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Este médico puede sentir el dolor de sus pacientes, literalmente

La empatía consiste en algo más que en verse reflejado en alguien.

por Shayla Love; ilustración de Lia Kantrowitz; fotografías de Tony Luong; traducido por Laia Pedregosa
28 Mayo 2019, 3:45am

Una mañana de invierno de 2007, un estudiante de Medicina fue a atender un código azul en la Universidad del Hospital de Miami. Un hombre se había desplomado en la sala de espera.

Antes de que sonase la alarma, ninguno de los dos hombres se conocía. Segundos después, se generó un vínculo entre Joel Salinas, que tenía 24 años en aquel entonces, y el hombre que estaba sufriendo un ataque al corazón, y no se trataba únicamente de su deber de intentar salvarle. Un golpe de suerte hizo que el cerebro de Salinas fuese capaz de notar en su propia piel lo que estaba experimentando el hombre. Salinas tiene algo que se conoce como sinestesia tacto-espejo, un fenómeno que permite a una persona sentir lo mismo que otra.

“Sentí una presión en la espalda contra el suelo de linóleo, mi cuerpo se hundía con cada compresión, el pecho se me hinchaba con cada ráfaga de oxigeno que me entraba desde los tubos, una sensación de vacío que iba desvaneciéndose”, escribió en sus memorias, Mirror Touch (Tacto-Espejo), publicadas en 2017. “Notaba que me moría, pero a la vez no”.


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Después de que una marea de médicos y enfermeras dedicaran 30 minutos a intentar reanimarle, el paciente fue declarado muerto. Salinas se quedó mirando el cuerpo. “Yo también yazco muerto junto con él”, escribió. “La falta de sensaciones en mi propio cuerpo, la ausencia de movimientos y la falta de respiración, de pulso, de cualquier tipo de sentimiento, solo una ensordecedora ausencia”.

“Para mí fue un momento traumático”, contaba Salinas cuando nos encontramos el pasado noviembre en el vestíbulo de un hotel del centro de Boston, cerca del Hospital General de Massachusetts, donde ahora ejerce como neurólogo. “Pero cuando me recuperé, estaba realmente alterado, así que empecé a decirme a mí mismo que iba a ser el mejor doctor que pudiese ser. Sentía la necesidad de resolver aquel asunto, no podía mostrarme así de inestable delante de los pacientes”.

Ahora, a la edad de 34 años, a Salinas se le da mejor gestionar el bombardeo de sensaciones de las otras personas. Desde que se publicó su libro, ha sido sujeto de diversos artículos que hablan de la sinestesia tacto-espejo como principal motivo de que sea un excelente doctor, más que suponer un estorbo para su trabajo. Como comentó un reportero, “debido a su capacidad tacto-espejo, es muy atento con sus pacientes, dando como resultado una gran empatía con su afección”.

"La sinestesia tacto-espejo podría ser una parte fundamental para entender cómo los humanos experimentan la empatía"

La condición de Salinas puede parecer la trama de una novela de ciencia ficción, pero se trata de una posible explicación de neurología que encaja mucho con este mundo: la sinestesia tacto-espejo podría ser una variante exagerada de un proceso que se da en todo cerebro humano: la capacidad de reflejar o simular de alguna manera lo que están haciendo o sintiendo otras personas.

Para muchos de nosotros, ese tacto-espejo ocurre bajo la superficie de nuestra conciencia, y el cerebro de Salinas parece explorar esas profundidades con frecuencia. La sinestesia tacto-espejo podría ser una parte fundamental para entender cómo los humanos experimentan la empatía, y estudiar casos como el de Salinas podría ofrecerles a los científicos una visión poco habitual de la importancia emocional que impulsa el funcionamiento de nuestro cerebro.

La empatía parece ser la piedra angular de la humanidad: el proceso mental conduce a las buenas acciones, algo necesario para construir relaciones duraderas. Además, la empatía parece ser un recurso limitado en nuestro entorno político y cultural actual. Para muchas personas es complicado o imposible entender las perspectivas de las circunstancias que se alejan de sus experiencias. La búsqueda de mecanismos de empatía nos sirve de recordatorio: somos capaces de ponernos en la piel de otra persona, es más, puede que sea nuestro instinto.

