Fui a México en busca de tacos, y descubrí un delicioso mundo culinario

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Fui a México en busca de tacos, y descubrí un delicioso mundo culinario

Me uní al equipo de 'Chicas Tacos', de L.A., para hacer un viaje de investigación en Ensenada y casi consigo una muerte deliciosa de comida y alcohol.

Son casi las 9 de la mañana y estoy mirando los tacos más hermosos que jamás haya visto. Son tan lindos (y deliciosos) que quiero besar al cocinero, un hombre llamado Max Enríquez quien dirige el food truck Quetzalcoatl en el distrito artístico de Los Ángeles.

Nunca habría encontrado tacos como estos yo sola. Debo este placer al equipo de Chicas Tacos, una pequeña taquería en el centro de L.A., con quienes viajaré a México. A menudo, el equipo cruza la frontera para hacer misiones de investigación y encontrar inspiración para su operación en Los Ángeles.

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Chef Eddie Ruiz de "Chicas Tacos" en el food truck Quetzalcoatl. todas las fotos son de la autora.

Tacos de cecina en 'Quetzalcoatl'.

El chef de 'Chicas Tacos' Eddie Ruiz, el copropietario Chris Blanchard, su publicista Max Block y yo devoramos los tacos, nuestro desayuno antes de emprender el viaje. Eddie ordena el Omega 2, una quesadilla acompañada de hermosos vegetales con queso. Estoy en el cielo.

Nos acomodamos dentro del Jeep de Blanchard y nos dirigimos a México con el estómago lleno y una agenda apretada. Nuestra primera parada es Caesar's, el hogar de la ensalada César, el cual inspiró el taco de pescado de Chicas. El concepto del restaurante 'Chicas Tacos' fue producto del tiempo que Blanchard pasó como misionero en Ensenada y el vínculo de la familia Ruiz con el norte de México, así que su oferta de tacos de pescado con ensalada César tiene mucho sentido.

Julio Gonzalez nos prepara la famosa ensalada cesar junto a la mesa.

Bebemos cervezas lager ámbar y vino blanco de Valle de Guadalupe —la floreciente región vinícola de México y nuestro siguiente destino—, para la comida disfrutamos ensalada César preparada al instante antes de regresar al auto y continuar la misión. Estoy un poco ebria, llena y feliz de no ser la conductora designada.

La ruta para Valle de Guadalupe es idílica. El océano Pacífico brilla con la luz del sol, las lluvias torrenciales del año han transformado el panorama en un magnífico mar verde. Incluso un Home Depot aledaño se ve un tanto pintoresco, dado su entorno.

El camino a Valle de Guadalupe.

Nos adentramos a tierra firme y la escenografía cambia radicalmente, pasamos de acantilados playeros a colinas ondulantes de granjas. Algunos viñedos nudosos y desnudos empiezan a surgir, pronto estamos en Valle.

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"Esa señora hace muy buen queso", dice Ruiz, señalando a una diminuta cabaña sin letreros a un lado de la airosa carretera. Sabe estos secretos porque tiene raíces aquí. Su tío solía ser un arquitecto importante de la zona antes de morir. Y también tiene más familiares viviendo un poco al norte, en Tecate. Pasó tres meses viviendo en el pueblo para aprender sobre la comida, las granjas y los vinos.

Valle de Guadalupe.

Hacia la distancia, observamos cabañas modernas con forma cuadrada que destacan en las colinas. Es Encuentro Guadalupe, el albergue ecológico, viñedo y restaurante donde pasaremos la noche. Nos ofrecen un tour de la propiedad y las bodegas de vino, luego vamos al restaurante a ver qué ideas tiene el chef de Encuentro, Omar Valenzuela.

Resulta que tiene muchas ideas. Hace siete años, el joven chef era barista, apenas iniciando su carrera. Ahora es "legal", en argot juvenil. Cada platillo que nos presenta en la mesa es mejor que el anterior. Comenzamos con ostiones calientes con aceite de eneldo y manzanas; luego una tostada de res tártara con yema de huevo curada; más adelante, una ensalada de tomates ahumados y puré de aguacate, quinoa frita y queso local.

Ni siquiera tengo hambre cuando el pato confitado llega acompañado de cebolla tostada y salsa de naranja. Estoy muerta para cuando Valenzuela nos lleva flan y pay de cereza.

El chef Omar Valenzuela de Encuentro Guadalupe.

Ostiones con aceite de eneldo y manzana.

Tostada de res tártara con yema de huevo curada.

"Me alegro de que esta comida exista aquí", dice Ruiz. "Vas a venir aquí a pedir, ¿'Un plato de enchiladas'? ¡Al carajo con eso! Puedes citarme diciendo eso".

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El Valle no es un lugar de enchiladas. Es un lugar de creaciones simples realizadas por algunos de los mejores chefs de México. La zona está plagada de restaurantes maravillosos y no tenemos mucho tiempo, así que nos dirigimos al siguiente establecimiento, la Finca Altozano de Javier Plascencia.

Eddie ordena las almejas al chocolate. "Son una de mis comidas favoritas en el mundo", dice. Tiene su cámara a la mano, documentando todo lo que comemos y bebemos, llenando la memoria de recuerdos culinarios para futuras referencias. Nos ofrecen pan de nueces denso, pecho de res suave, pulpo y tuétanos. Estoy llena a reventar como el calabacín relleno que nos comimos.

El chef Javier Plascencia en la cocina de Finca Altozano.

