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La nueva generación de traficantes de cocaína pone a Perú a la cabeza de los narcoestados

La liberación de un poderoso narco, la existencia de grabaciones donde helicópteros del gobierno habrían fletado transporte de cocaína y denuncias a candidatos por presuntos vínculos con el narcotráfico plantean que Perú es un imperio del narcotráfico.
10.2.16
Foto fornita dal governo peruviano/EPA
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Perú ha combatido proverbialmente con Colombia por el sospechoso cetro que le encumbraría como máximo productor de cocaína mundial. Claro que la discreción de sus narcotraficantes, le había mantenido siempre en un segundo plano. Ahora, sin embargo, parece que la historia esté a punto de cambiar.

Gerson Gálvez Calle — también conocido como el "Caracol" — es uno de los responsables de esta nueva ola.

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El Caracol empezó a hacerse popular el año pasado, después de que saliera a la luz que es el responsable del cartel más grande y violento del país, una organización criminal a la que se conoce como Barrio King. Sucede que el Caracol empezó a labrar su siniestra leyenda un año después de haber sido puesto en libertad bajo circunstancias de lo más sospechosas.

El constante flujo de noticias sobre la súbita liberación del narcotraficante, y la escala de sus operaciones, han provocado que haya salido a relucir hasta qué punto el negocio del narcotráfico peruano ha penetrado en las instituciones del estado. Cada vez parece más incontestable que el ancestral país donde reinaron los incas se ha convertido de manera paulatina e irresistible en el proyecto de narco estado más sólido de Latinoamérica.

Tal es una de las pocas ideas que comparten Ricardo Soberón y Jaime Antezana: que el Perú se ha convertido en un narcoestado.

Soberón es ex responsable de la agencia antidroga peruana Devida, una organización a favor de la despenalización. Según él, al Perú ya no le falta nada para convertirse en ese narcoestado. "Ya casi está", dice. Antezana, por su parte, es un analista en seguridad que siempre ha defendido el gobierno de la ley y el orden, y que está a favor de la erradicación a la fuerza de los cultivos de hoja de cocaína. Antezana considera que el Perú está "cerca" de convertirse en narcoestado.

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Antezana lleva tiempo apuntando a que la política peruana está cada vez más infectada. El año pasado proclamó que al menos 10 de los 130 miembros del parlamento peruano estarían vinculados con el narcotráfico. Sus declaraciones corrieron como la pólvora y sembraron el clamor popular.

Muchos políticos, especialmente todos los que apoyan al encarcelado ex dictador Alberto Fujimori, reaccionaron con furia. Algunos de ellos incluso amenazaron con denunciarle.

'Todo el mundo aquí lo sabe pero nadie quiere decirlo'

La hija del líder en la sombra de la ultraderecha, Keiko Fujimori, encabeza hoy todos los sondeos para convertirse en la nueva presidenta del país. Keiko adelanta a su más inmediato perseguidor en 20 puntos, una obscena distancia que se ha ganado, paradójicamente, con una campaña que defiende seguir abogando por el legado de su padre. Keiko elude hablar del narcotráfico. Su oficina de prensa ha declinado la petición de entrevista de VICE News.

Por su parte, Kenji Fujimori, hermano de Keiko y también diputado abiertamente fujimorista, es quien más se ha pringado las manos con el polvo blanco. En 2013 se descubrieron 100 kilos de cocaína en un almacén de su propiedad, situado en la población portuaria de Callao, una ciudad sin ley y la más grande del país. Entonces Kenji culpó a la compañía naviera que estaba alquilando sus instalaciones y se desentendió de cualquier responsabilidad.

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"Todo el mundo aquí lo sabe, pero nadie quiere decirlo", dice Antezana sobre el la presencia en aumento del dinero de la cocaína en las instituciones públicas peruanas. "Cuando digo todo el mundo, estoy hablando del establishment. La población lo entiende. Esto es un país donde miles de personas, quizás 2 millones de personas, se han ganado la vida de alguna manera de la coca".

Según las últimas informaciones de Naciones Unidas, Perú sería, a día de hoy, el segundo máximo productor de cocaína a nivel mundial.

Las esterilizaciones forzadas en Perú de la época Fujimori podrían tener el juicio que merecen. Leer más aquí.