Un frío y lluvioso viernes por la tarde, el servicio de Urgencias del Hospital General de Massachusetts era un caos de gente aquejada de algún dolor. Mientras Salinas caminaba junto los pacientes, vio a un hombre que se apretaba el estómago agónicamente, lo que hizo que él también empezase a notar molestias en su propio estómago. Otro hombre que dormía con un cubo cerca de la cara le provocó arcadas a Salinas. Suele trabajar en la planta de Neurología, y cuando se dirige a una habitación donde hay una persona que ha sufrido un embolia y no puede mover el brazo derecho, la pierna o la cara, una parte de su cuerpo también empieza a entumcerse.

Observé a Salinas mientras estaba haciéndole un examen neurológico a una mujer a la que habían vuelto a ingresar después de haber tenido una mala reacción ante un medicamento, siguiendo un tratamiento de cirugía cerebral. Iba vestido con un elegante traje gris oscuro y una camisa lila. Llevaba el pelo perfectamente peinado hacia atrás, dejando ver una cara simpática que todavía brilla con juventud. Si no te fijases bien, podrías confundirle con un becario demasiado bien vestido.

“El componente de la empatía es lo que te convierte en un médico especial”

Salinas le dijo a la paciente que moviese los brazos y las piernas de diversas maneras, y comprobó sus reflejos. La mano de la paciente dio una sacudida. “¿Suele tener unos reflejos enérgicos?, le preguntó.

“No lo sé”, dijo ella.

Continuó con el examen. Le dijo que sus reflejos parecían un poco nerviosos, y que la medicación podía haberle causado algún calambre.

“Creo que podría tratarse de algún efecto residual de la medicación”, dijo. “El movimiento de la mano izquierda era ligeramente más nervioso que el de la derecha, lo cual tiene sentido en el caso de su operación”.

Continuó satisfecho, me dijo después de poder sentir el cambio en el reflejo entre la parte derecha e izquierda en sus propias manos, lo cual le ayudó a alertarle de la diferencia. Teniendo en cuenta el resto la revisión médica, no parecía preocupante. El tacto-espejo también ayuda a Salinas a ver las sutilezas cuando está enseñando. Si un residente presenta un caso y siente un temblor en la mano que se reproduce en su mismo cuerpo, puede ser un indicio de que los pacientes se sientan inseguros o nerviosos, y así puede proseguir más tarde con ellos.

En la ultima década, ha tenido lugar un movimiento para fomentar la empatía durante la formación médica, para predisponer a los médicos a que intenten entender lo que están pasando sus pacientes y expresarlo mientras les tratan. “El componente de la empatía es lo que te convierte en un médico especial”, escribió un estudiante de medicina en 2007 en la revista American Medical Association Journal of Ethics. Sin él, los médicos son simplemente “ordenadores bien entrenados”.

Joel Salinas touching fingers
Foto: Tony Luong / Ilustración: Lia Kantrowitz

La conexión que tiene Salinas con todos aquellos que le rodean es prácticamente palpable. Lo extremadamente bueno que es escuchando y su constante contacto visual crean la impresión de que realmente se preocupa por lo que le dices. Sentí un escalofrío inexplicable —que probablemente siente mucha gente, con su libro al alcance de todo el mundo— porque fuese lo que fuese lo que sentí durante esa conversación, él también lo sintió. Era consciente de todas las veces que me estaba tocando la cara, apoyando la mano en la barbilla; sabía que todas esas sensaciones se estaban reflejando en él.

“Es el reflejo automático que tiene mi cerebro para intentar recrear las experiencias de otras personas, basándome en las mías y dependiendo del contexto, de la mejor manera que puedo”, dijo. Está claro que Salinas es una persona empática y que realmente se preocupa por los demás. Aun así, la conexión exacta entre el reflejo automático que tiene y la compleja emoción de la empatía todavía está por debatir. Cuando el tacto-espejo se descubrió, en un principio se pensaba que era el Santo Grial y que explicaría cómo nos relacionamos los unos con los otros, pero puede que descubramos que la empatía es algo más que experimentar el reflejo de los sentimientos de otra persona.

La empatía se mencionó por primera vez en un artículo en 1967, cuando el neurólogo Paul MacLean se refirió a ella como “la capacidad de identificar los propios sentimientos y necesidades con los de otra persona”. MacLean instó a la comunidad científica a investigarlo, escribiendo que la empatía podía ser “un tema de importancia crítica a la hora de resolver problemas urgentes de la era moderna, incluyendo la insensibilidad intrapersonal y la agresión”.