Soy un saco pesado lleno de comida, vino y mezcal de Valle para cuando regresamos a Encuentro. Aún no es momento de dormir, es momento de volver a beber. Catamos más vino de Valle, mezcal de Oaxaca y seguimos los consejos de nuestro bartender, Abimal.

A la mañana siguiente me siento terrible. No solo estoy devastada por el atracón de comida del día anterior, sino que tengo un resfriado. Quiero quedarme en mi cama ecológica por siempre, pero hay mucho que hacer el día de hoy.

LEER MÁS: El "mejor desayuno del mundo" está en el Valle de Guadalupe

Para cuando llego a la mesa de desayunos, Ruiz ya había empezado a explorar los alrededores de Encuentro. Blanchard había estado nadando. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Quiénes son estas personas?

Tenemos mucha opciones para escoger dónde comer y beber, pero aún así no podemos negarnos a probar lo que el chef Valenzuela tiene para nosotros en el desayuno. En cuanto da la vuelta, va entusiasmado hacia los cazos en el fuego, y son bastantes. No hay ninguna necesidad de comer un desayuno de seis tiempos, pero aquí estamos.

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El chef Omar nos deja uno de los muchos platillos del desayuno.

Machaca jugosa con chile güerito frito, aguacate y huevos fritos.

Tortillas de harina caceras para la Machaca Jugosa.

Somos impotentes ante la oleada de panes brioche con mermelada de manzana ahumada; pan francés con brioche de la casa, moras y lavanda; huevos benedictinos con pastrami de pato y pimientos tostados; chilaquiles rojos y verdes; machaca jugosa con res braseada, chile güerito frito, aguacate y huevos fritos.

"¿Podemos hacer algo así en 'Chicas'?", pregunta Blanchard a Ruiz. Pronto van a lanzar su menú para brunch y siguen ajustando detalles del plan. Los chicos continúan discutiendo acerca del tema mientras comemos.

Viñedos del Valle de Guadalupe.

Ruiz es nuestro guía del día.

Seguimos adelante con la cata de vinos. El clima es caliente y seco; casi todos los caminos hacia los viñedos están sin pavimentar. Esto no es como Napa, y parece que nadie por aquí quiere que lo sea.

"Ahora mismo es muy frágil, estamos creciendo mucho", el enólogo, Víctor Segura, de Viñedo Las Nubes nos cuenta acerca de la creciente región. "Somos como un adolescente de 13, 14 años, creciendo rápido. Necesitamos tener cuidado".

Como otros enólogos con los que hablamos, Segura es firme y asegura que Valle no es una copia de Napa. Si acaso, el Valle es la copia de Paso Robles en California, pero con mejor comida, declara.

El jardín mágico de 'Corazón de Tierra'.

Tenemos que dejar pendiente la cata para seguir probando esa buena comida, esta vez en uno de los mejores restaurantes de Latinoamérica (según la lista Pellegrino): Corazón de Tierra del chef Diego Hernández Baquedano. La administradora del huerto, Claire Acosta, nos ofrece un tour por el hermoso huerto del restaurante antes de sentarnos a probar el menú para la comida, invitándonos a probar hojas de mostaza negra y vainas de daikon bebé.

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Comedor de 'Corazón de Tierra'.

Ostiones tibios con mantequilla de eneldo en 'Corazón de Tierra'.

Dentro del comedor, los esfuerzos de Acosta se reavivan platillo tras platillo.

"Está balanceado y bien preparado", comenta Ruiz efusivo luego de terminar el betabel con queso oreado y pasta de ajo. "Las reglas que aplican en los restaurantes de L.A. no siempre aplican en otras partes".

Por ejemplo, esos betabeles. Están apenas cortados y la raíz está intacta. Están cocidos al dente. Ruiz dice que algo así no funcionaría en Los Ángeles, así como los ostiones calientes con aceite de eneldo, la entrada que comimos antes.

Algo que podría funcionar en L.A. es la actual situación del agua en Valle. Muchos sitios, incluyendo Corazón de Tierra infusionan el agua con hierbas como romero. Blanchard dice que pronto dejará de infusionar el agua de 'Chicas' con fresas caras y unirse a la tendencia de las hierbas.

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El sol comienza a ocultarse y nosotros nos arrastramos hacia el Jeep para conducir de regreso a California. Nos detenemos con un chico, conocido por Ruiz, que vende chiles en vinagre a un lado de la carretera de camino a casa, y los chicos compran miel local y aceite de oliva para añadir a su colección de vinos comprados en el día. Cierro mis ojos ante el camino que queda por delante.

El crepúsculo da paso a la oscuridad mientras salimos de Tecate. No parece posible, pero hay una última parada para comer antes de concluir el viaje. Esta vez vamos por tacos en un lugar donde Ruiz ha comido durante 15 años: Tacos El Güero.

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'Tacos El Güero" en Tecate, Mexico.

La última cena.

Después de comer varias de las mejores cosas que he probado en mi vida, decido sin dudar que los tacos de suadero en 'Tacos El Güero' son los mejores tacos de mi vida. Comencé el viaje queriendo besar al taquero en el distrito artístico de L.A.; ahora quiero casarme con el cocinero de 'Tacos El Güero'. Necesito secuestrar a uno de estos chicos para siempre.

Un cuarteto de músicos con sombreros vaqueros y bigotes llega para cantar a los comensales. Al igual que Ruiz y Blanchard, estoy inspirada.