“Despacito” o el giro latino de Justin Bieber en la era de Donald Trump

“Despacito” o el giro latino de Justin Bieber en la era de Donald Trump

¿Cómo explicar el giro latino de Justin? Este remix es un hito de la identidad latina en el contexto anglosajón.
02 Mayo 2017, 2:31pm

"You fit me, tailor-made love, how you put it on
Got the only key, know how to turn it on
The way you nibble on my ear, the only words I wanna hear
Baby, take it slow so we can last long"

Justin Bieber, "Despacito (Remix)"

Uno de esos hombres que no se dejan perrear sube este remix al grupo Jóvenes Reggaetoneros de Facebook. La pongo. Me vuelvo loca. Le comento a mis compañeras de trabajo que esto es demasiado importante. Que nunca antes el pop estuvo tan cerca del reggaetón. Que nunca el reggaetón estuvo tan, pero tan cerca de colonizarlo.

El remix de Justin Bieber a "Despacito" de Luis Fonsi y Daddy Yankee es una bomba, un viral de tomo y lomo. No tiene cómo perder. Fue lanzado el domingo 16 de abril en las cuentas del canadiense y en las del astro de la balada romántica. "Despacito" no se fue a medias y subió de una patada a la cima de los récords en YouTube. En menos de 24 horas, fue tendencia número uno en el globo, agarrándonos del cuello para decirnos que todo, absolutamente todo es posible.

¿Qué le faltaba a esta canción para darle la vuelta al hit latino? En Idolator.com dicen que le faltaba inglés y poder de estrella (del pop). Y si bien Justin habría entrado al estudio de grabación la semana antepasada, para lanzarlo antes de su visita a Puerto Rico, "Despacito" no es una estrella fugaz: es un éxito que tiene historia propia.

Un hit con mano de mujer

Lo expongo así, porque esto es una excepción. La cantidad de mujeres en el reggaetón —tanto adelante como atrás del micrófono— es mínima. Casi marginal, de no ser por Ivy Queen, quien —como su nombre lo dice— es la queen: nadie se le acerca en talla, dignidad y letras. Aclaremos de inmediato: esta canción nace como una balada, co-escrita entre Luis Fonsi y Erika Ender, songwriter de madre brasileña y padre panameño que, además de ser diseñadora de ropa y accesorios, se ha ganado un Latin Grammy y un Latin Billboard, escribiéndole también a Chayanne ("Ay Mamá"), Gloria Trevi ("Cinco minutos"), Mijares y Los Tigres del Norte, entre otros.

Detrás de una guitarra y en el living de su amigo, nace esa melosa balada que no está llamada al exceso: "La idea era cuidar cómo decir las cosas con buen gusto. Le dije: 'Si vamos a hacer algo que tiene un corte sensual, creo que tenemos que ser responsables con una buena letra'" declaró Erika para Telemundo. Es decir: habla de sexo con palabras suaves. Apuesta por el 'calentamiento', pero despacito.

No obstante, esto no hubiera sido lo que hoy es si no hubiera sido por Daddy Yankee. El mismo que —me parece— está siendo ninguneado en este remix. Ninguneado por los medios principalmente, porque si esta canción es buena es porque él aparece, levantando todo el flow que a Fonsi le falta. Le pone calle, lírica y actitud. A su vez, los récords le enseñan a King Daddy, un nuevo camino anglosajón al que se ha negado a lo largo de su carrera.

Así, una figura residual como Fonsi, aparece como un interlocutor válido de Daddy. Ambos puertorriqueños nacidos en los años 77-78, poseedores del imaginario kitsch de los noventas y estrellas en los dosmiles. El primero por baladas del tipo "Imagíname sin ti" (2000) , "Abrazar la vida" (2003) o "¿Quién te dijo eso?" (2003); y el segundo por su tremendo disco Barrio Fino (2004). Pero los separa la herencia y proyección del género. Fonsi repetiría la formula anticuada del romanticismo, de la decadencia, mientras Daddy se convertiría en una figura anticipatoria, icónica y hasta futurista. A pesar de los intentos como "Yo te quiero" (2006) con Wisin y Yandel, "Tu amor" (2006) junto a Arcángel o con el mismo Daddy Yankee en "Una Oportunidad" (2010) su gesto es mas bien regresivo que anticipatorio de este remix.

