Relaciones

Tengo 28 años y nunca me han besado

"No creo que dependa de si alguien es guapo o no. Creo que es culpa de la falta de confianza".
Alba Carreres
tal y como se lo contó a Alba Carreres
14.12.18
chico con traje y sombrero
Fotografía cortesía de Albert Almà

Me llamo Albert, tengo 28 años y nunca me han besado. Y no, esto no es una reunión de forever alones anónimos, simplemente os quiero explicar por qué creo que nunca he recibido un beso por parte de nadie.

Cuando era pequeño era bastante estrábico. A los dos años ya llevaba un parche en uno de los dos ojos y unas gafotas con doble cristal. Los niños cuando son pequeños son crueles y de mayores aún más. Mi nariz estaba casi siempre cubierta de mocos y mis compañeros se recreaban con las bromas y los motes.

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Por aquel entonces no se hablaba de bullying y los profesores tampoco se implicaban tanto en estos temas. Me decían absolutamente de todo y las putadas sucedían a diario. Yo aguantaba como podía. No fue una época nada agradable para mí, pero la que vino fue aún peor.


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Mi padre falleció y con su muerte mi estado psicológico se empezó a tambalear. Son pocos los niños que ven morir a sus padres, es algo que impacta y te queda marcado para siempre. Me empecé a apartar aún más de los otros niños, las relaciones sociales no eran lo mío, quizás por miedo al rechazo o a llevarme otra decepción.

De adolescente era el bicho raro de la clase. No me sentía para nada integrado y poco a poco me fui aislando. Escuchaba música rock de los años 50 mientras la mayoría de la gente bailaba en las discotecas la música comercial del momento. Mientras algunos de los que consideraba amigos tenían sus primeras experiencias amorosas, yo me quedaba siempre a dos velas. Era la diana de todas las risas.

Recuerdo que una vez escribí una carta de amor a la chica que me gustaba y ella delante de todo el mundo la rompió y se rió de mí. Una espina que me quedó clavada. Ella quizás no es consciente del daño que me ha hecho, pero a partir de entonces he sentido auténtico pánico cuando me ha gustado alguien.

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La experiencia más cercana a un beso que he tenido ha sido un beso a la mejilla con la chica que me gustaba. Fue para saludarme. Nadie suele besarme, ni siquiera en la mejilla, tampoco abrazarme. No es que no me guste, simplemente que no ha habido la confianza suficiente con nadie para hacerlo.

Cuando aquella chica me besó en la mejilla sentí como la sangre me recorría por todas las venas. Fue como un subidón brutal. Supongo que alguna sensación similar es la que experimentas cuando te besan en los labios por primera vez.

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No soy asexual, simplemente un poco raro, pero como todo el mundo lo es de alguna manera. No creo que besen a alguien por el simple hecho de ser atractivo o no. Creo que más bien es un tema de confianza y autoestima. A mí siempre me ha costado dar el paso.

Alguna vez algún amigo ha intentado hacer de “Celestino”, pero ha desistido en el intento porque yo tampoco me acababa de arrancar. Si alguien se lanzara no le diría que no, pero de momento nadie me lo ha propuesto.

Lo de Tinder ya lo descarté en primera instancia porque me parece muy frío juzgar a una persona y decidir si te gusta o no te gusta con un par de fotos y una descripción. Preferiría conocer a una persona en un ambiente festivo o de relax. Soy de los que me enamoraría para toda la vida. Me gustaría pasear de noche con ella, abrazados, mirando las estrellas y regalándonos palabras bonitas.

Aunque tengo 28 años de edad, de mentalidad tengo como el triple. Creo que ahora quizás es demasiado tarde para tener una primera vez. He perdido toda la esperanza para que eso me ocurra. El deseo siempre está allí, y es algo que a veces me ralla, pero intento vivir mi día a día sin darle tampoco demasiada importancia.

Cada día me levanto, desayuno y me voy a trabajar. Curro en una conocida tienda de material deportivo en mi ciudad. Hago un poco de todo: cobro en caja, descargo camiones, temas de Community Manager… y por la tarde de vuelta a casa. Tengo una vida de lo más normal.

Hace un par de años empecé a correr para liberar tensiones. Era para mí un reto personal a la vez que me servía para reducir la ansiedad y perder un poco de peso. Correr me ha ayudado a superarme y a mejorar mi autoestima. Ahora os puedo contar eso porque me siento bien conmigo mismo y con la situación, pero no siempre ha sido así.

Explico mi vida, y mis traumas, porque a veces hay gente que se ríe de otros sin saber por todo lo que ha pasado. Mi objetivo no es dar lástima, es explicar una historia real sobre sentimientos y sobre personas. Lo hago para concienciar a la gente, para que antes de juzgar a alguien pienses que le puedes hacer daño.

Me gustaría que esta vivencia sirviera para fijarnos en el alma de las personas y no en su físico o su fachada. Un beso es un beso, pero detrás de este beso que nunca me han dado hay una historia, una pena enquistada y un dolor que me hace falta desprender. Quizás si las personas que en mi vida me han rechazado hubieran querido saber algo de mí en vez de despreciarme ahora no tendría que contaros esto.

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