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La falta de respeto de los Cavs hacia los Raptors es perturbadora

LeBron James y los Cavs hacen lo que quieren con los Raptors.
4.5.17
Photo by David Richard-USA TODAY Sports

Ni siquiera fue un partido reñido. Conforme la serie avanza, el déficit se hace más y más holgado. Los Cavaliers de Cleveland, los presuntos favoritos para llevarse el título de la Conferencia Este, después de barrer a los Pacers de Indiana, están aniquilando a los pobres optimistas y admirables Raptors de Toronto, quienes hicieron hasta lo imposible para competir este año, pero simplemente no pueden. Perdieron el Juego 1 por 11 puntos, y el Juego 2 de anoche por 22. Su situación es un poco deprimente.

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La parte más perturbadora, si eres lo suficiente humano para sentir algo por un equipo canadiense de basquetbol, es que a los Cavs no les importó un carajo la manera en que han destrozado a los Raptors. LeBron James ha jugado tranquilo y libre, hasta en ocasiones aburrido, y encestando 35 puntos en el Juego 1 y 39 en 37 minutos del Juego 2. Los Cavs lucen convencidos que se trata de una serie fácil, de calentamiento, y los Raptors no han hecho algo al respecto para despojarlos de esa idea.

Aquí prueba de ello:

Ni siquiera habían transcurrido tres minutos del Juego 1, cuando Kyrie Irving y LeBron ya habían repartido las invitaciones para su espectáculo de clavadas. El recinto perdió los estribos, la gente presumió sus pancartas, se pidió un tiempo fuera, Kyrie caminó hacia el centro de la duela mientras dejaba escapar un grito de motivación; los pobres DeMar DeRozan y Kyle Lowry, ante la impotencia de no haber podido cubrir la salvajada de hace unos segundos, se sientan en la banca mirando hacia el piso, perturbados por el momento de lucidez que les dice no estar listos para esto. La imagen nos rompe el corazón.

Pero LeBron no había terminado. Cada segundo que transcurría, los Raptors perdían su dignidad:

Risas y más risas para los Cavs. Foto por Ken Blaze-USA TODAY Sports

En el tercer cuarto, LeBron dejó atrás a Serge Ibaka, se enredó en el mar de brazos, intentó anotar, falló por poco, se molestó y se dirigió hacia el público, agarró la cerveza de una vendedora, la llevó a su boca, amargó con darle un sorbo, y después la regresó a su dueña, como diciendo "No, no, no puedo beber en un partido contra… los Raptors. No se confundan, podría tomarme una o dos y de todos modos acabar con estos tipos, pero no lo haré porque es de mala educación".

A los Cavs les importa tan poco el desarrollo de esta serie que LeBron se ha visto obligado a hacer locuras para no aburrirse. Es como el listo e inquieto adolescente que se sabe por encima del resto de sus compañeros de clase. Mientras tanto, los Raptors sufrían lenta y dolorosamente; el peso de la historia poco a poco comenzaba a tronar sus frágiles huesos.

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Peor aún, sólo porque el Juego 2 había arrancado no significa que LeBron dejara de presumir.

— Cleveland Cavaliers (@cavs) May 3, 2017

Se enfrentó a Ibaka, le mostró el balón y todo para que terminara encestando desde la banda, como si tratara de mandar el mensaje: "No importa si estás frente a mí. Para ser honesto, no es diferente a un tiro libre". En la siguiente serie ofensiva, LeBron regresó al mismo lugar, y encestó otro tiro, despreocupado, indiferente, ante la marca de Ibaka.

Que esto le sucediera a Ibaka es una verdadera señal de la inminente eliminación de los Raptors. Hace tiempo, Ibaka era el jugador que podía detener a LeBron —similar a Tyson Chandler y Kevin Garnett, larguirucho, relativamente ágil, protector del aro—, pero los tiempos han cambiado.

Si intentas proteger el aro, LeBron te va a pintar la cara con triples y provocando faltas a su favor (21 tiros libres cobrados en su último partido). Si tratas de cerrarle el paso, su fortaleza es demasiado y concretará su cometido. Tu única esperanza es despojarlo de sus armas, pero si no eres los Warriors entonces mejor ni pensarlo. Contra los Raptors, el Hamlet de la NBA manipula su entorno a su antojo.