Las sobrecogedoras fotografías de Peter Marlow

A lo largo de su carrera, Peter Marlow ha realizado todo tipo de trabajos, desde fotografía de noticias y periodismo de guerra hasta fotografía callejera y una loada colección de retratos. Llamé a Marlow para hablar sobre hasta qué punto se está...

|
07 Mayo 2014, 11:12am

Londres, 1978. Marcha del Frente Nacional

Magnum es, probablemente, la agencia de fotografía más famosa del mundo. Aunque no hayas oído hablar de ella, seguramente te sonarán sus imágenes, ya sea el reportaje de Robert Capa sobre la Guerra Civil Española o las fotos vacacionales del pueblo británico. A diferencia de la mayoría de agencias, en Magnum son los propios fotógrafos de la agencia los que seleccionan a sus miembros, por lo que entrar a formar parte de sus filas no es tarea fácil. Siguiendo nuestro acuerdo con Magnum, dedicamos un espacio a algunos de sus fotógrafos.

A lo largo de su carrera, Peter Marlow ha realizado todo tipo de trabajos, desde fotografía de noticias y periodismo de guerra hasta fotografía callejera y una loada colección de retratos. Sin embargo, quizá sea más conocido por sus proyectos personales, como la serie de fotografías que realizó con motivo del cierre de la fábrica Rover de Longbridge o el libro Liverpool: Looking Out to Sea, en el que explora la degeneración urbana que sufre la ciudad de Liverpool. Con frecuencia, la ausencia de seres humanos marca la obra de Marlow, cubriendo sus fotografías con una pátina de sobrecogedora quietud incluso cuando retratan momentos de crisis.

Llamé a Marlow para hablar sobre hasta qué punto se está preparado para la guerra, la capacidad de capturar los momentos y los detalles que dan vida a un espacio y la importancia de la curiosidad en la fotografía.

Haití, 1975

VICE: En la columna anterior de esta serie, hablé con David Hurn, quien me manifestó abiertamente los motivos que le habían llevado a hacer fotografía de guerra: por aquel entonces, era la forma más directa de llegar a ser fotógrafo profesional. ¿Cuáles fueron tus motivos?

Peter Marlow: Yo pertenezco a la generación posterior a la de David. Dejé la universidad en 1974 en una época en la que se podía vivir de las becas de estudiante. Dejé la escuela y me busqué un trabajo durante el verano, sin pensar en ningún momento qué iba a hacer después. Teníamos la tranquilidad de saber que probablemente encontraríamos un trabajo fácilmente, porque entonces el hecho de tener una carrera era una verdadera ventaja. Siempre había querido ser fotógrafo. Los suplementos de color que salieron en los 70 y los trabajos de Don McCullin y Larry Burrows supusieron una gran influencia. Una vez salió un número del Telegraph Magazine sobre fotógrafos de guerra y pensé: “eso es lo que quiero hacer”.

Conseguí trabajo como fotógrafo en un crucero. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo. El otro fotógrafo que iba conmigo me recomendó que enfocara y apretara el botón con ambas manos, para evitar tener que moverlas. Después de aquello, hice varios viajes y pasé varios meses en Haití. Esa fue mi primer contacto con lo que se solía llamar el Tercer Mundo. La experiencia sirvió para abrirme los ojos a la miseria. Cuando miro las fotos, pienso que son de las mejores que he hecho, mi primer trabajo serio.

Luego empecé a contactar con algunas agencias de Nueva York y finalmente conseguí un trabajo en Sygma, una agencia de fotografía periodística. Durante varios años estuve trabajando por todo el mundo. Cubrí de todo, desde el conflicto de Irlanda del Norte a la revolución de Filipinas y la guerra de Angola. De todo.

Belfast, Irlanda del Norte, 1977. Un joven republicano con un arma durante los disturbios del Jubileo de la Reina

He leído que lo de Angola fue muy duro, incluso comparado con las guerras africanas de la época.

Sí, fue muy desagradable. Era todo muy político. Yo llevaba un cuarto oscuro portátil en la maleta y me fui con los fotógrafos del Frente Patriótico. Como agradecimiento, me dejaron ver algunos campos de adiestramiento que había en Zambia. Fui la primera persona que enseñó al mundo cómo miles y miles de hombres y niños —tuvo una gran difusión gracias a The Sunday Times Magazine— practicaban con Kalashnikovs de madera, preparándose para la liberación de Rodesia.

Así que ¿eras bastante idealista, por aquel entonces? ¿No pensabas en ir allí solo para convertirte en fotógrafo profesional?

