Dirigir un restaurante con mi esposo salvó nuestro matrimonio

Trabajar juntos causó un gran impacto en la relación; creo que nos ha hecho más fuertes.
13.11.16

Bienvenidos una vez más a Confesiones de Restaurante, donde hablamos con las voces no escuchadas de la industria restaurantera, tanto del servicio como de la cocina, sobre lo que realmente sucede tras bambalinas. En esta entrega, descubrimos cómo es trabajar turnos de 17 horas junto a tu marido en un restaurante concurrido.

Comencé a trabajar con mi esposo porque si no lo hacía, hubiéramos dejado de vernos para siempre.

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Para cuando me volví enfermera, él era socio en el restaurante italiano de su padre y trabajaba muchas horas. Debido a que yo también estaba ocupada con mi carrera, durante un tiempo no fue un problema serio. Pero cuando su padre comenzó a alcanzar la edad de retirarse, mi esposo se dedicó a trabajar más. Yo empezaba mi turno a las 6 AM y terminaba en la tarde, justo cuando él salía a trabajar. Regularmente regresaba un par de horas antes de que yo tuviera que irme de nuevo. Así que empecé a ayudarle los domingos para poder vernos, pero pronto me di cuenta de que realmente me gustaba.

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Trabajar en un restaurante es un trabajo sociable. Casi todas las noches bebo una copa de vino y muchos de los clientes se han convertido en amigos nuestros. Algunos nos conocen desde que éramos jóvenes e incluso asistieron a nuestra boda. Ahora tengo 39 años, aunque en muchos sentidos, somos la misma pareja del principio, dirigir el restaurante juntos ha tenido un gran impacto en nuestra relación; nos ha hecho más fuertes. Aunque me parece que hemos sobrevivido tanto tiempo, porque pasamos nuestro tiempo libre separados.

Cuando compramos la parte de mi suegro, tomé muchas más responsabilidades. Ahora preparo toda la comida, en verdad todo: las sopas, el pan, las pizzas, la lasaña, las costillas y todos los postres. Luego a las 5 PM, corro para atender el servicio junto con mi esposo. Tratamos de preparar la comida juntos, pero siempre nos estorbábamos. En una ocasión me enojé tanto que dije: "Estoy preparando la mesa 11, porque no soporto estar en la misma habitación que tú". Como es italiano, siempre cree que sabe más y tiene cosas que enseñarme.

"En una ocasión me enojé tanto que dije: 'Estoy preparando la mesa 11, porque no soporto estar en la misma habitación que tú'".

Hoy en día mi esposo hace todas las compras y la limpieza. Él era el chef principal, pero eventualmente no pudo lidiar con el estrés y capacitamos a un par de amigos. Uno de ellos ha estado con nosotros desde que tenía 14 y ha trabajado mucho para convertirse en un chef de 25. Cuando su madre lo echó de la casa, vino a vivir con nosotros. Estoy muy orgullosa de que haya logrado quedarse con el trabajo y de lo lejos que ha llegado. Después de que renovamos la parte de arriba del restaurante, ambos se mudaron al restaurante pero no les cobramos renta. Se han convertido en una especie de hijos sustitutos, especialmente ya que no tenemos hijos propios.

Lo triste es que la familia de mi esposo no aprueba del todo nuestra organización, quizá se deba a la diferencia de edades entre nosotros, lo cual fue un problema al inicio. Nos conocimos cuando yo tenía 15 y él 25, durante mucho tiempo no me respetaban. Debido a que es un restaurante familiar, supongo que esperaban que contratáramos sobrinos y sobrinas de mi esposo; cuando sus hermanos llegaron, se comportaban como si el lugar fuera suyo, iban al bar y se servían tragos. Ha habido un par de ocasiones en que me enojo tanto que salgo y conduzco un rato por el vecindario para tranquilizarme, especialmente cuando mi esposo no está de mi lado. Pero entiendo su forma de pensar. Primero fue el negocio de su padre y siguen considerándolo como tal.

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A pesar de que hago el trabajo más estresante actualmente, podemos ser competitivos en el servicio. Yo tengo a mis clientes y mi esposo a los suyos, y no le importa hacer bromas a mis costillas. Recientemente me estaba vigilando cuando preparaba un capuccino para una de sus clientas. "¿Cómo esperas que beba eso?" me preguntó ella. Resulta que lo estaba sirviendo en un recipiente para azúcar en lugar de en una taza, pero él no me dijo nada y luego no dejó de molestarme en toda la noche. ¡Si pudiésemos beber un poco, la competencia se convertiría en una especie de juego erótico, pero nunca hemos hecho nada en el restaurante!

Supongo que como nuestra casa está poco domesticada hemos podido mantener viva la pasión. Debido a que pasamos mucho tiempo en el trabajo, realmente es como regresar a un hotel. Nunca tenemos comida y casi cada semana olvido comprar leche. A veces creo que somos como extraños, porque tenemos amigos y hobbies separados, pero tomamos dos vacaciones largas en el año, durante las cuales nos ponemos al día. Tenemos una regla "no hablar de trabajo", al principio está bien, pero al final termino pidiendo regresar al restaurante. Ahí es donde somos más felices.

Tal y como fue contado a Kamila Rymajdo.