Recuerdo la primera vez que vi el videoclip. La risa que me causaron las botas de la protagonista, pero también ese gran morbo de ver a Fonsi intentando gangsterizarse ¿Chido o una mierda? Me pregunté durante muchos días si acaso ese iba a ser o no un hit ¿Yo, escuchando una y otra vez a Luis Fonsi? ¡¿Y además me gustaba?! Se sentía como si estuviera coreando una canción de Ricardo Arjona feat Anuel AA ¿Eso me gustaría? ¿O seguiría avergonzada de mi misma? Algo así pasa con "Despacito": genera sentimientos encontrados al unir mundos que nunca antes pensamos juntos.

Las dicotomías del remix

Algunas de las complejidades del reggaetón radican en que, además de ser un sonido anclado en una región específica del continente, es legítimamente música de gente pobre, de bajo pueblo. De ese pueblo aspiracional que se enfrenta diariamente a sus sueños, la escasez y la ansiedad del capitalismo salvaje. En ese sentido, el reggaetón es más popular que el pop, porque traspasa fronteras geográficas, empujando anhelos y (sus) clases sociales. Y esto es complejo, pues sienta las bases de las nuevas parrillas programáticas de la radio, de la TV, de los festivales y las discotecas. Basta pasarse por los diales latinos para darse cuenta que las radios de reggaetón crecen como la espuma. Incluso Radio Disney ha tenido que darse el trabajo de censurar y borronear la lírica de grandes éxitos como "Cuatro Babys" de Maluma o "Vacaciones" de Wisin. Pero los niños —para que lo sepan todos— siguen aprendiéndose la letra original. Es justo en ese momento y contexto en que aparece Justin Bieber haciéndose el chico latino y echándole mano al reggaetón.

  • Pop/Reggaetón

Nunca ambos géneros habían estado tan cerca. Tuvimos algunos antecedentes directos como "Burn it up" de R. Kelly con Wisin & Yandel, "Gangsta Zone" de Daddy Yankee con Snoop Dogg, "Impacto" de Daddy Yankee con Fergie, las colaboraciones de "Sexy Movimiento" de Wisin y Yandel junto a Nelly Furtado o de ella con Calle 13 en "No hay igual". Y por favor, tampoco olvidemos a Paris Hilton con Wisin y Yandel en "Stars are blind", "Algo que me gusta de ti" de Wisin y Yandel junto a Chris Brown y T-Pain, o el engendro "Sin Contrato" de Maluma con Fifth Harmony. También tenemos ejemplos del ejercicio contrario: como es el caso de "Murder She Wrote" de Chaka Demus & Pliers, versión primera del hit "El Taxi" de Osmani García que vendría a latinizar el sonido del raggamuffin anglo para audiencias millennials, sumándole la vergüenza ajena de esa letra basada en que si (el taxi) me lo paró o no.

Pero, sin duda, esta tarea explotó con el reggaetón colombiano de J Balvin, no sólo con su remix de "Sorry" —que sería el precedente directo de este "Despacito" remix—, sino que también con Nicky Jam, su ahijado Kevin Roldán, así como —por supuesto— el hijo ilustre del flow mainstream: Maluma.
Simultáneamente al reggaetón colombiano, apareció Spotify, acelerando el auge del sucedáneo paisa del flow. Esta plataforma musical de horrible publicidad, nos propone un sonido latino bailable pero dulzón. Si a esto le sumamos el arribo de Diplo a las radios latinoamericanas, el sonido electrónico, pegado, punchi-punchi, se une a las infinitas producciones y colaboraciones de Pitbull o de Enrique Iglesias. Consideremos también el nacimiento de one hit wonders como "Me Rehuso" de Danny Ocean y todas las canciones de The Weeknd, que –en lo personal– me suenan iguales.

