El ascenso y la caída de Mido: el hombre que eclipsó a Ibrahimovic

FYI.

This story is over 5 years old.

mido

El ascenso y la caída de Mido: el hombre que eclipsó a Ibrahimovic

Hace 15 años, el Ajax tuvo la bendición de contar con dos jóvenes talentosos. Zlatan Ibrahimovic y Mido son un magnífico ejemplo de cómo pueden divergir dos carreras muy prometedoras.
5.10.16

Sigue a VICE Sports en Facebook para descubrir qué hay más allá del juego:

Muchas cosas pueden pasar en el fútbol a lo largo de 15 años. En 2001, el Leeds United dirigido por Peter Ridsdale se encontraba entre los mejores equipos de la Premier League, el Newcastle United se enfilaba hacia puestos de Champions y un tal Kevin Phillips era el orgulloso dueño de la Bota de Oro de Europa.

Mientras tanto, en Holanda, un joven delantero del Ajax de Ámsterdam llamado Zlatan Ibrahimovic estaba ocupado forjando su legado entre los mejores del fútbol europeo. Zlatan, sin embargo, no era el único joven delantero centro del conjunto holandés del que se esperaban grandes hazañas. El otro chico, de hecho, era dos años más joven y metía el doble de goles que el sueco.

Más fútbol: Cómo Zlatan usa técnicas de lucha para marcar golazos

Para el Ajax, el veinteañero Zlatan era una gran promesa, pero Ahmed Hossam Hussein Abdelhami —Mido, para ser prácticos— era todavía mucho mejor.

Mido disputa el balón en encuentro de Champions League. Foto vía PA Images

Mido, un niño prodigio, dejó su hogar para viajar a Bélgica con 16 años. En un período de tres años se convirtió en el ciudadano egipcio más famoso del planeta. Como dicta la tradición de los muy famosos, Mido no temía demostrar su estatus como miembro de la farándula: como jugador del Gent, su relación con Miss Bélgica alimentó fervientes críticas y titulares de prensa en ambos países. A los 20, su boda fue transmitida en directo por la televisión egipcia.

"En Egipto lo tratan como dios", comentó Ronald Koeman, entonces entrenador del Ajax, tras jugar un amistoso en El Cairo cuando el delantero tenía solo 19 años. Su delantero era seguido por las masas a todos lados, y por un tiempo el estatus de Mido estuvo a la altura de lo que prometía. "Todos están impresionados. Los cazatalentos, el cuerpo técnico, todo aquel que lo ha visto jugar cree que es una joya", decía el director técnico del club, Leo Beenhakker.

Publicidad

Tanto Mido como Zlatan debutaron con el Ajax en la temporada 2001-2002 y ambos ganaron sus primeros trofeos trascendentes de sus carreras al hacerse con el título de liga y copa en Holanda. Eso sí, su contribución a esos títulos fueron opuestas. Ibrahimovic tenía el hábito de llevar a sus equipos hasta la victoria, pero ese año su nivel decayó considerablemente y solo pudo anotar un gol desde mediados de diciembre.

Por el contrario, Mido cerró a la perfección contribuyendo con diez goles en los últimos nueve partidos de la temporada para dejar a Zlatan en la banca y ver a su equipo coronarse con un partido de sobra. Esto hizo que se ganara el apodo de "el rey de El Cairo" entre los fieles del Ajax.

De regreso a Egipto, el nivel de adulación estaba en su punto álgido. "Mido es lo que se piensa en las calles árabes. Mido es la palabra de los hombres y mujeres árabes. Para los egipcios es como Maradona para los argentinos, tal vez hasta más", se lee en una crónica del periódico The Guardian en 2003.

Junto con el carrilero Andy van der Meyde, Mido e Ibrahimovic formaron un pícaro tridente: rebeldes prodigiosos con el mundo rendido a sus pies. El holandés cuenta anécdotas de cuando los tres solían echar carreras en las afueras de Ámsterdam —"Zlatan tenía un Mercedes, Mido alternaba entre su Ferrari y un BMW Z—, y los dos delanteros centro parecían disfrutar con toda la intención del mundo las ventajas de su profesión.

