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Por qué Dios, por qué: la ciencia tras el dolor de dientes

El dolor más insoportable.
18.2.15
​Image: Grant, John Charles Boileu/Wiki

Tengo dolor de dientes. Es un dolor familiar que vuelve cada dos meses sin razón aparente (en el sentido que no hay desencadenantes directos; es obviamente una carie). Cuando llegó por primera vez, en un periodo donde no tenía dinero, el dolor creció durante una tarde cualquiera. Era una presión dentro mi cara, pero también una presión sensorial, como si el dolor fuera una substancia que se mueve dentro de mi cuerpo, echando afuera a cualquier otra sensación o pensamiento, una inundación de fango rojo lleno de troncos rotos y rocas y ganas de gritar. Era una agonía primitiva.

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Pero la mañana siguiente el dolor ya no estaba. Esa noche fue larga e involucraba enjuagues regulares con Jack Daniels y la aplicación de pañuelos húmedos en pastillas de Benadryl disueltas. Lloré y puede que en algún momento incluso haya gritado porque, demonios, no hay nada peor que el dolor de dientes. Y ahora está de vuelta, pero bajo control gracias a una prescripción fuerte de Advil. O quizás vencí esta ola de dolor, por lo que no tendré que ver al dentista en un par de meses más… como un completo idiota.

¿Por qué el dolor de dientes es tan miserable? He capeado quemaduras en tercer grado, media docena de huesos rotos y una sucesión de auto cirugías, incluyendo horribles cosas en las uñas de los pies. La respuesta corta son los nervios, por supuesto: la evolución no fue tacaña con las conexiones nerviosas, particularmente cuando se refiere al rostro y su cercanía con el cerebro. El cerebro lo es todo, por supuesto.

La boca y la quijada están enganchadas directamente al ​nervio trigémino, el que es uno de los varios nervios craneales: nervios que están conectados directamente al cerebro en vez de a la espina dorsal. Entonces los dientes están unidos a un tipo de circuito corto. ​Pero no es tan así.

Imagen: ​xkcd

Los dientes sólo sienten dolor. No hay otra forma de sensación en los dientes. Si un nervio está expuesto en esa zona, todo es dolor. El frío es dolor. Lo tibio es dolor. Lo húmedo es dolor. El tacto es dolor. No hay nada más y es una sensación única en el cuerpo humano. La piel, por ejemplo, es perfectamente capaz de comunicar "tibio" sin infligir tortura, así como la lengua conoce lo "dulce" sin la necesidad de causar esta sensación parecida a un latido termonuclear. Y estos nervios están a un salto de distancia del nervio trigémino, el que está asociado a ​una variedad de dolor neurológico crónico (neuralgia) que viene en oleadas tan severas que lleva a sus víctimas al suicidio. (Imagina el peor dolor de dientes, porque siempre hay algo peor que un dentista no puede solucionar).

Pero eso no es todo. Los dientes son unos extraños y pequeños organismos. Bajo ese duro caparazón hay una masa de células estructurales, vasos sanguíneos, tejido conectivo, células inmunes y, al final, nervios. Es una extraña situación que existan estas masas vivas, atrapadas en pequeñas fortalezas de calcio cristalizado y otras formas asociadas. El resultado es que los dientes no se hinchan. Si te golpeas el tobillo seguramente se hinchará, pero los dientes no se dan este lujo. El centro orgánico de un diente no tienen donde ir, salvo por un pequeño agujero (un poro realmente) que está en la base de su raíz.

Entonces pueden pasar miles de cosas como resultado de un trauma, como la creación de abscesos y la acumulación de tejido necrótico (muerto). Los dientes mueren, pero lo que muere no se va; sólo queda ahí y se transforma en algo muy asqueroso.

La moral de esta historia es no ser como yo, porque nada de los anterior es pasajero. Empeora, a veces mucho. Ugh, tengo que hacer una llamada.