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Cultură

Esta abuelita de 90 años seducía a nazis para que los mataran durante la Segunda Guerra Mundial

Cuando Freddie Oversteegen tenía 14 años, se convirtió en una de las pocas mujeres que participó activamente en la resistencia holandesa durante la Segunda Guerra Mundial.
Noor Spanjer
Amsterdam, NL
17.5.16

Tras ofrecerme dulces extremadamente azucarados, me da un pellizco en el brazo a modo de reprimenda cuando acepto uno. Hasta el año pasado, la nonagenaria salía a correr regularmente

Este artículo se publicó originalmente en VICE Netherlands.

Durante su juventud, Freddie Oversteegen que hoy cuenta con 90 años fue una de las pocas mujeres que participó activamente en la resistencia holandesa durante la Segunda Guerra Mundial junto con su hermana Truus y la célebre Hannie Schaft, quien fue asesinada justo antes de que finalizara la guerra.

Cuando Freddie tenía 14 años, un hombre visitó la casa de su familia para preguntarle a su madre si dejaría que sus hijas se unieran a la resistencia con el argumento de que nadie sospecharía de ellas por su corta edad.

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Y tenía razón. Las hermanas Oversteegen coqueteaban con los colaboradores de los nazis y los llevaban al bosque, donde eran recibidos con un disparo en vez de una sesión de besos.

Hannie Schaft adquirió fama mundial: se grabó una película sobre su vida titulada Het meisje met het rode haar (La chica con el cabello rojo), fue sepultada con honores en presencia de la reina Guillermina y el príncipe Bernardo de Holanda, y más de 15 ciudades de los Países Bajos tienen calles con su nombre.

Truus Oversteegen también alcanzó fama por sus discursos durante las ceremonias en recuerdo de las víctimas de guerra y por su obra artística. Su hermana menor, Freddie, nunca obtuvo mucho reconocimiento por su participación en la resistencia, hasta que el cineasta holandés Thijs Zeeman decidió grabar un documental sobre ella y su hermana titulado Dos hermanas en la resistencia.

Me reuní con Freddie el pasado 4 de mayo —el día de la liberación en Holanda— para hablar de cómo seducía y mataba nazis.

VICE: Creo que no tenemos mucho tiempo para la entrevista. Freddie Oversteegen: Así es. He quedado con otras dos personas a las dos para jugar Scrabble. Jugamos dos veces a la semana. No está bien faltar cuando ya habías dicho que sí.

¿Y ganas a menudo?
Sin comentarios.

¿Para ti cómo es recordar la guerra en el Día de la Conmemoración? ¿Cómo te despiertas en un día como hoy? Un poco intimidada. Y hoy es peor porque tengo que ir al dentista esta tarde. No quiero que llegue la hora.

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¿Vas a asistir a alguna ceremonia? Sí, a IJmuiden. La gente suele llevar coronas de flores y siempre hay una con mi nombre. Además, siempre me guardan un sitio en primera fila, con todas las personas destacadas.

¿En qué piensas durante los dos minutos de silencio? En nada. Desconecto mis pensamientos totalmente. Después pienso en todos los caídos. Recuerdo cómo sacaban a la gente de sus hogares. Los alemanes golpeaban las puertas con las culatas de sus rifles y hacían tanto ruido que se oía en todo el vecindario. Y gritaban. Era aterrador. Por cierto, ¿para qué periódico es esta entrevista?

Es para VICE, una revista en línea. Veo que tienes ordenador, así que… Sí, pero no tiene internet. Mis hijos dicen que es mejor que no me meta a internet.

No te preocupes, yo me aseguraré de que la leas. Bien, volvamos a la época previa a internet. Tenías 14 años cuando se os requirió a ti y a tu hermana Truss —que tenía 16 años en ese entonces—en la resistencia.

¿Vuestra madre aceptó inmediatamente? Llegó un hombre con sombrero, llamó a la puerta y pidió permiso a mi madre para hablar con nosotras. Lo hizo y las tres estuvimos de acuerdo.

Freddie en la primavera de1945. Foto del álbum familiar, cortesía de Remi Dekker

¿Dónde estaba tu padre? Mis padres estaban divorciados, algo muy raro en esa época. Un día mi madre se hartó y se separaron. Vivíamos en un barco en Haarlem, pero mi padre no ganaba casi nada y nunca ayudó a pagar la embarcación.

