Mínima vergüenza

Un pesebre para el uribismo

OPINIÓN | Los uribistas representan esa herencia católica mejor que nadie más: están el niño, la virgen, los reyes magos, los pastores, la mula, las ovejas, el buey, José y, por supuesto, el decorado.
2.8.18
Collage: VICE Colombia.

Artículo publicado por VICE Colombia.


Ya casi es navidad. Y como mis navidades se caracterizan por traerme de regalo exactamente lo contrario a lo que deseo, Colombia se adelantó a las festividades con el video del saludo del presidente electo Iván Duque al Rey de España. El desafortunado evento ya es conocido: un Iván Duque mínimo, actúa mínimamente frente al mandatario español, desconociendo (y tal vez en serio) la larga historia de servilismo entre la Colombia saqueada y la noble España. Saludos fueron mandados; saludos fueron ignorados.

Pero para devolverle al Centro Democrático este regalo, y seguir adelante con el tema navideño, hoy propongo armar el pesebre de la doctrina más peligrosa que ha parido Colombia: el uribismo. Ese de tildes mal puestas, puntuación mal hecha, dobles espacios arbitrarios, mayúsculas venteadas. Ese de falta de artículos y de excesiva voz pasiva. El del apego al lenguaje bélico y el de vagas nociones de diseño gráfico (hay que ver las fuentes que utilizan en sus piezas propagandísticas).

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El pesebre navideño es una costumbre que conecta a Colombia con sus orígenes coloniales, justo como la visita de Duque. Pero además de esa casualidad, el pesebre como forma va de acuerdo a sus creencias religiosas convenientes, a su provincianismo, y al hecho de que un pesebre sea, esencialmente, un montaje. Excuse my french.

El debut de esta columna es una apuesta alta: analizar los figurines de la amalgama semiótica que habita al Centro Democrático como partido, pero también como doxa criolla.

El niño: El del botón a punto de estallar. Toca guitarra, juega fútbol y canta vallenato. El niño manda razones, va a pagar facturas, juega mientras los grandes se ocupan. A este niño le han pintado el pelo de blanco, pero a nadie confunde, ni con su camisa blanca de actitud manos-a-la-obra, porque al final el niño solo es importante porque es hijo de su padre.

La virgen: Mujeres de pelo con highlights, denuedo de las que nunca han tenido hambre y fervorosas amantes del discurso de los “valores” (ver ovejas). Rostros, de más de cinco décadas, lozanos con ele de lifting. Vestidas siempre con alguna clase de chifon à la Hernán Zajar, que por cierto fue uno de los “artistas por Duque” al lado de renombradas irrelevancias como un tal Lucas Arnau. Ellas, por ejemplo, serían todo lo contrario, todo lo más contrario, al aguardiente. Por lo general tienen un ojo perezoso, entrecerrado en las fotos. Damas de bisutería bien visible y de crinolina simbólica.

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Los reyes magos: Entre los reyes magos hay un expresidente cuyo fracaso le ha hecho crecer un par… de resentimientos. Un exministro, con programa de radio, que cree que el Nobel de la paz puede ser comprado. Un exprocurador de la nación que sobre el Marco Jurídico para la Paz dijo: “nos lo están metiendo con vaselina” (hay que actualizarse, Alejandro). Son señoros de blazer de paño italiano azul oscuro y dos botones dorados; barriga distendida; carita trajinada por la amargura; alérgicos a que el populacho se alfabetice. Sus ofrendas son descenso, letrina y odio.

Los pastores: Con palabras como ‘politizar’ que a veces intercambian arbitrariamente con ‘polarizar’, los pastores inician o terminan cualquier oración. Estos pastores ven en la lucha de clases un ‘odio de clases’, defensa lagarta que sería comprensible si no fueran, ya saben, pastores. Bajo la manga de camisas de colores para olvidar guardan siempre una estampita de Hugo Chávez para botar en caso de emergencia goda.

Bajo su mano siempre fotos explícitas de muertos las cuales usan como cayado. Siempre bravucones. Algunos raptan la estética campesina con pinticas sencillas de pantalón beige y algunos adornos arrieros; otros, se visten como para negarla con cada prenda: la hipercelebración del logo en el zapato, en el cinturón, en la hebilla del cinturón, en los pañuelos, en las corbatas, en las medias. El único requerimiento para ser pastor: no tener escrúpulos. Un pastor, puede ser, digamos, un exsicario de Pablo Escobar.

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La mula: A la mula del pesebre uribista la reconocerán por frases como, “criticando al capitalismo desde sus iPhones jejejeje” y en Twitter por sus avatares de huevo. La mula desea feliz Saint Patrick’s y Fourth of July (no me pregunten por qué). Usan camiseta de la selección Colombia y sombrero vueltiao en los aeropuertos. Son altos consumidores de “medios independientes” de origen dudoso (blogs, pero quién los contradice). Seguidores de RCN (porque es objetivo); retuiteadores profesionales de la señora Gurisatti (porque de tan rubia debe ser neutral). Su mejor amigo es el botón de compartir en Facebook. En el universo de la mula, Mia Khalifa es la hija de Gustavo Petro.

Las ovejas: Personalmente, mis favoritas. Son las que usan hashtags de este nivel: #Femeninas #Rescatando principios, *inserte otro aquí en contra del aborto*. Podría pensarse que son versiones inocuas de La Virgen, y puede ser, excepto que las ovejas son traducciones hiperbolizadas de lo que el narcotráfico nos ha heredado como feminidad: narices a punto de desaparecer, tetas a punto de estallar, extensiones de pelo hasta el suelo (perdón J Balvin). En sus fotos en bikini las ovejas discuten de política y ponen frases inspiradoras (e instigadoras). También repiten sin descanso que la envidia es mejor despertarla que sentirla je je je. Para ellas ‘no hay prensa mala’ (pero sí la hay, Karen, date cuenta). Son mujeres que en últimas esperan que una entienda a lo que se refieren con ideología de género cuando dicen ideología de género. Hay cierta universidad productora de ovejas en el Norte de Bogotá: tan lejana, que a cualquiera le podría pasar que piense, ¿por qué la vida no puede ser un pesebre club campestre?

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El buey: Para el buey el capitalismo casi que no existe; las clases sociales son resultado de gente perezosa vs gente que trabaja. Gente que no tiene agua potable por pereza; y gente que sí trabaja. Gente que no tiene cómo pagar la educación impagable de este país; y gente que sí trabaja, o al menos camina hasta el cajero. Gente obsesionada con que la pobreza se cura trabajando. Comúnmente radicados en Miami, o en el mayami de sus delirios. Gente bien de Escalade, camioneta fálica, aunque a mí más bien me parece una extensión del culo (lo que explicaría un par de cosas). Gente bien de cabalgata. Gente bien de Andrés D.C. Gente que se viste divinamente.

José: Y aquí la analogía se vuelve más compleja porque estoy tentada a comparar al personajillo con una entidad divina, pero como está siendo procesado, dejémoslo así: de Crocs. A caballo. Sombrero en pecho. Lenguaje inventado: esta semana nos deleitó con la palabra ‘indagatoriar’.

El decorado: En el decorado estaremos el resto durante cuatro años. Pero sin desanimarse, al final al decorado nadie lo ve, pero siempre está viendo.


Valentina es escritora. Sigan a nuestra autora por acá. Háganse ese bien.