Menos de 20 años más tarde, se descubrieron las neuronas especulares (o espejo) por accidente en los cerebros de unos monos macacos. Los científicos se sorprendieron al descubrir que las mismas neuronas que estaban activas cuando un mono hacía algo activo cuando veía que los investigadores hacían lo mismo. El descubrimiento presentó la atractiva posibilidad de que quizá nuestros cerebros sean capaces de reproducir las experiencias de los demás en primera persona. Los científicos creyeron que habían resuelto el problema del funcionamiento de la empatía.

"Los científicos creen que quizá nuestros cerebros sean capaces de reproducir las experiencias de los demás en primera persona"

Al neurocientífico V.S. Ramachandran, conocido por sus libros de estudios de casos neurológicos y por trabajar con extremidades fantasmas, se le atribuye el logro de sacar las neuronas espejo del olvido académico en el que se encontraban. En un artículo del 2000, escribió que las neuronas espejo podrían hacer por la psicología lo que el ADN ha hecho por la biología”, ofreciendo un mecanismo para los rasgos y comportamientos que previamente no tenían explicación. Hay una relación directa entre la empatía —el deseo de entender e intimar con los demás— y el desarrollo del lenguaje y la cultura, escribió. El lenguaje y la cultura son señas de identidad de lo que nos separa de los animales. Así pues, las neuronas espejo fueron fundamentales para nuestra humanidad.

Después de un año del artículo “el uso de la frase neuronas espejo se había duplicado, y al cabo de una década aproximadamente, dichas neuronas espejo capturaron la imaginación del público, pretendiendo ofrecer una percepción en todo aquello que va desde la empatía con los clientes que van a terapia, en la diplomacia internacional, el aprendizaje de los niños de la música y cómo la gente aprecia el arte”, escribió el estudiante graduado en psicología, John Mark Taylor, en una publicación de un blog sobre la materia.

Pero que tengamos la habilidad de reproducir las acciones y los sentimientos de los demás no significa que las neuronas espejo sean la esencia de lo que supone el hecho de ser humano. Desde el descubrimiento de las neuronas espejo, la medida en la que se explicaban los complicados rasgos como la empatía y el altruismo ha sido cuestionada, y las teorías de que los defectuosos sistemas espejo eran un hilo conductor ante las condiciones como el autismo no han funcionado. Desde entonces, ha habido un retroceso en las afirmaciones de la relación directa entre las neuronas espejo y la empatía, pero ese proceso cognitivo ha seguido atrayendo la fructífera curiosidad de los científicos. Si nuestros cerebros son capaces de hacerlo, el pensamiento sigue, así que debe haber algún objetivo detrás de ello.

En 2005, los investigadores de la Universidad College de Londres informaron sobre la nueva forma de sinestesia en la que la “percepción visual del tacto consigue que se perciban las experiencias”. Fue el primer caso documentado de tacto-espejo, y ahora se estima que un 1,6 por ciento de la población tiene esa condición.

La mujer que sirvió como sujeto, nombrada C, en principio era una mujer sana. Cuando los investigadores examinaron su cerebro utilizando un la imagen por resonancia magnética funcional (IRMf), descubrieron que el sistema de activación de su tacto-espejo era más alto que el de la gente sin esa condición. “Lo resultados sugieren que, el sistema de reflejo en el tacto que tiene C es demasiado activo, y se posicionaría por encima del umbral de la percepción de la consciencia táctil”, escribieron los autores.

“Las personas con sinestesia de tacto-espejo pueden tener dificultades a la hora de suprimir a los demás y tienden a tratar los cuerpos de los demás como si fueran suyos”

Solo pocos años después, en 2009, Salinas se presentó en el laboratorio de Ramachandran en San Diego. Se había inscrito para el estudio sinestésico para las asociaciones para toda la vida entre los colores y los números. También ha sentido las sensaciones de los demás desde que era pequeño, pero nunca había pensado que era algo especial, aunque Ramachandran era consciente de lo única que era la condición de Salinas.

“Hizo una observación increíble de cómo podía sentir las sensaciones en sus propias manos cuando veía que tocaban a alguien, o en la parte del cuerpo en la que estaban tocando a esa persona”, dijo Ramachandran.

Ramachandran sabía que era probable que el sistema de reflejo de Salinas fuese diferente del de la otra gente, y que su participación presentaría la oportunidad de hacer preguntar sobre la función casual del sistema de reflejo y la empatía.

