Harri Peccinotti

Todo fotógrafo que haya hecho carrera pulsando el botón del obturador enfrente de mujeres hermosas tiene una deuda con Harri Peccinotti. Una deuda enorme.

|
dic. 1 2009, 12:00am

Todo fotógrafo que haya hecho carrera pulsando el botón del obturador enfrente de mujeres hermosas tiene una deuda con Harri Peccinotti. Una deuda enorme. Él fue el primero en registrar con su cámara la sexualidad de los actos cotidianos en sus placenteros, subversivos retratos de chicas lamiendo polos, primeros planos de traseros en un sillín de bicicleta y bomboncitos playeros californianos fotografiados inadvertidamente con teleobjetivo.

Harri nació en Londres en 1935. A los 14 años abandonó los estudios para dedicarse a diseñar portadas de discos de jazz para el sello Esquire Records. En los años 50 empezó a trabajar como fotógrafo publicitario y, más tarde, como director artístico para monstruos de papel satinado como Rolling Stone, Vogue y Vanity Fair. Ahora bien, a Peccinotti probablemente se le recordará siempre como el cerebro detrás de Nova, la revista inglesa nacida en 1965 que marcó nuevos estándares tanto en el apartado gráfico como en el referente a contenido periodístico, integrando nuevas ideas tomadas de la subcultura psicodélica y de la prensa underground de la época.

En el 68, tras cumplir con un encargo en Vietnam, Harri fotografió el ya legendario calendario Pirelli que emparejaba poemas de amor con interpretaciones fotográficas de los versos, presentando a seductoras, apetecibles mujeres holgazaneando, retozonas, en la isla tunecina de Djerba. A Pirelli, así como a cualquiera que no estuviese ciego, le gustó tanto que le invitó a hacer otro calendario el año siguiente. En él, Harri procedió a elevar el factor cochinote presentando a las mencionadas chicas californianas en distintos estados de desnudez.

Las más recientes empresas de Harri se han centrado en el reportaje etnográfico, la realización de películas y la publicación de libros recopilatorios de su trabajo. Sigue trabajando en los campos de la moda y la publicidad y es asesor de fotografía del semanario francés Le Nouvel Observateur. Nos citamos con Harri en París con la esperanza de atrapar al vuelo algunas perlas de la sabiduría de uno de los hombres con más talento que jamás hayan sostenido una cámara.

Vice: Bonjour, Harri. ¿Podría contarnos cómo llegó a ser uno de los más grandes representantes de la fotografía erótica?
Harri Peccinotti:
Sinceramente, no tengo ni idea. Por accidente, diría yo; tomando fotos de modelos sin ropa. Así hice el calendario Pirelli del 68. No creo que en esos calendarios se mostrase siquiera un pezón antes del de 1968, e incluso en ése sólo se veía uno. Ahora por todas partes hay entrepiernas y Dios sabe qué más. Siempre he hecho muchos primeros planos; tiendo a relacionar lo gráfico con lo cercano, y para mí es el componente gráfico de una fotografía lo que la convierte en erótica.

Mucha gente cita Nova como una de las revistas más influyentes de la historia. ¿Hubo alguna idea inicial que le sirviera de inspiración?
Empezó como una especie de test dirigido a un mercado en especial, y esta es la razón de que yo gozara de tanta libertad. La idea era comprobar si había un lugar para una revista que tratase a las mujeres de forma intelectual. Pero creo que el subtítulo era pésimo: Nova, para una nueva clase de mujer, o algo así. El movimiento de liberación de la mujer era entonces muy potente.

Parece un tanto perverso publicar fotos de mujeres desnudas en una revista destinada a la mujer, en especial en esa época.
Bueno, todas las mujeres que trabajaban en la revista –incluyendo unas cuantas escritoras magníficas, como Germaine Greer–, eran feministas, pero no antisexuales. No es que se abstuviesen de utiizar su sexo, obviamente. Eran muy abiertas. Por ejemplo, había un chico americano, una especie de hippie, que fotografió a su mujer dando a luz. Era una serie de fotos totalmente explícitas de principio a fin. Yo las compré y el editor estuvo de acuerdo en publicarlas. Ese número agotó su tirada en poco más de diez minutos, ya que la gente, especialmente los hombres, no estaba acostumbrada a este tipo de cosas.

Usted fue también uno de los primeros en fotografiar y publicar imágenes de modelos negras.
Sí, supongo que sí. Sucedió de forma muy natural. Yo creo que todas las mujeres son atractivas, y no podía entender por qué demonios no había modelos negras por aquel entonces.

Sus protagonistas nunca parecían ser “perfectas”, en el sentido que se les da a las supermodelos de hoy.
No, prefiero cuando no lo son. Para mí sí son perfectas, aunque no según un estándar imaginario de forma o talla. Como he dicho, para mí todas las mujeres son atractivas. La foto de la chica japonesa que has elegido la hice para una campaña de productos de cosmética. Entonces era muy difícil encontrar modelos japonesas, todas eran medio coreanas o medio occidentales. Esta chica no era modelo. Era la asistente de la diseñadora de moda Issey Miyake.

Una vez apareció un artículo en Nova que decía algo así como “¡Déjate crecer el pelo!” ¿Le gustaría que más mujeres se abstuvieran de depilarse las axilas y las zonas inferiores?
Claro que sí. Me encantaban las axilas frondosas y los bosques tupidos. Me gusta la idea de la mujer pilosa. Me encantaban las mujeres italianas y españolas que hace unas décadas no se afeitaban. Me parecían muy terrenales. Me resulta muy dificil fotografiar chicas ahora porque todas llevan el vello público afeitado, piercings en el ombligo y tatuajes.

Antes de terminar, me preguntaba si querría divulgar su mayor secreto. ¿Cómo conseguía que sus modelos parecieran estar tan cómodas? Da la impresión de que hubieran hecho cualquier cosa para usted delante de la cámara.
No lo sé. No me gusta presionar a la gente. Soy una persona apacible. Yo tenía aproximadamente la misma edad que mis modelos, o al menos me sentía sexualmente conectado con las personas de esa edad, así que entre ellas y yo había… algo. Ahora, por edad, podría ser su abuelo, pero sigo teniendo esa sensación.

El nuevo libro de Harri Peccinotti, H.P., recopila más de 40 años de sus mejores trabajos y está disponible gracias a la editorial Damiani.

















Más VICE
Canales de VICE