Memorias del sótano

Subterranean Kids consiguieron que varias generaciones de punkis se desgañitaran al unísono cantando “Ciudadano ejemplar” así que para este Especial Historia era obligada una charla con dos veteranos de guerra como Mimo y Boliche.

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may. 1 2008, 12:00am


1993. Concierto benéfico para Act Up en la Sala Garatge. Foto de Sergio Sancho.

El año pasado asistimos a la resurrección de una de las bandas más emblemáticas del HC ibérico, Subterranean Kids. Los diez años transcurridos desde su separación les sirvieron de excusa para darse el gustazo de volver a tocar y demostrarse a sí mismos que aún están vivos. En su, más que concierto, megajuerga de retorno en Barcelona, nos dimos cuenta de varias cosas: de que ya no son unos chavales (a ver cómo estamos todos a los 40…), ni tan subterráneos (la sala Apolo no es un casal de jóvenes, precisamente), y también de que les puede más la mala hostia que la nostalgia. Subterranean Kids consiguieron que varias generaciones de punkis se desgañitaran al unísono cantando “Ciudadano ejemplar” y nosotros lo vimos claro: tenían que estar en el escenario Vice del Primavera Sound. Para este Especial Historia era obligada una charla con dos veteranos de guerra como Mimo y Boliche.



Vice: El local de ensayo en el que empezasteis estaba en lo que se conocía como el barrio chino. ¿Qué ambientillo se respiraba ahí?

Mimo (cantante):
Era el sótano de una antigua escuela de danza con dos salas bastante grandes. Antes era el local del otro grupo en el que tocaba nuestro primer guitarrista, Pep, los Sentido Común. También ensayaban ahí los Deportados de Auschwitz. En el otro local había unos rockers, luego unos siniestros y luego los GRB, que se podría decir que fue el primer grupo de hardcore de la Península.

Boliche (batería): Antes tuvimos un proyecto de banda que no llegó a cuajar, Hardcore Rabieta, versioneando temas de Rudimentary Peni, Damned o GBH con Pep y nuestro primer bajista, Tinín. Luego decidimos crear Subterranean Kids, influenciados por las bandas que más escuchábamos (Poison Idea, D.R.I., Septic Death, MDC, Black Flag, Suicidal Tendencies...). La verdad es que llegamos a pasar muchas horas ahí, bajo tierra, compartiendo ideas, risas, cervezas y tocando sin parar. Incluso nos sirvió de albergue improvisado para algunas bandas. Recuerdo un ensayo de Negazione ante al menos 20 punks, casi un concierto en toda regla...

Estábais a pocos metros del Bagdad, la famosa sala de espectáculos porno…

B:
Ya, pero en la Barcelona de los 80 no nos hacía falta pagar para ver un espectáculo, sólo con salir a la calle la diversión estaba garantizada. No estaba todo tan europeizado.

¿Cómo describiríais a la pandilla que os juntábais en ese sótano?

M:
Entonces se conocía todo el mundo. Estaba céntrico, todo el mundo se movía por ahí. A veces nos juntábamos 40-50 personas, prácticamente todos los punkis que había en Barcelona. Cuando íbamos juntos por las Ramblas la gente se apartaba. Había un poco de todo, pero básicamente estaban los que escuchaban Crass e iban del rollo anarco-punk y luego los que tiraban más a Exploited e iban de violentos. Pero en esa época no había tantas etiquetas y subescenas y mierdas de esas. Era todo un revoltijo muy variopinto, caótico y divertido.

B: Los SK rondábamos los 18-20 años, estábamos curtidos en el punk y proveníamos de barrios diferentes. Nos conocíamos de los pocos conciertos punk que había por aquel entonces. Algunos coincidíamos por el Zeleste antiguo o en “el local de las moscas”, otros proveníamos de Gràcia, del Ateneo libertario, de las primeras ocupaciones, del barrio gótico...


1987. Concierto-sardinada en el gaztetxe de Andoain. También tocaron los holandeses God.

Fuisteis de los primeros grupos que salieron a tocar por Europa. ¿Cómo fue aquello?

M:
Básicamente fue posible porque Boliche se carteaba con todo cristo, con un montón de fanzines y gente que había conocido en viajes a Ámsterdam.

B: En el 88 nos lanzamos a la aventura, a Alemania concretamente, para 7 conciertos. Nos los organizó Moses del fanzine ZAP y antiguo colaborador de Trust Magazine, una de las publicaciones alternativas más importantes de la DDR. Para nosotros representó muchísimo salir de una escena tan pequeña y tocar en otro país con mucha más gente, mejores bandas, mejores condiciones, otro trato. Fuimos con un equipo desastroso, una furgoneta que se caía a trozos y que finalmente nos dejó tirados, sin dinero... ¡imagínate!