Un poco de ambas cosas. Tenía una motivación política, porque creía que lo que estaba sucediendo en Rodesia no estaba bien. No era apartheid, pero se parecía mucho. Entablé amistad con Joshua Nkomo, uno de los miembros del Frente Patriótico, quien acabó en conflicto con Mugabe porque se deshizo de gran parte de su tribu. Solía hospedarse en el Hotel Savoy. Iba a verlo allí. Le propuse viajar con el Frente Patriótico y dijo, “Sí, hagámoslo”.

¿Qué crees que fue mal en ese trabajo?

Hice algunas fotos muy buenas e hice muchos trabajos sobre conflictos, pero me di cuenta de que nunca, jamás, llegaría a ser como Don McCullin. De hecho, en algunas ocasiones, sentía mucho miedo. No me gustaba, no me importa admitirlo, no estaba hecho para eso. Cubriría terremotos y hambrunas y todavía lo hago; pero siempre he tratado de hacer trabajo entre bastidores. Como el reportaje que hice en Kosovo, estuve allí con la flota de los EUA, entre bastidores.

El contrato con Sygma significaba que si ellos te decían “Vete a Irán” o algo parecido, tenías que ir, no podías negarte, básicamente. Por eso me llamó la atención Magnum, porque me dio la impresión de que podías hacer lo que quisieras, de que nadie me iba a decir lo que tenía que hacer.

Londonderry, Irlanda del Norte, 1979. Diez años después de la llegada de las tropas británicas al país, las barricadas vuelven a dividir a católicos y protestantes en las zonas de Belfast y Londonderry. Aquí, unos niños comen helado mientras unos soldados patrullan las calles de la ciudad.

¿En qué año entraste en Magnum?

En 1980. Siempre he continuado con mis propios proyectos y haciendo fotografía de noticias. He procurado equilibrar ambas. También hice cosas nuevas, como el proyecto de Irlanda del Norte para Magnum.

Trabajé mucho en Israel y cubriendo la revolución para destituir a Ferdinand Marcos. En 1982 cubrí la huelga de astilleros de Gdańsk, donde hice una foto fantástica del entonces presidente Lech Walesa sosteniendo el lápiz que se había utilizado para firmar el acuerdo sobre las 21 exigencias de los trabajadores. La foto salió a doble página en la revista Life.

Pero siempre he intentado hacer mis cosas por otro lado. A mediados de los ochenta, empecé un proyecto en Liverpool, sobre el que publiqué un libro. Suelo combinar mis trabajos con los encargos que recibo. Como fotógrafo soy bastante prolífico.

Sí, por eso es todo un desafío entrevistarte. No solo por los temas que tocas, sino por el tipo de fotografía que haces: desde retratos a reportajes, pasando por otros aspectos con los que trabajas más, actualmente, como interiores, edificios, fábricas y aviones vacíos. Uno no sabe en qué centrarse.

Creo que la idea central es que no hace falta mucha acción para hacer una buena fotografía. El reportaje de la fábrica de Rover es un clásico. Creo que hice como 25 viajes allí y al final nunca llegó a publicarse. Wallpaper publicó algunas de las fotos, pero pensé que con el resto podría hacerse un libro fantástico que hablara sobre la deconstrucción de una fábrica en la que llegaron a trabajar 45.000 personas. Hice un seguimiento de la fábrica hasta que acabó por convertirse en poco más que un campo verde. Pero la verdad es que no estaba sucediendo nada especial en ese lugar; simplemente se estaba cayendo a pedazos.

Longbridge, Birmingham, 2005. Fábrica y oficinas abandonadas de MG Rover, después de que la empresa se declarara en quiebra el 7 de abril de 2005

Creo que ese es tu talento: capturar las emociones de una historia sin necesidad de mostrar a la gente involucrada, sino a través de objetos, calles o edificios. Para mí, la historia de Rover fue triste, es triste, de hecho. Por un lado está la inevitable tristeza propia de las fábricas, y también la pérdida de todos esos trabajos y de la comunidad que formaban los empleados.

Había tantos detalles... Había un tablón en la pared en el que se explicaba cómo tomaba cada uno el té: “Pete: dos de azúcar. Eric: sin azúcar”. O bien puedes ir a fotografiar el centro de trabajo de Longbridge o esto, y para mí esto es más poderoso, porque muestra un modo de vida en extinción. Disfruto del desafío de intentar plasmar eso en la fotografía. Es lo que mantiene mi interés, porque es un verdadero reto.

Es parecido a la historia de Liverpool, en la que también percibí tristeza. ¿Te preocupa que tu forma de abordar la fotografía —sin personajes— deje tu obra demasiado abierta a la interpretación?

A partir de los detalles de estas dos historias es posible establecer comparaciones respecto a los estados de ánimo que suscita y sobre las cosas que me interesan. Son paralelas, una en color y otra en blanco y negro. Pero sí, es cierto que hay similitudes.

