ENTREVISTA DE TASSOS BREKOULAKIS, RETRATO DE FREDDIE F.FOTOS POR CORTESÍA DE THEODOROS BAFALOUKOS
Este es Ted en su casa natal en la isla de Andros, Grecia. Dejaremos que él explique el resto de lo que vais a ver.Theodoros Bafaloukos escribió y dirigióRockers, la película que hizo, por sí sola, que Jamaica y el reggae les resultaran interesantes a los blanquitos de clase media, a los colgados de sus hijos y a varios grupos punk guitarreros ingleses. Ted, en la actualidad, no es que sea una persona reclusiva; es sólo que pasa su tiempo en su hogar natal en la aislada isla griega de Andros, que nos pilla un poco lejos. Así y todo, decidimos emprender viaje hasta allí para hacerle ésta, su primera entrevista que llega al papel impreso.Además de guionista y director, Bafaloukos ha trabajado como diseñador de producción para tres directores ganadores del Oscar (Barry Levinson, Errol Morris, Jonathan Demme) y ayudado a concebir un sinfín de famosos vídeos musicales, incluido aquel de Aerosmith en el que Alicia Silverstone, con camisa de franela, hace puenting desde un paso elevado y le enseña el índice a Stephen Dorff.Tras una breve visita guiada por su casa—en las paredes, cientos de pinturas e imágenes aumentadas de serpientes—, nos invitó a sentar y después pasó para nosotros páginas y más páginas de álbumes de fotos. Muchas eran de los días en que rodóRockers. Como veréis, se trata de un tesoro, un auténtico archivo de felicidad.Vice: En primer lugar, ¿cómo te encontraste con Jamaica?Theodoros Bafaloukos:Fui allí en 1975 como fotógrafo independiente para la discográfica Island. Fui con un amigo, un chico joven de la escena reggae. Hicimos fotos de rostros por toda la isla. Lo encontré interesante y estimulante. Y también divertido, porque me arrestaron bajo la acusación de ser un espía de la CIA.Oh, oh. ¿Qué sucedió?Había ido a una estación de radio para hablar con alguien de la comunidad. Quería pedirle equipo y ayuda para rodar un documental, que era lo que yo quería hacer desde un principio. Estaba en el coche con mi amigo cuando, de repente, salido de ningún sitio, un hombre introdujo la mano por la ventanilla, me quitó mi bloc de notas del bolsillo delantero de la camisa y se metió a todo correr en el edificio gritando “¡CIA, CIA!” Salí del coche y fui detrás de él, pero al regresar no había rastro ni de mi amigo ni de su coche. Me asusté. Allí estaba yo, en un país extranjero, varado, rodeado de extraños. Amigos míos que habían dejado el país me contaron más tarde que lse marcharon porque estaban aterrorizados. Estamos hablando de unos tiempos en los que reinaba el miedo en Jamaica. Todo el mundo sentía auténtico pavor.¿Cuándo llegó la policía?Dos jeeps aparecieron como salidos de la nada, llenos de polis. Algunos iban de uniforme y otros parecían matones más que otra cosa. Los más duros llevaban Uzis; me arrastraron fuera de mi vehículo y me metieron en uno de los jeeps. ¡Me pasearon por las calles a poca velocidad para que la gente viera que habían arrestado a un agente de la CIA! Me llevaron a la comisaría. Allí resultó obvio que no tenían ni idea de qué hacer conmigo, así que me llevaron a que me entrevistara otro tipo.¿Una entrevista?Un interrogatorio. El interrogador estaba sentado detrás de una mesa, con mi bloc de notas al lado. Sin decir nada lo cogí y me lo metí en el bolsillo.Qué cojonazos. ¿Qué tenía apuntado en el bloc?Direcciones de gente que había conocido en la isla, casi todos músicos. Les había prometido que les haría llegar copias de mis fotos cuando regresara a América, cosa que hice.Así pues, le dejaron libre de inmediato.Aquel tipo no dijo nada cuando me metí el bloc en el bolsillo. Ni se inmutó. Respondí a sus preguntas, y eso que él ni siquiera sabía qué preguntarme. Probablemente hizo unas cuantas llamadas telefónicas y se dio cuenta de que todo era un error.