“Lo que ocurre con la empatía es que está relacionada con muchas construcciones”, dijo el neurocientífico de la UCL, Michael Banissy. Se trata de uno de los investigadores principales del tacto-espejo en la actualidad, y ha estudiado a más de 30 personas con la condición, incluyendo a Salinas. “Está relacionada con la consideración y la compasión, pero son ligeramente distintas de la empatía, porque la empatía consiste puramente en compartir experiencias. A partir de ahí, surgen las demás cosas”.

Banissy cree que las implicaciones de que tengamos neuronas espejo son importantes, pero que son demasiado simplistas. Ahora sabemos que más que unas “neuronas” espejo específicas que imitan el comportamiento, los humanos tienen un sistema cerebral completo que tiene propiedades para el reflejo, o que los dos están activos cuando se tocan y cuando vemos que tocan a las otras personas. La diferencia entre unas cuantas neuronas y un sistema de neuronas se encuentra en un extenso y dinámico proceso.

Si ves que tocan a alguien, hará que se activen partes similares de tu cerebro, igual que cuando te tocan a ti. Lo sabemos, la por resonancia magnética funcional (fMRI) del cerebro ha demostrado que el la sinestesia de tacto-espejo sobreactiva este mecanismo, pero solo hay una explicación potencial del por qué sienten cómo tocan a los demás.

Joel Salinas, doctor with mirror touch
Foto: Tony Luong / Ilustración: Lia Kantrowitz

En la investigación de los estudios estructurales, que se centra en el tamaño de las áreas, más que en su función, las personas con sinestesia de tacto-espejo exhiben diferentes áreas, como la unión temporoparietal. Según Banissy, este área reúne muchas cosas, una de ellas se asocia con el control de “ las representaciones propias de las de los demás” o la capacidad de identificarte como tú mismo, u otra persona como ella misma.

“Las personas con sinestesia de tacto-espejo pueden tener dificultades a la hora de suprimir a los demás y tienden a tratar los cuerpos de los demás como si fueran suyos”, dijo Banissy. “Podríamos referirnos a ella como ‘confusión entre nuestras experiencias y las de los demás’. Tienen más tendencia a incorporar las representaciones de los demás en representaciones de nosotros mismos”.

Abigail Marsh, una profesora de George Town, tenía 19 años cuando conducía a casa de noche y vio a un perro corriendo por la carretera. Cambió de dirección para evitar atropellarle, se salió de la autovía y de repente estaba tirada en el carril rápido sin móvil. Entre la oscuridad apareció un hombre que, “en una fracción de segundo, después de verme allí tirada, decidió parar su propio coche desde el otro lado de la carretera y recorrer cinco carriles de tráfico de la autopista a oscuras para llegar hasta donde estaba yo”, dijo ella.

Me ayudó a salir del peligro, a encender el coche y luego me dijo “ten cuidado”, y se fue. Marsh se sentía aturdida ante el hecho de que alguien pudiese ser tan amable y arriesgarse a que le atropellase un coche. “El hecho de que exista gente que arriesgaría su vida por salvar a desconocidos me parece una locura cuando lo presencias”, dijo. Desde entonces, ha dedicado su trabajo a la empatía y al altruismo, las dos cualidades parecen ser venir de un difuso límite entre uno mismo y los demás.

Marsh estudia los grupos de gente que presentan niveles de altruismo más altos de lo habitual, como aquellos que donan sus órganos a gente desconocida. Está involucrada en múltiples estudios que determinan que cuando dichos donantes de órganos vieron que otra persona sentía dolor, sus niveles de actividad eran parecidos a aquellas regiones del cerebro que se asocian con el dolor, ya que ellos mismos experimentaron ese dolor.

La profesora explicó que cuando los científicos empezaron a investigar mecanismos mucho más grandes del cerebro, encontraron algo más que imitación. Muchos neurocientíficos piensan en el cerebro como un órgano predictivo: está intentando encontrar patrones fuera del mundo, así que tienen que anticiparse a lo que va a tener lugar en tiempo real. Cuando interaccionamos con otras personas, nuestros cerebros pueden estar intentando representar lo que está sucediendo en su mente y creando un modelo de ello en la nuestra.