Con el remix de "Despacito" el pop toca la fibra más íntima del reggaetón: el romance apasionado y húmedo del trópico. Y le toca para contagiarse de él, no al revés. Hace del reggaetón una superficie visible para habla inglesa, un ritmo tan internacional y transversal como el sexo, la fiesta y el exceso.

  • Mainstream/Underground

Al borrarse los límites entre reggaetón y pop, lo que nos queda es un flow suavizado, letras amaneradas y rimas para el calce de cualquier oreja. Con ello dejamos sobre la mesa la dignidad urbana, gangsta y barriobajera del reggaetón. De repente, existe un reggaetón que excede a la población pobre, que va más allá del naco, del flaite, del huacho, del inmigrante indocumentado. De repente, todas las figuras, chapas, slang y modismos de los caseríos y poblaciones de Panamá, Puerto Rico, Colombia, Chile, Argentina, México comienzan a aparecer en canciones que no dicen nada. Que no dejan registro, ni reflejan cómo se vive, cómo se ama, cómo se luchan las vidas del sudaca relegado a su marginalidad. Resistiendo y fusionándose, el reggaetón busca nuevas fórmulas para sobrevivir al zarpazo pop de estrellas como Bieber y adefesios como Marama y Bombai.

Hace un año que Justin Bieber ya fantaseaba con Daddy Yankee. "La gasolina" aparecía en sus shows del Purpouse Tour, extendiendo el manto pop sobre la población latina siempre ávida de identidad, cercanía e intimidad caribeña. Así, la cultura dominante, eclipsada en el príncipe del pop, le comienza a hincar el diente al flow underground. Nos chupa la sangre des-pa-cito y nosotros felices lo bailamos.

Mas, lo que acaba de hacer Justin Bieber y todo el equipo que hace que él sea él, es enseñarnos que la vida útil de una canción no sólo la decide la industria, sino que también la dicta él. Lo dicta su capricho adolescente de subirse tarde a un hit veraniego del sur y recrearlo con voz de púber a punto de coger, encestándose así millones de reproducciones y de dólares también. Así, sólo por gusto, sin necesidad. O quizá -cómo sugiere el editor de Noisey MX- Bieber comprende mejor el sonido latino que otros gringos. Yo apuesto por el capricho adolescente, es más fácil y universal.

  • Orgullo latino/Imperalismo yanqui

Haciéndonos a un lado de la historia universal de colaboraciones musicales entre gringos y latinos, preguntémonos: ¿Cuál es la diferencia entre este remix y "Vente pa' acá de Maluma con Ricky Martin? Los metaleros se aprontarían a decir: ¡Es la misma basura! Pero no. Si bien Ricky Martin y su pop están mas cerca de Miami que de Puerto Rico, en su hit, con su 'hermano menor' Maluma, hacen un intento certero por mantener intacto el canon del pop latino. Que vendría siendo aquella fusión musical del reggaetón, la salsa, el raggamufin y ese sonido a gimnasio tan propio de Ricky. En el remix de "Despacito", Bieber no se detiene en el pop latino y directamente se mordisquea el flow húmedo de Puerto Rico, cantando atropelladamente sobre el coro de El Cangri.

El responsable de esto es J Balvin. Él hizo que Justin Bieber girara la cabeza y pusiera en los parlantes de las teenagers blondas la voz y cadencia de una identidad siempre rezagada, de los subalternos del pop gringo. Con este remix, se hace evidente cómo se están viniendo encima los gringos, sobre nuestra música e identidad urbana. Porque ya no somos nosotros mirando hacia arriba, creyéndonos gringos: es al revés. Son los gringos creyéndose latinos. Ya no hay que mirar para arriba, sino que para abajo: a nosotros mismos. Incluso podemos reconocer en este gesto la capacidad devoradora del pop y cierta urgencia del mainstream por engullirse, de una vez por todas, este género.

