Por qué la Inglaterra de Hodgson estaba destinada al fracaso desde el primer día
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Por qué la Inglaterra de Hodgson estaba destinada al fracaso desde el primer día

El historial de Roy Hodgson en torneos internacionales demuestra que un hombre que está convencido de que la derrota es inevitable tarde o temprano terminará por encontrársela.
29.6.16

"Lamento que acabara de esta forma pero este tipo de cosas pasan" —Roy Hodgson

Roy Hodgson hizo un glorioso trabajo al escribir su propio epitafio el martes después de su póstuma conferencia de prensa como entrenador de Inglaterra al admitir que "en realidad no sé qué hago aquí". Esto fue sólo una farsa; el verdadero adentramiento en la mente del autor (con un sueldo exorbitante) del desastre técnico más reciente propiciado por la FA se dio una noche antes.

Si el problema con Hodgson pudiese ser hervido, destilado y colocado en una pipeta para extraer su esencia, el resultado sería: este tipo de cosas pasan. Por supuesto, cuando dice "este tipo de cosas" se refiere al fracaso abyecto en una escala grandiosa y comprensible. Como su historial dirigiendo en el nivel más alto sugiere, un hombre que se convence de que la derrota es inevitable termina por encontrársela rápida y brutalmente muy seguido.

A la luz de la mayor humillación en torneos internacionales que Inglaterra ha vivido en la era moderna, vale la pena regresar al análisis de Hodgson de la penúltima peor humillación de Inglaterra hace dos años. "Si la pelota no hubiese rozado la cabeza de Gerrard y habilitado a Suárez, si hubiésemos ganado ese partido 2-1 le habríamos ganado a Costa Rica, y estaríamos hablando de un gran torneo". Hudgson y su análisis minucioso donde discute los incidentes clave de cada partido como si se tratase de un simple volado que nunca gana, en lugar de mencionar la consecuencia directa del pésimo parado táctico y la falta de técnica de su equipo.

Elogiar a su equipo por "controlar a Luis Suárez en las jugadas" inmediatamente después de un partido donde el mismo Suárez había eliminado a su cuadro de la Copa del Mundo fue otro de los incomprensibles destellos de la mente de Hodgson. Su mundo es uno donde puedes planear todo lo que quieras pero, al final del día, simplemente no puedes controlar que la suerte no te sonría —lo cual, por alguna razón, parece ocurrir con bastante frecuencia—.

Un extraño momento donde Inglaterra no pudo controlar a Luis Suárez. Mala suerte, amigos. // Tolga Bozoglu/EPA

El propósito de esto no es destrozar un par de citas torpes con la intención de hacer leña del árbol caído, sino para ilustrar que el período de Hodgson a cargo de Inglaterra estuvo destinado al fracaso desde el arranque. El futbol a nivel selecciones es una bestia precaria, definida por los márgenes más delgados; márgenes que Hodgson siempre ha sido propenso a borrar como consecuencia de infortunios.

En un juego con márgenes tan finos, siempre ayuda infundir en los jugadores el rechazo de la posibilidad —tal vez hasta su existencia— del fracaso. Por contraste, Hodgson parece haber contemplado las diferentes formas de fracaso antes de que el torneo siquiera haya empezado: "Es un poco parecido a los ensayos de las jugadas", comentó después de un partido amistoso. "Los ensayos puede que hayan sido fantásticos, pero el día del encuentro todo mundo se olvida de lo que tienen que hacer, de alguna manera, y termina siendo un desastre. No sé cómo será el arbitraje. No sé si Dele Alli volará su disparó después de haberse quitado a cuatro defensores. No sé ese tipo de cosas".

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Después del último partido en fase de grupos volvió a motivar a sus tropas. "Aún no estamos acabados. No estamos destinados a los penaltis. No estamos destinados a no aprovechar nuestras oportunidades", expresó dejando a la audiencia con la certeza de que dicha palabra estaba rebotando por todas partes en su cabeza.