M: Íbamos para una semana y la cosa se alargó un mes y pico, teníamos que reunir pasta para comprar otra furgo de segunda mano con la que volver a casa.

B: Ya en el primer bolo nos dimos cuenta de que había un nivel más alto, pero también de que les encantaba el hardcore primitivo, rápido y rabioso que hacíamos. Hicimos muchas amistades por Berlín, Hamburgo, Frankfurt, Lubeck... Conocimos a la gente de Jingo de Lunch, So Much Hate, Ewings, Spermbirds, Porno Patrol, Pullermann, HDQ, NoNoYesNo... y a muchos hijos de emigrantes españoles que se asombraban de ver a una banda de aquí.

Por ahí corría también un crío que se llamaba Dave Grohl, ¿verdad?

B:
Sí, en Amsterdam compartimos escenario con unos primerizos Fugazi y unos NOFX en su época Liberal Animation, antes de ser mundialmente famosos. Y entre el público estaba Grohl, de gira con Scream y antes de fichar por Nirvana, que me miraba entusiasmado desde un lateral del escenario.

1986. De arriba a abajo, Mimo, Boliche, Marc y Pep en el local de la calle Nou de la Rambla. La formación que grabó ‘Los Ojos de la Victima’.   1987. Pogo en un concierto de L'Odi Social en la vieja sala Zeleste de la Calle Plateria. Las Dr. Martens que asoman por ahí son de Boliche.   1986. En la Cervecería Smith (aka El Sótano de Cornellá). Diminuto, sin escenario, a reventar. Boliche acabó lanzándose desde el bombo.


Los primeros 90 fue la época más fructífera de la escena hardcore local. ¿Qué concierto simboliza mejor esa época dorada?


B: En esos años se animó mucho el cotarro, sí, había varios conciertos al mes en salas como Garatge y KGB y toda una nueva generación de público y bandas. Había muchas caras nuevas. El concierto que hicimos junto a Fugazi en el Zeleste 2 en 1992 es quizá la mejor muestra.

¿Cómo vivisteis todo el follón y debate ideológico que se armó cuando llegó el movimiento straight edge por aquí y hasta se empezaron a ver tenderetes Hare Krishna...

B:
A lo largo de todos esos años se fueron sumando ideas nuevas de las que uno podía sacar provecho o una base para sacar sus propias conclusiones. Nos impactó—igual que a tí, supongo—y más viviendo en un país tan amante de la carne y el alcohol y tan anclado en el pasado, saber que por medio de la música algunas bandas promovían el vegetarianismo, el no consumir alcohol, los conciertos para todas las edades, y enterarse de que había bandas comunistas, hare krishnas, rastafarianas, pro-vida... No se trata de seguir nada de eso a rajatabla, ni mucho menos, pero eran cosas que te invitaban a reflexionar.

Pero no me digáis que no era un auténtico tostón que en los fanzines siempre hicieran preguntas en plan “¿porros sí o porros no?”, “¿Poison Idea o Minor Threat?”

M:
(Risas) A mí me hicieron varias veces la preguntita de marras. Cada uno es libre de hacer lo que quiera, coño, lo más importantes es que sea honesto y coherente y no vaya imponiendo nada ni dando por culo a los demás. A mí ahora mismo me la suda toda esa “presión política”. Es como alguna gente de casas okupas que, después de haber tocado hasta 6 veces gratis para ellos, nos llamaban peseteros porque hacíamos una gira por “salas comerciales”. ¡Que les den mucho por culo, hombre!

¿Qué os revuelve el estómago ahora que sois cuarentones hasta el punto de querer escupirlo en forma de canción?

M:
La tolerancia que nos venden en lata. Yo no soy tolerante, tío, ahora todo el mundo va de hippie, como esas acampadas de universitarios por el 0,7%, y diciendo que sí a todo. A mí hay un montón de cosas que me molestan y no quiero aguantar mierda de nadie. Las cosas por su nombre. Y si la gente quiere hacer algo, pues que quemen Las Cortes, coño. Todo ese ‘buenismo’ oficial apesta.

¿Cuál ha sido la mayor sorpresa que os habéis llevado en vuestro regreso a los escenarios, a parte de que ahora os pagan?

M:
Sí, eso de que te paguen es la hostia, increíble... (risas). Pues diría que llenar hasta arriba la sala Apolo, que fue como un sueño. Nunca había vivido una experiencia así. Se me caía la lagrimilla, tío. La hostia.

B: Fue como volver a nacer.
 

ENTREVISTA DE TONI L. QUEROL Y SERGIO SANCHO. FOTOS CEDIDAS POR BCORE RECORDS

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