Ahora nos sentimos observados y eso nos halaga. Los medios hacen hincapié en que esta es la primera canción de Justin en español, como una gran noticia (¡Así de provincianos!). Pero eso es simplificarlo todo. Con este remix se corren las fronteras musicales y regionales. Los sonidos latinos viajan -sin permiso de Donald Trump- a las radios gringas, y están articulando no solo las fiestas, las radios, sino que también los deseos, el modo en que nos relacionamos con nuestros cuerpo y con el goce del otro. Viaje que adelantaron personajes como Shakira, Calle 13, Daddy Yankee o los mismos Gente de Zona.

Vemos entonces una relación paradójica entre el pop, la industria cultural y la política ¿Qué pasa cuando subes a la parrilla radial una serie de sonidos que nacen de tu población clandestina, ilegal, mal tratada? Por un lado, pudiese generar una sensación de unión, de "ser latinos" como un asunto global pero, por otro, también nos enrostra la capacidad gringa de impostar la voz y usar esta identidad como mera práctica pública. Mientras los latinos nos camuflarnos para ser invisibles, para no llamar la atención y ser presos o deportados.

Esta canción nace de mano Panameña, viaja a Puerto Rico y un canadiense la toma, implantándola en el corazón de todos los males del mundo. No es necesario explicitar dónde queda ese corazón. Mientras Fonsi canta con orgullo "Vamos a hacerlo en una playa en Puerto Rico", luego declara: "La canción "grita Puerto Rico por todos lados (…) Desde la letra al principio (…) hasta musicalmente hablando, pues la guitarra que se escucha es un cuatro puertorriqueño, un instrumento muy típico de nosotros que se me ocurrió mezclar con el género pop urbano y funcionó". Así, las fronteras musicales en plena arena movediza se desdibujan, a la par que aparece la autoafirmación del nacionalismo puertoriqueño: la historia de conquista y libertad de la isla vuelve a emerger, una y otra vez. La historia de un pueblo que aún padece de su condición semicolonial, que cuenta con una fuerte política de austeridad debido a la crisis de su deuda externa. Ahora, luego de este remix, deberíamos preguntarnos quién le debe a quién.

Junto con el orgullo de ser latino, se subraya la hibridación y el reconocimiento de lo latino como un ethos mutante, como un engendro sin origen, un bastardo sin padre desde el nacimiento. El reggaetón, así como los latinos, hemos nacido por hurto, un hurto e implantación del ritmo, tal y como acusan los panameños a los puertorriqueños; una usurpación de la madre, tal y como las etnias latinoamericanas –que somos nosotros– hemos denunciado históricamente en lo local y familiar.

Ya vamos tres generaciones que crecemos en el malinchismo de la cultura underground del reggaetón. Ese malinchismo que implicaría la devoración de una identidad con otra desde la igualdad. Como diría Bolivar Echeverría en Ziranda: "una falta de respeto ante la autoridad de todo lo heredado, lo propio y lo ajeno en igual medida". Una falta de respeto a la autoridad del pop gringo y a la impronta del género urbano, una horizontalidad de las identidades musicales. Dimensión que podría explicar el flujo de estilos, estéticas y tribus urbanas que poseemos en Latinoamérica. Padecemos una identidad que se mete con otra y devora cuánto de ella pueda ser devorado de sí misma. En "Despacito" tanto el pop como el reggaetón devoran y son devorados. Un gesto muy Luis Fonsi, muy Justin Bieber. Mas, la excepcionalidad de este remix, es que en él confluyen muchos tejidos que conforman un monstruo y una encrucijada: un patchwork de tres lenguas, dos idiomas y cuatro manos. Un Frankenstein mestizo llamado "remix" que pone a prueba el ciclo de la música mainstream al inaugurar algo nuevo en un territorio de nadie. Lo que equivale a decir que su éxito se debe a lo inestable de su contexto. Incluso a la capacidad que tengamos de leerlo.