“Yo y Leroy ‘Horsemouth’ Wallace, el legendario batería pionero y estrella de Rockers, posando en el casco antiguo de Kingston, 1977”Viendo retratos suyos de la época, la verdad es que tenía más aspecto de protagonista de una película porno Zapatista que de agente de la CIA.¿Por qué? ¿Qué aspecto tiene un agente de la CIA? [risas] Yo tenía pasaporte griego, y eso me hacía aún más sospechoso. Se lo llevaron y me dejaron allí durante lo que me pareció una eternidad. Vino otro tipo para interrogarme pero, de nuevo, esto no condujo a nada. Serían las 10 ó las 11 de la noche cuando, de repente, un blanco apareció y dijo, “Vete, sólo márchate”. Yo le pregunté, “¿Dónde está mi pasaporte?” y el respondió, “Que te largues de aquí, tío”. Así que me marché. Me dirigí a la casa que estaba compartiendo y allí estaban todos: mi amigo, Augustus Pablo, toda la pandilla. Todos más jóvenes que yo. Me miraron asustados, como si hubiera vuelto de entre los muertos. Básicamente, lo que me dijeron fue, “Perdona, pero es que esta noche vendrán a matarte y no queremos estar por aquí”.¿Y no te estaban tomando el pelo?No, qué va. Cosas así sucedían continuamente.Es una imagen de Jamaica totalmente diferente a la que ofreces en Rockers.Debido al éxito de Bob Marley existía la idea de que todo iba sobre ruedas. Incluso para el reggae, la realidad era otra, mucho más dura. Y más dura aún para un chico blanco en medio de todo aquello. Viví allí dos años antes de empezar a rodar. Los jamaicanos que vivían en los ghettos de Kingston eran gente inocente viviendo vidas corrientes, y esto era exactamente lo que yo quería capturar en el film: una imagen más realista de quiénes eran y quiénes deseaban ser. Algo como Robin Hood. Jamaica era un mundo de fantasía en el que la realidad tal como la conocíamos no podía existir.¿En qué medida no podía?Esas personas vivían en un entorno que les separaba del mundo real. No tenían ningún sitio donde ir, y raras veces alguien a quien poder llamar “papá”. Sólo hombres que tenían relaciones con mujeres. No había una verdadera estructura de familia. En la mayoría de los casos los niños no eran reconocidos, y aunque crecieras con una madre no disponías de apoyos de ningún tipo, porque el entorno era realmente duro. Todo el mundo intentaba ganarse la vida como fuese, a duras penas, y para los niños era prácticamente imposible que de una situación así surgiese otra cosa que no fuese tolerancia para con la violencia y una mentalidad pandillera. Pero hay que destacar que también había mucha gente que vivía en esas condiciones de forma pacífica y productiva. Eso es importante.¿Qué le parecía Jamaica a alguien procedente de Andros y Nueva York?Realmente exótica. Una experiencia inusual.¿Aún más inusual que Nueva York? Lo digo porque tú naciste en un pequeño pueblo griego, muy distinto a la Gran Manzana.Me mudé de Andros a Atenas a los 17 años. Dejé esta misma casa. La mesa a la que nos sentamos es la misma que tenía entonces. Fui afortunado, mi padre era un hombre abierto de miras y me aconsejó, sin meterme presión, que me inscribiera en la Escuela de Diseño de Rhode Island, una de las más punteras del mundo.¿Cuándo fue esto?Entre 1964 y 1968. La época del sexo, las drogas y el rock’n’roll. Tras los estudios volví a Grecia, durante la Junta [la Junta de los Coroneles, la dictadura militar—ndt.] para servir en el ejército. Durante ese tiempo me casé con Eugenie. Este año celebramos nuestros 39 de casados. Una vez licenciado del ejército nos fuimos a Minnesota, después cogimos nuestras cosas y nos mudamos a Nueva York. Nos hicimos bohemios. Vivíamos en Tribeca, en un edificio abandonado.¿Cómo te ganabas la vida?Trabajé en varias cosas como autónomo y Eugenie en la industria textil, como diseñadora. Básicamente me mantenía ocupado reparando el edificio y desempeñando distintas labores ocasionales. Trabajaba de fotógrafo cuando la revista New York me encargó un retrato de un joven jamaicano que iba a tocar en el Tropical Cove, un local bastante cutre de Brooklyn. Fui allí y apareció Augustus Pablo tocando una melódica. Me quedé estupefacto. Fue el primer jamaicano al que conocí.