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"Dario," il bambino da cui è partito il caso, insieme al padre Romano Galliera. La foto è stata conservata dal fratello maggior "Igor." Tutte le foto di Carolina Paltrinieri.

Asesinatos rituales y orgías pedófilas: el pánico satánico que conmocionó a Italia en los 90

Pese a los relatos que circulaban por Módena de niños a los que habían obligado a participar en asesinatos rituales en cementerios, todas las pruebas eran circunstanciales.
Leonardo Bianchi
Rome, Italy
CP
fotografías de Carolina Paltrinieri
6.11.19

Este artículo se publicó originalmente en VICE Italia.

Son las cinco de la mañana del 12 de noviembre de 1998. Lorena Morselli, madre de cuatro hijos y profesora de guardería en la ciudad de Massa Finalese, cerca de Módena, oye el timbre de la puerta. Al otro lado esperan siete policías con una orden de registro.

Los agentes inspeccionan las pertenencias de la familia y se incautan de varias cintas de vídeo de fiestas, bautizos y comuniones. Morselli no entiende qué está pasando. La policía le pide que despierte a su marido y a los niños.



En comisaría, notifican a la pareja que el tribunal de menores ha emitido una orden de protección de emergencia contra ellos. Según el documento, Lorena y su marido, Delfino Covezzi, habían estado permitiendo que un grupo de pedófilos se llevara a sus hijos regularmente por la noche para hacerlos participar en una serie de rituales satánicos en cementerios de la zona. Les retiran de inmediato la custodia de los niños y los llevan a un lugar desconocido.

Desconcertada y asustada, la pareja fue a ver a la madre de Morselli, quien los recibió llorando. La policía también ha estado en su casa y la ha arrestado a ella, a su marido y a dos de los hermanos de Morselli, todos acusados de abusar sexualmente de sus hijos. Toda la ciudad está conmocionada, pues era una familia muy respetada que nunca había tenido problemas con nadie, mucho menos con la ley.

De vuelta a casa, Lorena Morselli se tumba en la cama de su hija mayor y se abandona al llanto hasta quedarse dormida. Todavía no lo sabe, pero esa sería la última vez que vería a sus hijos.

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La vivienda de Lorena Morselli y Delfino Covezzi en Massa Finalese, Módena

Este año se ha reabierto este caso de “pánico satánico”, que la prensa italiana rebautizó como el de “los diablos de Módena”, después de que en 2017 se sacaran a la luz nuevas evidencias en el podcast Veleno, entre las cuales se incluyen sobrecogedoras revelaciones hechas por niños involucrados en el caso.

La historia realmente comineza en 1997, cuando varios miembros de los Galliera, una familia sin recursos de Módena, fue acusada de abusar de menores de edad de la zona. Los servicios sociales ha les habían retirado la custodia del menor de sus hijos, Dario* Galliera, ante las dificultades económicas que atravesaba la familia. Dario había sido reubicado con otra familia e iba a visitar a sus padres biológicos de vez en cuando.

Dario empieza explicándole a su madre de acogida que su hermano Igor* solía “hacer trucos debajo de las sábanas” a él y a su hermana. Preocupada, la mujer se pone en contacto con la psicóloga infantil, Valeria Donati.

Durante los meses siguientes, Dario explica más episodios similares en los que menciona a más y más personas y refiere detalles cada vez más perturbadores. Finalmente, la policía arresta a toda la familia.

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La casa de la familia Galliera, donde Dario segura que empezaron los abusos

Las autoridades creen haber dado con una red de pedófilos que abusan de niños en la casa de los Galliera y fuera de ella. El padre de Dario es acusado de instar a su hijo y otros niños de la zona a participar en actos sadomasoquistas a cambio de dinero y de vender fotografías y vídeos de dichos actos.

Según el relato de Dario, se investiga a otras cinco personas que no pertenecen a la familia y se les retira la custodia de sus hijos. Entre los investigados hay una madre soltera, Francesca Ederoclite, que se suicida en septiembre de 1997. Ella es la primera de una larga lista de muertes trágicas que salpican este caso.

El sonadísimo proceso “Pedófilos-1” comienza en 1998. La fiscalía basa el caso en las historias de los niños y los informes médicos sobre las supuestas víctimas, elaborados por una renombrada ginecóloga. Se condena a prisión a seis personas. Varias semanas después, una de ellas sufre un infarto y muere.

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El cementerio de Finale Emilia (Módena), en el que supuestamente se celebraron los rituales satánicos

Durante el proceso judicial, la fiscalía amplía la investigaciones a otros niños, cuyas historias de abusos, que son incluso más extremas, describen rituales nocturnos en cementerios, en los que los obligaban a quemar cruces y matar gatos. Cuentan que adultos ataviados con capas negras los metían en ataúdes y los obligaban a participar en orgías satánicas y a matar a otros niños, de cuyos cadáveres dicen que se deshacían arrojándolos a un río cercano.

Darío describe al líder de esta banda de pedófilos satánicos como un “alcalde” o un “médico” de nombre Giorgio, que viste un hábito y botas con tacón. Asombradas por la cantidad de detalles escabrosos, las autoridades arrestan a Giorgio Govoni, párroco de la zona. Nunca llegan a encontrar el material pornográfico que le acusan de poseer, pero sí hallan y requisan dos cosas en su casa: un par de botas de tacón y su ordenador, en cuyo historial de búsqueda aparecen, por separado, los términos “niña”, “dura” y “amigo de los niños”.