Pero bailamos con el pecho abierto: esto nos llena de orgullo, esta defensa de nuestra historia a través de la música. Orgullo de ser sobrevivientes del abandono, la pobreza, la esclavitud, los gobiernos corruptos, la discriminación, los bloqueos económicos, la imposición de los cánones estéticos, académicos y musicales, que nada tienen que ver con nosotros. Mismo orgullo que discurseó J Balvin, en los Premios Lo Nuestro 2017 o en sus propios conciertos: "Soy latino y no me importa Donald Trump", cuando canceló s show en Miss Universo, o freestyleó como: ser latino es mi meta y a los latinos se respeta. El reggaetón al que Justin quiere echarle mano, en ese sentido, viene politizado, no es naif; tanto el sonido, como nosotros mismos -el público- venimos con un background de, al menos, 20 años. Ojo con esto, Justin.

La plusvalía del feat.

Las audiencias y sus plays, son el nuevo examen de vitalidad de la música popular. La música debe ser escuchada, descargada, bailada y desgastada por una población cada vez más bullante, más amplia y también más vieja. Por tanto, cuando los músicos realizan feat (colaboraciones) no solo están compartiendo gastos, sino que también se están haciendo conscientes de su segmento etario, económico y cultural. Los reggaetoneros se miran a sí mismos y ven qué es lo que representan. Establecen los límites de su figura y ponen sobre la mesa qué es lo que pueden aportarle a ese Frankenstein sonoro. Así administran el alcance de sus propios sonidos y sombras, el alcance de la audiencia y cómo mediar con ella, como hacerla reproductiva a su favor. Una vez que eso sucede, el reggaetón alcanza su estado total de maduración. Se repliega sobre sí y se vende como prenda de moda. Se forran: se enriquecen, le pegan el palo y aparecen los videos con autos y mansiones no prestadas.

Pero Justin Bieber quiere ser escuchando en los perreos, sin vergüenza, no quiere que nadie se resista. Quiere ser tan nigga, tan suburbano como Eminem siempre lo ha querido; repitiendo la historia del pop hasta el cansando y, usando esa ansiedad urbana, la transforma en un remix, nuca tatuada y vocesita de ardilla. Quiere colaborar y que le colaboren. Y lo logra. Hoy lo googlée 13 veces. No tiene reparos al adentrarse en el reggaetón, a pesar de siquiera saber bailarlo. La misma desvergüenza de Luis Fonsi al cantar junto a Daddy Yankee. Porque me pregunto: ¿Cuándo Luis Fonsi iría a pensar en compartir escenario con Bieber? Las cosas están cambiando y tal como lo exhibe la fotografía de este remix, el protagonista es el canadiense, no el reggaetón. Menos Fonsi, quien sonríe a los charts como sonríe la complicidad del colonizado.

El Monster Hit

¿Tienen techo los hits? ¿Cuánto vive un hit? ¿Qué hace ser un hit a un hit? Son preguntas que aparecen y no estoy en condiciones de responder. Pero si podemos apuntar unas ideas. Una de ellas es que el desgaste de una canción no es algo recuperable por Justin Bieber ni por nadie. Pero extender su vida al cambiarlo de casa, de región y volverlo hit veraniego del hemisferio norte es una jugada brillante. No solo somos los latinos los que nos vestimos con las colecciones estrenadas en la temporada pasada del norte, nosotros también los hacemos bailar ritmos ya probados. De hecho, somos nosotros los que hacemos tanto la ropa como la música, los que hacemos la chamba. En este sentido, un remix no sólo reactualiza, sino que también relocaliza su eje. Hace que una melodía desvencijada adquiera nuevo brillo. Tiene el poder de volver fetiche cualquier cosa.

¿Qué tiene "Despacito" que no tuvo "Chantaje" de Shakira y Maluma? ¿Qué tuvo, que no gozó el "Reggaetón Lento" de CNCO? Podemos decir: una letra cuidada, un tránsito entre la balada, la salsa y el latin pop, además de un video que buscó comunidad.