En 2014, Perú tenía una superficie estimada de 42.900 hectáreas de plantaciones de hoja de coca, el ingrediente principal para producir la sustancia. Aquel año, Colombia le arrebató el primer lugar en el ranking mundial de producción de hoja de coca, gracias a un espectacular aumento del 44 por ciento — que algunos achacaron a las inesperadas repercusiones del proceso de paz del país — que la situó en las 69.000 hectáreas. El único otro país que produce cantidades significativas de cocaína es Bolivia. El estado de Evo Morales plantó en 2014 20.400 hectáreas con hojas de coca, muy lejos de las cifras de los todopoderosos Perú y Colombia.

La cosecha de cocaína en Colombia alimenta tradicionalmente al insaciable mercado d Estados Unidos. En cambio, las producciones peruana y boliviana se esparcen por muchos otros lugares del planeta. Entre sus principales mercados, se cuentan Tokio, Londres y todo Brasil, el segundo mayor consumidor del mundo después de Estados Unidos. En Brasil se cocinan cantidades industriales del llamado bazuco o paco, una pasta de cocaína parcialmente procesada y altamente adictiva, que es muy popular en las favelas, y cuyo nivel de pureza es casi nulo.

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Se estima, igualmente, que alrededor de la mitad del cultivo de la hoja de coca en el Perú procede del valle del Apurimac y de los ríos Ene (VRAE), una zona escarpada ajena al gobierno de la ley, donde confluyen el Amazonas, las estribaciones orientales de los Andes y la frontera boliviana.

Aquella región selvática también es el escenario en el que se encuentran los últimos bastiones de la organización comunista y terrorista peruana Sendero Luminoso, cuyas ofensivas desencadenaron sendas guerras civiles en el país durante las décadas de los 80 y de los 90, que se cobraron casi 70.000 vidas. A día de hoy la organización ha renunciado a sus intenciones de abrazar la revolución maoísta, y se dedica a vender sus servicios de protección a los narcotraficantes. Entre sus acciones paramilitares recientes se cuentan alguna que otra emboscada a los patrulleros a pie del ejército, y el derribo ocasional de algún que otro helicóptero del gobierno.

Gran parte de la cocaína que se produce en el VRAE es transportada directamente a la vecina Bolivia a través de aeroplanos o de mochileros, que trasladan fardos por las espesuras de la frontera, un lugar especialmente frondoso.

Existen otras rutas para sacar la droga del país, como la frontera amazónica de más de 1.500 kilómetros que la separa del Brasil, los distintos puertos del Pacífico y el aeropuerto internacional de Lima. En tales casos o bien se la esconde en cargamentos o es transportada por las llamadas mulas, personas que transportan medidas aproximadas de 2 kilos a cambio de embolsarse unos 3.000 dólares.

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Antezana desea que el gobierno sea más eficaz a la hora de interceptar las cuentas corrientes de los narcotraficantes y de impedir su acceso a los productos químicos necesarios para elaborar la cocaína.

"Los buriers y mochileros son el blanco principal de la estrategia contra el narcotráfico. Son el eslabón más bajo, el lumpen proletariado de la industria. ¿Por qué no han detenido a más de los grandes actores, cómo, por ejemplo, en Colombia o en México?

La crisis del Lote 192 en Perú: gobierno e indígenas enfrentados por el petróleo. Leer más aquí.

Uno de los principales narcotraficantes peruanos de hace unos años fue Demetrio Chávez, conocido como el "Vaticano", responsable del suministro al magnate colombiano Pablo Escobar. Chávez fue puesto en libertad a principios de este mes después de haberse pasado 22 años en prisión. En las semanas posteriores a su liberación, empezó a circular el rumor de que habría estado pagando 50.000 dólares al mes a Vladimiro Montesinos, el ex responsable de los brutales y asesinos servicios de inteligencia de Alberto Fujimori.

Claro que, a día de hoy, el hombre que parece llevar las riendas del negocio de la cocaína en el Perú sería el ambicioso Caracol, un individuo de solo 32 años de edad.

