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La mutua humillación del Barça y Real Madrid en el Clásico

A mitad de la década de los 90, Barça y Madrid protagonizaron una de las revanchas más inquietantes en la historia del Clásico.
2.12.16
PA Images

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El 8 de enero de 1994, el Real Madrid sufrió una de las derrotas más vergonzosas en la historia del club. Los blancos habían viajado al Camp Nou para enfrentarse a un equipo que, bajo la inspiradora orientación de Johan Cruyff, se encaminaba para llevarse otro título de liga, tras haberla ganado con anterioridad tres veces consecutivas. Benito Floro, el entrenador del Madrid perdería su puesto meses después de la fatídica jordana. El Real alineó a un equipo desganado que había tenido problemas para representar un verdadero desafío y, como era de esperar, fue desmantelado por jugadores de la talla de Hristo Stoichkov, Michael Laudrup, Ronald Koeman, y un Romario en todo su esplendor.

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Era el magnífico Dream Team de Cruyff, y su rendimiento en el campo era una pesadilla para sus rivales. Romario arrancó como estaba previsto, arrastrando el balón a través de la defensa del Madrid antes de clavar el primero a Paco Buyo en el minuto 26. A partir de ese momento, fue una absoluta masacre de 5-0 que Koeman e Iván Iglesias se encargaron de concretar, inspirados por el triplete de Romario. En el momento del silbatazo final, los jugadores merengues estaban desmoralizados, y al club le habían dado una lección de humildad. Su temporada no mejoraría, y terminarían en la cuarta posición mientras que el Barça se apropiaría del título en la última jornada de la temporada.

Previo a dicho enfrentamiento, la última vez que el Clásico había sido testigo de un partido tan disparejo en el marcador fue precisamente dos décadas antes, en febrero de 1974. Aquel año, el Barça había derrotado al Madrid 5-0 en el Bernabéu, lo cual probablemente fue mucho más satisfactorio que los cinco goles que lograron clavarle al eterno rival en su propio campo. Antes de esta humillación, tendríamos que remontarnos a los años 50 para encontrar otro triunfo con el mismo marcador, esta vez a favor del Real jugando como local. Los únicos nueve enfrentamientos antes de este que se habían decidido con un marcador similar o mayor datan de 1913. Esto pone en contexto lo humillante que resultó aquel partido en el 94 para el Real Madrid. Debió sentirse como una de las peores derrotas del siglo. Pero un año después, el resultado se repetiría una vez más.

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En esta ocasión, el Barcelona sería el equipo perdedor jugando en el Bernabéu y el Madrid, el equipo que se encaminaba a ganar la Liga. La revolución de Cruyff se estancó después de que el Barça ganara el título en 1993/94, y en los próximos dos años no obtendría un solo trofeo; durante este período, Cruyff tuvo diferencias con los dirigentes del club y dejaría el puesto. Por su parte, el Madrid se había reagrupado y contrataría a un nuevo entrenador, Jorge Valdano, al mismo tiempo que fichaba a Fernando Redondo, Quique Sánchez Flores y, al más importante, Michael Laudrup. Mientras que los dos primeros fichajes tenían la tarea de poner orden en la defensa, el último había adquirido un significado trascendente, no sólo por su talento sino porque el club había logrado convencerlo para que cambiara el Camp Nou por el Bernabéu.

Intranquilo por el fichaje de Romario y el desgaste en su relación con Cruyff, la paliza de 5-0 al Real había sido uno de los mejores partidos de Laudrup con el Barça. Aunque no había logrado manifestarse en el marcador, había sido esencial en la victoria de hacer añicos la defensa de los blancos una y otra vez. Sin embargo, sus oportunidades para jugar se verían limitadas cuando Cruyff acomodó a Romario como titular a toda costa. Tras quedarse en el banquillo en la paliza del Milán a los blaugrana en la final de la Champions de 1993/94, Laudrup exigió ser transferido, y fue a Madrid.

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El 7 de enero de 1995, el explosivo conjunto blaugrana se presentaba en el Bernabéu para ser acribillado por la letal combinación de Iván Zamorano, Luis Enrique, José Amavisca, y una magistral cátedra de su ex delantero. Aquel día, Laudrup fue imparable. Apabulló al conjunto rival y celebró desenfrenado siempre que un compañero anotaba un gol.

La victoria fue una copia del año anterior, hasta el punto de no creerlo: el marcador, el partido de Laudrup, y el hecho que el Real ganaría la liga y el Barcelona terminaría en cuarto lugar. Hasta se había replicado el triplete, pero esta vez a manos del talismán Zamorano. Precisamente 364 días después de la dolorosa derrota de los blancos el destino había cambiado.

Desde entonces sólo ha habido un resultado como este en el Clásico, y fue cuando el Real Madrid de José Mourinho se comió una "manita" en el Camp Nou. Fue en el 2010, y, a partir de ese momento, los partidos han sido más apretados, con excepción de los cuatro goles permitidos en la era de Rafa Benítez en 2015.

En el mundo del deporte existen muy pocas instituciones tan grandes como el Real Madrid y el FC Barcelona. Son clubes gigantescos, grandiosos, monolíticos, y aunque en ocasiones son derrotados por aquellos que consideran inferiores, lo único que puede herir su orgullo es perder el uno con el otro. La única forma de ultrajar su brillo es verlos caer en el Clásico. Mañana más.

@W_F_Magee