Identidad

Seis mujeres musulmanas nos cuentan qué opinan del nuevo veto al velo en Europa

El Tribunal Supremo Europeo acaba de dictaminar que las empresas pueden prohibir legalmente que sus empleadas lleven pañuelos en la cabeza en su lugar de trabajo. Seis mujeres musulmanas nos cuentan qué opinan de esta polémica sentencia.
17 Marzo 2017, 9:15am
Photo courtesy of subject

A principios de esta semana, el Tribunal Supremo Europeo dictaminó que los pañuelos para cubrir la cabeza pueden ahora prohibirse en el lugar de trabajo. Esta histórica sentencia del Tribunal de Justicia Europeo es tan solo una de una larga lista que parece tener como objetivo a los musulmanes, como la reciente prohibición por parte de Trump de que entren en Estados Unidos.

Las mujeres musulmanas ya se encuentran de por sí en desventaja en lo que respecta al mercado laboral. El Comité para las Mujeres y la Igualdad del Reino Unido descubrió en 2016 que las mujeres musulmanas tienen tres veces más probabilidades de estar en paro y buscando trabajo que las mujeres no musulmanas. Y la decisión sobre el velo podría alejarlas todavía más del mercado laboral.

Según la nueva sentencia, las prohibiciones en el lugar del trabajo de "cualquier signo político, filosófico o religioso" no constituyen discriminación directa. Merece la pena tener presente que esta política se extiende a todos los símbolos religiosos (como crucifijos y turbantes), pero no cabe duda de que se trata de otra forma más de controlar los cuerpos y las elecciones de las mujeres musulmanas, igual que la prohibición del burkini impuesta por varias ciudades francesas el verano pasado, que alcanzó su clímax cuando la policía armada obligó a varias mujeres que había en la playa a quitarse parte de la ropa.

¿Cómo se sienten las mujeres musulmanas ―las mismas que son el objetivo de estas políticas― con respecto a la sentencia? Cinco mujeres nos hablan aquí sobre ello.

Foto cortesía de la entrevistada

Afia, 23

La palabra que yo emplearía para resumir mi reacción inicial es descorazonada. Pero no espero que nadie tenga en cuenta mis palabras porque parece que estas políticas están destinadas a arrebatarme mi voz.

Trabajo, estudio, soy madre y creo firmemente que una sentencia como esta será contraproducente y que muchas mujeres como yo misma sufrirán el impacto y las repercusiones de esta decisión. Miro mi trayectoria formativa, mi licenciatura y pienso, ¿Para qué ha servido? ¿Qué sentido tiene si me van a impedir hacer cualquier cosa por un pedazo de tela? Un pedazo de tela no me hace estar menos capacitada que mis compañeras.

Me he vuelto inmune a estas iniciativas tan descorazonadoras y, como mucho, siento que esto no es lo peor. Ya me han pedido que condene las estúpidas acciones que personas ignorantes han perpetrado en nombre de mi religión. Así, que, ¿me afectan estas cosas? Ya no.

Foto cortesía de la entrevistada

Asma, 26

Soy una persona que trata de convertir el deporte en un territorio inclusivo y de convertirme en un modelo a seguir para que las mujeres musulmanas podamos alcanzar todo lo que nos propongamos en el terreno deportivo, lo cual obviamente se trasladaría a otros aspectos de nuestra vida... Y de pronto sucede algo así.

Es el miedo a lo desconocido. No saben lo humanas que somos. Todo está orquestado por los medios. Han estado fomentando la islamofobia y la idea de que la gente debería temernos. Y han permitido que todo esto creciera hasta el punto en que las vidas de las mujeres se están viendo afectadas. No paramos de decir que tenemos una mentalidad abierta y que queremos dar libertades a las mujeres musulmanas, pero al final solo las dejamos de lado. Es desalentador.