El flamante capo de la droga fue puesto en libertad el 3 de octubre de 2014, gracias a la reducción de su condena, una media que fue tomada para paliar, supuestamente, la superpoblación que asola las prisiones de la nación. El Caracol cumplió con 12 de los 15 años a los que fue sentenciado por intento de asesinato, robo y tráfico de drogas.

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Hay quien asegura que el mismo alcaide de la penitenciaría de Sarita Colonia le sacó personalmente en su automóvil de la cárcel, situada en el puerto de Callao. Aunque quizá el detalle más perturbador de su liberación es que la fiscalía había dado órdenes de que el prisionera permaneciera en el centro de reclusión después de haber averiguado se que se le podía imputar por nuevos cargos de narcotráfico.

La chapucera liberación ha provocado una lluvia de reproches desde todos los bandos e instancias, y ha abierto un enorme dispositivo de búsqueda y captura a instancias de la Interpol, que ya ha sido desplegado por Brasil y Ecuador. El director de penitenciarías peruano, Julio Magán, ha responsabilizado a la fiscalía y a las fuerzas de seguridad del país por no haber notificado a su institución de la existencia de nuevos cargos contra el Caracol.

Se sospecha que el joven narcotraficante dirigía las operaciones de Barrio King desde el interior de la cárcel. Lo más curioso es que los ciudadanos peruanos solo han sido puestos en conocimiento de las andanzas del magnate, poco después de que este haya sido liberado.

Según los grabaciones efectuadas dentro del marco del programa Constelación, una iniciativa anti narcótica de vigilancia policial financiada por la todopoderosa D.E.A estadounidense, la organización liderada por Caracol habría estado empleando helicópteros militares para desplazar la cocaína desde VRAE hasta Callao.

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"La trae en helicóptero acá… al cuartel de acá de Lima y con carro oficial del Estado, ¿ya? Del cuartel te dejan la merca en la puerta de tu casa, mano".

Tanto la policía nacional del Perú como la agencia anti narcóticos Devida, se han abstenido de hacer declaraciones sobre las grabaciones a VICE News.

Mira el documental de VICE News Perú: la guerra contra las drogas:

Igualmente, se sospecha que Caracol se encuentra detrás de la oleada de violencia que ha sacudido Callao, una ciudad que atravesó el 2015 dejando un reguero de 140 asesinatos. El exagerado derramamiento de sangre provocó que el gobierno se viera obligado a declarar el estado de emergencia en el devastado puerto a principios de diciembre.

Como es sabido, la declaración del estado de emergencia va acompañada de la suspensión de algunos derechos constitucionales. Así, actualmente la policía peruana está facultada para llevar a cabo registros en domicilios de sospechosos sin que medie una orden judicial. De tal forma, durante los dos primeros días del estado de emergencia, más de 2.000 policías fuertemente armados recorrieron las calles de Callao y detuvieron a 240 presuntos criminales.

Se sospecha, además que Caracol estaría detrás del atentado perpetrado el pasado mes de abril contra Geraldo Oropeza, más conocido como "Tony Montana", y su principal rival en la lucha por el control de la cocaína y de sus rutas desde los muelles de Callao.

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Los asaltantes abatieron a Oropeza, quien se encontraba en el interior de su flamante todoterreno Porsche blanco, con ametralladoras y granadas de mano. Sucedió en el centro de Lima, poco después de que el narcotraficante hubiese regresado de un viaje de negocios en Cancún, México.

Oropeza logró sobrevivir milagrosamente al ataque. Sin embargo, su imperio — y sus conexiones políticas — quedaron fulminantemente dinamitadas después de que el atentado saliera a la luz pública y de que sus negocios fueran sometidos al escrutinio de la opinión pública. Oropeza eligió huir y esconderse, hasta que fue arrestado en una localidad turística situada en las playas de Ecuador el pasado mes de septiembre.

Oropeza se encuentra ahora en prisión a la espera de juicio por tráfico de drogas. Desde su detención, ya ha trascendido que varios miembros de la familia Oropeza habrían sido miembros activos de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), la formación política liderada por Alan García, presidente del Perú entre 2006 y 2011, y actual candidato a los comicios que se celebrarán este año.

La fiscal que investigaba a la poderosa primera dama peruana, despedida. Leer más aquí.

