¿quieres ser totto wolf?

Motorsport Manager demuestra hasta qué punto correr no solo consiste en conducir

¿Te pensabas que correr en Fórmula 1 consistía solo en pisar el acelerador? Este videojuego te descubre qué se siente al estar en la piel de un jefe de escudería.

por Leif Johnson
09 Diciembre 2016, 9:15am

Imagen vía SEGA

Sigue a VICE Sports en Facebook para descubrir qué hay más allá del juego:

A menudo el automovilismo es un videojuego solitario, ya sea en la forma de la perspectiva en primera persona de un juego como el Asseto Corsa, o en las descacharrantes carreras del Super Mario Kart. A veces, tales juegos se burlan de la realidad con menús que permiten a los jugadores elegir entre muchos coches distintos, la forma del salpicadero y de los diferenciales, pero en cambio pasan de las complicaciones de la estrategia y la mecánica.

Motosport Manager es un juego de simulación de carreras para PC, Mac y Linux en el que tu eres el responsable de una escudería de Fórmula 1. Aquí la atención no se concentra en el pilotaje, sino que se fija en la preparación general de una carrera, algo que se logra con mucha precisión.

Más motor: Presión extrema y adicción, así vive un ingeniero de Fórmula 1

Para cualquiera que no esté familiarizado con las carreras, puede resultar abrumador comprobar hasta qué punto suceden otras muchas cosas además del pilotaje. No solo se trata del coche y de sus accesorios —a pesar de que eso también está—, sino que se trata de cerrar tratos con patrocinadores y finalizar la carrera en una posición lo suficientemente destacada como para cobrar por ello. Se trata de aprender a ajustar los presupuestos, y de saber lidiar con los egos de los pilotos. También consiste en contratar a equipos de personas enteros, en mandar emails y en desear que no te caiga una inspección cuando no estás preparado para recibirla; es decir, después de haber corrido con alguna clase de componente ilegal.

Imagen vía SEGA

El juego es muy completo, aunque puede resultar desalentador. La experiencia arranca con un tutorial que parece diseñado para recordarte que no tienes ni puta idea de cómo funciona la Fórmula 1, antes de arrojarte al ruedo. En mi primera carrera una tormenta de agua me condenó a contemplar como mis dos pilotos naufragaban en la cola de la carrera. Y eso aun cuando el tutorial me había ayudado a desentrañar los cálculos relativos al pronóstico meteorológico, y qué tipo de gomas utilizar para cada trazado.

Los videojuegos tienden a enfatizar las victorias, claro que aquí parecía que todas mis decisiones como jefe de escudería habían sido diseñadas para subrayar las ingentes cantidades de pasta que puedes perder en cada carrera, especialmente después de que uno de mis pilotos es incapaz de rebasar la quinta plaza y uno de mis patrocinadores retira un bono 250 000 dólares con el que contaba. Y por si fuera poco, los pilotos me ponen a caldo por mi incompetencia a la hora de comunicarme con ellos por radio. Hay pocos juegos que enfaticen tan bien lo importantes que son las pequeñas victorias fuera de la pista para seguir dirigiendo un producto rentable, ni en subrayar lo devastadoras que pueden llegar a ser las derrotas.

Y ello, tal y como parece susurrarte la primera lección, es en lo que consiste una carrera realmente. Es una forma extraña de arrancar el juego, pero es muy eficaz porque hasta que no has pasado por esa dura prueba, desconoces hasta qué punto existen infinidad de motivos para explicar tu éxito. O tu fracaso. De tal forma, aquí correr es algo que se parece más a una partida de ajedrez. Antes de cada carrera pasan varios días, lo que te permite hacer pruebas, domesticar los egos de tus pilotos, contratar a diseñadores para la puesta a punto del coche y ganarte al presidente de la escudería para que no me despida por mi ineptitud.

Yo siempre había sospechado que todo esto sucedía entre bambalinas, pero verlo desplegado de manera tan contundente transformará, sin lugar a dudas, mi próxima visita a un circuito, con una noción del dramatismo que envuelve cualquier carrera, que jamás había experimentado.

Pese a todo, lo más importante es que lo he pillado. Todavía no estoy en disposición de decir que soy bueno jugando al Motorsport Manager, pero lo cierto es que en Playsport Games han conseguido diseñar un menú plagado de botones y de menús de una claridad suficiente como para que un novato como yo sienta que ya tiene un grado de experiencia. Mi evolución progresó hasta el punto de hacerme creer que los errores eran, en realidad, culpa mía, y no de una perversa fuente de inteligencia artificial. Y eso siempre ayuda.

Imagen vía SEGA

Motorsport Manager arrancó como un juego para plataforma iOS y Android, y a pesar de toda su sofisticación, está apuntalado sobre un menú de una sencillez proverbial. En realidad, lo más irritante es que no puedes guardar los cambios de tu puesta a punto, lo cual te obliga a pillar papel y boli y a anotar los nombres de los pilotos o los neumáticos que han funcionado en cada superficie. Claro que más allá de eso, sus virtudes eclipsan a sus defectos.

Por desgracia, la ausencia de ningún material licenciado le resta el realismo de un Football Manager, la otra gran cumbre de SEGA donde puedes jugar con grandes equipos como la Juve o el Manchester United. Así que aquí los grandes patrocinadores no son Mobil o Coca-Cola; sino que son Shimizu y, también, Football Manager.

Yo deseaba que las pantallas me ayudaran a desentrañar las dificultades y las virtudes de los trazados reales de la Fórmula 1, como el Silverstone de Hamilton o el Hockenheim de Vettel, sin embargo, en Motorsport Manager los pilotos se llaman Dieter Wexler y Niilo Saarinen. Igual es lo mejor, puesto que así te concentras en todo lo demás: artículos de prensa, emails, las reacciones de los aficionados y hasta los escándalos derivados de las descalificaciones y las susceptibilidades.

Según nos enseña Motorsport Manager, correr es realmente duro. Y eso aún cuando algunas de las partes más irritantes y tediosas de la preparación de las carreras nos han sido generosamente ahorradas. Claro que nadie te libra de tener que hacer malabarismos y diseñar sendas estrategias para sendos coches, además de tener que atender a las preocupaciones y demandas de cada piloto. Claro que cuando finamente consigues que todo funcione, la recompensa es enorme.

Sigue al autor en Twitter: @leifjohnson