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Cultură

Ficción 2012 #2: De cuando follamos en ese sofá

Se conocieron en casa de un amigo de ambos, una cena, un aniversario quizás. Esa noche terminaron follando en el sofá delante de todo el mundo.
13.8.12

Se conocieron en casa de un amigo de ambos, una cena, un aniversario quizás. Esa noche terminaron follando en el sofá delante de todo el mundo. Todos los allí presentes lo recuerdan perfectamente. Es la gran anécdota de esa noche. De ese año, de esos años de juventud. 20 años más tarde esas dos personas se encuentran de nuevo. Están recogiendo a sus hijos en la escuela. Se miran pero no se dicen nada. Ambos se alejan y en un momento él se gira. La ve marcharse con esa larga cabellera que ya lució esa noche, en ese sofá. Ella sujeta a su hijo con extrema delicadeza, como antaño sujetó sus pelotas. Lo recuerda perfectamente, el olor de su coño le estalla en el cerebro. El pasado se mezcla con el presente y el sudor de esa noche empieza a brotar de las porosidades de su envejecido rostro. Es el mismo sudor, ese sudor de cuando tenía 25 años, deslizándose por el rostro de un hombre de 45. Él sujeta la mano de su hija mientras su cuerpo bombea sangre hasta su polla. Es como si hubieran reventado una presa, como si un grupo terrorista hubiera hecho estallar una presa y toda esa agua, toda esa sangre, saliera de golpe continuando por el camino que debería haber recorrido hace tiempo, con la fiereza del que ha estado recluido durante años. Su polla se pone más dura que su cráneo y sigue sujetando la mano de su hija. Con el peso de esa áncora sigue anclado al pasado recordando la noche del mejor polvo de su vida.

Dentro de su cabeza ahora está tocándole los pechos y, como una anaconda que se desencaja la mandíbula para poder tragarse un animal más grande que ella, abre la boca y se come toda la teta que puede. Se desnudan ante la mirada atónita de sus compañeros, ella le estira los pantalones y se los saca, coge su polla a través de los calzoncillos y empieza a acariciarla con vigor. Él alarga su mano hasta alcanzar la entrepierna de ella y, accediendo por la parte superior de las braguitas, llega a acariciarle la vagina. Empieza un acto masturbatorio bidireccional y llega un momento en que ella lo tumba y empieza a cabalgarle. Mientras follan terminan de sacarse la ropa y ya nada importa. No importa que todo el mundo les esté viendo. No importan los años que haga esta noche ese amigo que tienen en común. No importa que esta noche se hayan metido coca por primera vez. Están follando y eso es todo lo que está pasando en el mundo. Su hija quiere irse a casa a ver los dibujos de la tele e insiste para que sigan andando, ya llevan demasiado tiempo parados. Entonces el casquete se desvanece y él vuelve a tener 45 años, una hija, un trabajo y una mujer. Antes no tenía nada de esto, ahora sí. Se da cuenta de ello y se pregunta si realmente quiere tenerlo. Resignado sigue andando y, justo antes de girarse hacia delante, ella vuelve su cabeza y ambos se miran. Ella no hace nada, su expresión no se altera. Quizás no lo recuerda, quizás en su juventud no paró de follarse a tíos en fiestas y sería totalmente imposible reconocer un solo rostro. Quizás no lo quiere recordar porque su juventud fue un infierno. Quizás ahora es una mujer nueva con marido, hijo y trabajo y está orgullosa de ello. Él daría su vida para poder volver a esa noche, ella se mataría si siguiera estando atrapada en ese momento. Ambos se giran y siguen andando hacia casa.

Este y otros relatos en el último número del Chuck, Historias cortas de hombres sin dinero, cobardes y calvos. Lo podéis pedir aquí.

Ficción 2012 #1: Cartas desde el más allá