Por otra parte, también se ha descubierto que el Caracol es propietario de una empresa de limpieza que habría suscrito contratos por valor de 40 millones de euros con la oficina del fiscal general del Perú. Los contratos habrían sido concedidos, en su gran mayoría, durante el mandato de García.

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En otra filtración que ha sido extraída de una llamada efectuada a un teléfono móvil desde la prisión, se escucha a Oropeza decir que el "tío Alan" acudirá a su rescate.

La campaña presidencial de García se encuentra ya salpicada por un escándalo de dimensiones execrables. Los auxiliares del candidato habrían vendido indultos a traficantes que cumplían condenas en prisión. García, por su parte, ha desmentido tener relación alguna con Oropeza.

"Puro humo", escribió en Twitter. "Ya el Congreso certificó que no tengo enriquecimiento ilícito… No soy tío de nadie".

Ricardo Soberón fue responsable de las políticas de control de estupefacientes en el Perú hasta 2011. Entonces fue relegado por su oposición a erradicar el cultivo de la hoja de coca. Soberón opina que el tinglado que tiene montado Alan García y sus vínculos con el tráfico de drogas no dejan lugar a dudas sobre la naturaleza del personaje: "si observamos las relaciones entre Oropeza y APRA y la segunda presidencia de Alan García, nos encontramos con un bombazo de coincidencias".

Soberón estima que en el Perú existen 15 narcotraficantes que operan al mismo nivel que Oropeza o que el Caracol — cada uno de los cuales controla una ruta de salida de la cocaína peruana, lo cual genera decenas de millones de dólares.

Las infraestructuras peruanas todavía están a años luz respecto a imperios como el del magnate mexicano Joaquín Guzmán "el Chapo", y de otros narcotraficantes multimillonarios que se mueven entre México y Colombia. Allí, la naturaleza integral y a gran escala de las operaciones permite que los grandes capos puedan controlar casi todo los escalafones de la pirámide, desde la producción hasta su venta.

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"El modelo peruano funciona para los mexicanos y los demás grandes actores porque pueden tratar directamente con alguien del nivel de Caracol", explica Soberón. "Y él se encarga de todo lo que esté debajo, incluso comprando a los cocaleros".

Perú también ha eludido desde hace tiempo los niveles de derramamiento de sangre que han sembrado los desplazamientos y la violencia indiscriminada en Colombia y México. Por lo que parece, los narcos peruanos prefieren los sobornos a las balas. Claro que es muy posible que el advenimiento de una nueva generación de implacables traficantes, liderada por Caracol, esté a punto de cambiar las reglas del juego. Caracol se ha propuesto, entre otras cosas, fundar el primer auténtico cartel de la droga peruano.

Soberón se muestra muy escéptico con la idea de que ninguno de los candidatos presidenciales — especialmente aquellos que ya tienen experiencia en el poder — tenga la menor intención de abordar el problema.

Al igual que García y Keiko Fujimori — quien ya hizo las veces de primera dama hacia el final de la presidencia de su padre, en la campaña 1999-2000 —, el ex presidente peruano Alejandro Toledo también concurre este año a las elecciones, donde también deberá competir con Pedro Pablo Kuczynski, quien fuera primer ministro de Toledo.

"No sean conchudos", les dice Soberón a sus candidatos. "No hablen de cómo van a acabar con el narco cuando no hicieron nada cuando ya estaban en el poder".

'Ninguno de los políticos quiere tocarlo, ni siquiera aquellos que están metidos en el tráfico de cocaína'.

El experto en seguridad Antezana vaticina que Perú se acerca a un "periodo oscuro".

Más allá de la carrera presidencial, Antezana advierte que al menos la mitad de las 26 provincias que forman el país están podridas por la presencia de narco candidatos, quienes concurren tanto a las elecciones locales como a las del congreso nacional. Claro que lo que es peor, opina Antezana, es que "un gran número del resto no le diría que no a un poco dinero extra para sus campañas si alguien se lo ofrece".

"Ningún político lo quiere tocar, ni siquiera los que no estén implicados con el narco", comenta Antezana. "Saben que las maletas de plata, aunque sean migajas, podrían llegar a funcionar en sus campañas. Y los narcos ya tienen sus candidatos propios en esta campaña. Que no quepa ninguna duda".

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