
Joan Fontcuberta: Yo entiendo la imagen como una mercancía virtual. Estamos en una situación de la historia que Vicente Verdú ha llamado el “capitalismo de ficción”, en la que hemos superado un mercado en el que se dirimen objetos y hemos pasado a un mercado en el que se dirimen ficciones, ilusiones, imágenes en definitiva. Hoy vivimos en la imagen, la imagen compone nuestro mundo, universo, iconosfera, la imagen es lo que moldea espíritus, facilita políticas, justifica economías, por lo tanto la imagen se ha convertido en el eje central de nuestra existencia contemporánea. Y así, está aquella sentencia, “ver para creer”, para creer necesitas ver…
Pero… ahí están los espejismos. Vemos espejismos y para nosotros representan una experiencia de lo real absoluto y luego podemos racionalmente dar una explicación: esto que hemos visto era una falsa interpretación, una simulación… La imagen está presente en nuestra conversación, aunque ésta se desarrolle a 6.000 kilómetros de distancia. Internet, vía Skype, nos facilitó la telepresencia, el contacto virtual con Fontcuberta, de misión profesional por México. (¡Viva Internet! Y que a Jaron Lanier, ese gurú jipioso y llorica, le parta una rayo). Hablamos con JF sobre la Red: Para mí internet ha supuesto la última gran revolución cultural, económica y política. La red ha cambiado el mundo en todos los sentidos, ha tenido una influencia abismal. Yo entiendo internet como una duplicación del universo, la noosfera que predicaron Vernadsky y Teilhard de Chardin. Tiene muchos vectores pero el que a mí me pilla más de cerca es que está supliendo el papel que antes habían podido tener las bibliotecas. Si Cervantes escribiera ahora el Quijote su protagonista enloquecería no leyendo novelas de caballería en una biblioteca sino navegando por internet. Nos proporciona esos extravíos, desvaríos, esa locura precisamente por esa amalgama de narraciones, datos, informaciones, que están sin discriminar. Esta falta de discriminación es tal vez la característica fundamental de internet. A mí me da alas, es un territorio adicional.
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La primera impresión que tenemos sobre la fotografía digital y su relación con internet, es que significa una pérdida de la credibilidad histórica del documento fotográfico. La fotografía fotoquímica analógica iba a misa, era una imagen irrefutable, una evidencia. En cambio hoy sabemos que la fotografía digital puede ser intervenida, manipulada, todos los niños con Photoshop se divierten deformando su rostro. Así, ha habido un descrédito de la fotografía en la medida en que el mundo de la tecnología digital e internet han aparecido. Pero sucesos como el horror de Abu Ghraib sólo han podido salir a la luz gracias a la fotografía digital e internet, es decir, por un lado la imagen en su metafísica queda desacreditada, pero en cambio quedan resquicios para que esas imágenes permitan que salgan a la luz, que afloren unas realidades que de otra manera no podrían haber sido conocidas. No se puede hablar de fotografía digital sin citar esa herramienta orwelloide: Photoshop. Toni introdujo en nuestra conversación con el Master una anécdota del todo psicotrónica… Toni L. Querol: Hace años trabajaba al lado de la revista Playboy. Siempre tuve la sensación de que la estrella era el responsable de los retoques con Photoshop. Vi como progresivamente le empujaban a ir más allá y más allá hasta que salió un número especial del 2005 ó 2006 en el que las mujeres eran mutantes. En zonas en las que por pura lógica anatómica tendría que haber algo… ¡no había nada! Lo peor es que a los demás no parecía importarles. ¡Han conseguido que tipos corrientes se pongan cachondos con fotos de mujeres sin coño!
[Risas] Está claro. Más que la tecnología, la cirugía digital permite la construcción de monstruos y esto es algo que en el ámbito artístico muchos autores han estado trabajando. En el último libro que he editado, La cámara de Pandora, hay un capítulo que se titula “El misterio del pezón desaparecido”, y que trata de cómo por arte de birlibirloque a unas actrices se les rellena más el pecho, adelgaza la cintura, se crean cuerpos mutantes siguiendo determinados ideales de belleza que no sé de dónde han salido. Y efectivamente, hay una transformación del cuerpo, una imposición de ciertos cánones y una idea que me parece errónea y perversa que es la obsesión por la perfección, hay una especie de paranoia buscando una perfección que al final nos resulta irreal, fría, distante. Yo comparto lo que tú dices, los cuerpos reales, con algún grano, alguna adiposidad, los cuerpos de verdad… Completos, por lo menos.
En este sentido yo me hago una reflexión: la tecnología digital en lo que se refiere a la imagen nos ha llevado a un exceso de control y a un exceso de perfección, y para mí es una pérdida. Estoy en México preparando unas conferencias y la idea justamente es “por una fotografía sin calidad”, o sea, yo entiendo que la fotografía que hacen los fotógrafos es aburrida, la que hacen los artistas es patética, y la única esperanza es una fotografía sin calidad, una fotografía sin pretensiones, y que en esa espontaneidad, en esa autenticidad, podamos todavía encontrar unos valores que salven del anquilosamiento la estética y los conceptos de la fotografía.
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