El célebre documental que mató por accidente al Hair Metal

El célebre documental que mató por accidente al Hair Metal

Recordamos 'Decline of Western Civilization Part 2' de Penelope Spheeris a 30 años de su lanzamiento.
ÁG
traducido por Álvaro García
Sergio Ávila
traducido por Sergio Ávila
21.6.18

En 1988, la película The Decline of Western Civilization Part II: The Metal Years de la directora Penelope Spheeris se estrenó en el Teatro Wiltern de Los Ángeles; a 10 kilómetros, pero a un mundo de distancia, de la escena de hair metal de Sunset Strip que narraba. La película fue aparentemente un seguimiento de su primer documental, The Decline of Western Civilization de 1981, que se centró en la escena anterior de Los Ángeles del punk de finales de los 70 y principios de los 80. Fue una trayectoria poco probable para una directora que comenzó su carrera produciendo cortometrajes para Albert Brooks. Pero Spheeris pronto encontró su nicho, y en 1974 formó Rock 'n Reel, la primera compañía de producción de videos musicales con sede en Los Ángeles.

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Entre Decline I y II, Spheeris hizo varias películas sobre el punk y/o delincuencia juvenil, incluyendo Suburbia, The Boys Next Door y Dudes. (Después dirigió Wayne's World en 1992). Irónicamente, Christopher Guest le pidió que dirigiera su falso documental de 1984, This Is Spinal Tap, y ella consideró hacerlo, pero finalmente no lo logró. "En el momento en que comencé a meterme en el heavy metal … realmente me gustaban mucho las bandas y realmente lo escuchaba mucho y lo disfrutaba. Estaba claro que se estaban burlando y yo no podía hacer eso. Me gustaba tanto la música que no pude soportarla…", explicó en una entrevista de 2011. Y las cosas no necesariamente van de acuerdo a tu plan. Aunque Spheeris rechazó expresamente la oportunidad de dirigir una película que se burlaba de esta escena, en Decline II hizo una que mostraba una escena musical burlándose de sí misma.

Cuando era adolescente a finales de los 80 y principios de los 90, los hermanos mayores de mis amigos tenían sus colecciones de VHS pirateadas como ejemplos de películas cool con personajes cool, entre las cuales estaba la Decline original. Pero Decline Part II, por otro lado, era la que siempre sacábamos para reírnos. Cuando lo vi por primera vez en 1992, de inmediato me sentí avergonzada de mis casetes de Whitesnake y Poison que había comprado con mi mesada y que amaba apenas el año antes.

A pesar de esto, me encanta Decline II y me regocijo en su 30 aniversario, que se cumple justo este mes. En un screening del 2014 de Decline II con todo y panel de discusión, el presentador del programa Headbanger's Ball de MTV e infiltrado de la escena hair metal, Riki Rachtman, describió cómo descubrió el gozo del metal cuando un grupo de chicas le dijo que irían a ver Quiet Riot. Más tarde Riki comenzó el club del Sunset Strip The Cathouse junto a su roomie, Taime Downe de Faster Pussycat, específicamente con el objetivo de "conocer chicas guapas". El hair metal, a pesar de su grosero y burdo sexismo, no solo atraía y alentaba a fanáticas mujeres; como el glam rock de los 70, se adueñó de la ropa, el maquillaje y el peinado femeninos. Cuando Poison debutó su álbum seminal de 1986 Look What The Cat Dragged In, nadie supo qué decir sobre esta banda de cuatro tipos que parecían mujeres extremadamente bien contorneadas y pomposas, y que usaban muchos encajes y plumas de color rosa y morado. "¡Son hermosas!" proclamaron ambos: el grupito de hermanas mayores de mis amigas, que de vez en cuando me dejaban sentarse en sus camas de agua y mirar sus pósters de Bret Michaels, Y el grupito de hermanos mayores de mis amigas, que solían terminar la frase con un "¡¿Qué?! ¡Si parecen cuatro chicas hermosas!"

