Así es un festival cuando mides un metro y medio

Sí, nos llega antes el olor a sobaco que al resto. Y no, no solemos ver nada en los conciertos.

por Ana Iris Simón; fotografías de Jesús Calonge
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jul. 31 2018, 4:00am

"Un metro cincuenta y tres, como Ariana Grande". Eso respondo cada vez que alguien me pregunta cuánto mido, algo que ocurre con más frecuencia de la que me gustaría. Ostento once centímetros de altura menos que la media de la mujer española. Y puedes pensar, Joder, tampoco es tanto, son once centímetros. Pero lo es. Te das cuenta de que lo es cuando, si te encuentras a alguien más bajo que tú por la calle y no es ni un niño ni una persona con acondroplasia —un enano, vaya— empiezas a exclamar "MIRA, MIRA, ES MÁS BAJITO QUE YO".

Porque ser bajito es más putada unas veces que otras, y entre las ocasiones en las que más putada es están los festivales. En los festivales se nota que 11 centímetros son muchos centímetros, y se nota casi desde el umbral de la puerta, cuando tus colegas miran hacia atrás y piensan que ya te has perdido.

En realidad lo que ocurre es que no entras en su campo de visión si miran al frente y tienen que desplazar su mirada hacia abajo, algo que ocurrirá varias veces a lo largo de la jornada. Las risas que se echarán a tu costa cuando se den cuenta de que no es que no estuvieras, es que eres tan jodidamente pequeño que no te veían, compensarán los sustos que les darás durante la velada.

ser bajito en un festival
Yo intentando hacer un vídeo en el que aparecen solo cabezas

El segundo y probablemente el más evidente de los daños colaterales de medir un metro y medio en un festival es que no vemos lo que pasa en el escenario. A veces vemos brazos, manos o trozos de cabeza moverse de un lado a otro, algo que se parece más a una peli gore que a un concierto, otras no atinamos ni a vislumbrar las pantallas.

Cuando nos quejamos por haber invertido más de cien pavos en un abono para ver sobacos, nucas y cabezas, siempre está el colega de turno que nos dice que "tampoco es para tanto". Hasta que le invitamos a agacharse, ponerse a nuestra altura y comprobarlo por sí mismo. Entonces alucina, se compadece y muy probablemente pregunte: "¿te cojo?". Algo a lo que también estamos acostumbrados los que medimos menos —mucho menos— que la media: a que nos cojan. Hay quien, incluso, se toma la licencia de hacerlo sin preguntar. Total, nos está haciendo un favor, qué más da que nos clave el hombro en las costillas, nos suba la camiseta hasta el cuello o simplemente, nos incomode.

ser bajito en un festival
Esto es lo que suelo ver en los conciertos

Además de los problemas de visibilidad, los bajos también pasamos más calor en las aglomeraciones, y eso incluye los conciertos (a no ser que sean de Iván Ferreiro a las cuatro de la tarde en un festival; en tal caso estaremos prácticamente solos).

Pero si no son de Iván Ferreiro o no son a las cuatro de la tarde, de repente nos vemos rodeados de hombros y de cabezas a las que les llega el aire fresco mientras que nosotros tenemos que conformarnos con el dióxido de carbono que expulsa el resto. También nos llega antes el olor a sobaquina y con más fuerza que a la población general, obvio. A veces incluso la mejor opción para nosotros pasa por sentarnos en el suelo. Total, vemos lo mismo y pasamos el mismo calor, pero por lo menos descansamos las piernas.

Otra jodienda con la que nos encontramos las personas pequeñas en los festivales es la imposibilidad de grabar un vídeo decente. Como no vemos nada de lo que ocurre en el escenario, para capturarlo tenemos que levantar mucho los brazos, hacer mucho zoom y tratar de acertar enfocando al bulto que intuimos que se mueve —mirando la pantalla del móvil, claro, porque como he relatado, el escenario no lo vemos—. Tampoco llegamos a las barras demasiado bien a veces y nuestra cabeza sobresale solo unos centímetros, lo que nos obliga a ponernos constantemente de puntillas para que nos hagan caso.

ser bajito en un festival
Si las barras son altas, sobresalgo mucho menos que el resto, como en esta

Y por último, pero no por ello menos importante está la dificultad de mear en un Poly Klyn si la circunstancia de medir 1,50 converge con la de ser tía. Porque nosotras no podemos hacer lo que las demás: situarnos de pie, con las piernas ligeramente flexionadas y dejar salir el chorro sin que nuestros muslos rocen demasiado la taza y manteniendo el equilibro.

Si queremos echar algo dentro y no apoyar el culo o las piernas en la taza, la única opción que nos queda ante estos váteres portátiles que, además, son más grandes que la media, es ponernos de pie encima de la taza, agacharnos y mear en cuclillas.

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Y tengo que ponerme de puntillas para que me hagan caso

Pero no todo iban a ser quejas: medir metro y medio tiene partes positivas, normalmente relacionadas con las características que la gente, de manera totalmente irracional, nos atribuye a las personas de baja estatura solo por ser personas de baja estatura: inocencia, candidez, vulnerabilidad...Por ejemplo, la peña se asusta cuando me meto a un pogo. Se asusta mucho, y supongo que vela más por mi integridad física por eso. Normalmente siempre hay dos o tres personas que se quedan mirándome desde fuera buscando con la mirada la ambulancia más cercana y que suspiran aliviadas al verme salir del tumulto.

Luego está el morro que le eches. A mí me gusta llamarlo hacer cumplir la máxima de Marx: "de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades", pero en realidad se traduce en que los bajos —parad de infantilizarnos llamándonos bajitos— nos colamos con mucha más facilidad que cualquier persona alta en cualquier cola.

ser bajito en un festival
Por otro lado, nuestra capacidad para colarnos y escabullirnos es mucho mayor

En las de las barras, por ejemplo, sabemos escabullirnos para estar antes que nadie y no siempre jugando limpio a la primera fila. Normalmente la peña no se atreve a decirnos nada gracias a / por culpa de esas cualidades que se nos presuponen por ser bajos mencionadas anteriormente.

Pero la mayor de las ventajas, la cúspide de las prebendas de medir un metro cincuenta en un festival es que normalmente, a veces incluso sin pedirlo, la peña te deja ponerte delante para que veas algo. Te invitan a ello porque total, por mucho que saltes, no interferirás en su campo de visión. Y eso, joder, eso te hace recuperar la fe en la especie humana, esa de la que eres el mínimo exponente.

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