El fatalismo de Hodgson cobró efecto completa y sombríamente la semana pasada cuando decidió rechazar un asiento de primera fila para el último partido de fase de grupos de Islandia, en lugar de un paseo en bote por el Sena. Tres días después, Inglaterra fue desafortunadamente incapaz de lidiar con el modo principal de ataque de Islandia: darle el balón al grandulón. Si alguna vez un gol requirió un sonido de fondo hecho de aplausos sarcásticos, el segundo de Islandia fue el indicado.

"No vi venir la derrota", dijo Hodgson el martes antes de revelar que había logrado motivar a su equipo después de los resultados de sus tres partidos de fase de grupos: un empate descuidado ante Rusia, una victoria de último minuto contra Gales, y un insípido 0-0 con Eslovaquia.

Gary Nevill dejó el cargo junto con Hodgson // Mast Irham/EPA

Los cuatro años de Hodgson tomando del envenenado cáliz de la FA tampoco han sido del todo malos. La campaña de calificación para la Euro estuvo marcada por su voluntad de intentar nuevos sistemas, por sacudirse los grilletes, y emplear a los diferentes jóvenes a su disposición. Su equipo calificó con el mejor récord en Europa y produjo un futbol emocionante la mayoría del tiempo. Para nada una mala hazaña considerando que eres el entrenador de Inglaterra.

Sin embargo, la incesante sospecha —confirmada en tres torneos— de que la personalidad conservadora y errónea siempre regresaría a sus formas originales seguía ahí. El miedo instintivo provocado por la gran ocasión no le permitiría hacer las maniobras necesarias que distinguen al éxito del fracaso en el futbol.

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Y así fue en 2012, cuando a Andrea Pirlo le fue concedida la libertad en Kiev para dar una cátedra de dos horas en el medio campo. Y así también sucedió en 2014, cuando Suárez concretó sus dos oportunidades ante Inglaterra. La prueba más reciente, cuando Inglaterra fue incapaz de lidiar, en repetidas ocasiones, con la forma más rudimentaria del ataque islandés, con la ineptitud de su capitán durante casi todo el partido, y cuando el exuberante comodín de ataque del equipo sólo tuvo cuatro minutos de juego a pesar de que su selección necesitaba un gol —cosa que no lograba desde hace más de una hora—.

En cada una de estas situaciones, Inglaterra jugó con la incoherencia sorpresiva que habría desencadenado recuerdos, al puro estilo de la Guerra de Vietnam, en las mentes de los fanáticos del Liverpool, al igual que las advertencias que aseguraron la breve estancia de Hodgson en Blackburn e Inter de Milán.

Lo que sientes cuando te das cuenta que probablemente no lo superarás // Oliver Weiken/EPA

Antes del torneo, las miradas estaban puestas en el atrevimiento de Hodgson. La expectación estuvo algo justificada también, pero en retrospectiva todo esto se ha ido al olvido. La trama central de esta historia ha sido expuesta. Wayne Rooney fue colocado como mediocampista y listado como delantero por razones de relaciones públicas. Fue un movimiento cero creativo que se siente forzado, especialmente al haber dejado de lado el talento del joven del Manchester United y tener que conformarse con la sombría actuación de Harry Kane.

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Durante los poco más de cuatro años de su reinado, el futbol inglés ha enfrentado una letanía de problemas, en su mayoría severos, más prolongados y profundos que Roy Hodgson. No obstante, es difícil imaginarse a cualquier otro entrenador no armando el mismo espectáculo como el del lunes por la mañana. Cada elemento del imperioso ataque de Islandia —su cohesión táctica, su claro método hacia la victoria, su rechazo por aceptar su lugar en la jerarquía— sirvió para mostrarle a sus contrincantes exactamente lo opuesto.

Mientras que los ingleses fueron principalmente exitosos para hacernos recordar aquel viejo dicho de Woody Allen que versa que el 80 por ciento del éxito es tan sólo presentarse a la ocasión. Uno quiere pensar que el otro 20 por ciento se reduciría a pura suerte, como dice Hodgson, pero ¿nos creerías si te dijéramos que Inglaterra no tuvo ni un poquito la mañana del lunes?

Pero en realidad, ¿qué se podía hacer para cambiar el rumbo de las cosas? Después de todo, este tipo de cosas pasan.

@A_Hess