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Soy de una parte de New Hampshire extremadamente rural. No conocí nada sobre el joven David Bowie, Marc Bolan o los New York Dolls hasta mucho tiempo después. Además, ya era demasiado vieja para los New Kids on the Block. Cuando comencé mi pubertad, las pin-up girls y la música pop que estaban ahí para mí, eran todo pelo y guitarras y lápiz labial y yo las consumí feliz de la vida. Aparentemente no estaba sola. Un personaje que entrevistan en Decline II dice que "si me viera más femenino podría tener más sexo" y varios hombres afirman lo mismo. Algunas de las mujeres edulcoraron la cuestión con un "tener todo ese pelo sobre ti [durante el sexo]", afirmando que los hombres vestidos como mujeres "ponían de manifiesto las tendencias bisexuales".

La música de fiesta y sexo es divertida. El metal pre-glam era pesado y serio, estaba enojado. Me gustaban Black Sabbath, Iron Maiden, Judas Priest y Metallica en 1986, pero su música también se sentía inaccesible, sobre todo para mí. Cuando escuchaba ese metal, imaginaba hombres y solo hombres, peleando entre ellos o meditando y gruñendo, pero sin una sola mujer a la vista. Cuando escuché "Photograph" de Def Leppard por primera vez, estaba patinando en mi YMCA local e inmediatamente comencé a fingir que Joe Elliott me estaba cantando directamente a mí. En mi fantasía, de algún modo él tenía una fotografía de mí ataviada con mis jeans holgados y rotos y mi sudadera con estampado de pintura salpicada y que me quisiera tocar, lo había convertido en un payaso del rock. Una gran parte del amor que yo (y un montón de otras mujeres entre los 30 y 40 años) sentimos por el hair metal está directamente relacionado con el hecho de que teníamos de once a trece años durante el reino del hair metal; y según un reciente artículo del The York Times que analiza datos en Spotify, ese es el período de tiempo más importante para las mujeres, en términos de la formación de nuestro ADN musical. Poison fue nuestro Frank Sinatra, nuestros Beatles, nuestros Bay City Rollers, nuestros Backstreet Boys, nuestro One Direction.

El sexismo de la escena del hair metal es innegable, pero Decline II de Penélope Spheeris literalmente les da a los espectadores la oportunidad de ver a las bandas a través de una mirada femenina, lo que puso de cabeza el concepto de objetivación. Hay montones de tomas que suben y bajan por los cuerpos ataviados con licra y cuero de los rockeros, mientras estos retuercen y se arquean en formas que le daban a la infame musa del video de Whitesnake "Here I Go Again", la diosa ochentera Tawny Kitaen, una severa competencia. En la versión de Decline II con comentarios, grabada en 2014, Spheeris admite que le resultaban atractivos muchos de los músicos, específicamente nombrando a Bobby Dall de Poison y Nadir D'Priest de London, quien de hecho, grabó ese track com comentarios sobre la peli, ¡junto a ella! (D'Priest, lamentablemente, arruinó el momento respondiendo que le pareció atractiva a su hija de en ese entonces 17 años… Ciertamente hay partes de todo esto que no envejecieron bien).

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Spheeris era muy consciente del sexismo dentro de la industria musical en general. En ese panel y proyección de Decline II del 2014, la directora relata cómo algunos músicos le dijeron en sus días de Rock 'n Reel que "ninguna mujer iba a hacer nuestros videos". Pero también describe el poder inherente que provino de ser la directora de Decline II, diciendo que "detrás de la cámara, era DIOS". Spheeris era la jefa y si alguien no podía con el hecho de que una chica estuviera a cargo, se perdería la publicidad y la atención que era lo que buscaban; tenían que aceptar que los dirigiera una chica o permanecer en la oscuridad. El objetivo de Spheeris como documentalista siempre fue arrojar luz sobre aquellos músicos que eran desconocidos. En el mismo panel de LACMA en 2014, Spheeris dice que para "las tres películas de Decline … quería artistas desconocidos. Ahí es donde sucede la cosa real. Siempre quiero destacar, como personajes, a bandas desconocidas". Esto le dio otro nivel de poder: posiblemente ella era su única oportunidad para alcanzar la fama.

