Sexo

Lo que he aprendido como trabajadora sexual lesbiana

‘Las mujeres heteros que nunca han practicado sexo lésbico suelen querer probarlo todo a la vez. Tan pronto quieren hacerte una comida como ponerse un strap-on’.

por Velvet; tal y como se lo contó a Djanlissa Pringels
04 Septiembre 2018, 3:45am

Foto via Wikipedia 

Este artículo se publicó originalmente en VICE Netherlands.

Todavía iba a la universidad cuando perdí mi trabajo a media jornada en una residencia de ancianos. Sabía que el siguiente trabajo que tuviera tendría que tener horarios flexibles y permitirme ganar mucho dinero en poco tiempo. Así es como acabé ofreciendo servicios sexuales. Ya tenía experiencia como bailarina de burlesque en Ámsterdam, por lo que no era del todo novata en la industria del sexo, y además, siempre me ha atraído este mundillo.

Soy gay, por lo que desde el principio tenía claro que quería trabajar para una agencia en la que mis clientes fueran solo mujeres. Por aquel entonces no sabía si existía alguna agencia así. No me habría importado trabajar para una agencia normal, pero sabía que no tenía mucho que ofrecer a los hombres. No me atraían y nunca había practicado sexo con uno, por lo que me parecía un poco injusto cobrarles por ello y, en cualquier caso, no me habría sentido muy cómoda haciéndolo.


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No fue nada fácil encontrar una agencia solo para mujeres en los Países Bajos, pero finalmente di con The Naughty Woman, fundada por dos lesbianas. Cuando llegué a sus oficinas, me preguntaron qué opinaba de la industria del sexo y hablamos sobre la importancia de respetar mis límites y los de las clientas. También me preguntaron si sabía cómo usar un strap-on. Cuando salí de allí, el trabajo ya era mío.

Mi primera clienta fue una mujer que estaba en Ámsterdam por negocios. Yo estaba hecha un manojo de nervios, pero cuando vi que ella era un poco tímida, enseguida cambié de actitud para hacerla sentir cómoda. Estuvimos juntas una hora, tiempo suficiente para corroborar que me encantaba mi nuevo trabajo.

Ahora llevo más de un año ofreciendo mis servicios sexuales. Mis clientas son muy diversas: he tenido clientas lesbianas y bisexuales, pero también heteros que siempre habían fantaseado con acostarse con otra mujer pero nunca se habían atrevido a ir a un bar gay para buscarla.

El mito más persistente es que lo que hacemos las lesbianas principalmente durante el sexo son tijeritas, cosa que, obviamente, no es verdad

Hay algo que me resulta muy chocante respecto a mis clientas heteros: parece que todas vienen muy influidas por el porno lésbico, que en mi opinión poco tiene que ver con la realidad. Por ejemplo: las mujeres heteros que nunca han practicado sexo lésbico a menudo quieren probarlo todo a la vez. Tan pronto quieren hacerte una comida como ponerse un strap-on.

El mito más persistente es que lo que hacemos las lesbianas principalmente durante el sexo son tijeritas, cosa que, obviamente, no es verdad. Aparte de eso, el sexo lésbico suele seguir un patrón distinto al heterosexual: es más pausado y normalmente empieza con un masaje y un poco de besuqueo para luego pasar a ir desnudándose gradualmente. Y lo más importante de todo es que nada es obligatorio.

Si cambias de opinión en mitad de la faena, no pasa nada. Trabajando de esto enseguida me di cuenta de la importancia de la comunicación, antes y durante el sexo. Quiero que mis clientas se sientan lo más cómodas posible. De hecho, eso es lo que me atrae del sexo, la posibilidad de ayudar a alguien a descubrir una nueva forma de intimidad desde su posición de control.