Extracto del libro Liverpool: Looking Out to Sea (1993)

¿Te planteaste de forma activa transmitir ese sentimiento de pérdida y tristeza cuando hiciste las fotos de la fábrica de Rover? ¿O simplemente haces las fotos y dejas que cada espectador saque sus propias conclusiones?

Cuando la cerraron, en 2005, vi una oportunidad de hacer algo. La fábrica estaba completamente cerrada, nadie iba allí, ni siquiera los periodistas. Llegué a un acuerdo con el Archivo Público de Birmingham de forma que podrían quedarse con 50 fotos si me ayudaban a obtener un permiso para entrar. Pero no entré con ninguna intención. Lo hice con curiosidad y me fascinó lo que encontré. Había como 25 fábricas. La gente había dejado tazas de té a medio beber y cosas tiradas por todas partes. Me fascinan ese tipo de cosas. No sé si tendrá algún significado psicológico profundo. Es algo emocional, más que estético, y parece que tengo la capacidad de trasladarlo a una fotografía, aunque nunca he entendido por qué soy capaz de hacerlo. ¿Por qué yo?

También quería hablar contigo sobre el proyecto Concorde, en el que cubres sus últimos días antes de su retirada en 2003.

Ese no fue uno de mis mejores trabajos, pero no sé. El libro era un poco superficial. Uno de mis antiguos ayudantes se hizo piloto y podía conseguir billetes baratos para viajar en el Concorde, así que compré un par de ellos para mi mujer y mi hijo pequeño y los envié a Nueva York en el Concorde. Mi otro hijo y yo nos fuimos al otro extremo de la pista de Heathrow para verlo despegar. Era como un cohete, recuerdo estar aterrorizado. Fue increíble verlo despegar, pero lo más importante era que, estando allí, vi a toda esa gente que también había venido a verlo. Y pensé “qué gran proyecto”. Esto ocurrió antes de que anunciaran que lo retirarían. El libro trata esencialmente sobre la obsesión, que es la de mirar aviones aterrizar y despegar.

Cumbria, Inglaterra, 2001. La esterilla desinfectada cruzada en la carretera es un intento por frenar el avance de la fiebre aftosa. Tomada de la serie Point of Interest

Supongo que, sin saberlo, ese proyecto acabaría formando parte de la categoría de cosas que se extinguen y desmoronan. Es como si tus proyectos estuvieran unidos por un hilo emocional. ¿Te consideras un fotógrafo que cubre un tema en general? ¿Crees que tienes buen ojo para los entornos industriales en decadencia? ¿O es más bien accidental?

Creo que el nexo de unión es la forma en que veo las cosas. Yo lo comparo con un largo viaje en coche y, cuando por la noche cierras los ojos, vienen a tu mente pequeñas imágenes aleatorias, cosas que no adviertes en el momento. Yo trato de identificar esas cosas y de fotografiarlas. Intento buscar sitios que la gente ignora y darles un significado. Creo que trabajo mejor cuando no pasan muchas cosas a mi alrededor. Me satisface más hacer una buena foto de un sitio vacío.

Y para complicarlo todo un poco más, acabemos hablando de lo que te ha estado ocupando recientemente. Has hecho muchos retratos. ¿Cómo encajan en todo esto?

Yo veo los retratos más como un “trabajo”, pero un trabajo que me fascina. El otro día le hice una fotografía al viceprimer ministro, y nos entendimos muy bien. Es un tipo muy majo —quizá incluso demasiado—. Durante la sesión, tomé una foto solo de sus piernas —llevaba unos pantalones chinos y zapatos de ante—. Eso me resultó más interesante que las fotos de la cabeza. Par mí no hay ninguna diferencia entre ambas. Es una oportunidad para hacer fotos y ver cosas interesantes. Creo que para hacer fotografía tienes que ser curioso.

Haz click en los números para ver más fotografías de Peter Marlow.

Extraída del libro Liverpool: Looking Out to Sea (1993)

Ginebra, Suiza, 1985. Reunión entre Ronald Reagan, que en aquel entonces era presidente de Estados Unidos, y Mikhail Gorbachev, que en aquel entonces era secretario general del Partido Comunista de la URSS. Ambos escuchan a sus intérpretes.

Haití, 1975

Longbridge, Birmingham, Inglaterra, 2005. Oficina abandonada tras el cierre de la fábrica Rover de Longbridge.

Longbridge, Birmingham, Inglaterra, 2005. Oficina abandonada tras el cierre de la fábrica Rover de Longbridge.

Longbridge, Birmingham, Inglaterra, 2006. Demolición de la fábrica Rover de Longbridge.

Extracto del libro Liverpool: Looking Out to Sea (1993)

Londres, Inglaterra, 2002. Oficina vacía en Gee Street. Extraída de la serie Point of Interest