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cine español

Desmontamos los argumentos del #BoicotALosGoya

Es hora de desmontar los argumentos sobre las subvenciones, las ayudas y demás mitos alrededor del cine español.

por Jorge Decarlini
06 Febrero 2017, 8:15am

Arriba: Raúl Arévalo recibiendo uno de los premios ganados por su opera prima 'Tarde para la ira'. Fotografía vía Twitter Premios Goya

Ya te han dado el sábado. A ti, que las únicas películas españolas que has visto son las de los ocho apellidos, y te las bajaste solo porque se metían con vascos y catalanes. A ti, que tan chispeante te has mostrado durante el #BoicotALosGoya, bien tuiteando muy fuerte la palabra subvención, bien retuiteando montajes cutres con la cara de los Bardem, Trueba o Wyoming. A ti, que le echas cuenta a medios de comunicación que no saben ni diferenciar entre presentarse a unos premios o estar nominado. A ti, nada menos que a ti, joder. A ti te ha dicho la parienta o el pariente que para la noche del sábado dan mal tiempo y la pasáis en casa de unos amigos. Pero cuando vas a por tu disco duro (pagar es de pringados) para llevar una película en condiciones, te suelta que el plan es ver la gala de los Goya. 

Y te pones frente a la tele. En una mano la cerveza y en la otra, en la derecha, el móvil. Mira que tenías un montón de ingeniosas réplicas preparadas, pero Rovira te mete una bofetada sin mano nada más empezar la gala: va a dedicarle a los políticos el mismo tiempo que ellos dedicaron a la cultura. Ni siquiera hizo mención al demencial IVA que aún se aplica al cine en España: el 21%. Un despropósito si se compara con economías cercanas como la alemana (7%), la portuguesa (13%), la francesa (5%) o la italiana (10%). Los hay más extremos, como Luxemburgo (3%) o, tirando para arriba, Dinamarca, que hasta supera al español. No obstante, la media europea se sitúa en el 12%, casi la mitad de lo que pagamos aquí.

La gala avanza y, como por supuesto no has visto ninguna de las películas nominadas, te aburres. Sale una muchacha cantando algo de gente sin casas, casas sin gente, y preguntas en voz alta que, si tanto le importan los desahuciados, por qué no se lleva algunos a vivir con ella a su palacio. Nadie entra al trapo, te ha tocado un público duro. Te centras en la cerveza y en Twitter. Ahí sí que saben apreciar tus pullas. Has dado con una bella comunidad de gente con lemas muy patrióticos, que defiende lo español por encima de todo, en cualquier ámbito… excepto en el cine, que les provoca ardores. A todos se os hincha la vena al ver tamaño desfile de rojos en Televisión Española. Todo pagado con vuestros impuestos, encima.
De repente, aparece un tipo acompañando a una mujer deshidratada que habla como Michael Robinson. En mitad del discurso, el tal Barroso suelta: "no somos un sector que vive del estado. Somos un sector que genera riqueza para el estado". Y ahí ya te da el telele. Te entran convulsiones, te incorporas, arrugas la lata con la mano, te partes la camisa y gritas: SUBVENCIÓN. Escribes siete tuits con la palabra SUBVENCIÓN. Qué coño, hasta te cambias el nombre de tu perfil por SUBVENCIÓN. Sales del salón berreando en busca de un tatuador de guardia que te grabe las diez letras de SUBVENCIÓN en tu pecho. Reparas en que eso no existe en tu pueblo, regresas y agarras por los hombros a alguien. Tan cerca que vuestras frentes casi se rozan. Desesperado, exhausto, justo antes de que se te escape una lágrima, musitas… SUBVENCIÓN. 

¿Cuál es el problema? Que por más que ese discurso haya calado en un sector de la población, a la gente con dos dedos de frente no le interesa. Y tú, azote de los titiriteros cineastas que representan el marxismo cultural, no entiendes el motivo. Pues mira que es sencillo. Resulta que eso de que el cine español vive de la subvención estatal, al igual que otros tópicos rancios que tanto repites, es mentira. Y vamos a demostrártelo.

España es el único país que subvenciona el cine

Primer error. Ya no es que los demás también lo hagan, sino que gastan muchísimo más dinero. En este ejercicio, España va a destinar 74 millones de euros, y eso para afrontar lo correspondiente a dos años. Es decir, se sigue la tónica reciente de solo 30-50 millones anuales para ayudar a absolutamente todas las películas que se producen. Una ridiculez si se compara, por ejemplo, con Alemania, cuyas ayudas suelen multiplicar por diez esas cifras, hasta los 360 millones. En Italia, tras una reunión del primer ministro con prestigioso cineastas (Sorrentino, Benigni, Tornatore y Bertolucci, nada menos), se incrementó un 60% el presupuesto para producir películas italianas, estipulando que bajo ningún concepto la cantidad anual será inferior a 400 millones. 

Por no hablar, claro está, de Francia. La comparación es tan odiosa que dan ganas de mandar allí a todos los enterados patrios. La industria cinematográfica vecina factura más que la automovilística. Palabras mayores. Los franceses destinan a su cine más de 700 millones de euros. Un dinero que sale parcialmente de la tasa Robin Hood, que recauda el 11% del precio de cada entrada (también de películas estadounidenses), para el fondo público de producción francesa. 

