uno de los métodos de contención de la menstruación que encontré a mi disposición, en una especie de personalísimo estudio de producto que quizás pueda servirles a ustedes para ver el abanico de posibilidades, sus ventajas e inconvenientes.

Primero decidí testar de nuevo todos los sistemas que ya llevaba años probando. Estas fueron las conclusiones que saqué:

TAMPÓN COMÚN (EL CLÁSICO QUE PUEDES ENCONTRAR EN CUALQUIER SUPERMERCADO Y QUE USA LA MAYORÍA DE LA POBLACIÓN FEMENINA ESPAÑOLA)

Como soy una hipocondríaca, llevar puesto un tampón común me pone malísima. Hay veces que justo después de escuchar el 'clic' del aplicador ya estoy sintiendo claros síntomas del síndrome de shock tóxico y pienso que me va a pasar como a esta modelo, que perdió una pierna por culpa de un puto tampón. Evidentemente, cuando Carlos de Inglaterra le dijo a Camila que quería ser un tampón para alojarse en las profundidades de sus entrañas, no contaba con este mal, y tampoco con los efectos nocivos que la dioxina y el cloro pueden ejercer sobre nuestro organismo. Últimamente, además, ciertas marcas de productos de higiene femenina han tenido la mala idea de añadir perfumes y colores pastel a sus productos, cosa que me pone mala de verdad. ¿Intentan convertir nuestras vaginas en artículos del imaginario de Mi pequeño pony?

Los tampones son fatales en cuanto a ecología y salud. Pero, aunque no soy muy amiga de introducirme objetos extraños en el cuerpo y dejarlos macerar durante unas horas en su interior, le doy un 9,2 en comodidad (las centésimas restantes son debidas a unas cuantas veces en las que me lo he colocado con prisas, mal, y he sentido durante horas que un dedo me apuntaba acusatoriamente desde dentro de mis entrañas).

COMPRESA COMÚN

Hace años que no uso compresas comunes, así que la primera sensación al ponérmela me retrotrae a mi adolescencia. A pesar de que ha mejorado desde los inicios de mi regla, allá por 1996 (escalofríos, reloj biológico zarandeándome), su tacto plasticoso me enferma. Y eso de sentir cómo en un cambio de postura en la cama de pronto un chorrillo de sangre se sale de su cauce compresil y mancha braga, pantalón y sábana bajera, me pone mala.

Ecológicamente nefasta y nada cómoda (odio el contacto con ese plastiquillo y las rozaduras de las alas en la ingle). Le doy un 5 pelado en fiabilidad. Nunca sentaría a una menstruante con compresa sobre un sofá blanco. Cuando llevo compresas, voy siempre mirando atrás, asegurándome de no llevar el pantalón manchado, o de no haber dejado un lamparón escarlata en la silla, como aquejada por una manía persecutoria de mi propia sangre.

TAMPÓN ECOLÓGICO Y COMPRESA ECOLÓGICA DESECHABLES.

El tampón y la compresa ecológica vienen a ser prácticamente lo mismo que sus versiones comunes. Son biodegradables, pero siguen siendo una fuente generadora de desechos. Según dice el paquete, no llevan blanqueantes ni mierdas absurdas, con lo cual son mejores para la salud. Mi mente hipocondríaca descansa. Es cierto que el algodón con el que están hechas hace que las compresas sean más agradables de llevar: desaparece ese tacto plasticoso, y las alas no rozan tan agresivamente.

MOONCUP O "LA COPA"

Supongo que es una cuestión muy personal, pero debo arrodillarme ante las hordas de amantes de la copa, bajar la cabeza compungida y decir: la odio. Cuando apareció en el mercado, sentí que mis plegarias y las de un buen montón de mujeres habían sido atendidas: se acabó el dejarnos los dineros, se acabó el 'mierda, se me han acabado los tampones', se acabó el generar kilos de desechos mes a mes. Lo intenté con auténtica devoción, pero no hubo manera. Esta vez desentierro mi chupito de las profundidades de mi neceser, la hiervo bien hervida, y lo intento de nuevo, para llegar a las mismas conclusiones que en el pasado:

Está bien para llevar en casa, pero si trabajas fuera, llevas una vida movidita o estás de viaje, es sencillamente imposible pasearte con tu chupito de rojo caramelo hasta el lavabo y lavarlo ante la vista de otras personas. Además, reconozco que insistí con lo de la colocación y la extracción, pero siempre me daba la sensación de que me tenía que meter tantos dedos dentro para sacarla y ponerla que se me iba a dar de sí la vagina, e iba que tener que ir a una ginecóloga para que me hiciese un zurcido reparador a lo Leticia Sabater. Como bien declaró una de mis más amigas, "después de un par de días usando la copa, se te queda el chocho cansado".

