Qué pasaría si hubiera una guerra entre Rusia y Europa
Photo by Alexander Zemlianichenko, courtesy of Press Association Images

Qué pasaría si hubiera una guerra entre Rusia y Europa

Una guía que hipotetiza sobre un horror inimaginable.

En la actualidad, Europa occidental —un territorio históricamente muy dado a la guerra— está disfrutando de una era de estabilidad sin precedentes. Con la salvedad de ocasionales revueltas regionales y civiles, el continente se ha mantenido en paz durante 73 años. Una época dorada, podríamos decir.

Pero la paz no es eterna. Pese a ello, todavía hay gente que cree que los países de Europa no puede volver a enzarzarse en un conflicto como borrachos a la salida de un bar. Hubo gente que soñó con algo similar durante el Concierto europeo de mediados del siglo XIX y también durante las cuatro décadas de calma que siguieron al conflicto franco-prusiano, en 1870-1871. Y en cambio, ese segundo periodo desembocó en la Primera Guerra Mundial. Por tanto, se equivocaron en su apreciación.

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Y esto nos lleva a la cuestión de si no nos habremos vuelto a equivocar y nos negamos a ver la inminencia de un conflicto masivo en pleno siglo XIX.


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Hay gente que cree que sí. Incluso hay expertos en seguridad que investigan supuestos en los que una Rusia mucho más potente por un lado, y los aliados europeos de la OTAN por otro pasan de las tensiones diplomáticas a las manos. Aunque señalan que algo así es improbable, si algo nos han enseñado los acontecimientos mundiales más recientes es que improbable no significa imposible. De hecho, la guerra podría estallar si se dan tres condiciones terroríficamente sencillas:

Una: Donald Trump cumple sus amenazas y saca a los EUA de la OTAN. Dos: un Vladimir Putin envalentonado decide invadir los estados bálticos —Lituania, Letonia y Estonia— que durante tanto tiempo ha considerado que deberían formar parte de Rusia. Tres: puesto que los mencionados estados son miembros de la OTAN desde 2004, el resto de la alianza —Reino Unido, Alemania, Francia, etc.— van en su ayuda.

La alianza tiene cerca de 10.000 tropas en países fronterizos con Rusia y es dada a hacer ostentosas maniobras militares

¿El resultado? “Hiroshimas y Nagasakis por todas partes”, opinaba el legislador ruso Vladimir Zhirinovsky el año pasado, durante una conversación sobre esta hipótesis.

Pero ¿realmente podría producirse un enfrentamiento entre Rusia y Europa? Y en caso afirmativo, ¿cómo se saldaría? Pues, según Keir Giles, del laboratorio de ideas británico Chatham House, “las noticias no son muy alentadoras”.

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1. Las tensiones aumentan

Siempre ha habido tensiones entre Rusia y Europa, aunque la situación actual hace pensar en lo peor.

Por una parte, Rusia ha estado llevando a cabo pruebas nucleares para 40 millones de ciudadanos, enviando submarinos a aguas territoriales de otros países y realizando amagos de misiones de bombardeo en los límites del espacio aéreo británico. Y tomar por la fuerza y anexionarse parte de otro país (Crimea) tampoco contribuye a dar una imagen de buen vecino.

Por su parte, la OTAN no es del todo reacia a precipitar las cosas. La alianza tiene cerca de 10.000 tropas en países fronterizos con Rusia y es dada a hacer ostentosas maniobras militares en las que los enemigos reciben el explícito nombre de “los rojos”.

2. El punto de ignición

No hay que ser anti-Rusia para afirmar que la administración actual le tiene ganas a los países bálticos.

Y es que Putin cree que estos ex estados soviéticos nunca debían haberse independizado porque tienen una considerable población rusa y puertos de gran interés estratégico. No le hace nada de gracia que pertenezcan a la OTAN, ya que ve esta alianza —no sin razón— como una forma de estrechar el cerco a Rusia.

“Putin cree que la seguridad de Rusia pasa por tener el control de los estados bálticos"

“Si presionas un muelle”, advirtió en 2004, “al final acaba saltando”. Y ahora que los EUA ya no están, el muelle puede saltar en cualquier momento.

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“Ocuparían los estados bálticos más o menos de forma inmediata”, señala Giles, que también es director del Centro de Investigación y Estudio de Conflictos de Oxfordshire. “Putin cree que la seguridad de Rusia pasa por tener el control de los estados bálticos. Pero hay que mirar más allá. No es fácil delimitar las ambiciones de Rusia en cuanto a dónde deben establecerse esas fronteras, aunque sin duda hablamos también de incluir a Polonia y Finlandia”.

3. Cae internet y suenan los disparos

Un estudio de 2015 realizado por RAND Corporation concluyó que a Rusia le bastarían 60 horas para controlar Lituania, Letonia y Estonia.

Sin embargo, Giles señala que, de ocurrir, lo sabríamos con antelación. “Habría un considerable aumento de la atención de la diplomacia y los medios rusos sobre temas que podrían hacer entrever que se prepara una intervención armada”, explica.

Bajo algún pretexto como el de una misión de paz, miles de tropas se reunirían en la frontera. Los días previos ala incursión, el acceso a internet del objetivo se bloquearía o interferiría por soldados especialistas en telecomunicaciones. Se intervendría el suministro de energía y los cajeros automáticos dejarían de poder usarse. Se bloquearían también la señal de móvil y televisión.