Allí, al que se dedica al cine se le respeta y se le cuida. Cuestión de educación. También se ayuda fiscalmente a los trabajadores más vulnerables de la industria, se baja el precio para los menores de 14 años y existen bonos mensuales para ver todas las películas que quieras por apenas 20 euros.

Las películas americanas, las buenas de verdad, no se subvencionan

Otra mentira, de esas que Risto (el referente de muchos de los que repiten estos tópicos) tiene los huevazos de soltarle en una entrevista a Álex de la Iglesia, que el pobre se quedó picueto. La cosa es que las producciones estadounidenses reciben numerosas desgravaciones e incentivos. Tanto, que los estados han emprendido una especie de carrera loca por ver quién es el que más favorece los rodajes. Por ejemplo, una película de 100 millones de presupuesto rodada en Nueva York, que aplica el 30%, tiene una desgravación fiscal de 30 millones. 'El lobo de Wall Street', sin ir más lejos. Es decir, que ese estado benefició a los productores de la cinta de Scorsese con el mismo dinero que España gasta para ayudar a todas sus películas durante un año. Y quien dice Nueva York dice Illinois, Oklahoma, o Kentucky.

Nadie ve películas españolas, pero se hacen ricos por las subvenciones

2016 se cerró con 100 millones de euros de taquilla para las películas españolas, con una cuota de pantalla del 20%. Basta una sencilla operación matemática para darse cuenta de que sólo con el IVA de las películas nacionales ya se paga casi la mitad de las ayudas al cine español. Por no hablar del IRPF o de los varios miles de puestos directos de trabajo creados. Resulta que el estado no subvenciona al cine, más bien al contrario; el cine ha terminado subvencionando al estado. Y es que cada euro público invertido retorna varias veces a las arcas estatales.
Sobre la idea de que los productores españoles se han hecho ricos gracias a nuestros impuestos, basta el ejemplo paradigmático de Beatriz Bodegas, productora de la triunfadora del sábado, la maravillosa 'Tarde para la ira'. La ganadora al Goya a mejor película asegura que tuvo que hipotecarse para sacar adelante la película, y que aún no ha recuperado ni un euro de la inversión.

El resto de cosas no se subvencionan

De nuevo, error. Prácticamente todos los sectores reciben subvenciones, y casi todas más cuantiosas que las del cine. También, cómo no, los partidos políticos. Solo lo percibido por los cuatro grandes supera ampliamente la ayuda a la producción cinematográfica. Las empresas automovilísticas (basta una para multiplicar varias veces lo recibido por todo el cine español junto), la agricultura, los sindicatos, la patronal, las federaciones deportivas, la ayuda al desarrollo, los medios de comunicación… cualquier cosa que se te ocurra. Y, ojo, nadie dice que esté mal que así sea. Simplemente, no tienen detrás un ejército de tarados clamando incongruencias.

El cine español está muy politizado

Ésta no guarda relación con el aspecto económico, pero no deja de ser el único motivo por el que se intentan esgrimir los tópicos anteriores. Se dice que los actores deben limitarse a actuar, igual que los cantantes a cantar y los futbolistas a pegarle patadas al balón. Lo curioso es que luego les encanta el cine norteamericano y envidian el patriotismo de sus ciudadanos. Curiosamente, en Estados Unidos las celebridades se posicionan a diario en la actualidad política, desde actores multipremiados a jugadores de la NBA. Y si, son todos millonarios, pero no debe de ser muy complicado entender que igual que puedes rechazar el racismo o la homofobia sin ser negro u homosexual, puedes posicionarte contra las desigualdades sociales siendo rico. Precisamente, porque tu fama permite que el foco mediático se detenga en ti, algo que al resto de la población no le sucede.

Pues eso, en España, está mal visto. La educación democrática es tan escasa que el personal no tolera que salga alguien expresándose de forma contraria a la suya. Porque, no nos engañemos, lo que les molesta no es mezclar cine o fútbol con política. Molesta únicamente si no coincide con lo que ellos votan. Más que libertad de expresión, lo que quieren es un masaje continuado a sus ideas.

Nótese que no se ha utilizado un razonamiento que debería ser incontestable: el cine se subvenciona porque es cultura. Ni siquiera se apela, por lo subjetivo, a la calidad de muchas de las películas. Y no ha sido necesario recurrir a eso porque desde el punto de vista económico ya está justificada la inversión. Por tanto, aspirante a fiscalizador del reparto de las ayudas estatales, reconócelo ya. Quejarte por las que recibe el cine español, tal y como está el patio, equivale a gritar por una picadura de mosquito pero callar tras una patada en los huevos. Simplemente esa gente no te cae bien, no te gustan. Y eso no tiene nada de malo, faltaría más. Nadie va a obligarte a ir al cine. Nos conformamos con que dejes de querer racionalizar esa lícita animadversión con pseudoargumentos caducos. O lo que es lo mismo, nos conformamos con que dejes de dar la tabarra.

@j_decarlini