"La gente que muestra psicopatía parece tener muchas dificultades internas para representar los sentimientos de miedo de la otra gente, y el motivo es que tienen dificultades a la hora de experimentar sus propios miedos”

La investigación de Marsh ha examinado en qué medida es posible que la gente sea capaz de representar las emociones de los demás, como el miedo. La incapacidad de poder hacerlo podría ser un rasgo que conduce a la psicopatía. “La gente que muestra psicopatía parece tener muchas dificultades internas para representar los sentimientos de miedo de la otra gente, y el motivo es que tienen dificultades a la hora de experimentar sus propios miedos”, dijo. “Así que son incapaces de crear un buen modelo de lo que las otras personas sienten cuando tienen miedo. [Este modelo] en parte es similar al proceso del reflejo. Se trata de usar tus propias experiencias para llegar al estado de comprensión del estado de otras personas”.

Al trabajar con personas altruistas, Marsh ha descubierto que son mejores que los demás a la hora de representar los miedos ajenos. Se les da mejor reconocer cuando la otra gente está asustada, y las áreas del cerebro que están asociadas con la reacción al miedo desde el proceso del tacto-espejo, pero Marsh lo ve como otro tipo de reflejo. “No sabemos exactamente cómo funciona, pero parece tratarse de una sensación de simulación interna”, dijo ella.

Otra investigación ha demostrado que cuando la gente interacciona con los demás, especialmente con otros que les gustan, la actividad del cerebro se empieza a sincronizar. “[Eso] sugiere que en cierto modo están creando un modelo de los estados internos de los demás, o que los patrones de actividad de su cerebro se están haciendo más parecidos durante la interacción”, dijo Marsh. “Lo que ayuda a producir es algo relacionado con la compenetración. Cuando la gente dice algo como ‘en la misma onda’ realmente es cierto”.

Cuando vamos aprendiendo más sobre las construcciones biológicas de las emociones humanas, resulta que puede haber muchas formas de conseguir empatía. Nuestros cerebros tienen más de una ruta para intentar adivinar y luego simular lo que está pasando en la mente de otra persona, pero Marsh todavía piensa que mientras todas esas formas de simulación son importantes, deberíamos prescribir la empatía como la única cura para todos nuestros males.

Marsh no conoce a Salinas, pero dice que el hecho de que pueda sentir de manera automática el dolor de los demás no es un motivo necesario para que sea una persona que se preocupa por ellos. La empatía y la preocupación no son lo mismo, pero están relacionadas. “Puedes empatizar con el estado interno de alguien sin que signifique necesariamente que te preocupes por ello”, dijo Marsh. “La urgencia de preocuparte por el dolor de alguien o el sufrimiento parece ser un tipo de ‘efecto corriente’ de la empatía”.

“Puedes empatizar con el estado interno de alguien sin que signifique necesariamente que te preocupes por ello”

¿Será la empatía la razón por la cual Salinas ha decidido convertirse en un doctor porque se impulsa por los sentimientos de los demás? Quizá, pero también ha tenido que decidir preocuparse, y dedicar su carrera a ello, a preocuparse por los demás. Incluso sin el tacto-espejo, dijo Marsh, la gente altamente empática como Salinas dibuja se basa eb los sentimientos de compasión por los demás.

Lo que es lo mismo, el reflejo no solo conduce a la empatía. Todavía tenemos que elegir creer que los sentimientos de los demás son importantes. En el caso de Salinas, a veces tiene que reducir su nivel de empatía, para no sentirse abrumado y no poder actuar adecuadamente al respecto, mientras que el resto de las personas quizá necesiten ser más conscientes de ello. Puede que no lleguemos a experimentar el tacto espejo, pero, por defecto, nuestro cerebro intenta comprender a los demás.

La gente suele creer que hay algo místico en el tacto-espejo, dijo Salinas, sentado en su ordenada oficina que se encuentra a 15 minutos caminando del hospital. En la estantería hay volúmenes sobre la neurología de la sinestesia—Salinas dirigió su atención hacia esta literatura en su día para poder aprender sobre él mismo.


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Admito que después de leer las memorias de Salinas, en las cuales describe la gente que conoce mediante sus asociaciones sinestéticas, quise que me “leyese”. Quería saber de qué colores y números era, qué le venía a la mente cuando me vio. Tenía muchas ganas de que utilizase su magia, simplemente por curiosidad. Este impulso me hizo pensar en cómo la empatía no genera que se reciba empatía de vuelta. La gente suele aprovecharse de él, dice, incluso de manera no intencionada. Se abren a él, le cuentan sus secretos, y esperan que les sirva como terapeuta.