Publicidad

Casi siempre se llevaban muy bien, pero cuando no era así la situación era preocupante: en una ocasión, Mido arrojó unas tijeras a su compañero en los vestuarios, por lo que fue relegado al banquillo. "Me acerqué y le di un golpe, pero diez minutos después abandonamos el lugar de los hechos abrazados", escribe Ibrahimovic en su biografía. "Mucho después me enteré que nuestro entrenador se había quedado las tijeras como recuerdo para mostrárselo a sus hijos".

Mido celebra el gol de penalti que le dio la Copa Africana de Naciones a Egipto junto a su entrenador, que le había castigado sin jugar. Foto de Tara Todras, Reuters

Además de una fascinación por el alboroto, los dos compartían una tremenda felicidad por su propio legado, siempre con la intención de sorprender a la prensa con sus declaraciones. Cuando Mido fue cuestionado sobre la manera en que su esposa se acostumbraba a la vida en Holanda respondió así: "Por supuesto que está contenta. Está conmigo, cómo no podría estarlo". Los egos se habían encontrado en el lugar preciso, y compaginaban a la perfección.

Pero por más similares que eran sus personalidades, todo alarde y virtuosismo, sus relatos existenciales no podían ser más opuestos. Mido nació en una familia de El Cairo muy adinerada y su padre le construyó el camino por medio de universidades privadas enfocadas al deporte. La ruta de Zlatan hacia la cima comenzó en el barrio Rosengård de Malmö. "Latas de cerveza, neveras vacías, música yugoslava y la Guerra de los Balcanes; eso es lo que teníamos en casa", recuerda el futbolista sueco.

Publicidad

Un chico rico, el otro pobre, ambos increíblemente talentosos y enemigos de lo autoritario; por un período corto de tiempo, nos dieron la impresión de que podrían dominar el fútbol europeo por muchos años.

Pero mientras que uno de ellos ha logrado exactamente eso —convirtiendo su naturaleza indomable y estima propia en una carrera brillante—, el otro dejó que estas mismas cualidades lo llevaran a tomar un rumbo distinto. La carrera post-Ajax de Ibrahimovic ha generado 330 goles, ha jugado en seis grandes de Europa y ha ganado 16 trofeos. La década de Mido suma 49 goles y una cesión al Barnsley, por poner un ejemplo. El primero acaba de empezar una nueva etapa en el Manchester United, mientras que el segundo lleva ya tres años retirado.

Mido con el Celta de Vigo. Imagen vía Reuters

Mido duró dos temporadas en el Ajax, donde el berrinche de las tijeras fue su último acto para desquiciar a Koeman. Después llegó una corta etapa en el Celta de Vigo, en el Olympique de Marsella —donde formó otra dupla fugaz con otro ídolo de nuestros días, Didier Drogba— y la AS Roma. Con el Tottenham Hotspur encontró algo de estabilidad, aunque no fueron más de dos años y medio.

Después de eso, se embarcó en una década de idas y vueltas en las ligas menos glamurosas de Inglaterra, al igual que dos breves períodos de cesiones en Egipto, antes de retirarse, hinchado y golpeado por las lesiones a los 30 años.

El currículo de sus últimos años —Middlesbrough, West Ham, Wigan, Barnsley— es un panorama desolador de parajes breves y desafortunados indignos para "el rey de El Cairo"; tras dejar los Spurs, Mido solo pudo anotar cuatro goles en una temporada. Los problemas físicos y rumores de su actitud en descomposición le persiguieron en todo momento, y su carrera internacional estuvo marcada por un ciclo incesante de tropiezos, intentos fallidos de redención y más caídas.

