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Las clases de autodefensa se disparan desde la victoria de Trump

Mujeres, musulmanes y miembros de la comunidad LGBT se han lanzado en masa a matricularse en artes marciales en EE.UU tras la victoria de Trump.

por Sarah Kurchak
02 Diciembre 2016, 7:59am

Photo by Kobi Gideon/EPA

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La victoria de Donald Trump ha convertido a Estados Unidos en un país incluso más siniestro de lo que ya era para las minorías marginadas. La semana pasada, la organización humanitaria Southern Poverty Law Center había contabilizado más de 700 incidentes de maltratos y crímenes de odio registrados desde el día posterior a la victoria del nuevo presidente del pelo implantado. Y por mucho que Trump hiciera un llamamiento a los perpetradores para que dejaran de abusar —una intervención que ha dado de comer a los ventrílocuos de todo el país— no hay rastro de que su súplica haya cambiado nada, al contrario.

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Tal y como pintan las cosas, parece que los más desfavorecidos se han lanzado en masa a aprender artes marciales para defenderse de la que se les avecina. Según un artículo publicado recientemente por Erin Gloria Ryan en The Daily Beast —"Las mujeres se tiran al gimnasio antes de la llegada de Trump"— las clases de artes marciales y los cursos de autodefensa han "experimentado una crecida sin precedentes" desde la victoria de Trump.

El discurso xenófobo de Donald Trump ha empeorado la ya de por sí delicada posición de las minorías en Estados Unidos. Foto de Dominick Reuter, Reuters

Los cinco gimnasios, las organizaciones y los instructores a los que Ryan ha entrevistado para su artículo reconocen que el número de estudiantes registrados durante las dos últimas semanas ha ido en aumento. Algo que tiene un mérito o un valor doble, si se atiende al hecho de que es temporada baja para los gimnasios debido a la proximidad del Día de Acción de Gracias.

En las clases de autodefensa los números siguen subiendo. Tanto el instituto de Krav Maga —la letal arte marcial israelí—, como el centro Radical de MMA aseguran estar desbordados. Igualmente, el centro para la Educación Anti-Violenta de Brooklyn se muestra particularmente abrumado. "La directora ejecutiva, Tracy Hobson, asegura que lo que ha visto en la última semana es el mayor crecimiento en clases de artes marciales desde que fundara la organización hace 42 años", escribe Ryan.

"Hobson asegura que su organización ha recibido solicitudes de admisión llegadas de Nueva York, Carolina del Norte y hasta de Pennsylvania. Hasta se dio el caso de que un grupo musulmán estadounidense hizo una petición para recibir instrucción en autodefensa para 7 000 personas. Hobson también cuenta que 300 personas han confirmado ya su asistencia a la conferencia sobre autodefensa que su colectivo organiza periódicamente en un lugar en el que solo caben 25 personas", que era más o menos el número de asistentes habitual hasta hace diez días.

Foto de Zora Bensemra, Reuters

El incremento más significativo ha sido el número de mujeres, de musulmanes estadounidenses y de miembros del colectivo LGBT. En algunos casos, ya se están empezando a organizar par diseñar seminarios adaptados a las necesidades de la nueva oleada de estudiantes. El instructor de la escuela Radical de artes marciales mixtas, René Dreifuss, expresa que "en los crímenes de odio, los patrones del ataque pueden ser muy distintos [a los asaltos que no son específicamente de odio]. Si eres miembro del colectivo LGBT lo normal es que te asalte más de una persona, normalmente dos o tres contra uno. Te rodean triangularmente. Te arrinconan y allí se te abalanzan. Pero lo primero es arrinconarte".

En una escala menor —aunque no menos acuciante—, Canadá también padeció un incremento similar en las clases de autodefensa después de los atentados que asolaron París el 13 de noviembre de 2015 —un registro que se vio fagocitado sin duda por la campaña xenófoba que había orquestado el primer ministro saliente, Stephen Harper—. Entonces, la comunidad musulmana canadiense, en particular las mujeres musulmanas residentes en Toronto, se lanzaron a inscribirse a clases de artes marciales.

Aquellas clases no solo enseñaban a las mujeres de Toronto a defenderse de un ataque inminente, sino que les ofrecían claves para manejarse en un mundo xenófobo. "Hay quien cree erróneamente que la autodefensa consiste en aprender a dar puñetazos y patadas, pero no es así", asegura Marium Vahed, una estudiante de autodefensa que estudió karate en el pasado. "Muchas de las enseñanzas se basan en que seas consciente de lo que te rodea".

Y ahora parece que sus homólogas estadounidenses andan metidas de lleno en la misma búsqueda. "Yo creo que estas clases te ayudan a ganar confianza en ti misma", confiesa Tracy Hobson en The Daily Beast. "Es algo que se nota con los supervivientes. Las clases de autodefensa les ayudan a ganar confianza y a moverse por el mundo con más tranquilidad. Y creo que eso es algo que no debe subestimarse".

Sigue a la autora en Twitter: @Fodderfigure