Salinas ha tenido problemas con sus propias relaciones. Es fácil para él perder a una pareja, y quedarse anclado a las emociones de esta, incluso más que a las suyas. Se casó con 30 años, se divorció 3 años después, y dijo que, con su exmarido, los límites emocionales se volvieron demasiado difusos. Parece ser que su propio mapa mental incluía a su pareja, y cuando se divorciaron, sintió como si le hubieran amputado una parte de su propio cuerpo.

Después de su divorcio, Salinas estuvo un año sin tener citas. Cuando tiene citas, la gente suele sentir una conexión muy fuerte con él al instante. “Sé que suena raro y arrogante, pero cuando digo eso, lo digo desde un punto de vista neurobiológico”, dijo él riéndose. “Imagínate hablar con alguien que te escucha activamente, que es muy empático y que está de acuerdo contigo en muchos sentidos”.

Puede tratarse de un círculo que uno mismo puede perpetuar. Si alguien empieza a sentir atracción por él, Salinas podría empezar a reflejarlo el sentimiento de vuelta, incluso si no se siente de la misma manera, y puede multiplicarse. Si alguien ha pasado por algo traumático recientemente, es fácil para él verse involucrado emocionalmente en ello y construir un vínculo basado en las sensaciones que se reproducen en su interior.

Ahora Salinas ha encontrado trucos para no perderse en los sentimientos de otras personas. Se centra en su propio cuerpo y en sus propias experiencias, o puede dejar de hacerlo físicamente, y también lo hace cuando se relaciona con sus pacientes. Puede parecer aislante, y a veces desearía poder hablar de su condición más a menudo, no de lo que siente, sino sobre los colores y las medidas que suele ver, pero no hay muchas personas que lleguen a entenderlo.

Vive cerca de una tienda de golosinas y, a veces, cuando pasa por allí, podría verse abrumado por el increíble olor de los dulces y los sinestéticos colores que lo acompañan. “Estoy como, Dios mío, ese lila y ese amarillo son demasiado”, nos explica. “Sacaría mi móvil para hacerles una foto y lo publicarla en Instagram como diciendo, ah, espera, que no es así como funciona el olor”. A veces, Salinas también metería la pata y comentaría que el color era muy ruidoso o le preguntaría a los demás si pueden oler un color particularmente fragante.

Todavía está empezando su carrera de investigación en medicina y aún no está seguro de si quiere centrarla en eltacto-espejo y la sinestesia pero, sea como sea, quiere hacer un estudio para el cual su cerebro pueda ser de utilidad.

"A muchos les sorprende que Salinas pueda elegir una vida que le supone ser tan vulnerable al dolor de los demás, pero él no se arrepiente de esa elección para nada"

Salinas quiere llegar a entender cómo las relaciones sociales influyen en la salud, y desarrollar herramientas que puedan medir esos efectos. Hay estudios que buscan patrones entre los mecanismos sociales que han demostrado que si tienes obesidad, es probable que tus amigos y los amigos de tus amigos también la tengan. Lo mismo pasa con la felicidad: quiere descubrir cómo las relaciones sociales afectan al volumen del cerebro, y los riesgos de desarrollar un impedimento cognitivo o alzhéimer. En el fondo, eso va unido a la habilidad sentimental de una persona, a los hábitos, a las sensaciones y a cómo se le contagian a otra persona.

A muchos les sorprende que Salinas pueda elegir una vida que le supone ser tan vulnerable al dolor de los demás, pero él no se arrepiente de esa elección para nada. Puede sentir las sensaciones de los demás desde pequeño, así que se lo toma con calma. Aun así ha admitido que a veces hace un esfuerzo para disfrutar de las ventajas que supone el tacto-espejo, sin incluir el dolor. Hace poco, empezó con la comedia improvisacional por diversión, y da la coincidencia de que el tacto-espejo es uno de los concepto que se enseñan. “Si no sabes que hacer durante una escena, puedes reproducir lo que está haciendo otra persona”, dice.

Estar rodeado de risas sienta bien, sienta muy bien. “La risa de la gente me produce una sensación como de flores salvajes iridiscentes”, dice él. “Esas pequeñas flores giran sus cabezas, reparando todo aquello que hay a su alrededor, de hecho sus pétalos cuentan con una cálida y maravillosa iridiscencia multicolor. Me encanta”.

Este artículo se publicó originalmente en VICE Estados Unidos.