“Era el verano de 1977 y estábamos rodando Rockers en St. Ann’s, al norte de Jamaica. Los actores y el equipo cargaron con los aparatos y los suministros a través de las colinas para filmar una escena en un campo de ganja”.¿Qué sabías entonces del reggae?Había oído por casualidad a Bob Marley en 1974, cuando todavía estaba con los Wailers. De camino a Minnesota, Eugene y yo nos detuvimos unos días en Chicago para visitar a una amiga. Una noche dijo, “Vamos a ir a un club en el que hay música interesante”. Actuaba Bob Marley. Hizo un concierto increíble.¿Qué música escuchabas?Muchas cosas. Sobre todo rock y R&B. Mi esposa tenía dos hermanos que tocaban la guitarra. Y mucho blues, por supuesto. Si en mi corazón sólo hubiera espacio para un tipo de música, sería el blues. Todo comenzó de un modo, digamos, extraño, a través de mi pasión por larebetika.La rebetika, esa forma griega de blues.Lo que me pasó con larebetikay el blues me volvió a pasar con la música de Bob Marley. Ya conocía el rocksteady y el ska, pero fue al escuchar a Augustus Pablo cuando me dí cuenta de que había allí algo muy profundo, algo que estaba por encima, más allá de lo que oías. El reggae tenía profundidad musical y una gran variedad de sonidos. Si te fijas en el reggae que se hizo de finales de los 60 a principios de los 70, no creerías que sus autores fueron unos veinteañeros, siempre los mismos, en unos estudios de Kingston. Literalmente los mismos. Ska, rocksteady, reggae, rocker, dub… Todos los géneros emergieron simultáneamente y de manos de un mismo puñado de músicos.¿Siempre eran las mismas personas?La gente que generó el ska también generó el reggae. No eran más que dos o tres baterías, guitarristas y bajistas. La calidad de los cantantes, su habilidad para inspirar a los músicos, era un factor crucial. El sonido estaba ahí; lo único que faltaba eran los pequeños 45 rpms, que tenían que cortarse tan rápidamente como fuese posible—en dos horas, o incluso en media hora—, de manera que los costes se mantuvieran bajo mínimos. Las grabaciones se hacían en estudios rudimentarios, las nuevas canciones se probaban en sesiones de baile al aire libre durante los fines de semana, y los músicos viajaban en furgonetas abarrotadas de amplis y altavoces enormes. Era música de consumo inmediato. Más tarde empezaron a grabar 45 rpms in situ, y a venderlos en unas pocas tiendas y tenderetes. Así funcionaba. También se vendían en Inglaterra. Y en América, en menor cantidad.Inglaterra siempre estuvo más abierta al reggae.Sí, el hecho de que Jamaica hubiera sido colonia británica jugó un papel importante. Por una cuestión de pasaportes y permisos de residencia, para un jamaicano era más fácil entrar en Inglaterra que en Estados Unidos. Y los ingleses habían absorbido el reggae en mayor grado. En esto, grupos como The Specials y The Selecter y sellos como 2 Tone fueron de gran importancia. También creo que el punk le debe mucho al reggae. Compartían la misma actitud. Esta es la razón de que se hicieran tantas versiones punk de temas reggae.¿Era aquella una escena estrictamente local? ¿Estaba confinada en una especie de ghetto?Estaba muy localizada. Podría llamársele ghetto, aunque en realidad no lo fuese. En Jamaica, los ghettos eran barrios de bloques de edificios construidos unos al lado de otros, formándose patios entre ellos. Como Atenas en los años 20 y 30, o como los poblados africanos. En estos barrios se creaban estructuras sociales que funcionaban de forma separada al contexto más amplio, y con esto me refiero al gobierno, la policía, el ejército y el sistema judicial. Los estaciones de radio locales apenas programaban reggae. Ponían música soul y disco, igual que los clubs.