El Culto: Roger Federer
Ilustración de Dan Evans
EL Rey del deporte blanco

El Culto: Roger Federer

Nuestra sociedad ha perdido toda perspectiva cuando se trata de la importancia que le damos a los atletas. Pero Roger Federer y su estilo divino para jugar al tenis podrían ser la excepción.
DE
ilustración de Dan Evans
19.7.17

Puedes consultar las demás entregas de "El Culto", una vez que termines de leer las hazañas de Roger.

Grado de culto: La Ilusión divina

Adentrados en la espesura del tiempo, cuando esta columna vio la luz, la llamé "El Culto" porque me pareció que todos habían perdido la cabeza respecto a lo que los atletas son. La necesidad de venerar a humanos muy por encima de lo que realmente son es tan vieja como el ego humano mismo. Dudo que los chimpancés lo hayan hecho –no encajan en el perfil– pero estoy seguro que los Mayas lo hicieron, arriba de la colina más alta le cortaron el cuello a un niño por unas cuantas gotas de sangre como sacrificio para sus ancestros fallecidos. Ya sabes cómo son las personas: si conectamos nuestra mente con ello, podemos controlar cualquier cosa.

Vivimos –o hemos vivimos, dependiendo de cuántos años más le calcules a este peculiar viaje– en la Era del Entretenimiento. No necesitas que te recuerde que los deportes se van hombro con hombro con las películas en términos de entretenimiento. ¿Tienes idea de cuántas cintas se estrenaron en el 2016? Yo tampoco. Demasiadas. Dejé de contarlas cuando llegué a 60, y apenas estábamos en febrero.

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No puede faltar la laberíntica distorsión con la que vemos a los atletas. Son humanos corriendo de arriba a abajo, aventando cosas y esforzándose como filosofía central de su existencia. Lo que también son, en la Era del Entretenimiento, es una de las pocas cosas en este planeta que se sienten como debería sentirse verdaderamente. Después de todo, todo es nuevo. El dramatismo del gol del gane al minuto 91 nunca es falso, así que no me culpen por nunca perder la noción de su importancia. En esta Era, donde todo lo que importa en demasía es lo opuesto a todo lo que ha importado en la existencia de la raza humana, resulta un poco extraño cómo definir lo "importante".

Este comportamiento, entre otras cosas, es irresistible, pero es tonto verlos como cualquier otra cosa diferente a un ser humano. Entonces la luna cae sobre el turbio charco de la estupidez humana, y vemos a hombres y mujeres correr por todos lados, y no podemos evitar sentirnos como dioses, dioses capaces de reescribir, indiferentemente, las leyes de lo posible. Y, felizmente, tropezamos una vez más en el charco.

Punto de entrada: Las llaves del universo

Estos son algunos deportistas que pueden competir con Roger Federer en la dimensión del culto: Michael Jordan, Usain Bolt, Lionel Messi. Es todo. Lo digo como si tuviera la certeza de cómo se percibía en sus tiempos a Rod Laver, Pelé o Wilt Chamberlain, con la excepción de que sé que surgieron en la conciencia occidental en una época en la que el Era del Entretenimiento vivía su adolescencia, cuando cosas con la guerra nuclear o el comunismo global o los derechos de la población negra exigió la atención de la gente. He visto videos de Rod Laver jugando tenis, y puedo decir que se ve muy bien. Pero no es dios. Es un deportista que ganó los cuatro Grand Slams en el mismo año que la Unión Soviética empezó a mandar misiles nucleares a Cuba. Unos 15 años antes –de hecho, más o menos la misma cantidad de tiempo entre el primer y último título de Federer en Wimbledon– Estados Unidos había acabado con la vida de dos ciudades.

¿Acaso es un error creer que Roger Federer juega tenis como un dios? No lo sé. En la semifinal contra Tomas Berdych, las cámaras se enfocaron, en repetidas ocasiones, en una pareja que traía puesta una de las gorras rojas de Federer como si fuese completamente normal, incluso si no encajaba con el resto de su ropa. ¿En qué punto se las pusieron? ¿Acaso no es este el mejor ejemplo de lo que es el culto hacia alguien más?