Algunas de mis clientas están en proceso de averiguar su identidad sexual, mientras que otras vienen a verme porque tienen dudas sobre la masturbación o sus cuerpos. Yo recomendaría a quien tenga inquietudes sobre sus preferencias sexuales que primero experimente con una profesional del sexo, simplemente porque ellas le darán todo el tiempo y el espacio que necesiten para explorar y averiguar qué les gusta. He tenido clientas que, después de una sesión conmigo, me han confesado que quieren reflexionar más respecto a su preferencia sexual.

Curiosamente, también he tenido clientas que nunca habían practicado sexo y querían practicar conmigo antes de acabar en la cama con alguien que tuviera las expectativas muy altas. Mi clienta más joven, por ejemplo, sabe desde hace mucho que es lesbiana pero todavía es virgen simplemente porque no sabe cómo desenvolverse en el aspecto sexual. Mi clienta de más edad tiene una historia similar: salió del armario a los 89 años y vino a verme porque quería saber cómo es el sexo con otra mujer.

Aunque no lo parezca, esas pocas horas pueden ser muy intensas para ambas partes, ya que muchas veces el sexo también abre las puertas a los verdaderos sentimientos de una persona

Hay otra clienta a la que nunca olvidaré. Había sido víctima de una violación. Me contó lo ocurrido y después las dos exploramos y descubrimos el cuerpo de la otra. Procuré que se sintiera cómoda e insistí en que no hiciera nada que no le apeteciera. Al principio, percibí que le costaba marcar límites, pero después de guiarla un poco, empezó a responder a mis preguntas, lo que nos permitió establecer qué le gustaba y qué no. Tuve oportunidad de ver cómo se sinceraba durante nuestra sesión y fue una experiencia maravillosa para las dos.

Para mí supone un honor increíble formar parte de un momento tan sensible y especial de la vida de alguien. Aunque no lo parezca, esas pocas horas pueden ser muy intensas para ambas partes, ya que muchas veces el sexo también abre las puertas a los verdaderos sentimientos de una persona. Puede llegar a ser una experiencia muy profunda.

Por lo que me cuentan las chicas que trabajan con hombres, las mujeres no tienen demasiadas exigencias respecto a mi aspecto físico. Por lo general le echan un vistazo rápido al texto introductorio que hay junto a nuestro nombre en el sitio web, pero si quieren pueden pedirnos que les enviemos una foto o que llevemos algo concreto durante nuestro encuentro, como pintalabios rojo o ropa interior de encaje negra.

Me encanta mi trabajo por la intimidad, pero aún tengo que lidiar con muchos prejuicios. Mis amigos y familiares saben a qué me dedico y no tienen ningún problema, pero de vez en cuando algún conocido me bombardea con un montón de preguntas personales. Como lesbiana, estoy acostumbrada a eso hasta cierto punto, pero muchas veces la gente se cree que porque sea prostituta me pueden preguntar cualquier cosa, desde cómo hago que las mujeres lleguen al orgasmo a qué juguetes sexuales uso o cuáles son mis tarifas.

No me extraña que muchas mujeres no se atrevan a pagar por sexo, ya que normalmente tendrán que aguantar que se les acerquen hombres a preguntarles si pueden grabarles o mirar mientras lo practican

Pero tampoco les culpo, porque a día de hoy la sexualidad femenina todavía parece asustar a la sociedad. Tampoco me sorprende que muchas mujeres no se atrevan a visitar el barrio rojo y pagar por sexo, ya que normalmente tendrán que aguantar que se les acerquen hombres a preguntarles si pueden grabarles o mirar mientras lo practican. Por desgracia, todavía hay gente que ve el sexo lésbico como algo exótico y extraño. Es importante que nos libremos de ese estigma sin perder la emoción.

Durante un tiempo, intenté distinguir entre —la trabajadora sexual— y la persona que soy en la vida privada. Sin embargo, cuanto más pensaba en ello, más claro me quedaba que ambas personalidades han acabado fundiéndose en la misma persona. A veces eso me molestaba y me preguntaba si quizá estaría revelando demasiado de mí misma a mis clientas, pero al final entendí que no tengo por qué separar ambos mundos. Soy como soy, y Velvet forma parte de mí.