“Esta zona, conocida como ‘Idlers’ Rest’ [‘el descanso del ocioso’] estaba a la vuelta de la esquina de la tienda de discos de Randy. Músicos, cantantes y futuros cantantes pasaban allí el rato escuchando los nuevos 45’s mientras esperaban que les llamasen para hacer una sesión”.¿No apoyaban su propia escena?No era su escena, porque nadie estaba haciendo dinero con ella. Los pocos que ganaban algo eran los propietarios desound systems. De hecho, detrás de casi todas las primeras referencias estaban las mismas dos personas: Coxton Dodd (del sello Studio One) y Duke Reid (de Treasure Isle). Las cosas cambiaron cuando el género comenzó a ganar terreno a nivel internacional; a mediados de los 70, el reggae, tal como lo conocíamos, desapareció. Resultaba imposible que las mismas personas estuvieran en tantos grupos. Sólo había músicos para cinco o seis bandas. Bob Marley se llevó consigo a algunos de los mejores. Los demás se marcharon a Nueva York y Londres. A finales de los 70 no quedaba nadie. Podría decirse que todo llegó a su fin con el One Love Peace Concert de 1978.Es interesante que Rockers no preste atención a ingredientes tan jamaicanos como las palmeras y las playas. ¿Por alguna razón?Lo hice a propósito. Mi intención con la película era muy simple: desde el principio pensé en ella como en una canción, y la cuestión no era qué incluir, sino qué dejar fuera. Tenía que escoger. En una película no cabe todo. Cuando mi abuela, que nunca fue al colegio y era una mujer estupenda, siendo yo joven me veía dibujar, decía, “Esto está demasiado recargado” si había puesto demasiados elementos. En este caso intenté mantenerme dentro de un cierto marco de trabajo y no verme a mí mismo como un cineasta sino, en términos más amplios, como un artista.¿Confiabas en que la película sería un éxito?Sentía que el film iba a ser excepcional, pero al mismo tiempo tenía la cabeza puesta en completarlo. Durante el rodaje podía suceder cualquier cosa y todo el proyecto se iría al traste. Algún día un chico podía apretar el gatillo y matar a otro—estamos hablando de Kingston, un sitio en el que 600 chavales fueron asesinados ese año— y eso sería el desastre. Sería el fin. Gran parte de la población moría asesinada, la mayoría de las veces sin motivo aparente.¿Bajo qué circunstancias se daban estos asesinatos?Guerra de bandas, pero es que las pistolas estaban por todas partes. Lo creas o no, la policía no hacía nada por controlar el número de armas en las calles. Llevar una pistola se consideraba algo que molaba, e incluso ciertos políticos se hacían acompañar de un verdadero ejército de tíos armados. El máximo temor lo provocaban los niños de 11 y 12 años. No podía saberse qué harían a continuación, si te pegarían un tiro porque sí. Vivía cada día con miedo de que alguien del equipo, o un actor, fuese asesinado.¿Dirías que la escena hip-hop contemporánea recuerda a aquella?Realmente no. A las personas que vivían allí y hacían música les aterraban las armas. Nadie las utilizaba. No eran idiotas, ¿sabes? Lo que me hace ver como un héroe a Bob Marley es que regresó a Jamaica e intentó ayudar a establecer algo de orden. Por supuesto, no era algo que pudiese hacer él solo, y no todo el mundo estaría de acuerdo. Hubo reacciones muy diferentes por parte de la gente de la calle; aun así, sus esfuerzos para lograr una tregua y que reinara la paz dieron fruto. La violencia cesó durante un año. Después empezó de nuevo, y antes de finales de año los líderes de ambas bandas armadas estaban muertos. Y entonces entró en escena la cocaína.¿Sustituyó a la marihuana?La hierba seguía ahí, pero fue la cocaína la que mató y devastó. Había muchísimo dinero en juego; la gente se volvió agresiva. Se mataban unos a otros. Pero aún era posible encontrar la gente más dulce e interesante, una fábrica de expresiones en un espacio de lo más diminuto. Ahora no estoy hablando de Kingston, sino de las casuchas pobres que se construían arracimadas, más a la manera de las favelas que a la de los ghettos. Era en estos lugares aquí y allá donde vivían los músicos Rasta.