Porno

El porno está destruyendo penes y mi trabajo

¿Cómo se supone que voy a lograr estimular a estos tipos?
21.2.17

Este artículo se publicó originalmente en Tonic, nuestra plataforma de salud. 

Solían ser únicamente los viejos. O no se les paraba, o no lo podían mantener parado, o sólo se les paraba y se mantenían ahí pero sólo podían tener un orgasmo si los tocaba de una manera súper especifica, con los dedos encimados de alguna forma, o con mi muñeca inclinada, o con la cantidad adecuada de velocidad y fuerza, haciéndolo más rápido y más fuerte, más rápido y más fuerte hasta que por fin se venían.

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¡Uf!

Probablemente debería explicar que soy una sanadora tántrica, lo que significa que mi trabajo es tocar penes. Sin duda no es lo único que hago, como una sacerdotisa ordenada es mi deber apoyar a los hombres a cultivar la relación sagrada y consciente con su auténtica expresión sexual, y con la Femenina Divina misma. Sin embargo, para nuestras intenciones y propósitos, todo lo que realmente necesitas saber es que toco muchos penes.

En cuanto a los problemas geriátricos del pene: esto tenía mucho sentido. Estos tipos llevaban mucho tiempo en el planeta, ya se habían acostumbrado a masturbarse de una forma en especifico, y probablemente se enfrentaban a muchos problemas degenerativos que fácilmente se podrían convertir en una disfunción eréctil. Pero ahora, son los jóvenes los que están teniendo problemas para conseguir una erección, para mantenerla y para llegar al orgasmo. Parece que fue de la noche a la mañana, pero en los últimos años, la cantidad de chavos de veintitantos que sufren de disfunción eréctil se ha disparado.

"¿Qué tanto ves porno?" Les pregunto, de la manera más sutil posible, mientras que los clientes Millennials traen un letrero en la frente que dice: "muy seguido".

Los Millennials son la primera generación de humanos que crecieron con el internet, y por lo tanto la primera ola de adolescentes en forjar su pubertad con acceso a la pornografía en internet las 24 horas del día. Y considerando que en los días de antaño, los adolescentes curiosos que buscaban material para masturbarse dependían totalmente del escote de su nana, o de las Playboys de sus papás (en las cuales abundaban los pelos púbicos y las tomas de entrepiernas abiertas eran impensables), los niños de estos días usan conexiones a internet de alta velocidad para darle click a la infinidad de páginas donde pueden encontrar todo el porno que quieran.

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Por maravilloso que parezca, masturbarse viendo porno tiene sus desventajas.

"Ver porno"(en otras palabras masturbarse viendo porno) inunda nuestro cerebro con dopamina, la hormona adictiva que te hace sentir bien y que desencadena sentimientos de placer. Cuando sobre estimulamos los centros de placer del cerebro, adormecemos las respuestas que estamos tratando de conseguir. Esto significa que entre mas porno veamos, menos placer obtenemos de la experiencia, eso nos lleva así a intensificar nuestros esfuerzos en la búsqueda de placer, por lo tanto buscamos estimulaciones mas explícitas, pasamos más tiempo con dicho estimulo y nos tocamos más fuerte y más rápido por periodos de tiempo más prolongados. Esto sólo nos lleva a más desensibilización y es mucho más perjudicial.

Un grupo de científicos de la Universidad de Cambridge usaron resonancias magnéticas para rastrear las áreas del cerebro que se estimulan con la pornografía de ambos "voluntarios saludables" y personas que se consideran adictas. Según la líder de la investigación Valerie Voon, los resultados mostraron que el uso prolongado de porno altera los centros de placer del cerebro, lo mismos que generan la dopamina. De ese modo, los centros de placer se vuelven más "tolerantes" a los estímulos eróticos explícitos, haciendo que los adictos dependan de una estimulación mayor y más desviada para provocar la ahora distorsionada liberación de dopamina.

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"¿Y eso qué?" Pregunta un tipo que ve YouPorn. "Todavía puedo me puedo venir. Además es un buen cardio ¿no?"

Mmm, no tanto. El problema es que el punto de masturbarse es estimular los nervios que nos hacen sentir bien. Excepto cuando lo hacemos en exceso, en realidad reducimos la receptividad de esos nervios, por lo tanto nuestra banda ancha para cualquier tipo de placer sexual cada vez se vuelva más estrecha. Y estoy hablando del travesti que está en mi mesa de masaje, hombres jóvenes y sanos que deberían estar sacándole provecho a su sexualidad, pero en lugar de eso tienen un acceso limitado a los miles de nervios comatosos en sus pitos semifuncionales que tienen que estimular y apretar y machacar contra mis caricias suaves e intencionales para sentir aunque sea el más leve cosquilleo de excitación.

