La próxima vez que corras cambia tu bebida isotónica por una cerveza

Beber cerveza y hacer deporte no es algo incompatible, y correr una maratón para abrirse una mediana al finalizar es una excelente receta para la salud y la felicidad.
24.10.16
Foto de Rasmus Malmstrøm

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Has corrido 20 kilómetros bajo una lluvia torrencial. Tus músculos están a un calambre de la epilepsia y el sudor te chorrea como una tormenta tropical.

Si tal es tu caso, lo único que te servirá para recuperarte es una gran y buena cerveza helada.

Y eso está bien. No hay nada de malo en beberse una cerveza después de hacer una buena carrera de fondo. La cerveza está plagada de ingredientes saludables: carbohidratos, vitaminas y lúpulo. Y, de hecho, hace que te sientas feliz. Especialmente si la comparas con cualquier inútil bebida isotónica, producida por un puñado de tipos que visten batas blancas y trabajan en un laboratorio de Holanda. Allí empaquetan y distribuyen su líquido, después de embutirlo de toda clase de basuras químicas. Yo lo tengo claro: antes que eso me bebo una bebida natural como la cerveza.

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Para empezar, hay que decir que todo va mejor si la cerveza que te tomas es sin alcohol. Gracias a la abundancia de buenos productos, hoy se produce cerveza sin alcohol que resulta agradable de beber. Existen 10 fermentos únicos de levadura capaces de destilar la cerveza sin producir alcohol. Hacer cerveza sin levadura es imposible; sin ella, el producto final es un desastre. Existen muchas cervezas alemanas que no están fermentadas y que, precisamente por esa razón, saben a rayos. En realidad, saben a mosto —la mezcla de malta líquida que se hierve durante la primera destilación.

También se producen cervezas sin gluten ni alcohol para que tanto los abstemios como los suecos la puedan tomarla sin sentir que están tomando un derivado malo de una buena cerveza.

Claro que no deberíamos de dejar de añadir alcohol a la cerveza solo porque sea posible hacerlo. Sucede que el alcohol contribuye mucho al sabor de la cerveza. Es imposible producir una Hefeweizen alemana sin levadura de cerveza, porque tal es la clave de su sabor. Del mismo modo, es imposible hacer una Lambic belga sin su proverbial fermentación espontánea. La Geuze, por ejemplo, que es una cerveza estilo Lambic, es una cerveza que se convierte en un producto imbebible cuando le quitas el alcohol. La Energibajer, que aún siendo una cerveza sin alcohol ha sido fermentada, mantiene el sabor tradicional y además en la etiqueta se detalla su contenido en grasas, energía y vitamina.

Hace un año me obsesioné con correr de nuevo. Ahora corro un mínimo de 100 kilómetros semanales. Al poco tiempo de reprender la actividad me volví competitivo, quería mejorar y ganar a todo el mundo. Ahora mis marcas en las distancias largas vuelven a estar cerca de las que lograba cuando era un corredor de élite. Claro que cuando has cumplido los 40, no hay manera de correr los 800 metros.

Correr es una ciencia cuyo secreto consiste en priorizar. En realidad, correr 100 kilómetros no lleva tanto tiempo, incluido el que tardas en cambiarte de ropa. Son solo diez horas semanales, y todo el mundo es capaz de encontrar diez horas si prioriza correctamente. La falta de tiempo es la peor excusa, es la misma que yo usé durante años.

En noviembre de 2014 empezamos a correr en el Mikkeller Running Club de Copenhague. El único problema es que nos habíamos vuelto jodidamente vagos. La gente de mi rubro viaja mucho, bebe más cerveza que la media y también come demasiado. Demasiados restaurantes, demasiada cerveza y demasiado poco movimiento. Si queremos seguir bebiendo cerveza, también tenemos que seguir corriendo. Tiene que haber un contrapunto a lo que uno consume. Yo no quiero andar por ahí todo fofo, claro que tampoco quiero dejar de comer buena comida ni de beber cerveza. Así que tengo que correr.

Imagen vía Facebook

La primera vez aparecieron diez hombres. Hoy somos 200 cada vez que nos reunimos en Dinamarca. Y ya tenemos sucursales en más de 90 ciudades de todo el mundo, que estarán listas el primer sábado de cada mes para hacer fondo y beber birras. Tenemos una en Minsk, estamos a punto de abrir una nueva en las Islas Feroe y también tenemos una en Barcelona y en Madrid.

Vamos a correr, nos tomamos una cerveza y hacemos unos estiramientos. Y entonces igual nos bebemos unas cuantas cervezas más. Lo mejor es que mucha gente del mundo del atletismo se nos une, ellos también consideran que el deporte se ha vuelto demasiado sagrado: son gente que quiere poder tomarse una cerveza después de entrenar y aprender más sobre el producto que se está bebiendo.

Si se trata de decidir lo que soy, soy antes un deportista que un bebedor de cerveza. Me encanta destilar cerveza, pero eso no significa que tenga que tener el aspecto del típico cervecero barrigón. Cuando abrimos nuestro primer bar en Viktoriagrade, en Copenhagen, hace seis años, los bebedores de cerveza tenían todos panzas cerveceras. Eran tipos que se sentaban en el interior de tugurios donde se escuchaba un rock de mierda y no paraban de beber. Era algo oscuro y repulsivo. Nosotros tuvimos la idea de abrir un bar de cerveza artesanal que fuera luminoso y moderno. Y más femenino.

Y sí, queríamos que fuera la clase de lugar donde es perfectamente aceptable sentarse a tomar algo chorreando de sudor después de una maratón.

Mikkel Borg Bjergsø es un excorredor de larga distancia, y el responsable del pub de cerveza artesanal de Copenhague Mikkeller. Trabajaba como profesor escolar y se entretenía haciendo su propia cerveza en la cocina de su casa, en Vesterbro, en 2003. Hoy exporta cerveza a más de 40 países distintos.

Este artículo fue publicado originalmente en MUNCHIES.