Spheeris tenía poco más de 40 años cuando hizo Decline II, lo que probablemente le dio seriedad y una apariencia de autoridad que le fue útil. En una entrevista de 1988 con el DJ de la radio metalera KNAC, Tawn Mastrey, ella declara que considerará que su película es un éxito "si los niños la miran y aprenden cómo es intentar lograrlo y que se den una idea de lo difícil que es. Tal vez dentro de unos años, los padres puedan regalarle a sus hijos una copia de la película y decir 'si quieres ser una estrella de rock, mira esto primero'". Lo que tal vez esta sea otra razón por la que la película terminó burlándose de la escena que buscaba celebrar. La visión de Spheeris de su película como una advertencia y su decisión de ir más allá de la superficie de una escena que dependía tanto del flash, la imagen, el desmán y los excesos, reveló que había mucho menos sustancia que estilo, independientemente de lo divertido que era el estilo.

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Podemos hablar sobre el metal como se muestra en Decline II y hacerlo ver como el blanco fácil que es y reírnos de las poses, los arrogantes prendas, el swag, y la identidad de brillantina que tenía, pero no podemos negar su influencia en la música y en la cultura en general. El hair metal fue parte de la adolescencia rebelde necesaria del rock n' roll. Los Baby Boomers fueron la primera generación que creció con el rock ya siendo una cosa que estaba ahí. Canciones como "Animal (Fuck Like a Beast") de WASP y "Bastard" de Motley Crue fueron tan impactantes para los padres de estos Baby Boomers, que tuvieron como consecuencia la fundación del Parents Music Resource Center de Tipper Gore, básicamente la Aleks Syntek de su momento. La generación que acuñó la frase "no confíes en nadie mayor de 30", estaba tan horrorizada con la música de sus propios hijos, que trataron de etiquetarla y controlarla. Los hacía parecer ridículos, fuera de contacto y viejos.

La generación X también fue la primera generación cuya música popular estaba profundamente vinculada a la imagen, gracias a los videos, un formato iniciado y refinado por Penelope Spheeris. El estilo del hair metal intentaba compensar su falta de sustancia, y lo hizo de una manera poderosa y provocativa, tanto que escondía el hecho de que los sujetos que Spheeris entrevistó en su película, no estaban realmente preocupados por "venderse" o por permanecer fieles a cualquier postura artística o política más allá de decir "vete a la mierda, Tipper Gore". A diferencia de los punks del pasado inmediato y de los grungeros del futuro inmediato, los exponentes del hair metal eran parte de la vida bajo el presidente Reagan: estaban ansiosos por llegar a ser lo más ricos y famosos posible. En uno de los momentos más memorables de Decline Part II, Spheeris edita una serie de entrevistas a como 15 músicos de metal, todos desconocidos, que responden la pregunta "Pero y ¿qué pasa si no lo logras?", con un "Sí lo haré".

No tengo idea de quiénes sean ninguno de ellos, pero reconozco esa fanfarronería de finales de los 80, esa creencia en el poder de quererla lo suficiente y trabajar lo suficientemente duro. "Es que si vieras a nuestra banda, lo entenderías", dice el vocalista de Wet Cherry, un nombre que en 2018 suena tan ridículo y exagerado que deberían haberle abierto a Spinal Tap en This Is Spinal Tap. Pero por un breve momento, hace treinta años, pensé que un grupo de tipos vestidos de mujer podrían estar cantando sobre mí y que el éxito estaba a la vuelta de la esquiuna para Wet Cherry. Ambos estábamos equivocados, pero como dijo Poison, no te olvidaré, cariño … aunque podría.

Este artículo apareció originalmente en Noisey US.

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