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El río Panaro, donde se dice que se arrojaron los cuerpos de las personas sacrificadas

Pese al apoyo mostrado por sus feligreses y por la Iglesia, el padre Govoni debe comparecer, junto con otras 15 personas, en la segunda ronda de juicios del procedimiento “Pedófilos-2”, durante el cual sufre un infarto y muere en la oficina de su abogado. Varios días después, 12 de las 16 personas encausadas son declaradas culpables y sentenciadas a un total de 157 años de prisión. El padre Govoni es declarado “líder de la secta” a título póstumo.

Un año después de las primeras confesiones de Dario, son ya 16 los niños separados de sus familias y 3 las personas muertas. En las pequeñas localidades de la región de Módena reinan el miedo y la incertidumbre.

Existe un problema en el caso: las pruebas de las que dispone la fiscalía son circunstanciales. No se halla el cadáver de ningún niño ni pruebas de allanamientos ni de fuego en los cementerios. Un grupo de expertos pone en tela de juicio los informes clínicos de la ginecóloga y todo el mundo se pregunta por qué no hay otros testigos.

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La tumba de Giorgio Govoni

Es 13 de noviembre de 1998, el día después de que las autoridades retiren a Morselli y Covezzi la custodia de sus hijos. En una reunión, los servicios sociales explican a la pareja que los niños “están muy contentos con su nueva familia” y no quieren volver a casa. Morselli no da crédito. No se esperaba nada de eso. Recordando lo ocurrido, me cuenta por teléfono: “Se llevaron a mis hijos sin hacer ninguna inspección, sin interrogar a nadie en la escuela, la iglesia, el club de excursionismo… nada”.

Morselli y su marido no son investigados hasta marzo de 1999, más de un año después de que les quitaran a sus hijos. Una de sus hijas finalmente los implica en los rituales satánicos, lo cual desencadena una tercera tanda de juicios, en el procedimiento llamado “Pedófilos-3”. Entretanto, Morselli descubre que está embarazada. Huye a Francia para dar a luz a su quinto hijo, Stefano, por miedo a que también se lo arrebaten.

La fiscalía abre dos nuevos procedimientos, “Pedófilos-4” y “Pedófilos-5” contra el padre de Morselli, sus hermanos y el primer abogado de esta, al que acusan de intimidar a sus hijos.

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Archivos presentados en los tribunales y artículos publicados por los diarios

En los juicios no se demuestra que se celebraran los supuestos rituales satánicos. Tras un largo proceso judicial, se absuelve a mayoría de los acusados. En el caso de Morselli y su marido, los juicios se alargan hasta 2014. Covezzi, no obstante, no llegó a vivir el final, ya que murió de un infarto pocos meses antes de que se lo declarara inocente.

“No solo mi marido está muerto. Hay un rastro de sangre. Hay familias rotas y muchísimo dolor”, me cuenta Lorena Morselli. Incluso ahora que todo ha terminado, ella nunca va a recuperar a sus hijos.

Federico Scotta fue condenado a 11 años en 2000 y puesto en libertad en 2011. Le retiraron la custodia de tres de sus hijos, el más pequeño de ellos en la misma sala de parto, ya que su mujer estaba embarazada durante la investigación. Ahora el caso está siendo revisado

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Un libro sobre el padre Giorgio Govoni

En 2014, el periodista italiano Pablo Trincia descubre la historia y decide crear un podcast. “En seguida me di cuenta de que en esta historia no había ni pedofilia ni satanismo”, me dice por teléfono. “Era algo mucho mayor, relacionado con la histeria, los falsos recuerdos, el sistema judicial, el sistema de acogida y adopción y mucho más”.

Trincia y su compañera, Alessia Rafenelli, iniciaron una investigación que se prolongaría tres años y en la que examinaron actas judiciales, entrevistaron a personas y expertos involucrados en el caso y visitaron los lugares en los que se produjeron los hechos. El podcast resultante, Veleno, fue publicado en siete episodios en el diario Repubblica.

Trincia y Rafanelli hacen hincapié en la explicación del concepto de “falsos recuerdos”, que Trincia define como “una desviación del proceso de la memoria que lleva a una persona a crear en su mente una ficción que es incapaz de distinguir de los recuerdos reales”. Trincia y Rafanelli creen que, formulando preguntas sugerentes, “corres el riesgo de infundir dudas en sus mentes en primer lugar y falsos recuerdos en segundo”.

Esto precisamente es lo que sospechan que ocurrió en este caso, y no son los únicos. En el veredicto final de los juicios de “Pedófilos-3”, los tribunales señalaban a los psicólogos y trabajadores sociales que colaboraban en el caso como personas “sin experiencia objetiva” y calificaban de “reprobable” su enfoque a la hora de interrogar a los niños.

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Federico Scotta

Asimismo, Trincia y Rafanelli lograron dar con tres de los entonces niños involucrados en el caso, entre ellos al propio Dario. “Nos dijo que estaba convencido de que le habían lavado el cerebro”, apunta Trincia. Las otras dos chicas son Sonia* y Marta*. Sonia asegura que nunca acusó a sus padres y que los servicios sociales la separaron de su familia basándose en lo que había explicado otro niño. “Me sentí secuestrada por los trabajadores sociales”, dijo en un episodio especial del podcast. marta es hija de la madre soltera que se quitó la vida al principio del procedimiento. Ahora, asegura que se lo inventó todo.

Estos testimonios han hecho que se reabra el caso y se revisen varios de los procesos judiciales. Morselli espera que se demuestre la inocencia de los acusados, pero sobre todo quiere llamar la atención sobre las verdaderas víctimas de esta historia: los niños. “MI sufrimiento es mío. Soy adulta e intento defenderme por mí misma”, asegura. “Pero ¿los niños? ¿Cómo voy a saber si sufrieron o lloraron? Tienen derecho a saber la verdad. Entonces podrán decidir qué creer”.

*La prensa italiana cambió los nombres de los aludidos para proteger la intimidad de los niños.