COMPRESA DE TELA LAVABLE REUTILIZABLE

Cuando las compresas lavables irrumpieron en el mercado, mi corazón saltó de gozo. Ecológicamente y económicamente respetuosas, más saludables... Diría que las compresas de tela lavable deberían ser el futuro de los métodos menstruales. ¿Por qué no lo serán? Porque no son prácticas. ¿Quién quiere pasar el día con un par de compresas de tela llenas de sangre en una bolsita para lavarlas a mano y tenderlas una vez llegue a casa? Están bien si trabajas desde casa o llevas una vida más bien hogareña, pero si tu existencia es la trepidante y absurda aventura multitarea de la mujer media de nuestros días, este no es tu sistema.

Otro punto negativo que debo nombrar es el tema del estampado. Fue una auténtica odisea encontrar compresas de tela que no fuesen de unicornios, estrellitas o mierdas así. Finalmente, me hice con la versión más sobria dentro de tanta estupidez -una flor sobre fondo blanco-, aunque tampoco me gustaba, porque simplemente había huido del diseño infantiloide a una línea de falsa elegancia menopáusica. Ahora estoy esperando a que me lleguen por correo unas compresas de tela en colores lisos, pero no ha sido fácil dar con ellas. Como bien dice la gran pensadora Carla de La La acerca de las bragas femeninas: "¿Se puede saber a qué obedece el hecho de que todas las bragas del mundo lleven un pequeño lazo o floripondio en la parte superior delantera? Bajo su apariencia banal, me inquieta este fenómeno que es símbolo de nuestra rendición como género, como si regaláramos algo crucial, y al mismo tiempo proclamáramos nuestra intrascendencia, nuestra inmadurez". Eso, queridas, es exactamente lo que pienso de las compresas de tela con diseño de hadas y corazones.

Una vez terminados de probar los métodos que ya había testado en el pasado, me lancé al océano rojo de lo desconocido y puse a prueba los sistemas más desconocidos y/o innovadores del mercado. Así fue la cosa:

ESPONJA MARINA

La primera vez que oí hablar de este sistema fue en una novela de putas parisinas de los años 60. Por lo visto, una de las ventajas de este sistema es que te permite follar menstruando sin dejar todo como si Carrie se acabase de graduar. De hecho, el objetivo en la novela era que las meretrices pudiesen trabajar todo el mes sin que sus clientes se diesen cuenta de que estaban menstruando. La esponja, que debe ser natural, de mar (NUNCA uséis una de estas esponjas hechas de derivados del plástico), se humedece un poco con agua, se escurre, y se coloca en la entrada de la vagina, sin que sobresalga entre los labios menores. La puedes recortar a tu medida. Es cómoda de llevar, aunque lo de sacártela y lavarla ofrece los mismos inconvenientes que la copa. Está bien, pero no es EL MÉTODO DEFINITIVO. Lo de seguir los pasos de las prostitutas parisinas de los 60 y follar con ella puesta no lo veo nada claro. De hecho, no me atrevo a probarlo. No sería la primera vez que tengo que rescatar un objeto del interior de mis entrañas, y no quiero lanzarme de nuevo a esa experiencia por decisión propia.

BRAGAS THINX

Bragas futuristas que recogen la regla. Increíble, pero cierto. Hice mi pedido de Thinx y esperé con ansia a que me viniese la regla para poder probarlas. De primeras, me parecieron feísimas: una especie de bragas de abuela gigantes, con una textura un poco tipo armadura en la zona de abajo. Una vez puestas, su aspecto no es tan terrible, y lo cierto es que son cómodas. Con respecto a la absorción, la cosa no queda demasiado clara: en su página de internet, THINX dice que el modelo que yo pedí absorbe como dos tampones y medio, pero después hablan de usarlo como complemento para la copa o los tampones. Algo huele a chamusquina aquí.

Efectivamente, cuando la pruebo, constato que no es suficiente, que sirve como "las bragas para usar cuando tienes la regla para asegurarte que nada de nada se escapa", pero que no son un método seguro por sí solo.

THINX está bien, pero cada braga es cara, y tienes que tener varias para ir cambiándote. De nuevo surge el problema: Vaya peñazo infernal cambiarte de bragas en el baño de un bar, en el curro. Y con las que te quitas, ¿qué haces? ¿Las guardas en el bolso? Definitivamente, estas bragas, por mucho que lo digan en su página, NO SON EL FUTURO.

TAMPÓN DE CROCHET

Grito de horror. ¿De verdad el mundo del hand made ha llegado a tal grado de gilipollez? Sí, queridas personas. Estaba dispuesta a todo, pero el tampón de crochet detuvo mi investigación en seco. La dentera de meterte un cilindro de crochet por la vagina es similar a la idea de morder lana mojada. No había forma de encajar esa mierda en mi cuerpo sin que se me crispase el alma, así que paré, tiré aquella ridiculez a la basura y di el estudio por terminado.

Conclusión del estudio: Vivo una especie de sueño utópico de la menstruación. Sigo fantaseando con el día en el que inventen MI MÉTODO. Mientras tanto, alterno los sistemas que menos rabia me dan. En realidad, mi sistema menstrual ideal sería ir desnuda por el campo, soltando sangre libremente. Cuando tuviese los muslos muy chorreados, me metería en un bello lago cristalino, cual Brooke Shields en El lago azulEl lago azul pero con el chocho menos vaporoso, para enjuagarme las partes pudendas. Y ya.