Foto cortesía de la entrevistada

Tahmeena, 25

Como alguien que tiene muchas familiares que llevan velo, siento profundas dudas sobre el futuro. Parece que estamos liderando la liberación y los derechos de las mujeres, pero al mismo tiempo excluyendo a las mujeres musulmanas de la lucha. Luchamos por los derechos, pero no por los de las mujeres musulmanas. Luchamos por la libertad y, lo más importante, por la elección de llevar la ropa que queramos, pero no la elección de las mujeres musulmanas de llevar lo que quieran. Parecemos ser muy selectivos con respecto a quién y qué apoyamos bajo el falso pretexto de estar luchando por la igualdad para todos.

No hay liberación alguna en el hecho de que te digan cómo debes vestir y cómo debes actuar para poder ser una mujer liberada. Se aleja completamente de su finalidad. Parece que la gente piensa que la decisión que tomamos como musulmanas de cubrirnos es un signo de opresión, cuando de hecho es un paso que se da con orgullo. Sin embargo, esa decisión es constantemente cuestionada y puesta en duda. Eso no suena a liberación, más bien suena a que la gente desea controlar los cuerpos de las mujeres para que encajen en lo que ellos consideran como "liberadas".

Foto cortesía de la entrevistada

Fauzi, 22

Yo ya no sé cómo sentirme. Es un golpe tras otro tras otro. Conclusión: no me sorprendería que esta política llegara al Reino Unido. Si mi jefe la implementara, dejaría mi trabajo. No permitiré que ejerzan semejante crueldad sobre mí ni que me nieguen el derecho a mi fe.

Foto cortesía de la entrevistada

Lina, 24

No estoy tan sorprendida como enfadada y cansada de que, una vez más, nos digan qué debemos y qué no debemos llevar. Estamos en 2017, joder. ¿Dónde está la "neutralidad" cuando una empresa decide que hay que eliminar los atuendos religiosos? ¿Por qué los prejuicios irracionales de algunos tienen más valor que los derechos individuales?

Las personas que acusan a los musulmanes de oprimir a las mujeres están ahora dictaminando cómo deberíamos vestir. Nos dicen que nos integremos. Y lo hacemos. Pero entonces nos dicen que debemos destaparnos o enfrentarnos a un despido, arrebatándonos literalmente nuestra identidad y nuestro sustento.

Existe una clara tendencia misógina global para dictaminar qué deberían llevar puesto las mujeres musulmanas. Como la prohibición del burkini que la antecedió, esta decisión no gira en torno a proteger el laicismo. Gira en torno a dictaminar cómo debería practicarse la religión de un modo que resulte aceptable desde el punto de vista occidental.

No tengo ninguna duda de que las mujeres musulmanas continuarán resistiendo incluso después de esta sentencia, como siempre lo han hecho.

Foto cortesía de la entrevistada

Yasmin, 24

En un penoso intento de disfrazar el hecho de que esta sentencia tiene como objetivo a las mujeres que llevan hiyab con una precisión quirúrgica, el tribunal añadió que la decisión se extiende a todos los símbolos religiosos visibles. El mensaje está claro: Tranquilos, estamos discriminando a las personas religiosas en general. Como si eso no fuera ya de por sí una injusticia.

Las mujeres musulmanas ―y las que llevan hiyab en particular― se enfrentan a enormes retos a la hora de conseguir trabajo en este mercado laboral anti-musulmán y sexista y saben que las empresas probablemente no las contratarán o podrían despedirlas si llevan hiyab. Pero las empresas jamás lo dicen explícitamente. Eso es lo que hace tan significativo este caso.

La decisión del tribunal lanza el mensaje de que las mujeres musulmanas no son bienvenidas en el mercado laboral y, por extensión, en la esfera pública. En lugar de empoderar a las empresas para que puedan inmiscuirse en las libertades civiles de las mujeres musulmanas, el tribunal debería abordar el motivo por el que percibe a las mujeres musulmanas que llevan hiyab como una amenaza.