Los videoclips ya no son accesorio, no son suplementarios al single. Luis Fonsi y Daddy Yankee, lo saben y aparecen en pleno caserío, celebrando la calle y luego en un antro. La estética utilizada nos remite al también exitoso "Safari" de J Balvin y éste, a "Work" de Rihanna junto a Drake. Sin embargo, "Despacito" termina con un coro acapella y gente reunida en un circulo tribal, en una ficción de comunidad al son de los tambores. Me pregunto ¿Es que acaso esa fortaleza sonora, de ser música-musical y, al mismo tiempo, fantasía barriobajera una formula repetible? Tiendo a pensar que el video del remix, si existiese, tendría que dialogar con la fuerza de esta fórmula ganadora.

De slowly, nada

Un hit se pega, encanta, lo contagias, cansa y luego lo odias. Esa es la lógica del uso: en la música y el amor. Según ese ciclo, Bieber llega tarde a posicionar este "monster-hit" en el mercado anglosajón; no obstante, ya es considerado uno de los más grandes debuts musicales en Youtube, pues en solo 24 horas tuvo más de 20 millones de vistas. Es como si la audiencia hubiera estado pidiéndolo. Traduciéndose esto en que "Despacito" ya está en el número uno de Billboard's Hot Latin Songs, teniendo un peak en el puesto 44 de Billboard Hot 100. También está siendo considerada la canción en español que más alto ha llegado en las escuchas de Spotify, siendo la primera en español enmarcada en el Top 10 de la lista Global (por 10 semanas seguidas) y está en el top 10 de iTunes en, al menos, 40 países. Si esto le pasó sólo al feat entre DY y Fonsi ¿Qué le espera al remix y sus mediciones?

Menos números, más palabras: ¿Cómo nos explicamos el giro latino de esta mega estrella del pop gringo? No es anodino que suceda justo en este momento, luego de los ataques de bombas a Siria, Afganistán y el endurecimiento de las relaciones con Corea del Norte, por Donald Trump. Está bien: Justin no es estadounidense, pero representa todo su imaginario. Y quiere cantar reggaetón justo en el momento donde las políticas de inmigración de Estados Unidos se han endurecido, donde latinos trabajadores, estudiantes e indocumentados están debiendo regresar a sus países de origen. Luego de que sus historias de vida están siendo interrumpidas por este sujeto llamado como una caricatura de Disney.

En esa línea, "Depacito" Remix, viene a marcar un hito en el proceso de traducir a la idiosincrasia anglosajona, la identidad latina. Traducción y transmisión que se aceleró con J Balvin y Maluma. Presente que cuenta con el respaldo de Drake y su versión latina de "One Dance" junto a Ozuna, Zion y Lennox y Ñengo Flow y del mismísimo Ed Sheeran con su "Shape of You" junto a Zion y Lennox.

En estos días Justin celebra su nuevo trending topic en Twitter junto a los hijos de Ricardo Montaner y le canta los puertos riqueños, en su propia casa, un reggaetón, cortando a Luis Fonsi en mitad de la canción y todo el fraseo de Daddy. In your face, Donald Trump. In your face, Puerto Rico. Tal vez "Despacito" nos está enrostrando aquellas fuerzas ocultas que permiten el ascenso al poder de Trump y, al mismo tiempo, nos extiende una válvula de escape y contagio desde el reggaetón, a riesgo de radicalizar su fusión con lo que venga.

Pero aún hay esperanza: en nuestro ritmo y nuestra lengua. Tal y como hay algo intraducible en la letra, también lo hay en el sentimiento. Es muy difícil la traducción de un "despacito" por un "slowly" o quizá un "softly". Porque no es que yo vaya a bailar despacio contigo; es "despacito", es caliente, lento y húmedo. Tampoco es suave, de hecho, todo lo contrario. Por tanto, mientras Justin no aprenda a perrear, ni sepa español; mientras siga siendo el hombre blanco, rubio, heterosexual y privilegiado que es; mientras siga enfrascado en ser un rebelde tipo Highschool Musical, los latinos del submundo, amantes del flow violento podremos seguir perreando los pliegues de este orgullo y caliente corazón.