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La película ‘Annihilation’ tiene el mejor monstruo que he visto en años

Alerta de spoilers: no hay nada más terrorífico en el mundo que aquello que no podemos comprender.

por Matthew Gault; traducido por Mario Abad
02 Marzo 2018, 4:15am

Este artículo se publicó originalmente en Motherboard, nuestra plataforma dedicada a la ciencia y a la tecnología.

El problema de las pelis de monstruos es que casi siempre se ve demasiado del monstruo. No hay nada más aterrador que una criatura desconocida que aceche en la oscuridad, un ser que no se deja ver y que no somos capaces de entender. Y parece que Alex Garland, director de Annihilation, entiende esta premisa.

Pese a que el monstruo de esta nueva cinta de ciencia ficción aparece en pantalla quizá menos de diez minutos, es el más aterrador que he visto en años, y lo dice alguien que ve muchas películas de miedo. Tanto Tiburón como Alien funcionaron muy bien porque el escualo y el xenomorfo permanecen ocultos casi toda la película. Al no ver a las criaturas, el público las imagina incluso más terroríficas de lo que es capaz de mostrar el propio director.

Pero Annihilation lleva este método un paso más allá. A diferencia de Tiburón, en que cuando finalmente vemos a la criatura y es, como sospechábamos, un enorme tiburón, el momento en que se revela el monstruo de Annihilation contribuye aun más al misterio que lo rodea.

Annihilation cuenta la historia de la exsoldado del ejército de los EUA y actual bióloga del Johns Hopkins, Lena, y su misión para investigar una extraña anomalía llamada “el resplandor”. En un faro de la costa estadounidense (la película no da más pistas sobre la ubicación, aunque el autor del libro en el que se basa dijo que se inspiró en Florida), se está produciendo un fenómeno que tiene a la comunidad científica desconcertada: en el interior del edificio hay una extraña esfera, y nadie de quienes han entrado a investigarla ha regresado. Nadie excepto el marido de Lena, que volvió afectado por una misteriosa enfermedad.

Lena y un equipo de otras cuatro mujeres se adentran en el resplandor para intentar obtener respuestas y descubren una serie de extravagantes y hermosas anomalías. Aviso de spoilers: voy a pasar a hablar de una de esas anomalías. A media película, Lena y compañía se encuentran con un oso que les ataca. En ese momento, Garland nos muestra simplemente un atisbo de la criatura, entre una confusión de sombras e imágenes borrosas.

Más tarde, sabemos que la bestia es un oso capaz de emular los sonidos de su víctima anterior, una especie de obra de Stephen Gammell que hubiera cobrado vida. Su pelaje, a la luz, aparece blanquecino y la carne de su rostro está como fundida, dejando a la vista nada más que una calavera con sus oscuras cuencas oculares. La criatura no puede ver, pero sí oír y oler, y avanza acechante por la habitación en la que Lena y sus compañeras permanecen atadas a unas sillas, indefensas, y se mueve entre ellas, gritando con la voz de su compañera caída, pidiendo ayuda con una voz robada.

Pese a su brevedad, la secuencia del oso resulta fascinantemente espeluznante y efectiva precisamente porque Garland la ha racionado. El espectador nunca logra ver al monstruo al completo. Casi todo lo que sabemos es a través de los sonidos que emite. Pero incluso cuando la estamos viendo, no entendemos bien qué es.

Estamos ante un film sobre una presencia alienígena —y uso el término de forma muy vaga— en la Tierra. La mayoría de las películas de ciencia ficción retratan a las entidades de otro mundo de una forma que la mente humana es capaz de entender. Star Trek y Star Wars, sagas que adoro, están plagadas de alienígenas bípedos muy parecidos a nosotros.

Las criaturas de Annihilation son tan ajenas a nosotros que no nos resulta fácil asimilar su existencia. El oso es buen ejemplo de ello, pero la película lleva el concepto más allá. Lena y sus compañeras están investigando un fenómeno que no tienen la capacidad biológica de procesar. Annihilation es aterradora y efectiva porque sus horrores son desconocidos.

Nadie duda de que los tiburones también dan miedo. Y tampoco me gustaría nada toparme con un asesino en serie armado con un cuchillo. Pero lo que verdaderamente nos aterroriza y nos pone el vello de punta es aquello que no somos capaces de imaginar o comprender incluso cuando lo tenemos delante. No es habitual que una película comercial intente reflejar ese horror cósmico, y mucho menos que lo logre.