¿Quiénes son exactamente los Rasta?Reggae y Rasta van de la mano y se transformaron en una sola cosa. Se convirtieron en la razón de que para cada hombre joven de Kingston fuese posible decir, “Sí, ahora tengo una bandera, tengo una nación, un Dios; y a vosotros, blancos, que os jodan”. Marcus Garvey fue una figura clave en todo esto. Garvey intentó organizar a la población negra y persuadirla de que regresara a África. “El hombre negro no es el hombre blanco; el hombre negro pertenece a África”.“El ya fallecido Richard ‘Dirty Harry’ Hall. Un brillante saxofonista tenor y co-estrella de la película. Esta foto se hizo en 1976 en el patio de Horsemouth en la avenida Maxfield, en el corazón de los ghettos de Kingston”.El racismo era frecuente, pues.Decididamente sí. A mí me dijeron, “Hombre griego, no queremos nada de ti porque nada de lo que nos ofreces es tuyo. Esta es mi vida, y mi vida es negra; con tus atenciones no puedes mejorarla. Quiero ser yo quien cuide de mí, tener el control, y por tanto me iré a África, llena de gente negra, y seré parte ese otro mundo, de esta vida negra”. Existía el racismo incluso entre ellos; entre las personas con piel más oscura y las piel más clara, entre los que tenían estudios y los que no.¿Cómo logró que los músicos interpretaran papeles en su película? Porque, al final, lo que rodó no fue un documental.Viví con ellos más de dos años y me llevó cierto tiempo convencerles. No era algo que se pudiera imponer. Lo interesante de la película es que todo se hizo en orden inverso: primero reuní el reparto, después busqué las localizaciones y por último escribí el guión. Todos se interpretan a sí mismos. Las cosas que dicen son muy simples, incluso el argumento es muy sencillo. Habiendo vivido en la isla cierto tiempo, rodar un documental no me interesaba. Cualquier otro podía hacerlo. Lo que yo quería era hacer una película sobre la música de Jamaica e incluir a todos sus protagonistas a excepción de Bob Marley.¿Por qué no le quiso en su película?Porque ya era una gran estrella y se habría convertido en una película sobre Marley. Le habría hecho sombra a los otros músicos, que eran tan buenos como él o mejores, y eso era algo que yo no deseaba. No tengo nada en contra de Marley pero creo firmemente que Burning Spear era muy, muy grande, y lo mismo va por los demás músicos. Cada uno por distintas razones. Conseguí que todos los buenos músicos tomaran parte y creo que capturé aquella música en su mejor momento.¿Qué recibimiento obtuvo la película?Tremendo, increíble. Se proyectó por primera vez en el festival de cine de Los Angeles, en un cine con un aforo de 800 butacas. Hubo tanta gente que se quedó con ganas de verla que se volvió a proyectar al finalizar el festival. En Cannes se pasó la misma noche queApocalypse Now, de Coppola, y hubo incidentes. Miles de personas, policía a caballo, los antidisturbios. Mucha gente quería entrar en la sala, los tickets se habían agotado y se montó un cristo. Al día siguiente estaba en primera plana de todos los periódicos. A mí me intrigaba lo que pudiera decir la prensa francesa, incluso la conservadora. La primera línea de la crítica enLe Mondedecía “Rockersno es una película, es una obra de arte. Tan buena que cuesta creerlo, y sin embargo es real”.¿A qué atribuyes su éxito?El reggae se había convertido en un género internacional, como la samba, la rumba y la música cubana, yendo incluso un paso más allá, llegando por primera vez a públicos de todas partes del mundo. Después de la proyección, de inmediato, se me empezó a tratar como mercancía interesante. Recibí propuestas de Hollywood, pero mi cabeza ya estaba en otras cosas.