"¿Qué tiene de malo estimular, apretar y machacar?" Preguntan. Bueno, estas son las acciones que hablan de los descubrimientos de Voon, que afirman que los sujetos adictos a la pornografía "tenían mayores impedimentos para la excitación sexual y dificultades eréctiles" que los "voluntarios saludables" a los que nos referimos anteriormente. Estimular, apretar y machacar todos son indicativos de la desensibilización y de los intentos desesperados de mis clientes de generar algo de excitación de la vida real, porque -como ya hemos determinado- se han vuelto tolerantes a las sensaciones sutiles y ahora exigen la estimulación exagerada para sentir aunque sea un poco, y ni hablemos de conseguir un orgasmo.

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Toma como ejemplo el tipo que no es adicto al porno: está acostado en mi mesa, con los ojos cerrados, extasiado mientras lo masajeo llevándolo a estados cada vez más profundos de relajación y receptividad. Froto mis dedos por los lados de su cadera, se le eriza la piel. Dejo mi mano en su hueso sacro, y gentilmente toco su línea del trasero con mis dedos. Le acaricio las ingles, se le contrae el escroto. Todos los sistemas van notando que todo está funcionando como debe ser. A medida que las sensaciones se intensifican, el tipo no se aprieta, no se masturba. Se relaja, y permite que la excitación le llegue cuando él quiera ya que el éxtasis no se puede forzar o fingir. Sin embargo, el cliente adicto al porno, tendrá poca o ninguna respuesta a cualquiera de las pruebas que empleo para darme cuenta de su capacidad de respuesta. No experimenta la piel de gallina, o contracción del escroto, porque no puede sentir sensaciones a menos que sean fuertes y exageradas, y probablemente que vayan acompañadas de algunos visuales bastante subidos de tono.

"¿Te puedes quitar la ropa?" pregunta el cliente medio adicto al porno.

Ver porno tan agresivo le enseña al cerebro a relacionar las imagines explícitas con la estimulación sexual, de tal manera que los adictos necesitan visuales eróticos para prenderse. Pero una erección no siempre va a lograr que una mujer se desnude y se abra. La solución no es ver más porno. Por supuesto, los hombres son criaturas visuales. Aún así, una sexualidad sana permite que uno pueda acceder a su activación a través de una amplia gama de estímulos y no depender de ninguna experiencia sensorial auxiliar para mantener la excitación. Lo que significa que, claro, es bueno tener algo húmedo y rosado que ver mientras hay estimulación sexual, pero si no podemos venirnos sin las imágenes, si no podemos conectar con nuestra experiencia de sentimiento interno mientras nos estimulan, entonces tenemos que examinar nuestro comportamiento sexual, y cambiarlo.

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Yo le contesto: "¿Por qué no cierras los ojos y te concentras en las sensaciones de tu cuerpo?".

Una cosa es estar entumecido e inalcanzable en la mesa de masaje de Tantrika. Y otra muy distinta cuando estás entrelazada en los brazos de tu amante, y ella quiere compartir una experiencia erótica de conexión, mutuamente satisfactoria, pero todo lo que puedes hacer es penetrar y penetrar mientras aprietas los ojos y tus regiones inferiores, tratando de pensar en cualquier cosa que te prenda. Porque esto es otro inconveniente de la adicción a la pornografía: hace que las necesidades y deseos de tu pareja y la humanidad sean irrelevantes, porque el adicto al porno está acostumbrado a las "mujeres" pixeleadas, que son mucho más fáciles que las de la vida real con sus emociones, y sus períodos, y sus clítoris.

"Prefiero verte porque para ser honesto, me molesta tener que estimular a mi pareja", admitió un cliente de 27 años.

"Podrías bajarle a la cantidad de porno que ves", le sugerí, porque por mucho que aprecie el cumplido, se me hace asqueroso intimar con una persona a la que le molesta darle placer a su novia.

Me disculpo si soné muy grosera, pero no puedo soportar eso. El porno es una industria de miles de millones que no va a desaparecer pronto o tal vez nunca. Y, por mucho que induzca a mis clientes a bajarle al porno y a masturbarse con sus manos no dominantes, y a aprender a amar complaciendo a sus parejas, temo que mis esfuerzos sean en vano. Y por eso es que estoy haciendo esto aparte, mientras hago todo lo posible para pintar un cuadro honesto de la triste realidad que está robándole las erecciones a nuestros hombres, así como su placer, y su capacidad de conectar, mientras te imploro que por favor dejes PornHub y averigües una nueva práctica de autoerotismo que no tiene absolutamente nada que ver con el Internet, o con masturbarte en exceso.