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Entonces, Federer se puso a jugar y nos recordó que, en su mejor nivel, el tenis no existe sin él. Jordan, Bolt, Messi, Federer: tienen el poder de eliminar la existencia misma de la competición, de destruir todos los mundos, menos el suyo.

Existe una melodía que se escucha, un ritmo del universo que sólo Federer conoce y el cual usa para ganar los partidos con tiros con un margen de error milimétrico. Sus tiros más difíciles son aquellos que parecen funcionar mejor, son una reestructuración de la física.

Lo que más me gusta de Federer es lo que suele hacer una o dos veces en un partido: estar abajo por tres break points. La manera en que te arrebata esos tres puntos, como un sniper que lograr anotar tres disparos en la cabeza consecutivos, es mucho más humillante que haber perdido convencionalmente en primer lugar. La interpretación más aceptada de este fenómeno es su superioridad divina; pareciera que juega con humanos con carreras multimillonarias y los ilusiona regalándoles break points imaginarios.

El momento: Segundos de una entrevista de 1999, cuando tenía el cabello rubio

¿Federer aburre en las entrevistas? Existen cientos de deportistas que dan respuestas interesantes en las entrevistas, pero son personas alejadas de la constancia que requiere la élite del deporte. Tomemos de ejemplo el breve intercambio en esta divertida entrevista, la cual tiene el propósito de lanzar 20 preguntas de manera apresurada. "¿El último libro que leíste?", pregunta el entrevistador. Federer asimila el cuestionamiento como siempre lo ha hecho y de la forma que tanto amamos. "No le libros, así que no tengo un libro favorito".

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Tenistas como Andy Roddick, Sam Querrey, y Rafa Nadal han contestado a esta misma pregunta, con mayor o menor comodidad, pero siempre tienen una respuesta. En el caso de Roger esto no es verdad. El suizo tiene las respuestas más prácticas, las suelta como le vienen a la mente: De hecho leo muchas revistas, periódicos, por eso no tengo un libro favorito… Pero las autobiografías también son muy interesantes". ¿Sabes algo para lo que Federer nunca está preparado? No está preparada para equivocarse en algo, incluyendo sus respuestas a preguntas como "¿Cuál es tu libro favorito?"

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Entonces llegamos a la verdadera ilusión divina. Un dios gentil, su imagen perpetuada por lo guapo que se ve vistiendo una chamarra blanca mientras camina hacia el Centre Court. Es la ilusión de siempre que nos dice que Federer juega solo, maestro solitario que regala su estilo de juego al mundo.

¿Sabes quién nunca se menciona en cualquier conversación sobre Roger Federer? Sus rivales. Porque les puedo garantizar que el mismo Roger los ha olvidado. Él no es la organización de caridad del tenis. Es, por si lo han olvidado, más que cualquier otro en la historia del deporte masculino. No hay nadie que derrumbe los sueños del otro lentamente; una tortura que se prolonga. Nadie repite esta rutina año tras año, a menos que lo disfrute.

Mi teoría, querido lector, es que cuando el Federer de 18 años habla de vencer a los demás y después pronuncia las palabras "ya soy grandioso", provoca una reacción en su rostro que te da una idea de lo letal que es. Uno no puede seguir humillando a los demás, hasta el punto que él lo ha hecho, a menos que sea necesario, a menos que sea una manera de tranquilizar tus entrañas.

Palabras finales

Un comentarista se encontraba parado frente a las cámaras en una de las canchas del ATP en 2010: "Tuve la oportunidad de platicar con los mejores ocho tenistas. Les hice algunas preguntas aleatorias. La primera de todas fue qué actor les gustaría que retratara sus vidas en una película.

Federer: "Pfff, no lo sé. Espero que sea uno de los mejores actores disponibles. No tengo la menor idea de quién sea en estos momentos".

Texto: @TobySprigings / Ilustración: @Dan_Draws