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La complicada relación entre las drogas, el sexo y el consentimiento

Estos son lo resultados del primer estudio sobre sexo consentido tras consumir drogas.
07 Febrero 2020, 5:00am
couple holding hands
Photos: Emily Bowler

“Si alguien se ha metido demasiado y se reduce su cohibición, no es realmente consentido”, dice un entrevistado en el primer estudio sobre el consentimiento sexual bajo la influencia de las drogas, “pero tampoco es en contra de la voluntad de nadie”.

Lauren Smith, profesora de Psicología en la Universidad Leeds Beckett, ha dirigido el primer estudio de este tipo que se ha publicado en The Journal of Sex Research, una revista científica dedicada al estudio de la sexualidad. Ya existían muchos estudios sobre la relación entre el alcohol y el consentimiento, especialmente en el contexto de la violencia sexual, pero ninguno trataba el tema del sexo y las drogas. Algo sorprendente teniendo en cuenta que la gente tiene sexo drogada constantemente.

“Sabemos que las drogas afectan a las funciones motoras y cognitivas”, explica Smith. “Por eso me sorprendió la falta de estudios que se centren en el impacto que pueden tener las drogas en la gente a la hora de dar su consentimiento para tener sexo, ya sea verbalmente o no verbalmente”.

En un principio, Smith rebuscó entre diferentes bases de datos y encontró 19 000 estudios que trataban sobre el sexo y el consentimiento y que finalmente redujo a 100. Tras analizarlos con profundidad, seleccionó 21 estudios clave que contenían la información más útil y relevante. Estableció temas en común y los estudió a fondo para encontrar nuevos datos.

Muchos insisten en que una persona drogada nunca podría consentir el acto sexual de ninguna manera. Sin embargo, este estudio sugiere que, para muchos, las drogas ilegales son precisamente una forma de expandir sus barreras sexuales a límites a los que no llegarían estando sobrios. “Me gustaría poder practicar con regularidad el tipo de sexo con el que fantaseo”, explica un participante. “Y para ello necesito drogas”.

Pero las drogas no sirven solo para ayudar a solterones a tener relaciones de una sola noche. Una mujer cuenta que los narcóticos mejoraron la vida sexual con su pareja incluso después de que los efectos desaparecieran. “Muchas veces, nos damos cuenta de que las cosas que hacemos cuando estamos colocados… pueden resurgir cuando estamos sobrios”, explica. “La mefedrona nos abrió puertas”.

Esto, cree Smith, podría estar relacionado con algunos de los efectos de las drogas en los sentidos, como la reducción de dolor, por ejemplo. Más allá de todo esto, también podría reflejar la manera en que la sociedad controla la vida sexual de ciertos grupos, especialmente de hombres gais y bisexuales y mujeres hetero, y que a menudo es la causa de la baja autoestima y la ansiedad relacionadas con el sexo: “Estos grupos a menudo asumen su sexualidad como un factor de riesgo y peligro, la amenaza de contraer ITS, los embarazos indeseados o la explotación sexual.



“Hemos visto que con frecuencia las drogas ayudan a estas personas a expresarse más sexualmente y sentirse más capaces de entablar relaciones sexuales que probablemente deseaban cuando no tomaban drogas, pero no se sentían capaces de hacerlo”, continua Smith. “A mí, no me sorprende nada que fueran hombres gais, hombres bisexuales y mujeres heterosexuales los que advirtieron esto. No solemos ver muchas narrativas sobre placeres sexuales para estos grupos de personas, tenemos que darles esas narrativas si queremos que se sientan cómodos y puedan tener sexo sin usar drogas”.

Es obvio que las drogas no siempre mejoran la vida sexual de la gente y a menudo pueden ser un gran problema en lo que concierne al consentimiento. El estudio ha descubierto que determinadas drogas, como la superexcitante mezcla de GBH, mefedrona y cristal, la santa trinidad del chemsex, están asociadas con la disminución de la capacidad de juicio para consentir con pleno conocimiento.

“Es en plan, ‘Voy a tener un orgasmo y es lo único que me importa’”, dice un participante. “No pienso en lo que podría pillar”. Otros participantes describen un “desconocimiento parcial o completo” de lo que estaba pasando cuando follaban con esas drogas. “Pienso: ‘¿Quién narices es esta persona?’. Si empiezo a ser coherente, paro”, señala un participante. “Había veces en las que estaba tan jodido que pensaba: ‘En fin, me da igual’”.

Una mujer heterosexual tuvo una experiencia similar. “Le encantaba cuando yo estaba colocada”, recalca. “Tuvimos sexo de formas que yo realmente no quería. Por ejemplo, a mí no me gusta el sexo anal, pero cuando estoy colocada puedo hacerlo”. Por otro lado, algunos afirman que las drogas no les afectaban para nada la toma de decisiones. “No creo que estar colocado me haya hecho nunca considerar hacer algo que me parecía peligroso”, dice uno.

Otro hombre describe situaciones en las que, a pesar de estar colocado, era consciente de los riesgos y le decía a su pareja: “‘No. Sin condón, no hay esto [señalándose el ano]’. Entonces cogió un condón de mala gana y se lo puso”.

Una quinta parte de los participantes sostienen que estar colocados mejora su toma de decisiones. “Yo creo que tienes más control con M [MDMA] que si estás borracho”, dice uno. “Pienso que eres mucho más consciente de lo que haces”.

En los resultados hay de todo: algunos creen que son capaces de dar su consentimiento estando drogados, otros no están tan convencidos. También hay quien percibe que, cuando alguien se encuentra bajo los efectos de las drogas, está automáticamente más cachondo y por lo tanto más “dispuesto sexualmente”, a pesar de que deseo no es lo mismo que consentimiento, obviamente.

Como era de esperar, los resultados varían según las drogas o combinaciones. Como muchos consumen más de una droga, mezclando varias en la misma sesión y a veces incluso con drogas legales como el alcohol, se necesita un estudio más exhaustivo.

Photo: Emily Bowler

¿Pero qué implica esto cuando te has liado con alguien en la discoteca y a cada segundo que pasa estáis más colocados?

El consentimiento afirmativo, que te digan que sí verbalmente en cada paso, desde el sexo oral hasta la penetración completa, está considerado una de las formas más firmes de dar consentimiento. Pero la investigación concluye que, en el contexto del sexo bajo la influencia de las drogas, podría ser insuficiente. Después de todo, se puede consentir verbalmente a pesar de estar apartado cognitivamente de la realidad y no ser completamente conscientes de lo que estás aceptando.

“Algunos dan su consentimiento, ¿pero es realmente consentimiento cuando están literalmente a punto de desmayarse?” reflexiona un participante del estudio, un hombre al que le gusta el chemsex.

Smith sostiene que tenemos que reevaluar nuestra definición de consentimiento. “El modelo de consentimiento afirmativo es el que prevalece, pero yo diría que tenemos que retroceder un par de pasos.”.

La relación entre el consentimiento sexual y las drogas ilegales sigue siendo un terreno incierto. Por lo menos, el estudio de Smith presenta la primera incursión en un tema que ya se debería haber estudiado hace tiempo.

Puedes leer el estudio en inglés aquí . Lauren Smith ha llevado a cabo más investigaciones sobre sexo y drogas, síguela en Twitter.

@oldspeak1