Pero el divorcio no fue desagradable. De hecho, nos cantó una canción de despedida francesa desde la proa del barco cuando se fue. Nos quería, pero después de aquello lo vi muy pocas veces.

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¿Y os mudasteis a otra parte? Sí, nos mudamos a un piso y dormíamos en unos colchones de paja que hizo mi madre. Vengo de una familia humilde. No teníamos mucho, pero mi madre siempre se las ingeniaba. Y cantábamos todo el tiempo. Poco después nació mi hermanastro.

¿Tu familia escondía refugiados en su casa? Sí, claro. Antes de que empezara la guerra en Holanda —cuando todavía vivíamos en el barco—, escondimos a algunos lituanos en la bodega. Y durante la guerra, escondimos a una pareja judía en casa. Por eso sabíamos mucho sobre lo que estaba pasando. Aunque se supone que eran nuestros enemigos porque eran capitalistas y nosotros éramos comunistas.

Cuando te pidieron que te unieras a la resistencia, ¿tenías idea de lo que te esperaba? No. Creí que íbamos a crear un ejército secreto o algo así. El hombre que llamó a nuestra puerta dijo que nos iban a dar entrenamiento militar y la verdad es que sí nos enseñaron un par de cosas. Uno de ellos nos enseñó a disparar y aprendimos a movernos por el bosque. Nosotras siete —Hannie todavía no era parte del grupo— éramos las únicas mujeres.

Mucho después, uno de los Nazis más famosos fue asesinado y sepultado en ese mismo bosque. Pero ni a Truss ni a mí nos dejaron estar presentes porque creían que no era algo apto para dos jovencitas.

Freddie leyendo un poema que escribió Hannie Schaft durante la guerra. El retrato en el libro es de Hannie

¿Cuál fue tu papel en esa misión? Yo no le disparé, fue uno de los hombres. Yo tenía que cuidar a mi hermana y vigilar que nadie se acercara a esa parte del bosque. Truss lo conoció en un bar caro, lo sedujo y lo llevó a pasear al bosque. Le preguntó: "¿Quieres dar una vuelta?" Y, obviamente, aceptó.

Después se encontraron a alguien —hicieron que pareciera una coincidencia, pero en realidad era uno de los nuestros— y ese amigo le dijo a Truss: "Oye, tú, ya sabes que no tienes que andar por aquí". Se disculparon, dieron vuelta y caminaron de regreso. En ese momento dispararon y el hombre nunca supo qué pasó. Ya hasta habían cavado la tumba pero no nos dejaron estar presentes durante esa parte de la misión.

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¿Y te pareció bien? Sí, no quería ver eso. Más tarde nos dijeron que le quitaron la ropa para que no pudieran reconocerlo. Puede que siga ahí.

Tu hermana era dos años mayor que tú. ¿Ella era la más valiente? Cuando éramos pequeñas, mi hermana siempre decía, "Ella es mi hermana, la guapa". Y era cierto. Mi hermana no era muy agraciada. Pero era muy valiente. Y era muy buena hablando en público.

De hecho, aprovechó mucho esa capacidad después de la guerra. Siempre se sabía de memoria los discursos. Nunca necesitaba notas. Pero ahora es diferente.

Mencionaste que sufre demencia. ¿Solíais hablar mucho sobre lo que pasó en la guerra? Sí, siempre. Ni siquiera teníamos que decir "¿Te acuerdas de cuando…?" porque siempre estaba en nuestro recuerdo.

Truss trató de superar el trauma a través del arte. ¿Tú cómo lo hiciste? Casándome y teniendo hijos. También cuidaba a los hijos de Truss porque ella siempre estaba ocupada. Visitaba mucho a Hannie —la madre de Hannie Schaft—. Antes sentía celos porque ella se hizo famosa después de la guerra. Pero luego pensaba, "Yo también estuve en la resistencia". ¿Sabes qué voy a hacer ahora?

¿Qué? Prepararme un sándwich y una taza de té. Estoy despierta desde las seis.

Pues ¡disfruta de tu té y muchas gracias, Freddie!