Publicidad

En 2006, Egipto llegó a la final de la Copa Africana de Naciones, en la que logró hacerse con su primer torneo en más de una década en la tanda de penaltis contra Costa de Marfil. Habría sido el punto más alto en la carrera de Mido, y tal vez lo fue, pero se encontraba viendo el encuentro desde las gradas tras haber discutido con su entrenador, Hassan Shehata, después de ser sustituido en la semifinal.

"Si me hubiera quedado dentro del campo, habría anotado. Lo lamento por los fans pero no por Shehata", fue lo que confesó de inmediato. Una disculpa mucho más sincera un día antes de la final fue suficiente para otorgarle un lugar en el estadio, pero no sobre el terreno de juego.

El estado físico de Mido se convirtió en un problema evidente al final de su carrera. Foto vía PA Images

En 2010 tuvo un golpe de suerte, ya que su estancia en Middlesbrough se había tornado agria y nadie quería repescarle. Su ex entrenador de los Spurs, Jol, le llevó de regreso a Ámsterdam toda una temporada en una demostración increíble de fe. Tras semanas con problemas de lesiones, dos goles en cinco partidos viniendo del banquillo le hicieron ganarse su primera titularidad, pero tras empatar ese partido el entrenador fue destituido. El aliado de Mido en los vestidores era historia, Frank de Boer tomó las riendas hasta el final de la temporada y el delantero saldría del club en un par de semanas.

De Boer le daría un giro a la campaña y el Ajax ganaría la liga por dos puntos: margen que los dos goles de Mido habían ayudado a concretar, pero para ese entonces, Mido se encontraba en otro período desolador en Egipto.

Publicidad

Tres años después, al mismo tiempo que Mido estaba cerca de la retirada, su viejo amigo Ibrahimovic aterrizaba en Francia, donde sus 30 goles impulsarían al PSG a ganar su primer campeonato en diez años. Tres años más tarde, podría repetir su hazaña en Inglaterra. A Mido se le vio por última vez en la televisión egipcia rapándose tras haber perdido una apuesta en contra del campeonato del Leicester City.

Aparentemente, resulta tentador analizar a ambos como las dos caras de la moneda: dos joyas talentosas, cada una la prueba de la importancia del impulso y la dedicación. Sin embargo, considerar las dos carreras como versiones idénticas sería caer en simplismos.

Para Ibrahimovic la popularidad ha sido un producto alterno de su éxito y algo tardío. Desde hace tiempo ha sido el mejor futbolista de su país, pero el Premio Jerring, obsequiado a los deportistas más célebres de Suecia, no llegó hasta bien entrada su carrera. "Lo vi como una señal de que había sido verdaderamente aceptado, no como jugador sino como persona", escribió.

Para Mido, la fama fue algo que le rodeó en su adolescencia y le convirtió en el ídolo nacional demasiado joven; la aceptación y la identidad nunca fueron un problema para él.

Tal vez por esto no sorprende que uno haya dedicado su carrera a demostrarle al mundo de lo que era capaz, mientras que el otro tuvo menos hambre de éxito. Mientras que Zlatan ha mantenido su sed insaciable de trofeos, Mido se despidió de su físico atlético hace tiempo y ahora, a los 33 años, parece listo para emprender una carrera como presentador televisivo.

Sus vidas tomaron un giro muy distinto, pero la amistad ha perdurado. "Ibrahimovic es grandioso", comentó Mido cuando se le preguntó en 2014 por su viejo amigo. "Para nada tiene mal humor, es la persona más amable que conocerás en tu vida".

Por más fácil que resulte aproximarse al cuento de Mido como uno de autodestrucción y potencial truncado, ser el primer futbolista egipcio conocido a nivel mundial es en sí una gran hazaña. Su carrera no mantuvo la llama encendida hasta el final, pero su influencia cultural sigue viva. "Mido ha cambiado la mentalidad de las familias que viven aquí", expresó Mahmoud Gouhary, uno de sus primeros entrenadores, en 2005. "Antes la educación siempre estaba por encima del fútbol. Ahora los padres dicen, 'Quiero que mi hijo sea como Mido'".

Sigue al autor en Twitter:@A_Hess