¿Te dio dinero la película?Increíble, pero no. Nada de nada. Hubo gente que se forró. Sólo por la música. Se dieron grandes problemas a posteriori, una vez el film ya estuvo hecho.¿Qué pasó?Las cosas se volvieron confusas. Nadie tenía experiencia, ni el productor ni yo. Ninguno había hecho antes algo como aquello, y nadie tenía ni idea de qué hacer. Los músicos pensaron que simplemente se trataba de salir en una pequeña peliculita y no se preocuparon de involucrarse en el proceso.¿El proceso de hacer promoción?La hicieron, pero no sacaron nada de ella. No supieron sacar provecho de su aparición en el film. Por otra parte, aunque hubieran sabido, creo que habrían hecho exactamente lo mismo. Créeme, es ahora, al cabo de 30 años, cuando he empezado a obtener algún dinero de la película. A través de los DVD’s. Tras todos estos años, un cheque me llegó hace poco. Una suma pequeña, muy pequeñax Es algo ridículo. Y tampoco obtuve dinero de la música. Cuando voy a Tower Records en Nueva York y veo pilas y pilas de CD’s, pienso que otra gente se está embolsando lo que es mío. Yo soy el productor de la banda sonora.“En Kingston la hierba era muy floja. Horsemouth lo compensaba fumando enormes cantidades todo el día”.¿Cuánto costó hacer la película?Unos 500.000 dólares. Conocí al productor, un tío joven a quien le había picado el gusanillo de hacer cine; creyó en mí y empezamos a trabajar juntos. Le enseñé parte del material filmado y dijo, “Adelante, haz lo que mejor te parezca”. Me dio el empujón para seguir adelante. Desafortunadamente ya murió.¿Mantuviste el contacto con la gente de la película?La mayoría están muertos. La mitad de ellos, asesinados. A Dirty Harry, por ejemplo, le mataron en Nueva York. Fue dos años a la cárcel, probablemente por una pelea o drogas. No estoy seguro, no quise preguntar. Le mataron a los seis meses de quedar libre. Por el contrario, un amigo al que creía muerto está vivo. Hablamos por teléfono hace poco. Siempre le pregunto, “¿Y tal persona está viva? ¿Tal otra está muerta?” La mayoría dejó Jamaica.¿Hiciste muchos amigos?Estuve allí varios años, tenía que hacer amigos, abrirme a todas las posibilidades. No tenía muchos, pero quería que todo el mundo supiera quién era yo. Hubo una época en la que gente de Jamaica venía a nuestra casa en Nueva York todos los días. Vivíamos cerca de Brooklyn, donde también vivían los jamaicanos, pero quien fuera que se pasase por la ciudad para un concierto, se dejaba caer por casa.¿Respetaban lo que estabas haciendo?Todos piensan que me forré con la película. Bueno, quizá no todos, pero es difícil convencerles de que no obtuve ni un centavo.Si alguien escuchara el título hoy, no pensaría que se trata de un film sobre jamaicanos.El términoRockersfue muy popular durante el punto álgido del reggae. Había surgido un nuevo y sofisticado sonido gracias a los nuevos sistemas de percusión. Sly Dunbar introdujo su propio ritmo, en cierto modo. Más duro. Era una palabra que entonces se oía mucho: “Rockead firme, rockers”. El título lo escogió el productor. El diseño gráfico fue obra mía, al igual que el póster. Lo hice todo yo mismo porque no había nadie más.¿Quién escribió el guión?Yo lo hice.¿Fumabas mucha hierba?Por supuesto.¿Y qué tal era la hierba jamaicana?Espantosa. Incluso peor que la de Nueva York.“Esta foto de Augustus Pablo es anterior al rodaje de Rockers. En noviembre de 1974, Pablo hizo sus primeros conciertos en Estados Unidos. Esta fue su primera noche en el club Tropical Cove, en Brooklyn”.“De nuevo Pablo, esta vez con un ukelele en la ruinas abandonadas de la autopista elevada del West Side de Manhattan, 1975”.“Pablo y sus amigos, con el World Trade Center al fondo”.“En invierno terminamos de filmar y volví a Nueva York. Muchos de los actores de Rockers vinieron a visitarme. Este es Horsemouth en el tejado de mi loft en Tribeca”.

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