“No sabemos exactamente cómo se produciría una anexión, pero no hay duda de que Rusia está ensayando esta situación”

Tal vez incluso se enviarían mensajes personalizados a las autoridades, el ejército y la ciudadanía del país objetivo para generar confusión y pánico. En algunos casos, estos mensajes podrían aparecer como enviados por alguien de la agenda del destinatario.

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“Si se dan las circunstancias adecuadas, esto podría ser suficiente”, explica Giles. “No haría falta llevar tanques a través de la frontera. Podrían organizar un golpe solo con presencia militar. La desinformación y el desorden civil podrían provocar un cambio de régimen encabezado por un gobierno moscovita. Eso cumpliría los objetivos económicos y de seguridad de Rusia”.

¿Y si no se produjera ningún cambio de régimen?

Piensa en la guerra híbrida: todo lo anterior combinado con un repentino movimiento de tropas. “No sabemos exactamente cómo se produciría una anexión, pero no hay duda de que Rusia está ensayando esta situación”, explica Giles. “Lo que sí sabemos es que se haría con rapidez”.

4. OTAN: Luchar o morir

Cuando la diplomacia fallara, lo cierto es que una OTAN sin EUA no tendría la capacidad armamentística de ganar una guerra contra Rusia.

Por ahora ignoraremos las armas nucleares y seguiremos con la guerra convencional. Rusia tiene más soldados (solo con los reservistas suman 2,5 millones) y equipo. Como país, su cadena de mando está mucho más optimizada. Sus soldados están curtidos en los conflictos de Siria y Ucrania. Tras una década gastando más de 30.000 millones de euros en mejoras militares, su armamento también es superior.

También cabría la posibilidad de que algunos miembros de la OTAN se retiraran. En concreto, Turquía, dada la relación entre Putin y el presidente Recep Erdoğan. Eso supondría perder unos 600.000 hombres, el mayor contingente después del de EUA.

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Si ningún bando se rindiera, grandes extensiones de Europa quedarían reducidas a escombros y el número de bajas sería inimaginable

Consecuencia de todo ello, la OTAN se enfrentaría a dilema existencial: luchar y probablemente perder o resignarse a perder a los estados del Báltico.

O, como sugiere Ian Shield, profesor adjunto de Relaciones Internacionales de la Anglia Ruskin University: “Deberían elegir entre echarse atrás —lo que provocaría casi seguro la desintegración de la OTAN y, por extensión, de todo el orden europeo— o participar en una guerra catastrófica con armas nucleares incluidas”.

Muy chungo, vamos.

5. Guerra por tierra

Sigamos especulando, y pongamos que la OTAN decide enfrentarse a Rusia. ¿Cómo se resolvería este conflicto?

Según Shields, no muy bien para ninguno de los dos bandos: “Habría aniquilación en cualquier campo de batalla, aunque estos campos de batalla no se parecerían a nada que hubiéramos visto. Los misiles y la artillería tienen mucho más alcance y precisión que antes, por lo que podrían destruirse puestos enemigos, infraestructuras e incluso ciudades enteras desde territorio amigo. Habría menos batallas individuales y más capacidad de destrucción. Si ningún bando se rindiera, grandes extensiones de Europa quedarían reducidas a escombros y el número de bajas sería inimaginable”.

La OTAN podría eliminar todas las estructuras del interior de Rusia y aun así Moscú quedaría intacta

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Ambos bandos lucharían por el control de los mares que rodean Escandinavia. Mientras, los ciberataques podrían acabar con la infraestructura de transporte, hospitales, medios de comunicación e instalaciones.

La principal ventaja de Rusia en medio de esta masacre sería doble. En primer lugar, puesto que dispone de más armas y ejército, podría seguir causando estragos durante más tiempo. En segundo lugar, la inmensa extensión del país le permitiría resistir mejor la devastación: la OTAN podría eliminar todas las estructuras del interior del país y aun así Moscú quedaría intacta.

6. Armas nucleares

Como sabe cualquiera que haya estudiado un poco de historia, no importa que tengas 7.000 armas nucleares (como Rusia) o 200 (Gran Bretaña y Francia): su capacidad destructiva lo equilibra todo. Lo que se suele pensar es que presionar el botón rojo implica DMA: destrucción mutua asegurada. Si un bando empieza a lanzar cabezas nucleares, el otro responderá del mismo modo y ambos quedarán eliminados, ¿verdad? Pues no.

“Rusia tiene algo en su arsenal nuclear que Occidente no tiene: armas nucleares tácticas”, señala Giles. “No son armas que borran ciudades enteras del mapa, sino capaces de destruir campos de batalla o barrios. Occidente tenía este tipo de armas pero se deshizo de ellas, por lo que su única réplica a un ataque nuclear táctico sería un ataque nuclear a gran escala, lo cual significaría una autoderrota, porque también afectaría a Occidente”.

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En cualquier caso, si se llegara a la guerra nuclear, todo sería impredecible: se eliminarían ciudades y millones de personas morirían. A estas alturas, hasta los estrategas más avezados prefieren no seguir hipotetizando.

7. Que no decaiga el ánimo

La salida de EUA de la OTAN supondría el Armagedón, pero la buena noticia es que es cada vez más improbable que Trump le dé la espalda a la alianza.

La razón es que pertenecer a la OTAN no solo es una garantía de seguridad para EUA, sino que le aporta ventajas políticas y económicas. Le da a Washington influencia sobre Europa y supone la protección de un extenso y próspero continente que —esto es importante— gasta gran parte de su riqueza en empresas estadounidenses.

Dicho esto, no está de más recordar que la paz muchas veces pende de un hilo, así que sal más por ahí y disfruta de la vida.

@colin_drury

Este artículo apareció originalmente en VICE UK.